Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar

50 años de autogestión. 1972, el ambiente allende las fronteras nacionales

Por José Víctor Arias Montes

A poco más de tres meses de iniciado el movimiento autogestionario en la Escuela Nacional de Arquitectura (ENA), al que se le dio el nombre de Autogobierno, se entregó un documento al rector Pablo González Casanova para que atendiera las exigencias que se hacían desde la ENA, mismas que incluían una sugerencia de una nueva estructura para la ENA que pretendía democratizar la vida interna en ésta.

Transcurría así, el mes de julio de 1972, extensamente agitado por todo lo que sucedía en la UNAM y que sirvió de pretexto para que Castro Bustos y Mario Falcón tomaran la Rectoría de la UNAM. Hechos que desembocarían en le renuncia del Rector por el implacable asedio a la Universidad.

En el orbe, las fronteras resultaron una frágil barrera para contener las noticias de aconteceres mundiales de amplio interés para otros países. Los medios de comunicación dieron cuenta de muchos de estos al estilo que cada uno de ellos había adoptado para difundir todo lo que tuviera que ver con los movimientos sociales de cualquier signo y que por la situación de los años 60 e inicios de los 70 eran merecedores de ensalzamientos o del escarnio ideológico y político, según el caso, en un ambiente donde predominaba la guerra fría de un sistema envalentonado en su dominio en gran parte del mundo.

En ese ambiente, se presenciaron diversos acontecimientos que alimentaron el espíritu libertario y revolucionario o, cuando menos, la creencia de que muchas cosas tenían que cambiar para hacer de este mundo algo más justo y humano. Así se conocieron, entre otros más: la Revolución Cubana; las revueltas estudiantiles en la universidades estadounidenses; la guerra de Viet Nam; la muerte del Che Guevara; los homicidios de los hermanos Kennedy y de Martin Luther King, luchador de los derechos civiles en Estados Unidos; la Revolución Cultural China; el mayo francés; la primavera checoeslovaca; las luchas de liberación africanas; las guerrillas latinoamericanas; el ascenso de la democracia chilena; en fin, aconteceres de amplia trascendencia por lo que significaban para infinidad de movimientos civiles de indudable importancia social y política que alentaron la continuidad de los mismos en sus países de origen.

Todo ello fue la expresión de una época donde todas esas muertes y todos esos movimientos, revueltas y revoluciones, nutrieron extensamente el espíritu de esa época que cimbró al mundo entero y que de diversas maneras se convirtieron en antecedentes de importantes reformas en todos los continentes.

En el ámbito cultural amplio, también esa época creó uno de los paradigmas más extensos de lo nacional-universal. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, el surgimiento de la novela latinoamericana que se reconoció como uno de los grandes aportes a la literatura universal o de cómo la música se transformó en una expresión de lucha política al acompañar ésta las protestas sobre diversos temas incluyendo además, muy especialmente, la creación de infinidad de piezas musicales con letra e instrumentos propiamente nativos? Latinoamérica se alzó como una región pletórica de raíces culturales en todos los ámbitos de la práctica social.

En la plástica, los prototipos sobran de cómo en esos años se conformaron distintos movimientos para continuar con los trabajos emprendidos desde años atrás y otros para superar el pasado y adentrarse a los nuevos tiempos con expresiones propias.

De distintas maneras las expresiones culturales se hicieron presentes cristalizándose con las aspiraciones de la juventud, participando de amplias relaciones entre las naciones y generando una de las más dilatadas influencias contextuales en una época que elevó el espíritu libertario e insurgente a niveles extraordinarios.

La gráfica espontánea y razonada se hizo parte de todos los movimientos sociales, creando una expresión propia en cada uno de ellos. La manta, el cartel, la pinta o el simple volante mimeografiado se acompañaron de expresiones gráficas sin paralelo. La imagen del Che Guevara, por ejemplo, inundó manifestaciones, mítines y reuniones populares que reivindicaban justicia e igualdad en las formaciones sociales que, como la mexicana, mostraban un gran contraste entre sus clases sociales enfrentadas históricamente.

Los movimientos estudiantiles, a partir de 1968, intercambiaron y se apropiaron de lo mejor de esos ámbitos culturales, reproduciéndolos de diversas maneras de acuerdo a sus propias circunstancias. La protesta contra la hegemonía cultural y la resistencia enarbolando lo propio, se entrelazaron férreamente mostrándose en cualquier acto cuyos motivos se consideraban comunes.

Por todo esto, no hay duda de que 1972 resumió el espíritu de toda una época de contrastes nacionales y universales, de protestas y resistencias y de reivindicaciones estudiantiles que se orientaron a cambios estructurales profundos en sus instituciones.

La ENA, y el naciente Autogobierno, copartícipes de todo ello, no escaparon a la influencia de ese espíritu dibujándole un nuevo rostro que nadie, en ese mes de julio, podía reconocer y mucho menos pronosticar hacia dónde se dirigía.

Los cambios tocaban a la puerta.

Volante convocando a mitin para conmemorar el 2 de octubre en la explanada de Rectoría de la Ciudad Universitaria de la UNAM, Comité de Lucha de la Escuela Nacional de Economía. Archivo: JVAM

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: