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50 años de autogestión. La gran fractura

Por José Víctor Arias Montes

Noviembre, como se observó en la entrega anterior, es un mes que guarda en su memoria distintos hechos que expresan variadas emociones por lo que cada uno de ellos simboliza para nuestras historias personal y colectiva.

Por un lado, en este mes y año de 2022, la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) cumplirá 241 años de cuando se inició su proceso fundacional con el nombre de Real Academia de las Tres Nobles Artes de Pintura, Escultura y Arquitectura con el título de San Carlos de Nueva España.

Muchos años después, tras 5 años de fundado, el Autogobierno de la entonces Escuela Nacional de Arquitectura (ENA) lograba que el Consejo Universitario de la UNAM aprobara en noviembre de 1976 sus planes de estudio de licenciatura y posgrado.

Y, en noviembre de 1981, el Consejo Universitario otorgó el grado de Facultad a la ENA y con ello el Autogobierno inauguraba sus estudios de Maestría y Doctorado en arquitectura y urbanismo en su División de Estudios de Posgrado(DEP). Todo un éxito, sin lugar a dudas para este movimiento autogestivo en la UNAM.

Pero decíamos también que en la memoria de los hechos históricos, se guardan otros acontecimientos que no traen tan buenos recuerdos como otros. Nos referimos a lo que sucedió en noviembre de 1981 y que llevó a una gran fractura en el Autogobierno y que, a la postre, lo enfilaría a un callejón sin retorno. Narremos entonces, sucintamente, lo que sucedió en esa inicial década y recordemos su desenlace.

Nuevamente, como en la elección anterior de la Coordinación General del Autogobierno, se conformaron dos grandes bloques: uno, encabezado por el Colegio de Profesores y otro por el Comité de Arquitectura en Lucha. Sin embargo, había en estos bloques un nuevo ingrediente: las organizaciones políticas que participaban en la UNAM y que estaban presentes tejiendo alianzas con las dos principales cabezas de este proceso autogestivo.

Después de que se aprobara la convocatoria en Asamblea de Delegados,  iniciaron las campañas respectivas para dar paso a la elección, misma que se llevó a cabo el 28 de enero de 1981 con 1,446 asistentes en la Asamblea General. Y pues sí, nadie esperaba una sorpresa tan grande en las votaciones, ni los mismos ganadores podían creerlo. El Colegio de Profesores perdió todas las posiciones. Resultado: Ricardo Flores Villasana, Coordinador General; Reine Mehl de Weatherbee, Coordinadora Académica Pedagógica; Héctor Barrena Lozada, Coordinador Académico Administrativo; José Víctor Arias Montes, Coordinador del Órgano Informativo de la Asamblea; Felipe Velasco Castrejón, Coordinador de Temas; y Alejandro Carrillo Cázares, Coordinador de Extensión Universitaria.[1]

[1] “Acta de Asamblea Plenaria”, ENA-Autogobierno, UNAM, 28 de enero de 1981, 14 pp.

La Asamblea Plenaria inició a las 13:30 hs y terminaba a las 21:15 con abrazos y felicitaciones, para después pedir, como se había hecho costumbre: ¡Dame una A…! ¡AAA!Dame una U… ¡UUU!… Mientras alguien en el escenario, a manera de advertencia, comentaba: “A ver si es cierto”.

Nadie, decíamos, esperaba que los resultados fueran tan sorprendentes y, más aun, cuando en el registro de las diversas instancias las cosas no se veían tan claras. Pero lo que si era cierto es que el trabajo político desarrollado por la alianza de los ta­lleres 4, 6, 7 y 12 había funcionado a la maravilla y que la orientación del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP) había sido la correcta, cuando menos en esta coyuntura, ni duda cabía.

Ahora, faltaba lo más difícil: echar andar este pequeño aparato administrativo, ampliado con dos coordinaciones más, y garantizar la “unidad en la diversidad”. Pero era obvio, por las actitudes mostradas en la entrega de la Coordinación, que las relaciones no iban a ser del todo tersas y amistosas. Ese desprecio sutil por la nueva Coordinación, encubierto bajo variadas expresiones, dejaba entrever que al menor descuido se podría resbalar, y hasta caer en un terreno que no mostraba condiciones aceptables para caminar.

Así empezó el enfrentamiento. El 11 de marzo de 1981 se rea­lizó la primera Asamblea de Delegados, presidida por la nueva Coordinación. En ella se proponía pasar a todos los talleres a recoger propuestas para formular un programa de trabajo unitario. Se asistió a todos ellos, a excepción del Taller 5 que no fijó nunca fecha; y en todos, se trató de compilar los varios puntos de vista que se presentaron, bien fuera en sus asambleas generales o bien en sus consejos coordinadores. Se estructuraron los primeros puntos que se consideraron básicos y se presentaron a la Asamblea plenaria a su discusión. Se proponía un reparto equitativo de los recursos a los talleres —profesores, horas, espacio físico, alumnos—, pues especialmente los talleres 5, 7, 11 y 13 tenían una gran ventaja respecto al 1, 3, 4, 6 y 12; además, la DEP y el Centro de Investigaciones debían también aclarar lo de sus recursos y hacerlos transparentes.

En realidad, una gran ingenuidad política había mostrado la Coordinación al tocar estos puntos, pues las respuestas no se hicieron esperar y éstas empezaron a poner en el centro a la Coordinación, acusándola de ejercer presión política para afectar a los talleres que no habían votado por ella. Pero en el fondo, lo que se ocultaba es que se había tocado quizá el punto más vulnerable de los talleres, en especial el de las horas-profesor-alumno. El haber planteado un equilibrio académico-político para todos los talleres parecía una propuesta justa y democrática, pero a otros no les pareció así y empezó la confrontación po­lítica.

Toma de posesión de la coordinación del Autogobierno encabezada por Ricardo Flores Villasana, Gaceta unam, 5 de marzo de 1981, p. 17. Archivo: JVAM

A la toma de posesión, la Coordinación electa invitó al director de la ENA, Arq. Jesús Aguirre Cárdenas, a que atestiguara y diera posesión a la misma. A dicha toma, a la que supuestamente debió de asistir la Coordinación anterior en su conjunto, sólo asistió el Coordinador General saliente. ¿Por qué? Quizá este hecho no hubiera tenido importancia, pero la actitud de ni siquiera entregar el local correspondiente a cada coordinación, y de ni siquiera entregar archivos, instrumentos de trabajo o asuntos pendientes, dejaba un mal sabor de boca de quienes después reclamaron respeto a sus posiciones.

Haber utilizado la invitación al director de la Escuela, calificándola como un hecho “contrario a la tradición del Autogobierno”, para acusar a la Coordinación de “acercamiento” con las autoridades era, en el fondo, el inicio de un revanchismo sin límites. La toma de posesión, que había aparecido en la Gaceta UNAM, no solamente fue duramente criticada sino que casi se pedía, por la delegación del Taller 5 en la Asamblea de Delegados, que la Coordinación emitiera en la propia Gaceta una aclaración deslindando y pidiendo una especie de perdón público por el hecho. Extrañaba la posición, no solamente por el contenido provocador, sino porque ellos mismos tenían relaciones mucho más “cercanas” con la Dirección y con otras autoridades de la propia UNAM. Esta discusión-acusación apenas se llevaba a cabo en la segunda sesión de la Asamblea de Delegados presidida por la nueva Coordinación, en el mismo mes de marzo.

Vinieron posteriormente otra serie de enfrentamientos dentro de la Asamblea de Delegados: primero, la exigencia de la realización de un Congreso académico, que deslindará lo político; segundo, aprovechando que el Coordinador General había realizado un viaje al extranjero y que se había tomado un tiempo largo para ello, se cuestionaba al conjunto de la Coordinación el que se quisiera presidir la Asamblea de Delegados “tratando de manipular y sorprender a la comunidad”; tercero, el Centro de Investigaciones era el foco de la discusión, pues nadie, excepto ellos, sabían lo que ahí se hacía, cómo, con quién y para quién se realizaban las investigaciones que supuestamente debieran estar realizando como profesores de carrera.

La discusión se agudizó y la Asamblea de Delegados tomó un acuerdo que lesionaría intereses y abriría el camino al rompimiento: en su sesión del 24 de junio de 1981, se comunicó a los miembros del Centro, por conducto de la Coordinación General, que “las actividades del denominado «Centro de Investigaciones Arquitectónicas» quedan suspendidas y el espacio que ocupaba cerrado y pasan bajo responsabilidad de la Coordinación Académico Pedagógica, en tanto un congreso del Autogobierno defina el carácter general y la especificidad de la investigación en el mismo, será el conducto mediante el cual sus actividades de investigación, y otras que marque el Estatuto del Personal Académico en virtud de que su nombramiento de tiempo completo o medio tiempo se encuentra adscrito a la licenciatura del Autogobierno. Así mismo, de conformidad con lo anterior deberá redistribuir su tiempo para asignarlo a la docencia en los talleres, en tanto la propia Escuela a través de sus órganos de decisión redefina y sanciona las actividades de investigación”.[2]

[2] Oficio del Arq. Héctor Barrena Lozada, Coordinador de la Comisión Académico-Administrativa, ENA-Autogobierno, 1° de julio de 1981.

El Centro de Investigaciones Arquitectónicas del Autogobierno (CIA-A) inició sus labores en agosto 1979, a partir de la absorción de los investigadores a la División de Estudios de Posgrado que quedó, a partir de esa fecha, con el nombre de División de Estudios de Posgrado e Investigación. Sin embargo, la Asamblea de Delegados del Autogobierno no compartió del todo esa decisión instrumentando otra que, si bien consideraba la adscripción de los investigadores al Posgrado, relanzaba la idea de crear su propio Centro de Investigaciones en el marco de los llamados “Acuerdos de la Comisión Tripartita” de 1973, que reconocían al Centro de Investigaciones Arquitectónicas como una unidad de la Escuela Nacional de Arquitectura (ENA).[3] La decisión de la Asamblea de Delegados había sido más que certera, pues por un lado se enriqueció la planta de profesores del Posgrado del Autogobierno y, por otro, se creaba la base para el nuevo Centro de Investigaciones del Autogobierno.

[3] “Acuerdos del Comité de Trabajo de la subcomisión Tripartita”, ENA-UNAM, p. 18. También puede verse: “Acuerdos de la Comisión Tripartita. Bases para resolver el conflicto de la Escuela Nacional de Arquitectura” en Gaceta-UNAM, número extraordinario, 13 de noviembre de 1973, p. 7.

A partir de los resolutivos del segundo y tercer congresos del Autogobierno (1978 y 1980), sobre la investigación y la amplitud de las funciones de la Comisión Académico Pedagógica, se promovió que los profesores que recientemente habían obtenido una plaza de tiempo completo o medio tiempo, también se incorporaran al CIA-A, y que desde ahí se produjeran los materiales didácticos necesarios para el Plan de Estudios del Autogobierno y con ello se enriqueciera el acervo de apoyo a la estructura académica.

Un hecho era cierto: el Colegio de Profesores no aceptó nunca su derrota en las elecciones de enero de 1981 y era evidente que buscaría, por cualquier motivo, desacreditar a la Coordinación electa y lograr nuevos reacomodos; era indudable que su poder había sido trastocado de pies a cabeza y, eso, dolía mucho; y era incuestionable, también, que no caminaban solos o cuando menos no tan solos: el PSUM los acompañaba en su “propósito (que) busca la recuperación y actualización de los objetivos iniciales del AUTOGOBIERNO…”;[4] en fin, el Colegio aprovechó cualquier motivo y poco a poco la situación se agravaba.

[4] En esa apertura del PSUM, a buscar una salida dialogada, señaló unos meses después, que “el PSUM considera que la unidad entre las fuerzas de la izquierda dentro del autogobierno, solo es posible a través del diálogo bajo el propósito de buscar nuevas formas democráticas que permiten el desarrollo de múltiples proyectos académicos que deben orientarse bajo un solo pacto político democrático dentro del autogobierno”. Ver: La hoja PSUM, Rama universitaria UNAM del PSUM, año 1, número 2, diciembre de 1981.

Las Asambleas de Delegados se hicieron tediosas, largas, improductivas y con posiciones antagónicas, totalmente antagónicas. En unos cuantos meses la lucha por el poder tomaba un camino sin retorno: escisión.

No bastaron las Asambleas de Delegados, los encuentros, las pláticas privadas y abiertas, los acercamientos, las intermediaciones, ni los llamados a la cordura; la situación estaba totalmente polarizada. Nueve años de convivencia pacífica se convertían, en tan sólo cinco meses, en la guerra más irracional y retardataria, de esas que la izquierda mexicana sabe hacer y que le salen tan bien.

Habría que reconocer que las dos corrientes, que contaban ya con sus aliados, acogieron posiciones tan radicales que las llevaron a adoptar actitudes prepotentes y sectarias, apartadas realmente del interés general y común. Ya no importó quién hacía más daño a quién en la discusión política; importaba más excluir al contrario antes que ceder. La revancha era mutua.

Las vanguardias históricas del Autogobierno ahora se disputaban el poder mientras que las bases guardaban silencio, a excepción de aquellas que tomaban parte en el movimiento, y que eran las menos. Y había, desde luego, un importante número de autogobiernistas de la “vieja guardia” que se mantenían a la expectativa, como si esperaran al triunfador para levantarle la mano. Había ya de todo: desde los que planteaban “echar mano del guante” hasta los que planteaban que el problema estaba por fuera del Autogobierno, que era un problema de organizaciones políticas.

Lo único que a estas alturas era cierto fue que el problema no podía caracterizarse tan simplemente, pues en éste intervenían muchos aspectos relacionados y acumulados a lo largo de la existencia del Autogobierno, y de sus formas del ejercicio de la democracia que impedían, más por razones viscerales y románticas, asumir la autocrítica y buscar una salida al conflicto antes que llegar al rompimiento.

Sin muchas perspectivas de solución el rompimiento finalmente llegó: el 29 de noviembre de 1981 un grupo de profesores y alumnos de los talleres 1, 3, y 13 decidían: “…hemos acordado desvincularnos de la actual Coordinación, por impedir la libre participación de tendencias dentro de la actual Federación de Talleres…”[5] decisión sectaria y prepotente, a todas luces. La respuesta la tendrían unos días después, cuando la Asamblea Plenaria acordaba: “…se respeta el derecho de quienes decidan separarse… se les darán todas las facilidades para reubicarse en otras unidades…”; respuesta también prepotente, casi mecánica ante la “desvinculación”. Se abrió entonces un nuevo capítulo de  guerra de desplegados y notas en los periódicos para ver quién le pegaba a quién.

[5] uno más uno, 29-XI-1981.

Pero la vida siguió. A pesar de no estar acompañados por aquellos que se supuso tenían principios, llegó la fractura y el primer cisma en el Autogobierno. Las fuerzas se redujeron, pero se continuó trabajando con los que se quedaron a resistir el destino manifiesto de la izquierda mexicana: la antropofagia militante. La crisis había asomado e iniciado la declinación de un movimiento que en sus entrañas llevaba las células de su  propia malformación política.

El problema no pararía ahí. Los “desvinculados” ocupaban espació y cargos administrativos en los talleres donde eran hegemónicos, y había que “rescatarlos”. El fantasma de la violencia caminaba provocativo.

Desplegado. uno más uno, 29 de noviembre de 1981, p. 12. Archivo: JVAM

Desplegado. uno más uno, 2 de diciembre de 1981. Archivo: JVAM

Pero además, en la DEP del Autogobierno también las cosas estaban candentes, pues ante la proximidad del cambio de su Coordinación se enfrentaban dos propuestas: realizar un Congreso antes de las elecciones o realizarlo después de las elecciones. La cuestión derivaba de que cuando se realizó la Asamblea para la elección ésta no se pudo concretar por falta de quórum (faltó un voto). El tiempo transcurrió y obviamente la DEP se vio involucrada en la problemática general del Autogobierno. En votaciones se ganó que se realizara primero el Congreso y que después se eligiera a la Coordinación. Sólo que el problema no era sencillo de resolverse, pues varios de los que apoyaban una de las propuestas se habían “desvinculado” del Autogobierno. De cualquier forma, el Congreso se convocó para enero de 1982 y debía concluir en un Programa de Trabajo y elegirse inmediatamente la Coordinación y llevar adelante dicho Programa.

Para esas fechas el ambiente general ya estaba bastante tenso, pues la Coordinación General había realizado algunas pláticas con las autoridades de Rectoría para encontrar una salida al conflicto. Se pedía la restitución del espacio físico ocupado por los “desvinculados”, las plazas académicas y administrativas que ocupaban y no a la aprobación de una “tercera opción académica-administrativa” dentro de la ya Facultad.

El Congreso de la DEP se realizó los días 20, 21 y 22 de enero y como era de esperarse los enfrentamientos también se dieron, obligando a la realización de dos Congresos; uno, auspiciado por los “desvinculados” y, otro, apoyado por la mayoría de la DEP. Cada uno llegó a sus conclusiones y cada uno eligió a su Coordinación.

La situación general había entrado a una etapa donde las provocaciones estaban a la orden del día. Algunas organizaciones políticas se hicieron de lado y otras tomaron partido por alguna de las dos corrientes. El oportunismo mostrado por el PSUM al haber tomado partido por los “desvinculados” lo situaba en una posición derechizada, en relación a los movimientos democráticos universitarios; no fue mera casualidad que en esos momentos tuviera la misma actitud en Economía, Ciencias y la Universidad Autónoma de Guerrero, principalmente. Así es que la situación interna del Autogobierno no escapaba a esta relación, y el Colegio lo sabía. Parecía ser que se buscaba más una actitud liquidacionista en contra de la Coordinación General, que superar las contradicciones. Pero pronto el PSUM, con el STUNAM por delante (cuando menos el Comité Ejecutivo), tuvo que emprender le retirada del Autogobierno al haber recibido un rechazo masivo por su “defensa” de los “desvinculados”, pues “…le preocupa prioritariamente el que no se afecten intereses de sus agremiados en lo individual y de la organización como colectivo…”[6]

[6] uno más uno, l-VI-1982.

La tensión había aumentado considerablemente al hacerse público el deseo de recuperar los espacios que ocupaban los “desvinculados”, agravándose definitivamente el día 29 de enero cuando se pretendía abrir los locales de la Coordinación de la DEP y dar posesión a la Coordinación electa; el acto — terminó con una agresión a botellazos por parte de los “desvinculados” hacia los que legítimamente representaban los intereses de la DEP. Posteriormente y con el mismo nivel de provocación y violencia se tomaron los salones de clases de la DEP, del Taller 13 y del Taller 3. El rompimiento era ya total, sin posibilidades inmediatas de reencuentro.

Correspondencia de uno más uno, 1° de junio de 1982, p2. Archivo: JVAM

La violencia, difícil de detener en ambientes inducidos, estaba siendo provocada por “gente de gobernación” según se supo por informaciones “filtradas” de las organizaciones políticas, por lo que se tuvo la precaución de ya no promover más “encuentros” con los “desvinculados” y buscar mejor, en todo caso, una salida “legal” al conflicto.

La aparición de provocadores, cierta o no, hacía del Autogobierno presa fácil de las llamas; todos sabíamos de los riesgos derivados de una situación de este tipo, pero nadie fue capaz de asumir con dignidad una posición autocrítica; la prepotencia y sectarismo nos habían atrapado.

Obviamente que después de un año de constantes enfrentamientos el desgaste era tan evidente que nadie veía con claridad el futuro cercano. El Autogobierno entró a una fase de relajamiento forzado y no tuvo fuerza, ni política ni moral, de sacar adelante la lucha legal; los “desvinculados”, en igual situación, no tuvieron más salida que “acogerse” a la estructura de talleres de la Dirección.

¿Quién había ganado? No es necesaria la respuesta, todos la supieron en esos momentos: nadie ganó, todos perdimos. Como en las mejores películas, los perdedores quedan siempre inconformes. Cualquier cosa serviría de pretexto para protestar y negarse a reconocer lo que no se había obtenido en las urnas. Una y otra vez, en el transcurso de un año, los enfrentamientos se sucedieron bajo la mirada alegre de las autoridades que descubrieron lo que ellas no pudieron hacer en varios años: minar al movimiento más significativo dentro de la UNAM, a partir de la agudización de las contradicciones internas por los propios autogobiernistas. ¡No había necesidad de meter las manos!

El tiempo transcurrió y se empezó a “olvidar” lo sucedido. Ahora, en apariencia, se había superado la contradicción; estábamos en los “albores” de una nueva etapa. Nadie es indispensable, se decía. Y, en efecto, nadie es indispensable, a menos de que exista quien crea que es indispensable.

Pronto la vida académica volvió a la “normalidad”. Los alumnos y profesores que habían quedado en los Talleres 1 y 3, además de la DEP, se dieron a la tarea de su reorganización y prepararse para el nuevo año académico que se avecinaba, con las inscripciones de primer ingreso por delante y un novedoso y extraordinario programa para lo que quedó del Posgrado del Autogobierno.

Se recuperaban, poco a poco, las Coordinaciones de los talleres 1 y 3 y de la DEP, la Comisión Dictaminadora y los Consejeros Universitarios.

Mientras, la Junta de Gobierno había designado al nuevo director de la Facultad. El viejo sueño del Colegio se veía aplazado una vez más y el Autogobierno, permeado por el fantasma del anarquismo, se negaba a entrar a los verdaderos niveles de la lucha por el poder.

Todo hacía suponer que la situación mejoraría y que se lograría un desarrollo más equilibrado, tanto en lo académico como en lo político. Pero pronto empezaron a surgir nuevas contradicciones que nublaron el panorama. Las organizaciones y grupos hegemónicos no pudieron desembarazarse de la prepotencia y sectarismo acumulados en la experiencia anterior. Ahora sí existía quien se creía indispensable.

Las primeras contradicciones aparecieron dentro del MRP, que dividieron y atomizaron las posiciones en torno al trabajo dentro del Autogobierno y sobre cuestiones de política partidaria. De estas discusiones, si es que alguna vez existieron, emergieron dos corrientes bien definidas, y también contrapuestas. Pronto, la Asamblea de Delegados volvió a ser el centro receptor de las reclamaciones y en ella se planteaba una posible salida: un Congreso.

Las contradicciones empezaron a abarcar a la Coordinación General y pronto ésta también empezó a mostrarse polarizada. El manejo de los nombramientos de profesores, el pago de exámenes profesionales, la inasistencia de los Coordinadores a las Asambleas de Delegados, etc., todo, como pequeñas piedras, se fue acumulando. Lo que parecía toda una buena homogeneidad era, a pesar de la buena voluntad, un cuerpo bastante heterogéneo. Para abril de 1983, por fin, se aprobaba en Consejo Universitario la Comisión Dictaminadora nombrada en Asamblea de Delegados y se aprobaban a nuestros Consejeros Universitarios.

Lo que había aparecido como una lucha interna del MRP pronto empezó a repercutir en el Autogobierno. Nuevamente las posiciones se mostraron excluyentes. El Taller 4 fue el primero en resentir las contradicciones, la lucha interna era desgastante. Además, las condiciones políticas internas de la Facultad empezaban a cambiar y el Autogobierno no lograba construir una propuesta de negociación para afianzarse. Los acuerdos a los que se había llegado, apenas el año anterior con la Dirección y la Rectoría respecto a los “desvinculados” estaban congelados políticamente bajo el supuesto de un sub judice; así los mantendrían un largo tiempo, hasta que se empezó a decir que ya estaban “superados”. El Autogobierno había visto menguada su capacidad de movilización en una lucha de desgaste que duraba casi dos años; en esos momentos, la moral estaba en el suelo y la base mostraba desconfianza y confusión pues, aparte de todos los problemas, la vanguardia se encontraba dividida; no se sabía a dónde ir, ni qué camino tomar.

Todo parecía aislado y sin sentido. Los logros que se alcanzaron parecían no importar a nadie, como el pago a la Coordinación General que se venía reivindicando desde tiempo atrás, pues solamente el Coordinador General y el Coordinador Académico-Administrativo tenían asignado un salario por sus actividades; a partir de julio de 1983 los pagos alcanzaron también a les Coordinaciones Académico-Pedagógica, de Extensión Universitaria, de Temas y al Órgano Informativo.

Nuevamente las fuerzas diversas de la unidad buscaron refugio en las instancias; reorganizarlas era, o se consideraba, la mejor garantía de reforzamiento del Autogobierno. Pero a pesar de todos los buenos intentos, la Coordinación General se veía fuera de sitio, como que no tenía a quién coordinar o tramitarle sus asuntos. Se quería hacer todo y se hacía muy poco. La crisis era general, marcada por la escisión del Colegio de Profesores y por el ahondamiento de las diferencias internas, que auguraban un fututo complicado, se consideró entonces que un nuevo congreso aliviaría esos momentos de infortunio.

La fractura había dejado una herida tan grande, que difícilmente podría cicatrizar en un tiempo razonable. El Colegio de Profesores y el CAL quedaron sangrantes y sus fuerzas menguaron por completo. Ellos mismas sufrieron, al poco tiempo, otras fracturas internas que llevaron al Autogobierno a otra fase donde sus vanguardias se diluían en un ambiente que había cambiado radicalmente.

La izquierda había derrotado a la izquierda y la autogestión quedaba desamparada y aislada de sus principios fundacionales.


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Las memorias del Centro Histórico

Rubén Cantú Chapa

El Centro Histórico, crisol de los movimientos sociales, continúa mostrando la esencia de los diversos acontecimientos de la población. Unos, en lugares de menor dimensión e intereses propios; otros, en escenarios mayores con impactos distintos que reivindican las clases y sectores sociales que representan. 

Ahí se realizan nuevas facetas de hechos insólitos. En los espacios menores reclaman privilegios mal habidoscaracterizados en la época neoliberal, mientras en los de mayor amplitud exigen por la desposesión de que fueron objeto, tantos años de saqueo en sus propiedades comunales o privadas, como el despojo de sueldos y salarios mal pagados, apoyados por leyes y reglamentos a modo de los grandes intereses del capital. 

El esfuerzo del gobierno, perseverante en un cambio que representa históricamente la Cuarta Transformación en la vida de nuestro país, no resulta fácil como lo difícil que fueron las tres anteriores, con la diferencia de que ahora va por la vía pacífica y se insiste en este camino. 

En todas las etapas que ha vivido nuestro país han pasado necesariamente por el papel y memoria del Centro Histórico. 

Ahí impactaron las crisis históricas del liberalismo y los cambios en la función del Estado, así como las actividades de la propia sociedad al pasar delinmovilismo cívico a la cultura de la acción política. Lossitios urbanos patrimoniales depositarios de la historiaadquirieron un nuevo papel ahí donde se guarda lamayor parte del pasado cultural e identidad nacional,al modificar su misión urbana a espacio actor crítico. Elcarácter del Centro Histórico, de protagonizar la problemática social, expresado con las frecuentes manifestaciones de organizaciones civiles y las dificultades de la economía con el incremento delcomercio ambulante, transformó el ambientesociourbano del lugar central de la metrópoli y puso en entredicho las estrategias del Estado al nivel nacional y metropolitano. El protagonismo crítico del Centro Histórico se da en el ambiente sociourbano delpatrimonio histórico de la ciudad como elementosclaves de análisis ambiental urbano.

El Centro Histórico de la ciudad de México tiene lamisión urbana de ser el sitio de la metrópoli queaglutina el mayor número de edificios históricospatrimoniales. 

Es de los primeros espacios creados en la capital del país que ha protagonizado, a la fecha, la cultura urbano-arquitectónica y los poderes políticos administrativos, económicos e ideológicos desde laformación de los Estados precapitalistas y capitalistas.Ha sido la expresión y dimensión material e ideológicadel Estado y de los sectores y clases sociales dominantes, periodo tras periodo, así como el lugar de las grandes contradicciones sociales de cada época.En las últimas décadas, uno de los procesos culturales que ha mostrado el Centro Histórico ha sido el protagonismo crítico, debido a que irrumpe en la vida social, política, económica y cultural como espaciourbano actor de los grandes problemas nacionales ycitadinos de la ciudad de México.

Los testimonios imborrables del Centro Histórico seubican en la lógica de con- tenido de lo urbano-arquitectónico, además de ser el espacio donde estánpresentes los que deciden sobre los mayoresproblemas nacionales. Es el lugar donde el Estado hamostrado su poder en toda su magnitud y continúahaciéndolo sobre la resistencia de la sociedad civil,pues su hegemonía manifiesta un sinnúmero deacciones y prácticas políticas, sociales y económicas.También es el territorio donde el Estado conserva el ámbito para los actos sociales que derivan de las fechas históricas, por motivos tradicionales y folklóricos, como son las fiestas patrias o las costumbres navideñas, que puede realizar bajo su dirección y orientación sin interrupción de ningunaespecie.

Sin embargo, y apenas hace unas décadas, la esenciaque adquirió recientemente el Centro Histórico empezóa rebasar la condición del espacio depositario de lahistoria y el lugar donde se guarda la mayor parte delpasado cultural de la ciudad y la nación, así como elsitio donde residen los diversos poderes fácticos.Superó el carácter de antaño y apareció el surgimientode una identidad sociourbana fundamentada en elprotagonismo crítico del Centro Histórico y en elsurgimiento del medio ambiente sociourbano comoresultado de los cambios en la economía, las prácticaspolíticas y el ingreso del país en el proceso deglobalización y en el que ahora ahí, se expresan losproblemas más agudos del país. Ese entornosociourbano, territorio-sociedad, emergió, no sin lacreatividad que resultó de la actividad y la movilizaciónsocial en el sitio.

La sociedad civil empezó a manifestarse y a mostrarcada vez más su poder desde la década de losochenta, aunque sus inicios fueron a fines de lossesenta (1968), hechos que continúan hasta nuestrosdías. Por momentos determinados y coyunturales,viene a contender con el Estado en su hegemoníasobre el lugar central del país. A la propiedad privada o del Estado, del suelo urbano del Centro Histórico, que muestra funciones económicas, políticas y sociales del pensamiento dominante, se le oponen diversas formas de apropiación pública de las clasessubalternas, bien con la toma de los espacios abiertosa través de los plantones, marchas y mítines, o pormedio del comercio.

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Un paseíto arquitectónico por la ciudad de Asunción.

Gerardo G. Sánchez Ruiz

En 1537 fue fundada Nuestra Señora María de la Asunción en Paraguay a partir  de una avanzada española, encabezada por Juan de Salazar de Espinoza. Paraguay fue parte del Virreinato del Río de la Plata que abarcó junto a éste, Argentina, Bolivia, Uruguay, partes de Brasil y del norte de Chile, teniendo como su capital Buenos Aires; pero al lograrse la independencia en el área, dada la existencia de poderes regionales, vino el desmembramiento del territorio abarcado por aquél, obteniendo así su calidad de país .

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística de Paraguay, Asunción alcanzó una población de 2.807.111 habitantes en 2022, mientras el país llegó a 7’453,695, donde cabe apuntar, “la población urbana (63,3%) es mayor a la rural (36,7%)” y, como en toda Latinoamérica, con una proyección que indican una tendencia en aumento. 

Llegar a Asunción por primera vez se hace incierto dado el desconocimiento del país y las opiniones recibidas de la ciudad, no sólo de viajantes sino de algunas personas del lugar; pero debe ser una actitud: caminar en cualquier ciudad, obliga a conducirse con las precauciones debidas. Y bueno como se ha sostenido en otros escritos, lo primero a realizar, es ir al centro de la ciudad, de manera que en el mismo hotel de hospedaje localizado fuera del centro, alguien que parecía ser el gerente me dijo: “no vaya a ese barrio va usted a ver casas viejas, edificios derruidos y lugares sucios, mejor vaya al shopping que está a quince minutos caminando o a otros shoppings”, y pues me enfilé al centro.

Por fortuna me encontré a don Hugo, un taxista que no alteraba las tarifas —lo comprobé—, quien rápidamente me ilustró sobre el lugar y me dejó en el centro que limitado por el río Paraguay y su bahía, efectivamente muestra un espacio con un cierto deterioro, no sólo en algunos edificios sino debido a la sobreposición de  modernidades arquitectónicas, asumidas en esa búsqueda de progreso. Y a caminar, para encontrar las plazas de la Constitución, de Armas, y del Congreso en cuyos bordes se encuentran el Cabildo de Asunción que arropa al Centro Cultural de la República (Ver Imagen 1), la Universidad Católica y la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción.

Imagen 1. Edificio del Cabildo, Asunción. Fotografía Gerardo Sánchez, 2022.

En esos días —octubre de 2022—, coincidí con los XII Juegos Suramericanos 2022, por lo cual me encontré con jóvenes deportistas de Colombia, Brasil, Bolivia… quienes también visitaban, lo cual daba a la ciudad un ambiente de fiesta, y vienen las recomendaciones como las de doña Siríaca, una artesana que me dijo: “no deje de tomarse una caña blanca”, y como “al lugar donde fueres tomares lo que recomendaren”, a la hora de la comida para recobrar fuerzas y proseguir el recorrido, pues una caña blanca y así bajar un pedazo de carne con una ensalada a la Paraguay.

Continuando con la caminata apareció la Plaza de los Héroes, que en una esquina luce el Panteón Nacional de los Héroes y Oratorio de Nuestra Señora de la Asunción (Ver Imagen 2), un sobrio neoclásico de mediados del siglo XIX, cuya guardia en el exterior se cambia frecuentemente. Esa plaza es un cuadrante de la gran área que forman otras plazas con los nombres de La Libertad, La Democracia y Juan Emiliano O´Leary, en cuyos rededores se encuentran edificios públicos, comercios y restaurantes (Ver Imagen 3).

Imagen 2. Panteón Nacional de los Héroes y Oratorio de Nuestra Señora de la Asunción. Fotografía Gerardo Sánchez, 2022.

Imagen 3. Plaza de la Democracia. Fotografía Gerardo Sánchez, 2022.

En los rededores de este centro, se pueden encontrar zonas residenciales muchas aún con arquitectura del XX, con lo que se van cumpliendo esas edades de las ciudades y cuyos edificios determinan las épocas. Por supuesto, se observan esfuerzos por recuperar al centro y rededores, por ejemplo en el momento se rescata la estación del tren (Ver Imagen 4) y otros edificios.

Imagen 4. Estación del Tren. Fotografía Gerardo Sánchez, 2022.

Por supuesto las caminatas arquitectónicas y de percepción social, en lo posible deben incluir lo nuevo, y para el caso una zona que se expande es la del Shopping del Paseo de las Galerías de la firma 6 Arquitectos & Asociados (Ver Imagen 5) que tiende a complejo corporativo, la cual se ha desarrollado sobre una zona residencial de buen nivel y en cuyas fachadas se pueden ver anuncios de “Se Vende”, por supuesto éste es un lugar de gran promoción inmobiliaria (Ver Imagen 6).

Imagen 5. Paseo de las Galerías. Fotografía Gerardo Sánchez, 2022.

Imagen 6. Presión inmobiliaria. Fotografía Gerardo Sánchez, 2022.

Como todas las ciudades, Asunción muestra los estragos de la postmodernidad por el número de vehículos que circulan, y donde se observa un transporte público algo deteriorado y contaminante, gran tarea tiene aquí gobierno y esa simpre la ciudadanía, que por cierto trata bien a visitantes. Y se suman los esfuerzos por una mejor ciudad, el año pasado la Secretaría Técnica de Planificación del Desarrollo Económico y Social presentó un Atlas del Área Metropolitana donde se pretende la “Asunción Ciudad Verde de las Américas”, y en verdad que lo tiene, se observan bríos por rescatar áreas verdes en los bordes de la Costanera, el paseo localizado junto al río Paraguay y por el que caminan y corren asuncenos. Seguro lo lograrán.  ¡Asuncenos, salud!  

Destacada

50 años de autogestión. Planes de estudio, una novedad pedagógica

Por José Víctor Arias Montes

Hacia mediados de 1975 el distanciamiento entre las dos principales corrientes autogobiernistas —Colegio de Profesores y Comité de Arquitectura en Lucha (CAL)– se manifestó abiertamente, motivando que esas divergencias se hicieran mucho más patentes entre los talleres autogobiernistas y la Asamblea de Delegados. Aun así, el trabajo académico continuó desarrollándose en todos los espacios académicos, sólo que ahora empezaba a generarse un alejamiento entre ellos que impedía, en general, conocer el trabajo realizado en su  interior. Esta situación motivó, entre otros aspectos, el que se desarrollara una forma particu­lar de “feudalismo” en los talleres y que el aparato burocrá­tico se separara de la academia, provocando diferencias en el campo político y organizativo que orillaron a la Coordinación General a tratar de poner un “hasta aquí”.

Por ello mismo, el Coordinador General asumió la responsabilidad de pasar a todos los talleres a exigir que se reglamentara el Autogobierno en una fecha límite o él renunciaba irrevocablemente al puesto. La agitación no se hizo esperar. Los talleres dis­cutían y llegaban a soluciones semejantes: “lo que hace falta no es reglamentar, hace falta un nuevo plan de estudios que normatice a todos los talleres y como consecuencia de éste vendrá la reglamentación”. Consensualmente los talleres estuvieron de acuerdo en luchar por un nuevo plan de estudios, mostrándose diferencias los aspectos de la reglamentación.

Inmediatamente se hicieron propuestas para organizar las discusiones del nuevo plan. Se programaron confrontaciones entre los talleres y se formó una Comisión Organizadora. Esta Comisión, en la que estaban representados todos los talleres, planteó la necesidad de conocer con exactitud las caracterís­ticas principales del alumnado y diseñar, en consecuencia, un plan de estudios acorde no sólo con la realidad del país, si­no con la realidad humana con que se contaba. Para tal efecto, se realizó un censo en el Autogobierno que permitió conocer esas características que se consideraron indispensables para el diseño del plan: edades, sexos, composición familiar, ingresos familiares, empleo, horas dedicadas al estudio y al trabajo, distancias y formas de transportación a la escuela, etcétera.

Por primera vez en la Universidad un movimiento que se ha­bía iniciado exigiendo cumplimiento a unas sencillas reivindicaciones planteaba, ahora, la necesidad y obligación de concretarlas en sus aspectos más amplios y trascendentales para una institución de educación superior: un plan de estudios acorde a las circunstancias de una escuela en crisis. Profesores, estudiantes y trabajadores, orientados por las mejores ideas, se prepararon para este gran e importante compromiso que no tenía antecedentes parecidos ni en la ENA ni en la Universidad. ¿Quién iba a pensar que en casi cuatro años un movimiento con es­tas característicasllegara a tanto?

El camino no había resultado fácil. Se tuvieron que enfrentar diversos aspectos, todos ellos complejos; se tuvo que abrir un campo de lucha específica para lo ideológico, otro para el político, otro pare el legal y otro, importantísimo por sus características que resumía todos estos campos: el  académico.

Ya no había vuelta atrás, el Autogobierno estaba presente por diversos motivos. Y mientras los motivos pervivieran, ahí estaría. La autogestión sería el camino.

El futuro inmediato llegó, lo mismo que la convocatoria. Profesores, estudiantes y trabajadores, bien fuera en lo individual o en equipo o por taller integral, se prepararon para este inusual y trascendente compromiso: los días 3, 4 y 5 de diciembre de 1975, se realizaría el Primer Congreso del Autogobierno para la elaboración de un Nuevo Plan de Estudios.

La convocatoria despertó un amplio interés en la colectividad, no sólo porque nunca se había participado en algo así sino porque muchos querían aunque fuera contar sus propias experiencias y que se consideraran en este ejercicio pedagógico. Había tantas historias, prácticas, ideas y propuestas concretas, que la Comisión Coordinadora del Nuevo Plan de Estudios tuvo que desarrollar un reglamento y programa de trabajo específicos para que nadie quedara fuera. Se inició con una amplia difusión del evento, para que se conociera con exactitud todos los aspectos que se tenían que cubrir y las fechas para cada paso. Nada se olvidó, nada se dejó a la libre interpretación, todo quedó amarrado para que nada fallara. Cada persona, grupo y taller integral se organizó como mejor pudo para que su ponencia la conocieran los más que se pudiera. La Coordinación General se encargó de hacer un tiraje en mimeógrafo o en fotocopia igual para cada una de ellas y garantizar que todas las ideas circularan libremente. No hubo censuras, ni limitaciones, salvo lo estrictamente aprobado para que la organización y su desarrollo se llevaran en orden en los lugares y tiempos establecidos.

Como en todo evento importante, y este era uno de ellos, la sesión inaugural se realizó en una asamblea plenaria presidida por el Coordinador General y la Comisión Coordinadora, aprobándose la propuesta de trabajo presentada y nombrándose a los responsables para cada una de las tres mesas de trabajo en las que se desarrollaría el Congreso. Las otras cuestiones, como la del reglamento general, se acordaron que se abordaran en un segundo congreso para realizarse a finales de 1976.

Por primera vez en la ENA, y quizá en la misma Universidad, por propia voluntad la comunidad discutía y construía su propio plan de estudios, producto de la experiencia profesional y académica de los profesores, del entusiasmo participativo de los alumnos y de la práctica solidaria de los trabajadores. ¿Qué más se podía pedir de una comunidad así?

La convocatoria, aprobada por la Asamblea de Delegados, indicaba que el Congreso se desarrollaría en tres fases iniciales los días 3, 4 y 5 de diciembre: primera, Proposiciones concretas al Plan de Estudios a la luz de los factores externos que lo determinan; segunda, Proposiciones concretas al Plan de Estudios a la luz de los factores internos y externos que lo determinan; y tercera, Síntesis de las proposiciones y concreción del objeto del Congreso. La presentación de las ponencias se haría en tres mesas en los espacios de los talleres 5 y 8, 1 y 3 y 2 y 4, con horario de 9 de la mañana a 10 de la noche, con su respectivo receso. El 6 de diciembre se redactarían las conclusiones para, finalmente, el lunes 8 de diciembre, presentarse todo a la consideración de la Asamblea Plenaria Resolutiva.[1]

[1] “Boletín informativo #2 de la Comisión Coordinadora del Nuevo Plan de Estudios, ENA-Autogobierno, diciembre 2 de 1975, 6 pp.

Las ponencias presentadas fueron amplias y variadas, abor­dando problemas desde el campo político general hasta problemas particulares. Las proposiciones coincidían en puntos comu­nes: el plan de estudios vigente obstaculiza la formación profesional integral; la investigación no existe; la licenciatura y el posgrado no tienen relación alguna; los mecanismos para capacitar a los docentes no funcionan…; en fin, problemas específicos unos y generales otros que engendraron, en sólo tres días, un espíritu verdaderamente revolucionario en todos los participantes. Las discusiones de las mesas fueron no sólo aleccionadoras sino profundamente democráticas y propositivas: todos aprendieron que la autogestión era el camino correcto y que éste llevaría a mejores campos para cultivar infinidad de frutos.

Boletín informativo #2”, ENA-Autogobierno, diciembre 1975. Archivo: JVAM

Los acuerdos finales fueron claros y precisos, plasmando lo mejor de las prácticas cotidianas de los grupos académicos y de los talleres integrales. La sesión de la Asamblea, larga pero altamente propositiva, aprobó lo que cada mesa había presentado a las conclusiones. Para su redacción, se nombró una Comisión Redactora que, en su primer documento, señaló la concepción general del Plan:

La estructura general del NUEVO PLAN DE ESTUDIOS es dinámica, abierta, flexible y establece un punto de partida que permitirá al Autogobierno profundizar en el proceso de DEMOCRATIZACIÓN DE LA ENSEÑANZA y en la consecución de sus objetivos: AUTOGESTIÓN, CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD NACIONAL, TOTALIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO, CRITICA Y AUTOCRITICA, ENSEÑANZA DIALOGAL, VINCULACIÓN AL PUEBLO, PRAXIS…

Para la mejor estructuración del Plan, se organizaron cua­tro apartados generales:

ORIENTACIÓN Y CONTENIDO DE LA ENSEÑANZA

El proceso creativo de la arquitectura es totalizante e integrador.

Por ello, la enseñanza de la arquitectura se organiza en tres áreas básicas de conocimiento integrado: TEORÍA, DISEÑO Y TECNOLOGÍA, cada una con su correspondiente ciclo teórico-práctico y sus fases de investigación y experimentación.

La ORIENTACIÓN de la enseñanza en el AUTOGOBIERNO es académica-política y vincula­da con la realidad social. Por ello, la temática del trabajo académico-profesional que en la escuela se genera es prove­niente y tendiente a una vinculación que parta de nuestra actividad organizada con el pueblo explotado ocon el Estado (siempre y cuando el trabajo de éste sea en beneficio de una comunidad popular en concreto).

duración y organización de la carrera

La duración de la carrera en la Licencia­tura será de cuatro años, agrupados en torno a tres niveles de 2, 4 y 2 ciclos cada uno.

—El primer nivel será introductorio y de instrumentación básica; —El segundo nivel será propiamente de desarrollo;

—El tercer nivel será de reafirmación y profundización del conocimiento.

En cada nivel y área de conocimiento se definirá el conocimiento básico que el aprendizaje requiere…

Existirá así una enseñanza básica y una enseñanza complementaria…

Los métodos de enseñanza-aprendizaje serán gradualmente autogestivos según lo vayan permitiendo la realidad del profesor y la realidad del alumnado… Estos métodos partirán de los más rigurosos y científicos enfoques de la pedagogía contemporánea…

La continuidad de los estudios para la preparación del estudiante, se asegura mediante la reestructuración e implementación de la División de Estudios Superiores y su integración al Plan de estudios de la licenciatura.

El servicio social estará integrado en los desarrollos académico-profesionales durante toda la carrera.

El examen profesional y la tesis desaparecen tal como los hemos conocido. El acreditamiento de la carrera se hará con los trabajos integrales académico-profesionales en el tercer nivel de la misma.

ORGANIZACIÓN, RACIONALIZACIÓN Y DEMOCRATIZACIÓN DE INSTANCIAS

La unidad organizativa básica para la producción académica-profesional del Autogobierno es el Taller Integral, el cual tendrá las características siguientes;

—Estructura democrática…

—Programa integral de acuerdo al nuevo plan…

—Los talleres continúan integrados en una federación, pero de ahora en adelante serán homogéneos en criterios generales académicos, políticos y administrativos.

—El Taller de Autogobierno, de acuerdo al presente plan se convierte en una unidad productora de recursos.

—Se crearán Talleres Populares de Arquitectura y Extensión Universitaria…

—Cada taller conserva la flexibilidad de operación y la libertad de experimentación…

Para poder desarrollar el nuevo plan de estudios se requiere la creación e implementación de las siguientes instancias…

COMISIÓN COORDINADORA DE TEMAS REALES Y VINCULACIÓN POPULAR. Esta deberá planear, coordinar y controlar los procesos académicos en relación a los temas y a la vinculación exterior…

CENTRO DE INVESTIGACIONES Y EXPERIMENTACIÓN CIENTÍFICA. El cual deberá planear, coordinar y controlar los programas de investigación que en las diferentes áreas y niveles se están llevando a ca­bo en los talleres.

ÓRGANO DE INFORMACIÓN DE LA ASAMBLEA. Que permita a todos los miembros de la comunidad estar enterados de las experiencias e iniciativas que en la escue­la se están desarrollando…

CENTRO DE FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN DE PROFESORES. Integrado a la División de Estudios Superiores.

ACADEMIAS DE PROFESORES POR ÁREAS. a fin de intercambiar experiencias, planear los procesos y definir los contenidos de la enseñanza…

TRANSICIÓN Y ADAPTACIÓN AL NUEVO MODELO

Es necesario un periodo de ajuste para alumnos, profesores y trabajadores, en el cual se contemple:

—Revisión y capacitación del personal docente…

—Convalidación de créditos para los alumnos…

—Creación de material didáctico…

—Explicaciones amplias… acerca de los niveles, ciclos…

—Las evaluaciones para efectos administrativos serán por niveles y no se pasará al siguiente si no se ha acreditado el previo…

—Siendo estimada la duración total de la carrera en cuatro años. Que por la mecánica de evaluación libremente administrada por el aprendiz posibilita el que se efectúen los estudios en menos o más tiempo según la persona lo desee…

—En este proceso de transición se requie­re fomentar tanto en profesores como en alumnos el manejo del nuevo concepto de APOYO ACADÉMICO en substitución del de “clase” o del de “materia”…[2]

[2] Nuevo Plan de Estudios. Autogobierno, Comisión Redactora de los acuerdos para la reestructuración del plan de estu­dios del Autogobierno, ENA-UNAM, s/f, mimeógrafo, 4 pp.

Con este Plan, con una opción curricular por áreas de conocimiento —Teoría, Diseño, Tecnología y Extensión Universitaria—, a cursarse en 4 años, había terminado una etapa importante del Autogobier­no y se abría otra donde se enriquecían las experiencias obtenidas en cuatro años, con las influencias históricas e ideológicas que en forma natural y democrática se fueron gestando.

Sin duda, el aspecto novedoso, y realmente progresista, de darle al Plan ese criterio abierto, no limitativo, y de replantear los objetivos propuestos desde 1972, le dio a los talleres la posibilidad de la libre experimentación, de la com­petencia académica y de la confrontación política. Pero había algo que quizá no había llegado a profundizarse y a definirse con tanta claridad como algunos otros conceptos, o al menos, había faltado una discusión más amplia y profunda sobre una de las esencias mismas del Autogobierno: la autogestión.

Si bien los talleres habían experimentado, unos por necesidad y otros por programa, diversas formas autogestivas, éstas no habían sido lo suficientemente analizadas para realmente contar con un criterio que se generalizara y sirviera de ejemplo o guía a todos; por el contrario, los talleres continuaron sus formas autogestivas de trabajo, unos con más ímpetu y experiencia, y otros con timidez y limitaciones. Aun así, en la redacción final del Plan de Estudios del Autogobierno, el Colegio de Profesores logró plasmar las ideas de José Revueltas sobre la autogestión. Dice el Plan:

Es posible integrar en este Plan de Estudios, dadas sus características, los más avanzados enfoques pedagógicos o los más rigurosos y científicos métodos de enseñanza. Hemos optado, en este punto, por la alternativa académica que ofrece el sistema de enseñanza-aprendizaje gradual­mente autogestivo… que permite la responsabilidad de la enseñanza tanto a estudiantes como a profesores por igual y abre posibilidades de democratizar los sistemas de enseñanza con una participación compartida. En este sentido, entendemos la educación como un fenómeno de conteni­do ético ubicado en la perspectiva histó­rica, que fomenta y propicia la participación racional del individuo en la elaboración de sus propias perspectivas, que despierta un riguroso espíritu creativo, crítico e imaginativo para poder, entonces, dar lugar a una educación global, de totalización y praxis, que se convierta en educación autogestiva, esto es, como una educación que se gestione y se modifique a sí misma en forma permanente.

La autogestión académica es el automanejo y el autogobierno de la vida académica por parte de las instancias de organización abiertas de estudiantes, profesores y trabajadores, con consecuencias ad­ministrativas y democráticas, que permite y garantiza una permanente elevación de la calidad de la enseñanza y de los prin­cipios en que se sustenta la Universidad; es también el ejercicio de la conciencia política colectiva y organizada a través del análisis y del debate democrático. La autogestión como proceso del conocimiento y de la conciencia política compartida es la forma más racional de acceder al cono­cimiento democrático por medio de la ele­vación de la libertad de cátedra a la confrontación del pensamiento; la autogestión significa conocer entre todos, deci­dir entre todos, impugnar, controvertir, transformar, e impedir que algo permanez­ca inmutable. La autogestión es la forma viva, y crítica del pensamiento militante y activo, es la conciencia de lo que significa estudiar, conocer y actuar den­tro de una perspectiva de cambio de las estructuras sociales. La autogestión pre­supone una enseñanza técnica integral, subordinada a los valores humanos del cono­cimiento, en contra de la mera destreza y de la habilitación utilitaria de la técnica actual…[3]

[3] Plan de Estudios, Escuela Nacional de Arquitectura-Autogobierno, México, UNAM, 1976, pp. 12-13.

Como decíamos, son estas tesis planteadas por José Revueltas las que lograron mayor penetra­ción en el Autogobierno, unas por vía del Colegio de Profesores y otras producto de la vivencia cotidiana con otros movimientos y organizaciones. Pero si se lee con mayor autocrítica lo escrito por Revueltas, se verá en ello la advertencia de las diferencias entre la autogestión y el autogobierno y que los talleres no pudieron superar; mas por el contrario, en muchos casos agudizaron las contradicciones. Repasémoslas con cuidado:

1. La autogestión académica es… una to­ma de conciencia.

2. Conciencia de lo que es el estudiar y el conocer…

7. Para el concepto de autogestión el conocer es transformar. No se trata tan só­lo de adquirir una concepción determinada del mundo, sino de que tal concepción, al mismo tiempo, actúe como desplazamiento revolucionario de lo caduco, lo ya no vi­gente, lo obsoleto que se resiste a desaparecer. La autogestión se plantea, así, como un conocimiento militante…

9. La autogestión presupone una ense­ñanza técnica integral, subordinada a los valores humanos del conocimiento, en opo­sición a la destreza y eficacia que cons­tituyen el fin último y único del aprendizaje y adiestramiento técnicos.[4]

(…) La autogestión, en efecto, no se propone un manejo ni dirección de la enseñanza… Establecer la autogestión en este plano, sería confundirla con el autogobierno educativo y, algo peor aún, al ni­vel de aula, lo que haría de la educación superior un conjunto de grupos federados e independientes, unidos entre sí apenas por el hecho de pertenecer a una misma institución o funcionar dentro de un mis­mo edificio. La autogestión podrá promover reformas a la metodología y a los planes de estudio, pero éste es un problema por separado, más bien de tipo técnico, que no implica, no lleva en sí mismo ningún planteamiento de desenajenación, de emancipación esenciales.[5]

1. La autogestión académica es el automanejo y autodirección de la educación superior… por el colegio de maestros y estudiantes desde el nivel de aula hasta los de escuela…

3. La autogestión académica es la puesta en actividad de una conciencia colectiva organizada que actúa como conjunto y a través de sus órganos correspondientes…

4. Para la autogestión académica, el aprender, el conocer es impugnar, controvertir, transformar. Nada es definitivo, nada permanece, todo es cuestionable para la autogestión, dentro del campo de la educación superior y fuera del mismo. La —autogestión es la forma viva y activa del conocimiento militante y crítico…[6]

[4] José Revueltas, “¿Qué es la autogestión educativa?” en México 68: Juventud y revolución, México, ERA, 1984, pp. 107-109.

[5] Ibid, “Consideraciones sobre la autogestión académica”, p. 123.

[6] Ibid, “La autogestión: forma superior de la libertad y la democracia”, pp. 309-310.

Es evidente que hablar de autogestión, cuando menos en los términos anteriores, conlleva al análisis de cómo se entendió y practicó (y se practica), plasmada como objetivo dentro del Autogobierno. Descubriremos que la autogestión es algo más que manejarse o conducirse por sí mismo. Entender, para el análisis, que la autogestión es la praxis de una conciencia colectiva organizada, nos lle­vará a reflexionar seriamente sobre los últimos años del Autogobierno. ¿En realidad hubo conciencia? ¿Fue colectiva? ¿Estuvo organizada?

A partir de la conclusión de este gran evento los talleres emprendieron nuevamente su camino; ahora, aparte de la experiencia acumulada, se tenía la posibilidad de organizar un plan particular para dar salida a la experiencia de cada quien.

El Colegio de Profesores, con una mayor experiencia académica, había lo­grado penetrar en forma más dominante en el documento final, y a pesar de eso las demás corrientes también vieron como sus propuestas e inquietudes quedaban integradas. En apariencia se presentaba un plan “ecléctico”, pero en el fondo era un plan unitario.

La Comisión de Redacción y la Coordinación General aceleraron los trabajos para presentarlos al Consejo Técnico (paritario) de la ENA, y dar los primeros pasos para la legitimación del Plan de estudios. Unos meses más tarde, el 17 de agosto de 1976, la Comisión del Trabajo Académico del Consejo Universitario aprobaba el Plan.

Además, desde tiempo atrás, en los inicios de 1975,los profesores que se encontraban en la maestría impulsaron la “reestructuración del Departamento de Estudios Superiores del Autogobierno” y después de haber realizado un exhaustivo trabajo se presentó la propuesta a la Comisión de Planes de Estudio y Programas del Consejo de Estudios Superiores, misma que la aprobó el 27 de julio de 1976. Finalmente, para el 16 de noviembre de ese mismo año, el Consejo Universitario aprobaba conjuntamente el Plan de licenciatura y el Plan de posgrado del Autogobierno; el ciclo se había cerrado perfectamente, ahora, el Autogobierno tenía todas las expectativas pa­ra no sólo ser una Unidad Académica, sino para llegar a ser una Escuela.

Los Planes de estudio se convirtieron, entonces, en el instrumento por el cual los Talleres y el Posgrado debían consolidar el proyecto académico. Ahora tocaba a ellos desarrollarlo y profundizarlo, a partir de sus particulares concepciones. Así pues, los planes de estudio representaban el resultado de una experiencia académica-política con un largo historial que se encontraba permeado por una serie de ideas académicas, políticas e ideológicas que eran producto de la historia; esa histo­ria en la que los individuos adquieren el status de sujetos, y no el de simples objetos; de esos sujetos que, unidos por objetivos comunes, son capaces de transformar el mundo. Para eso precisamente se hicieron, para transformar la formación de los arquitectos en sus dos vertientes: la arquitectónica y la urbanística. Uno, centrado en la arquitectura y su contexto urbano y, otro, para formar investigadores y docentes en la arquitectura y el urbanismo.

En poco tiempo, el Autogobierno transitó, a pesar de sus contradicciones, de un periodo reivindicativo y programático a uno de pleno desarrollo y de amplia producción académica. Con esta perspectiva, la estructura de talleres federa­dos adquirió una nueva dimensión al través de la interpretación y puesta en práctica de un plan abierto y flexible, posibilitando realmente la “unidad en la diversidad” pero también, y no se escapaba a ello, la diversidad podría llevar a la dispersión y a la polarización.

En la vorágine de ese proceso diverso y unitario, no bastaron los órganos intermedios como la Asamblea de Delegados pues las contradicciones empezaron a aflorar una tras otra y el feudalismo de la estructura de talleres atajaba la confrontación política y académica que tanta falta hacía en esos momentos. Es decir, no había mejor manera de superar las contradicciones que afrontarlas directamente, cuando menos ese era un buen camino.

Pero claro, la palabra hablada fue el factor fundamental para que las ideas transitaran de un lugar a otro; pero la escrita, la imprescindible palabra escrita, refrescó y motivó la reflexión y la discusión apasionada de las distintas posiciones. El volante, el folleto, el cartel, la pinta, los dibujos y todo aquello que logró que las ideas perduraran, se hizo presente en todos los rincones. El papel revolución y el bond, el mimeógrafo y la fotocopiadora; el bolígrafo, el lápiz y los plumones; el restirador, la escuadra y la regla te; la vinílica y la brocha y desde luego la máquina de escribir, fueron los objetos que los sujetos convirtieron en los instrumentos más bellos jamás conocidos, para modelar esa acariciada aspiración de transformarlo todo incluyendo las contradicciones entre el CAL y el Colegio de Profesores que eran las que más pesaban

Así que noviembre de 1976 nos trae gratos recuerdos de cómo la autogestión pedagógica posibilita la superación académica en múltiples niveles y perspectivas para la adquisición y producción del conocimiento en esta nuestra profesión: la arquitectura.

Ahora, en noviembre de 2022, la autogestión sigue presentándose como una alternativa viable y concreta para definir un nuevo plan de estudios cuyos trabajos han iniciado planteándose la revisión del Plan 2017, que es el que actualmente se cursa en la Facultad de Arquitectura de la UNAM en sus 16 talleres de arquitectura.


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Te recuerdo

M. Alejandro Gaytán Cervantes

No sé si algún día vas a leer estas líneas, pero las escribí porque te recuerdo todo el tiempo. Aquí, en mis noches solitarias en estas tierras lejanas donde he continuado mis estudios, cuando abro un libro sobre un tema de importancia para lo que estamos tratando en alguna materia; de pronto te me apareces y ya no me dejas seguir.
Resuena tu sonrisa, añoro la forma como de niños jugábamos con el yoyo, el balero o los patines. En todo eras una campeona. Evoco tus palabras cuando nos llamaban a comer y antes que nadie me buscabas para continuar nuestros juegos


Cierro los ojos y te veo haciendo mil figuras.


¿Recuerdas?

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Caminando entre calles y arquitectura de Montevideo

Gerardo G. Sánchez Ruiz

Montevideo localizado en el Cono Sur de América, es bañado por las aguas del Atlántico, de manera que a lo largo de la ciudad llegan los vientos de la costa, y en estos días, sobre todo en la Rambla, una larga avenida a lo largo de la costa, uno siente la fría brisa generada en el lugar, situación que no impide que habitantes utilicen esa vía para caminar, correr o simplemente relajarse mirando el panorama o lanzando anzuelos para pescar algo, eso sí, con su termo en un brazo y su mate en la otra.

Montevideo fue fundado en 1720 cuando Bruno de Zabala, Gobernador y Capitán General del Río de la Plata, fue facultado “para poblar los puntos de Montevideo y Maldonado”, acordándose ayudas para quien quisiera asentarse en esos lugares; siendo Jorge Burgués “el primero que resolvió en 1723” instalarse “en Montevideo un campo desierto”; y  con el fin de evitar la ocupación por otros conquistadores y dadas las embestidas de malhechores, se levantó una fortificación a la que se le dio el nombre de San José.

El fuerte de San José tuvo una vida efímera, pues a los ocho años fue demolido, no obstante, dejó marcada las posibilidades de ensanche de la ciudad desde ese lugar, para después de medio siglo de fundado, su núcleo principal comprendiera “siete calles laterales y trece transversales, sirviéndole de límite por el Este la línea de fortificación, y por el Norte, Oeste y Sud las riberas del Río de la Plata” a resultas de la muralla que las circundaba.

Para situar a la Ciudadela, en 1742 se realizaron trabajos por cerca de cuarenta años construyéndose fosos, una contraescarpa y otras obras para defender a la ciudad, “sus baluartes eran soberbios. El muro tenía siete varas de espesor, once de alto y cuarenta de largo en cada costado. Los fosos sobre 20 de anchura y 15 de profundidad”. Sin embargo, en la vía de posibilitar una mayor expansión de la urbe, la Ciudadela fue demolida en 1833, con lo cual se posibilitó la articulación con calles que ya se habían formado, dándose paso finalmente a la creación de la Plaza Independencia delineada en 1837.[1]

[1] Isidoro De-María, Montevideo antiguo, T 1 y 2, Montevideo, Imprenta El Siglo Ilustrado 1888, pp. 7-17.

Arribar a una ciudad de cualquier dimensión en la idea de conocerla, lo primero a visitar es el centro de la ciudad o el lugar de su fundación, que para el caso, es la Ciudad Vieja donde se encuentra la Plaza Independencia, misma donde en la parte central domina la vista un monumento y mausoleo a José Gervasio Artigas el héroe nacional, el cual es rodeado por edificaciones como el Teatro Solís —en una contra esquina de la plaza— proyecto de Carlo Zucchi y otros, el Palacio Estévez de Manoel de Castel ambos edificios en estilo  neoclásico, el emblemático Palacio Salvo un Déco de Mario Palanti, empezados a construir en 1842, 1873 y 2022, a los cuales se les han agregado otros más recientes; de manera que la plaza muestra arquitecturas de aquellos años, del siglo XX y del presente (Ver imagen 1).

Imagen 1, Plaza de la independencia. Fotografía de Gerardo Sánchez, 2022.

En uno de sus límites al Este se encuentra la Puerta de la Ciudadela un monumento de la época colonial (Ver imagen 2), que conecta con la calle Sarandi la calle de artesanos pintores y bohemios entre los que se puede platicar con el maestro Luis Gómez un viejo militante de izquierda, quien ofrece sus pinturas a paseantes; toda la zona tiene sus tiendas y restaurantes en edificios sobre todo Deco. De hecho, en la Ciudad Vieja dominan los Décos sobre algunos eclécticos y edificios de distintas épocas como el Edificio Centenario en 25 de Mayo e Ituzaingólos (1929) (Ver imagen 3) de los arquitectos De los Campos, Puente y Tournier, y varios de manufactura reciente.

Imagen 2. La Puerta de la Ciudadela. Fotografía de Gerardo Sánchez, 2022.

Imagen 3. Edificio Centenario. Fotografía de Gerardo Sánchez, 2022.

La ciudad Vieja es un centro que aloja actividades comerciales y de oficina sobre todo de lunes a viernes, quedando semi desierto en sábado y domingo, pero como muchos centros de ciudad, es seguro encontrar un lugar para descansar y beberse para el caso un vino uruguayo, que al respecto lo recomendable es comer donde comen los lugareños. Lamentablemente, el centro se observa algo maltratado por la falta de mantenimiento y una que otra pinta en sus edificios, pero es un lugar que finalmente se puede disfrutar por su arquitectura.

Hay varias calles que llevan al Oeste como la avenida 18 de Julio, donde dominan las actividades comerciales y algunas financieras dominando edificaciones en Déco, algunas mostrando una identidad propia como el  Edificio Lapido (1929) de Juan Aubriot y Ricardo Valabrega (Ver imagen 4); y el Palacio Municipal, ocupado actualmente en una parte por el Museo de Historia del Arte, de Mauricio Cravotto (Ver imagen 5) localizados en la 18 de Julio, por supuesto, se distinguen algunos parques donde la gente descansa disfrutando su mate o yerba que se fuma, ahí cada quien con sus preferencias; que casualmente para esas preferencias, en calles aledañas se localizan algunos restaurantes bar tradicionales, donde se puede comer y tomarse un algo placenteramente.

Imagen 4. Edificio Lapido. Fotografía de Gerardo Sánchez, 2022.

Imagen 5. Palacio Municipal, con el Museo de Historia del Arte. Fotografía de Gerardo Sánchez, 2022.

Esa 18 de Julio y alternas conectan con más centros, algunos limitando con la Rambla y alojando vivienda comercios, servicios, que para visitarlos puede uno utilizar un sistema de transporte de autobuses por demás eficiente. Un lugar destacado es el que rodea el parque José Enrique Rodo, uno de los muchos parques que tiene Montevideo, en cuyos límites se puede encontrar el Barrio Jardín que, con edificaciones sobre todo en Deco fue promovido por Eugenio Baroffio (Ver imagen 6). A unas cuadras de este barrio en el Bulevar General Artígas, se encuentra la Facultad de Arquitectura un monumental edificio que empezó a construirse en 1938, con proyecto de Román Fresnedo Siri y Mario Muccinelli (Ver imagen 7).

Imagen 6. Barrio Jardín. Fotografía de Gerardo Sánchez, 2022.

Imagen 7. Facultad de Arquitectura. Fotografía de Gerardo Sánchez, 2022.

Haciendo un gran salto se pueden encontrar edificaciones más recientes como el Montevideo Shopping Center, según esto, el primero en Montevideo inaugurado en 1985  con proyecto del Estudio Gómez con participación de Eladio Dieste (Ver imagen 8) donde actualmente se erigen más edificaciones que hacen del lugar un centro financiero. Y en este breve recorrido por algunas calles de Montevideo y su arquitectura, también se puede encontrar edificios Alta Tecnología como el Complejo Torre de las Telecomunicaciones proyectado por Carlos Ott, cuya construcción se inició en 1997 (Ver imagen 9).

Imagen 8. Montevideo Shopping Center. Fotografía de Gerardo Sánchez, 2022.

Imagen 9. Complejo Torre de las Telecomunicaciones. Fotografía de Gerardo Sánchez, 2022.

Lastimeramente conocer una ciudad, requiere de muchos días y no se acaba de conocer porque continuamente se reproduce dada la dinámica social que la transforman. Por cierto, tal vez sea por el nivel de tranquilidad que se vive en Montevideo, pero sus habitantes son en extremo amigables, en Montevideo uno no se pierde, si se pregunta por alguna calle, comercio, rambla, autobús, con un gusto le brindan la ayuda, y en muchas ocasiones se interesan por el país de origen de quien pregunta. ¡Bien por Montevideo y montevideanos, salud, y a disfrutar la Rambla! (Ver imagen  10).

Imagen 10. La Rambla. Fotografía de Gerardo Sánchez, 2022.


Destacada

La nordomanía de Rodó

Por Ramón Vargas Salguero

José Enrique Rodó, el preclaro pensador uruguayo, anticipó  rasgos de nuestras sociedades latinoamericanas que, cien años después de haberlos dado a la luz, han adquirido una vigencia incuestionable. Ariel, su conocido libro, vuelve a estar en el tapete de la discusión.

Motivado, probablemente, por la invasión y apropiación de Cuba y Puerto Rico por Estados Unidos, pero sin duda alguna sustentado en el estudio detenido de algunos de los rasgos estructurales de la sociedad latinoamericana y norteamericana, Rodó no dudó en considerar que Ariel y Calibán, los dos conocidos personajes de Shakespeare, estaban representados paradigmáticamente, el primero, por los pueblos latinoamericanos herederos del mundo greco cristiano y por el pragmatismo norteamericano, el segundo. Cuidándose, sin embargo, de no incidir en una inaceptable dicotomía, dejó claramente asentado que si bien Estados Unidos podía ser considerado como la encarnación del utilitarismo, ello no ponía en entredicho el reconocimiento de sus incuestionables aportes en el orden de la producción material. Tan insensato le parecía negar sus defectos como desconocer sus cualidades. El influjo del éxito alcanzado por Estados Unidos, sumado a la propensión de los pueblos latinoamericanos hacia la “nordomanía”, explicaba que no únicamente en la cabeza de muchos dirigentes políticos latinoamericanos, sino incluso, y tal vez más notorio, en las masas, cundía la admiración por los logros y rasgos de dicho país. Y, detrás de la admiración, nacía la aspiración a imitarlo.

En frases cuya prístina claridad no deja lugar a dudas, Rodó hizo ver que “la visión de una América ‘deslatinizada’ por propia voluntad, sin la extorsión de la conquista, y regenerada luego a imagen y semejanza del arquetipo del Norte, flota ya sobre los sueños de muchos sinceros interesados por nuestro porvenir.” Este afán mimético era la manifestación de nuestra “nordomanía”, abdicación servil de lo propio, “imitación impotente de los caprichos y las volubilidades de los encumbrados de la sociedad.”

Explicar de qué manera el éxito de uno encontraba eco en el afán imitativo del otro, dando lugar a la importación e intento de aclimatación en tierras nativas de toda clase de objetos, ideas y obras de arquitectura inclusive, de ninguna manera suscitaba la aquiescencia de Rodó. Todo lo contrario.

Sin oponerse a reconocer las ventajas que pueden conllevar las influencias innovadoras, no podía menos que oponerse al   “propósito de desnaturalizar el carácter de los pueblos —su genio ‘personal’— para imponerles la identificación con un modelo extraño al que ellos sacrifiquen la originalidad irremplazable de su espíritu, (y) a la creencia ingenua de que eso pueda obtenerse alguna vez por procedimientos artificiales e improvisados de imitación.”

Tal vez teniendo presente el eclecticismo de su tiempo y lugar Rodó recomendó a los “principiantes candorosos que se imaginan haberse apoderado del genio del maestro cuando han copiado las formas de su estilo o sus procedimientos de composición <…>que forma parte de los deberes humanos el que cada uno de nosotros cuide y mantenga celosamente la originalidad de su carácter personal, lo que haya en él que lo diferencie y determine…” Y, a falta de una “personalidad” (de una identidad, diríamos nosotros) claramente perfilada en nuestros respectivos pueblos latinos, propone anclarnos en lo que sí tenemos: “una herencia de raza, una gran tradición étnica que mantener, un vínculo sagrado que nos une a inmortales páginas de la historia, confiando a nuestro honor su continuación en lo futuro.”

Sus pioneras y luminosas críticas encuentran una amplia validación al tener en cuenta que la extensión alcanzada actualmente por la globalización y el neoliberalismo, han desplazado viejas concepciones teleológicas acerca del sentido de la existencia. Bajo el impulso de la capacidad productiva del ser humano, el mundo ha sido convertido en una “aldea” como certeramente señaló McLuhan, con todas las ventajas que significa que cada uno pueda llegar a ser partícipe de los sucesos que tienen lugar en las antípodas y confines de su personal mundo. Tal vez Rodó estuviera dispuesto a aceptar que en la riqueza espiritual generada por esta mancomunidad participativa, no deja de traslucirse la alada presencia de Ariel.  Pero también haría notar que ambos factores han entronizado la ganancia y el consumismo como finalidades por antonomasia del ser humano y a la competitividad como vía idónea para alcanzarlos. Razones por las cuales otros pensadores consideran que la “aldea global”  es, más bien, algo bastante más prosaico y desilusionante: un “shopping center global”, en el que bajo la piel de cordero con que lo quieren presentar, aparece Calibán, el Becerro de Oro.

Por supuesto que convertir el mundo en un gran almacén de compra venta de productos, sólo es posible mediante la brutal reducción de las múltiples potencialidades humanas a aquellas que son indispensables para la producción, distribución y consumo de bienes. Y esto choca con la esencia misma del ser humano y con la idea que Rodó preconizaba: que “Cada individuo humano sea, ante todo y sobre toda otra cosa, un ejemplar no mutilado de la humanidad, en el que ninguna noble facultad del espíritu quede obliterada y ningún alto interés de todos pierda su virtud comunicativa.”

Por lo que toca a su genealogía  —porque la búsqueda de identidad tiene toda una historia en México— habrá que recordar que el primer barrunto que de ella encontramos, se remonta a tiempos retirados en el tiempo, pero cercanos en el espíritu y con el cual, ocioso es decirlo, considero que nos identificamos ampliamente en muchos sentidos. Quiero traer a la memoria unos preciosos versos de uno de nuestros grandes poetas, en el cual encontramos la búsqueda de una identificación con la tierra misma, la denuncia de la acción desaprensiva del ser humano sobre ella y una propuesta para solventarla. Me estoy refiriendo, por supuesto, a Nezahualcóyotl el gran Rey Poeta de Texcoco, quien en alguna de sus poesías dijo así:

«¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?

No para siempre en la tierra; sólo un poco aquí.

Aunque sea de jade se quiebra,

aunque sea de oro se rompe,

aunque sea plumaje de quetzal se desgarra,

No para siempre en la tierra; sólo un poco aquí.

Del interior del cielo vienen

las bellas flores, los bellos cantos.

Los afea nuestro anhelo,

nuestra inventiva los echa a perder . . .

¿He de irme como las flores que  perecieron?

¿Nada quedará de mi fama aquí en la tierra?

¡Al menos  flores, al menos cantos!»

Nezahualcóyotl

Después del Rey Poeta, los criollos ilustrados, con Sigüenza  a la cabeza, volvieron a encarar el problema de la identidad. Lo prosiguieron en tiempos de la Revolución de Independencia y ahondaron en él a todo lo largo del Siglo XIX quienes sabían que constituir un nuevo país exigía, sin taxativa alguna, que la población se reconociera en un pasado, en unas raíces, en un futuro. El siglo anterior fue el de la explosión de esta búsqueda de identidad. La Revolución de 1910, como no podía ser de otro modo, retomó la estafeta secular porque nada hay que aliente tanto la identificación entre los seres humanos como verse partícipes en la consecución de metas comunes.

Heredamos, pues, una bandera. De acuerdo con ella, de acuerdo con la necesidad de coadyuvar a la construcción de una identidad nacional que fungiera como sustento, como fundamento de la «Grandeza mexicana» que cantara Bernardo de Balbuena, la práctica profesional de los arquitectos se veía socialmente conminada a aportar su cuota de respaldo. Imaginando y construyendo los espacios en los que se reconocieran e identificaran nuestros diversos grupos sociales. Y así fue en un principio. Y así aconteció cuando todavía el espíritu de la Revolución Mexicana estaba pujante: las obras de arquitectura concordaron con las modalidades de vida de la población a la cual se las dirigía. Eso fue hasta hace unos cincuenta años.  ¿Y después?

¿Qué hemos hecho del afán de participar en la construcción de una identidad en las obras de arquitectura? Que se nos ha traspapelado detrás de la montaña de cuentas de vidrio y espejos con la que nos hemos inundado. Y que mientras más nos hundimos en el vórtice del consumismo, más perdemos nuestro gusto por los cantos y las flores, tanto en su sentido literal como en el figurado. También nos ha sucedido que toda la espiritualidad e identidad que estaba detrás del gusto por las flores, ha tenido que dejar su lugar  a otros sentimientos, antípodas de aquellos. 

Si esto es así, y así lo creemos, el conjunto de acciones tendientes a consolidarla, extenderla, propiciarla y encomiarla de nueva cuenta, a través de los recursos atingentes deben tomar la forma de una política cultural de amplísimos derroteros y no menos trascendentes repercusiones. ¿Por qué? Porque está en juego la pérdida del sentido de trascendencia de las acciones humanas a que ya hacía referencia Nezahualcóyotl cuando hablaba de dejar al menos, como rastro de nuestro paso por la tierra,  cantos y flores. Y el extravío del sentido de trascendencia de nuestras acciones es el ábrete sésamo al sinsentido que ahoga en buena medida a la sociedad actual. Pero en nuestro caso, y a riesgo de ser tomado como chauvinista irredento, creo que a un pueblo amante de las flores y el canto, bien merece que se le sigan ofreciendo.

Pero, ¿y qué decir del tema en cuestión y, más puntualmente, acerca del significado que para los arquitectos representa, así como de su  genealogía en el caso de México? ¿Qué significa para nosotros, aquí y ahora, el  tema de la identidad en arquitectura?

Escuetamente respondido, representa un estandarte, una bandera, un leit motiv. No sería difícil hacer ver que la identidad entre los habitadores y las obras de arquitectura que se le ofrecen, podría ser vista  como la meta, sin más, de toda posible obra de arquitectura, como el faro orientador de la práctica profesional de los arquitectos, como el referente último o como su inexcusable punto de partida: proporcionar a la sociedad de la que formamos parte, los espacios que ésta necesita para producir y reproducir su vida. La práctica de los arquitectos es, no debiera olvidarse,  una actividad de servicio. Servicio que cumplirá más cabalmente en la medida y proporción en que logre que el ser humano se identifique con los espacios que habita. En esto estriba la identidad: en la conjunción de las modalidades concretas de vida de cada comunidad, con los espacios en que se desenvuelve. Mientras más el habitador los sienta como su alter ego, mientras más se identifique con ellos, mientras más coincidencias e identidad encuentre, mejor habrá cumplido el arquitecto.

No exageran en el más mínimo quienes denuncian como un hecho en extremo negativo el que la identidad, que la identificación que anteriormente existía entre nuestros núcleos urbanos y nosotros mismos, entre los espacios que habitábamos y nuestras modalidades de vida, se ha perdido en una proporción considerable y que a consecuencia de ello, la población pierde recursos, pierde asideros, pierde la seguridad en sí mismo para encauzar su vida por los senderos que mejor empatan con su ser mismo.

Quiero, para terminar, aunque supongo que está ya dicho, reiterar la convergencia que en mí suscita el empeño de Rodó, con las palabras de otro poeta  mexicano, cuando dice:

«A sangre y flor el pueblo mexicano ha vivido.

Vive de sangre y flor su recuerdo y su olvido

(Cuando estas cosas digo mi corazón se ahonda

en su lecho de piedra de agua clara y redonda)»

Carlos Pellicer

Destacada

50 años de autogestión. Expresión plástica de una época

Por José Víctor Arias Montes

Hacia 2005, para cuestiones distintas, escribí algunas líneas sobre las diferentes expresiones de aquel movimiento que llevó el nombre de Arquitectura Autogobierno, entre el tiempo transcurrido entre los años 70 y 80 del siglo pasado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En ellas  me referí, principalmente, a las revistas y boletines producidos en esa época; todos de una riqueza gráfica excepcional, incluyendo su contenido, y que se puede consultar en el número 4 de la colección Raíces Digital dedicado a las publicaciones del Autogobierno. Posteriormente, en 2016, en el foro 70 | 80 Acciones que transforman la ciudad, me aboqué precisamente a las expresiones plásticas del Autogobierno. Sirvan, pues, esas aportaciones, para ahora recalcar algunas de esas expresiones a lo largo de 50 años.

Portada del número 4 de la colección Raíces Digital, donde se reproducen las publicaciones elaboradas en el Autogobierno, entre 1976 y 1984. SE puede consultar en: https://fa.unam.mx/editorial/wordpress/wp-content/Files/raices/RD04/4.pdf

Ahora, en la conmemoración de 50 años de autogestión,  tocaremos el tema de la expresión plástica propia del Autogobierno manufacturada con técnicas diversas y  objetivos comunes.

Reiteramos lo dicho: no hay movimiento sin símbolo, ni símbolo sin movimiento. El espíritu libertario del movimiento del 68 creó el suyo, cuyo lema resume la esperanza de quienes en él participaron: libertades democráticas. En aquellos días, el 25 de agosto para ser exactos, durante la celebración del festival popular en la explanada de Rectoría de Ciudad Universitaria se presentaron los trabajos elaborados para el diseño del símbolo del movimiento; y para ser congruentes, se llevó a cabo la selección correspondiente apoyada mayoritariamente por el presentado por la arquitecta María Teresa del Pando, profesora de la entonces Escuela Nacional de Arquitectura (ENA) de la UNAM. Desde entonces, ese símbolo representó en volantes, pintas y mantas, las libertades democráticas que enarboló, entre otras muchas demandas, el movimiento estudiantil de 1968 y que trascendió esas fronteras para ubicarse como reivindicación permanente en nuestro país.

1968 es el punto de partida de esta exposición, ya que en ese año aparecen expresiones distintas a las de movimientos anteriores y que hoy continúan siendo materia de estudio para los especialistas y porque de múltiples maneras la historia del Autogobierno está íntimamente relacionada con la historia de ese año trascendental para la historia de México.

Un trazo sencillo, delimitado por un círculo descubre una L y una D con fondo de colores contrastantes: rojo y azul.

Logotipo: Libertades Democráticas, 1968. Autor: Arq. María Teresa del Pando

Bueno, sirvan entonces estas líneas para reconocer el trabajo realizado por su autora, a pesar de los años transcurridos.

La historia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), está llena de ejemplos de todo tipo de inconformidades que han motivado los más heterogéneos movimientos reivindicativos sobre diversos aspectos. En esa variedad, los más expresivos se ubican al lado de los estudiantes y profesores que, en su afán por conquistar sus demandas, construyen, de la manera más espontánea, una amplia gama de opciones para transmitir sus inconformidades y propuestas de solución: imprimir y repartir un volante, pintar un muro, dibujar y pegar un cartel, escribir y difundir un folleto con múltiples análisis, críticas y propuestas, redactar un desplegado y publicarlo en los medios de comunicación impresos, solicitar la voz en algún noticiero electrónico, organizar un mitin, una asamblea, una marcha o un paro, promover la huelga, diseñar una manta, un banderín o una prenda de vestir, elaborar una pega y colocarla en cualquier lugar visible, editar revistas o libros, participar en conferencias, coloquios, congresos o seminarios, pintar un camión, crear una consigna para ser coreada, cambiar la letra a una canción y entonarla por todas partes, liarse a golpes, y hasta cerrar las instalaciones son, entre algunas más, lo que las comunidades son capaces de expresar para ser atendidas en sus reclamos.

Como también recordarán, la Escuela Nacional de Arquitectura fue de las últimas dependencias universitarias en levantar la huelga. Esto lo hizo en diciembre de 1968, después de haber arrancado a las autoridades el compromiso de organizar el seminario de «Evaluación de la Enseñanza de la Arquitectura», en donde los profesores y alumnos progresistas manifestaron las más innovadoras ideas sobre la enseñanza de la arquitectura. El resumen del seminario fue por demás elocuente, a pesar de su limitada participación, pues en él se podrá ubicar un bloque de ideas precedentes al Autogobierno y que éste haría suyas en 1972 al incorporarlas a sus principios y objetivos.

Desde luego no es el momento de analizar estos acuerdos y sus repercusiones en tiempos posteriores a éste; lo que interesa para el tema es resaltar un segundo símbolo que apareció en esos momentos y que quedó ahí, como resguardado por el tiempo: en enero de 1969 se publicaron los acuerdos de ese seminario en un folleto tamaño carta, y la portada es una espiral en negro con fondo rojo. El diseño es del arquitecto Ricardo Flores Villasana, profesor también de la ENA.

Debieron transcurrir varios años para que la Escuela Nacional de Arquitectura volviera a colocarse en la arena de las reivindicaciones universitarias por democratizar la enseñanza y la estructura universitarias. Fue a inicios de 1972 en que se acumularon en la ENA una cantidad considerable de problemas académicos y administrativos que las autoridades se negaron a solucionar y que, conjugados con otros externos a la ENA y a la UNAM, llevaron a los estudiantes y profesores, por medio del Comité de Arquitectura en Lucha (CAL) y el Colegio de Profesores, a convocar a la asamblea plenaria para solucionarlos desde ahí: los días 11 y 18 de abril de 1972, en ambas asambleas plenarias, se destituyó a las autoridades de la ENA y a los pocos meses ese movimiento adoptó el nombre de Autogobierno e hizo suyo, por medio de un concurso organizado por el CAL, el símbolo de la espiral plasmado por Ricardo Flores en la portada de conclusiones del Seminario de Evaluación de la Enseñanza de 1968.

El símbolo, según él mismo lo relató, es la transcripción de una de tantas piedras que hay en el estado de Michoacán y que muestran una espiral labrada en una de sus caras. Mostraba la foto de esa piedra que le había servido de modelo para ello. Efectivamente, como podemos observar en otras fotos tomadas por nuestro amigo Melesio Ávalos en Michoacán, éstas existen de manera importante en distintos lugares apreciándose en ellas distintas espirales labradas en sus superficies.

Como ven, son espirales que partiendo del centro giran hacia el exterior hacia la izquierda. Lo que propuso Ricardo Flores, en 1972, fue la espiral azul con fondo rojo girando a la derecha, como si fuera un trazo realizado con un brochazo. Sobra decir que los autogobiernistas lo adoptaron sin retraso alguno y lo plasmaron en cuanto espacio pudieron, convirtiéndolo en un símbolo que motivó a pensar en un movimiento que no tiene principio ni fin; que su continuidad es permanente. Fue, y es todavía, una de los emblemas de más tradición en la lucha por democratizar la UNAM.

Logotipo del Autogobierno, 1972. Autor: Arq. Ricardo Flores Villasana

Producto de las amplias discusiones que se dieron en esos meses de 1972, el Autogobierno acordó cuáles eran sus objetivos académico-políticos mismos que se plasmaron en dibujos pensados y realizados por la comunidad que había apostado por un futuro sin condiciones: Totalización de conocimientos, Praxis, Diálogo crítico, Autogestión, Crítica–Autocrítica y Conocimiento de la realidad nacional.

En ese año, 1972, el Autogobierno también produjo una serie de representaciones gráficas para llamar a la discusión, al análisis y la toma de conciencia sobre lo que estaba sucediendo en la ENA. Fue un momento donde la base, principalmente estudiantil, se expresó libremente y con una creatividad indiscutible que cualquier pretexto sirvió para trazar un cartel, hacer una caricatura o recrear, a la manera de Andy Warhol, cualquier marca comercial dotándola de sentido político y plasmados en los carteles que se producían uno a uno tapizando las paredes de la ENA.

Cartel Piensa (Pepsi Cola), 1972. ENA-Autogobierno.

Vinieron después tiempos más complicados para la UNAM, pues surgió la idea creciente de crear el sindicato de los académicos: el SPAUNAM (Sindicato del Personal Académico de la UNAM). El Autogobierno hizo suya esa demanda, sumándose masivamente a las movilizaciones elaborando su propia propaganda impresa y algo que no se había hecho en Ciudad Universitaria con tanta calidad: murales de impecable calidad de apoyo al SPAUNAM y otros relativos a temas de gran combatividad. Desafortunadamente, las autoridades, por medio de su brigada gris, se encargaban rápidamente de cubrir con pintura gris cualquier expresión en muros y pisos como parte de su guerra sucia en contra de los movimientos democratizadores.

Las expresiones se extendieron a las colonias y pueblos donde el Autogobierno trabajaba en proyectos arquitectónicos y urbanos. Las mantas en marchas fue un apoyo de indiscutible valía para los habitantes de esos asentamientos. Así, en plena “guerra sucia” el Autogobierno se hacía visible en muchos lugares arriesgando todo por acompañar a quienes se consideraba aliados de clase.

La espiral autogobiernista ganó entonces presencia y cierta popularidad al ser impresa en aquellos banderines color naranja y estampada también en playeras del mismo color. No había marcha sin banderines, ni compañer@s sin su playera.

Otro tipo de expresión, obviamente política e ideológica, fue el dotar a los auditorios de cada escuela o facultad con un nombre de alguna persona sobresaliente en las luchas de sus pueblos. Al de Filosofía y Letras se le nombró “Che Guevara”, al de Economía “Ho Chi Minh”, al de Medicina “Salvador Allende”, al de Ciencias “Miguel Enríquez” y al de Arquitectura “Genaro Vázquez Rojas”.

Vino, hacia finales de los años 90 la larga huelga del Consejo General de Huelga (CGH), conformado por la mayoría de las escuelas y facultades de la UNAM que defendieron, con todo a su alcance, la embestida neoliberal que pretendió privatizar la Universidad. Las expresiones utilizadas para mostrar plásticamente las demandas, quedó en la memoria de la comunidad de la Facultad de Arquitectura que se sumó a esa heroica lucha. Sus muros resguardan celosamente esos expresivos momentos.

Un caso, por demás especial, fue el apoyo para la presentación de los 43 estudiantes  de la Normal Rural de Ayotzinapa, Gro., desaparecidos en septiembre de 2014 por el Estado mexicano. La gran actividad desarrollada por el Taller Uno-Autogobierno se realizó sobre el acceso principal a la Facultad de Arquitectura desde la explanada de Ciudad Universitaria.

En todos los casos, la expresión plástica del Autogobierno de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, no se explica suficientemente si no se incluyen todas las modalidades que éste utilizó para mostrar la realidad sobre la que surgió y las propuestas de solución que se plantearon para superar dicha realidad. Como movimiento, sujeto a todas las riquezas y contradicciones de cualquier corriente universitaria, impulsó por necesidad y principios que las ideas se difundieran por todos los medios que se encontraron al alcance de sus miembros.

Todas las expresiones posibles, se enriquecieron con la tradición de elaborar carteles conmemorativos de aniversario para recordar al Autogobierno. La década de los 80 se impregnó de esa expresión: carteles impresos en serigrafía de alta calidad. A cada año de aniversario, un cartel distinto con una espiral como tema central. Al Taller Gráfica Espiral, se debe la impresión profesional de muchos de ellos.

Carteles de aniversario para diferentes años. Autoría: Ricardo Flores Villasana y Víctor Arias.

Según nuestra muy particular interpretación, se vivió en el Autogobierno uno de los mejores momentos de los movimientos estudiantiles de la segunda mitad del siglo XX en las instituciones de educación superior en México al haber alcanzado, por méritos propios, un alto nivel autogestivo que llevó a sus miembros a elaborar sus propios planes de estudio y de gobierno. Y aunque las experiencias, como la del Autogobierno no se volverán a repetir igual, queda en el ambiente universitario la necesidad de voltear al pasado para, cuando menos, no repetir los mismos errores y dar legitimidad a todo aquello que se considere útil para alcanzar la utopía universitaria: su democratización.

Con un último ejemplo, terminamos con esta apretada exposición para conmemorar los 50 años de autogestión. Nos referimos a las expresiones verbales, que coreadas por la multitud crean un ambiente de mayor riqueza en la espontaneidad de las expresiones de los movimientos y sus repercusiones en la sociedad. ¿Recuerdan aquel grito de ¡DAME UNA A…! ¡DAME UNA U…! …

¿Saben de dónde viene? ¿Recuerdan el festival de Woodstock de agosto de 1969? Creemos que hay relación con ello. En éste hay una pieza cantada por Country Joe Mc Donald (I feel like I’m fix in to die rag), denunciando la guerra en Viet Nam, que se propagó por muchos rincones allende las fronteras de USA y que inicia con una arenga al estilo de las animadoras de fútbol americano, y que el Autogobierno la adoptara a su manera para entonar ese grito que le imprimió un sello bastante particular y alegre.

Para finalizar esta apretada exposición: el Autogobierno fue expresión de una época, cuya realidad histórica se ha guardado en la memoria de much@s, por lo que su expresión plástica debe ser entendida y estudiada a partir de esa realidad.

Mural “50 años en 24 principios” para conmemorar los 50 años del Autogobierno. Abril de 2022. Autores: Oscar y Damián Albores González.

Destacada

La trayectoria cultural, social, histórica, politica y económica siempre presente en el Centro Histórica

Rubén Cantú Chapa

Centro Histórico, corazón y cerebro de la Cuarta Transformación

Durante más de tres décadas en el Centro Histórico se protagonizaron severas críticas al Estado neoliberal con los ascendentes movimientos sociales de base urbana. 

Aparece con este proceso social un Centro Histórico, sociedad y territorio, que criticó duramente al Estado mexicano desde antes de 1968 en un ambiente socio urbano, cultural, político, patrimonial de identidad nacional. Surgió un espacio actor de los problemas sociales locales y nacionales. 

Afloró un rescate político y social del Centro Histórico distinto al criterio oficial y a la visión de las academias de preservar el área urbana central. Emergió del espacio tradicional de poder: el rescate por las clases y sectores sociales en un ambiente socio urbano democrático inédito. 

Este lugar de la metrópoli progresaba como espacio crítico del sistema imperante porque cuestionaba el estatus de varias décadas para convertirse en crisol de los movimientos político, social y cultural del país. 

Hoy el espacio patrimonial cultural y político del Centro Histórico, en un acontecimiento nuevo de las últimas décadas, germinó el “Zócalo Democrático” como el corazón y cerebro de la Cuarta Transformación (4T) nacional y del perseverante e incansable presidente Andrés Manuel López Obrador.

Centro Histórico, siempre espacio crítico

En el espacio patrimonial y cultural del Centro Histórico capitalino, se han presentado diversos acontecimientos en las décadas recientes. Se ha desenvuelto un hecho histórico relacionado con la impugnación al sistema político y al modelo de desarrollo neoliberal. Este espacio asume la categoría de ambiente sociourbano: territorio de manifestación cultural, patrimonial y de identidad nacional que protagoniza los problemas sociales y políticos.

Se presenta como un lugar difícil de rescatar, salvaguardar y restaurar, acorde con las recomendaciones de los organismos nacionales e internacionales. Sin embargo, aparece un rescate social y político del Centro Histórico distinto a la visión de las academias; un criterio oficial de espacio tradicional de poder. El rescate de la sociedad civil reveló un ambiente sociourbano inédito.

El quehacer crítico del Centro Histórico tiene su origen al cuestionar al urbanismo y demás disciplinas del conocimiento, porque da seguimiento a la gestión ambiental de los valores políticos, sociales, económicos y culturales. Es crítico porque cuestiona el estatus de varias décadas y presenta la posibilidad de alternativas que mejoren las condiciones de vida del país mediante la real participación social y organización política de la sociedad. El Centro Histórico seguirá siendo siempre el mayor espacio crítico.

Reitera el poder político de las mañaneras

El poder político de las conferencias mañaneras desde el Centro Histórico de la Ciudad de México ha demostrado ser un valladar infranqueable contra los intentos de regresar al pasado conservador de 36 años de duración, más que la etapa porfirista que se creía superada. El Centro Histórico ha sido un espacio crítico clave de la vida política y económica del país. 

El periodo neoliberal de gobierno de más de tres décadas creó su contrario con la puesta en venta de los bienes de la nación conseguidos por la Revolución de 1910 y la Constitución Política de 1917, con actos de corrupción, rematando las propiedades de la nación y dando lugar a la impunidad de manera inédita. Este hecho de descomposición social y quebranto económico y político de la República gestó la necesidad de renovación y reconstrucción nacional mediante la Cuarta Transformación, después de las anteriores: la Independencia, la Reforma y la Revolución. 

Estas fueron violentas en todo el país, de igual forma se desenvolvió en el territorio nacional, pero de manera pacífica, como se está afianzando desde el corazón y cerebro de Centro Histórico, y consolidando con el poder de convocatoria a nivel nacional de las mañaneras, donde a unos pasos tuvieron lugar grandes concentraciones populares.

Los edificios contribuyen a la contaminación

La degradación del medio ambiente urbano no sólo es un problema físico, sino también social. Existe una relación entre la actividad inmobiliaria y el ambiente existente, lo mismo sucede con el cambio climático.

La actividad física inmobiliaria tiene determinado vínculo con la vida humana. Mientras más elevados sean los edificios, bien en el Paseo de la Reforma o alrededor de Santa Fe, más aumentan los índices de contaminación del aire.

Pareciera que la elevación de las nuevas catedrales del capital financiero marca los niveles de polución atmosférica del valle de México, y su dimensión territorial está en la cantidad de municipios conurbados.

El cambio climático también tiene varias expresiones en la vida de la metrópoli, como en el resto de las grandes ciudades. Lo físico impacta en lo social en la medida que aumenta la urbanización; modifica el clima como sucede con el ambiente sociourbano por la aglomeración humana. Exhibe sin reserva los nuevos templos del capital y su impacto en el ambiente climático como se muestra en el resto del mundo. Habla por sí sola la feroz competencia del mercado y continúa la carrera de un centro urbano inmobiliario.

La historia pasada y presente, como la arquitectura y el urbanismo, pasan necesariamente por el Centro Histórico, lugar de identidad de la nación mexicana.

Destacada

Después de la calma, a la ciudad llegó la tormenta.

Gerardo G. Sánchez Ruiz

Disminuido el Covid19, después de casi un año de calma en la ciudad los capitalinos empezaron a salir de sus refugios y la tormenta empezaba; hoy después de dos años y medio de semi encierro todos ante la urgencia de salir, trabajar en presencial —quienes realizaron trabajo en línea—, pasear y encontrarse con familiares y amigos vino la tormenta total.

Sobre todo durante el primer año de la irrupción del maléfico virus mismo que generó hasta el momento según datos oficiales 330,043, y extraoficiales el doble, calles y avenidas mostraron una gran tranquilidad, al reducirse la circulación de automóviles, camiones, motocicletas, etcétera; y por supuesto, los peatones. En el semi encierro los días se mostraban tranquilos e invitaban a salir, se salía, pero sólo para respirar, caminar, hacer compras o algún trámite y seguir soportando el confinamiento. El semi encierro permitió reducir contaminantes dadas las bajas en consumo de combustibles —que registraron disminución en precios— residuos gaseosos de aquellos, contingencias ambientales, ruido, y por supuesto, las aglomeraciones, había calma.

Pero vino la tormenta, las actividades se incrementaron, quienes trabajaron en línea como el caso de las escuelas de todo nivel, oficinas públicas y aún privadas retornaron a sus trabajos de manera presencial, hubo que llevar a los niños a las escuelas, los jóvenes se desplazaron a sus aulas, y todos los trabajadores retomaron las rutinas hacia su oficina, comercio, fabrica o aula, por lo que la circulación de automotores regresó a su nivel y con ello residuos gaseosos, ruido, etcétera.

Así como se ha venido actuando contra gases contaminantes, los gobiernos de las ciudades en el presente tienen la tarea de actuar sobre los niveles de ruido, por los efectos que genera en la población, en particular por el estrés que induce en cada habitante. Habrá que exigir a esos gobiernos que actúen para que las fábricas produzcan automotores silenciosos, por supuesto muchos automóviles están en esa línea,pero trailers, autobuses y motocicletas no.

Ya los urbanistas de principios del siglo XX, llamaban a atender el problema del ruido, en nuestro país en los años setenta del mismo siglo, hicieron sus intentos, el Plano Director de 1976 por ejemplo pretendíapromover más el uso del transporte colectivo. En el presente en el caso de la ciudad de México el problema sigue sin atenderse como es debido. ¿Las autoridades estarán esperando a que el cuerpo humano se adapte a ese ruido, siguiendo una afirmación de Ramón Aguirre Velázquez? Y es que éste como jefe del Departamento del Distrito Federal de 1982 a 1988, al cuestionársele respecto a los problemas de contaminación atmosférica que agobiaban a la ciudad en esos años señaló esa posibilidad. 

Y es necesario aminorar la actual tormenta de contaminantes, para disfrutar ambientes menos agresivos; la salud de los citadinos es importante, un habitante con buenos niveles de salud es más amigable, menos agresivo, y si se quiere, más productivo.

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50 años de autogestión. Participación social colaborativa en 1985

Por José Víctor Arias Montes

Cómo olvidar los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985, si han sido de los más devastadores en el centro, sur y occidente del territorio nacional. A partir de cifras oficiales, se cuantificaron entre 6 mil y 10 mil muertes y más de 50 mil familias que perdieron sus hogares. La información extraoficial ofreció datos mucho más desgarradores de lo sucedido en ese año.

La Ciudad de México vio, por primera vez, emerger una amplia participación autogestiva ante la tardanza del gobierno de Miguel de la Madrid para organizar los trabajos de rescate y ayuda en las zonas más dañadas por esos fenómenos naturales impredecibles.

Sin alarmas sísmicas de por medio, como hoy día, a todos nos tomó por sorpresa. La inmensa mayoría quedó varada en su propia vivienda, escuela, transporte o lugar de trabajo, sin poder moverse. Tuvimos que soportar la zozobra del tiempo que transcurría y que parecía eterno. Muchos emprendimos el regreso de los hijos que ya estaban en sus escuelas y reunirnos con otros vecinos para conocer un poco más de lo que había sucedido.

Los comentarios e informaciones de algunos eran alarmantes, y otros con más precisión sobre ciertas zonas de la ciudad no dejaban lugar a dudas de la gravedad. Unos hablaban de edificios derrumbados y de muchos muertos. Sólo a lo lejos escuchamos el sonido de algunas sirenas de ambulancia y otros que por el acompañamiento de la campana supusimos que eran los de bomberos.

Quizás por la ubicación de nuestra vivienda, alejada de la zona centro de la ciudad, no percibíamos con claridad la magnitud del desastre. Pero en cuanto conseguimos las pilas y sintonizamos la radio nos empezamos a dar cuenta de lo que había sucedido, y aunque todavía no había recuentos detallados las noticias realmente eran pavorosas.

Después de un largo rato, la energía eléctrica se reestableció lo que permitió sintonizar el televisor, aumentando la angustia por las noticias que indicaban una situación trágica. Las primeras imágenes que pudimos observar resultaban también devastadoras: Tlatelolco, Centro Médico, Hospital General, Televisa… Tanto en la radio como en la televisión las recomendaciones se centraron en sugerir que si no se tenía a qué salir no se hiciera, y que no se trasladaran a los lugares de mayores derrumbes para no entorpecer las labores de auxilio.

El mismo 19 por la tarde-noche, los talleres del Autogobierno de la Facultad de Arquitectura de la UNAM decidieron suspender sus actividades académicas y conjuntar diferentes informaciones de la magnitud de la tragedia y que llevó inicialmente a ubicar los lugares que requerían de ayuda inmediata para la búsqueda y rescate de personas que se presumía estuvieran entre los escombros de edificio dañados. La voz se corrió tan rápido que ya para la noche platicábamos cómo distribuirnos en brigadas hacia las zonas dañadas, donde cada una de éstas se conformaba por estudiantes, trabajadores y académicos. La coordinación general del Autogobierno y las coordinaciones de los talleres se convirtieron, desde esos momentos, en algunos de los centros de enlace más importantes de la UNAM desde donde se ofrecía ayuda técnica y humana para asegurar la vivienda o bien para remover escombros y buscar sobrevivientes.

Para el siguiente día, 20 de septiembre, las reuniones en el Autogobierno crecieron en número de participantes y talleres. Nos concentramos en las reuniones del Taller Seis, donde laborábamos, para crear un grupo de apoyo técnico, mismo que decidimos trabajara en la colonia Guerrero pues era ahí donde había mejores condiciones por los trabajos que con anterioridad se realizaron en diferentes vecindades. Se hizo un plano, se ubicaron los lugares y se organizaron los equipos para trabajar en los sitios que por información de los propios vecinos eran los más afectados. La coordinación general del Autogobierno concentró tanto la información de solicitudes de colaboración como las donaciones, principalmente de herramientas, para realizar trabajos de remoción de escombros distribuyéndolas a los diferentes equipos en los talleres.

El resto de talleres autogobiernistas se organizaron de igual manera, entregándose a las labores que cada sitio exigió en esos dramáticos días. La autogestión académica se sumaba así, sin diferencia alguna, a la autogestión vecinal de la Ciudad de México ante la ausencia de la organización gubernamental que había quedado muda, paralizada y sin respuesta inmediata.

Ello sirvió para que el Autogobierno de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, una expresión académica autogestiva surgida en abril de 1972 mostrara, en los trabajos desarrollados en distintas colonias de la Ciudad de México, que sí es posible el trabajo autogestivo amplio en labores de rescate, organización vecinal y proyectos participativos de gran envergadura, sin quedar sujetos a los lentos designios burocráticos de la autoridad.

Fotografías: Entrega de proyectos en la colonia Guerrero de la Ciudad de México. Asesores: Víctor Arias, Octavio Barreda, Beatriz Sánchez y Bruna Anzures.

De algunos de estos trabajos autogobiernistas quedó constancia en el programa de Renovación Habitacional Popular, creado en mayo de 1986, y que financiara proyectos de vivienda por distintos rumbos de la ciudad. Para el caso, la Universidad Autónoma Metropolitana-X y la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, editaron dos años después el libro Alternativas de vivienda en barrios populares donde quedaron registrados esos trabajos y los de otras organizaciones profesionales y académicas. También quedó registro en la revista número 6 de Diseño UAM, de septiembre de 1987.[1]

[1] Puede verse en: https://fa.unam.mx/editorial/wordpress/wp-content/Files/raices/RD09/revistas/uam_06.pdf

De algunos de estos trabajos autogobiernistas quedó constancia en el programa de Renovación Habitacional Popular, creado en mayo de 1986, y que financiara proyectos de vivienda por distintos rumbos de la ciudad. Para el caso, la Universidad Autónoma Metropolitana-X y la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, editaron dos años después el libro Alternativas de vivienda en barrios populares donde quedaron registrados esos trabajos y los de otras organizaciones profesionales y académicas. También quedó registro en la revista número 6 de Diseño UAM, de septiembre de 1987.La autogestión exige compromiso, y los autogobiernistas asumieron, en 1985, esa responsabilidad. A tod@s l@s participantes nuestro infinito reconocimiento.

“Reconocimiento Nacional 19 de septiembre” al Autogobierno de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, otorgado por el Gobierno de la República. Febrero de 1986. Lámina en la exposición conmemorativa de los 40 años del Autogobierno. Fotografía: Víctor Arias


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@. . . . . ¡POR SUPUESTO!

Ramón Vargas Salguero

. . . . . Por supuesto! que hay razones, más que de sobra, para felicitarnos porque Arquitectura ante la 4t”, publicación llevada adelante por no más de un pequeño grupo de 6 u 8 colegas arquitectos, haya llegado ya a los 100 artículos. Gracias a este esfuerzo, las temáticas historiográficas, estéticas, teóricas y políticas tradicionales, así como las actuales, están encontrando espacio para invitar a los lectores, preferentemente estudiantes y profesionales del ramo, a continuar atentos a los avatares por los que atraviesa el ejercicio profesional. 

Día con día nos llegan noticias referentes a problemas habitacionales de distinta índole. Tanto los ocasionados por efectos naturales, como los que han sido causados por descuidos en el proceso productivo, podrían solventarse mejor si se contara con un conocimiento más preciso de estas problemáticas que nos permitiera, anticiparlas o solventarlas cuando ya han acontecido.

El apoyo que los artículos de Arquitectura ante la 4T prestan a la docencia y en general, a los arquitectos actuando en el ejercicio de la profesión, están fuera de duda, particularmente para el caso de la historiografía y de la teoría de la arquitectura, materias curriculares que no están coadyuvando de mejor manera a la formación de nuevos profesionistas, por desorientación de los profesores acerca del carácter de estas materias. ¿En qué consiste la historiografía? ¿Cuál es el de la teoría? Preguntas ambas que son de difícil respuesta por falta de actualización de los profesores y que debieran ser objeto de cursos para allanar este déficit. 

Una situación similar la hemos observado y puesto en evidencia por lo que toca a la estética, a la que una y otra vez, igualan con la teoría, como si los nombres y contenidos fueran intercambiables. El colmo de estas faltas de precisión en lo referente a la formación de los estudiantes de arquitectura e incluso de los ya titulados, consiste en la incapacidad de definir la palabra, en definir la profesión. Todavía en este momento se sigue utilizando el tipo de definición que estipuló Aristóteles, sin caer en la cuenta de que con él no se puede definir la palabra arquitectura, porque se incurre en una definición dicotómica: esto es arquitectura o no es arquitectura. 

Pues bien, son estos huecos en la formación del arquitecto que Arquitectura ante la 4T lleva ya 100 artículos poniendo su grano de arena para coadyuvar a subsanarlos. ¡POR SUPUESTO!

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100 de a 100 por el país

Gerardo G. Sánchez Ruiz

La transformación de un país no es cosa fácil, y para el caso, lo que se ha intentado en el país en un pasado cercano y en particular desde los años sesenta aún con sus alzas y bajas, presenta significativos avances. No han sido pocas las luchas desarrolladas en el campo, en las ciudades, desde las escuelas, incluso blandiendo métodos que llevaron a muchos a poner en peligro su vida, o lamentablemente perderla; esas luchas por supuesto, contribuyeron a la posibilidad planteada por la 4T.

Muchos abrazamos esa posibilidad que se construía, participando en marchas, plantones, cercos, pero también desde las trincheras que pudimos utilizar como fueron los periódicos o revistas, donde dependiendo de los espacios que se nos abrieron hubo posibilidad de analizar y proponer ante la nueva situación.

De manera particular, un grupo de profesionales, académicos y activistas unos con amplio y destacado camino andado con sus escritos en libros, periódicos, revistas, incluso con apoyos directos a movimientos revolucionarios en otros países, y para el caso, relacionados con la arquitectura y el urbanismo, vimos en la WEB la oportunidad de difundir lo que nos emocionaba, inquietaba o enojaba del proceso que tomó fuerza hace cuatro años, por lo que fuimos reuniéndonos cada quince días los jueves, utilizando los medios digitales ante la irrupción del Covid19, lo cual finalmente llevó a  la creación de la Arquitectura ante la 4T.

Nunca será fácil una transformación cuando la cultura política no mira hacia objetivos colectivos, dada la existencia de ambiciones, oportunismos y desatinos dentro de partes importantes del movimiento y aún de la cabeza, pero además acicateada por su aún inserción dentro de un contexto que no deja su condición neoliberal, pese a buenos deseos y acciones plausibles. Pese a esa esa realidad que de pronto apabulla, hoy llegamos a la salida 100 en este nuevo medio.

Dada la amplitud del mundo de la internet, no es sencillo atraer gente interesada en temas arquitectónicos, urbanísticos, ambientales, económicos, etcétera, sin embargo, lo hacemos con el mejor propósito.  Es cansado escribir cuando tenemos que realizar tareas que nos encargan nuestras instituciones, pero nos queda cuerda para manifestar lo que, desde cada uno de nuestros puntos de vista y con el mayor respeto, creemos puede contribuir a lograr un México mayormente democrático, y por supuesto: más justo. Son 100 escritos, pero saben de 100 cada uno, por la intención respecto al país.

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4T

 M. Alejandro Gaytán

Lo importante de los 100 documentos presentados por 4T es su intención de hacer parte integrante a sus lectores, de este horizonte que se está abriendo, en un gran sitio que se está conformando para la integración de todos los mexicanos con objetivos semejantes como es la igualdad en todos los sentidos, olvidándose de los enormes márgenes que hoy existen y que en los tiempos recientes agudizaron los problemas, las distinciones.

En esta labor es necesario continuar, pero abriendo las puertas de acuerdo con nuestros ideales a las nuevas generaciones que estudian, trabajan y forman parte de este gran país. Busquemos caminos de apertura, de integración profesional y hagamos 4T en todas las especialidades:

Especialidades profesionales, laborales, en la ciudad y en el campo. Busquemos a esas mentes abiertas al diálogo, al conocimiento, a la igualdad y hagamos con ello un gran centro de acción, de pensamiento.

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100 presentaciones de la Arquitectura ante la 4T

Rubén Cantú Chapa

Unas de las razones por la que apareció la Cuarta Transformación en el ámbito nacional, como un movimiento social e histórico, fue por el agotamiento del modelo neoliberal, en el proceso productivo y de consumo, que impactó en todos sectores y clases sociales, tanto en la actividad física como intelectual.

Nuestro gremio no fue la excepción, por lo que un grupo considerable de arquitectos y urbanistas asumió la responsabilidad de expresar, después de deliberad ampliamente y dada lo arquitectónico como entidad histórica, de exponer y sentirse comprometido con los valores sociales y éticos de la arquitectura. Considerando, además, la trayectoria de arquitectos que nos antecedieron como prototipos y ejemplos a seguir.

La inoperancia de la etapa neoliberal, detonada por la corrupción, hizo ineficaz el libre mercado que fundamenta la economía del sistema existente, en su forma razonable y equitativa de proceder, amén de la ausencia de credibilidad de la administración pública, sumida en un desprestigio jamás tenido.

De ahí el valor social e histórico de manifestarse como arquitectos ante la necesidad de participar, no solo en explicar la situación, sino en transformar la realidad con el Movimiento de la Cuarta Transformación.

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100 ejercicios para la transformación

J. Víctor Arias Montes

En noviembre de 2020, un grupo de arquitectos con poco más de 50 años de amistad decidimos crear un espacio de reflexión para, en el contexto de la Cuarta Transformación, encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, adentrarnos en los avatares de lo que sucede en los ámbitos arquitectónico y urbanístico en esta novedosa etapa de la historia de México.

En el tiempo transcurrido hasta la fecha, hemos llegado a las 100 apariciones en este blog que decidimos llamarlo La Arquitectura ante la 4T. Los días jueves han sido los escogidos para publicar nuestras reflexiones. Mantener ese ritmo no ha sido fácil, pues no solo nos hemos enfrentado a nuestras propias creencias políticas e ideológicas sino también a nuestras experiencias en el campo profesional, especialmente el académico.

Provenientes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), nos ha preocupado recoger la experiencia histórica de la Arquitectura y el Urbanismo en México para interpretar este conflictivo presente y tratar de bosquejar un futuro deseable que permita un ejercicio profesional más comprometido con los cambios que se están llevando a cabo en el país.

En la presentación de este blog, al iniciar sus aportaciones, escribimos: “Nuestras reflexiones periódicas serán críticas y autocríticas, propositivas y posibles; no buscan destruir, sino construir una nueva patria. Nuestros ámbitos: el urbanismo, la arquitectura y su enseñanza…”

Para lograr este cometido, se han abordado aspectos que estamos seguros son del interés de nuestro gremio. Al hacerlo, también nos hemos confrontado con nuestras propias ideas que en variadas ocasiones no son coincidentes entre nosotros mismos y, en otras más, coincidimos plenamente en los principios fundamentales. Y es precisamente en ese ambiente en donde las divergencias y coincidencias enriquecen el ejercicio reflexivo sobre la realidad nacional.

A veces quisiéramos que los cambios fueran más rápidos, que se instrumentaran de la manera más certera garantizando los derechos de todos y que no se volviera, ni por asomo, a los tiempos en que el prianismo nos llevó a un abismo del que ahora vemos lo difícil que resulta remontarlo.

Los cambios siempre son necesarios cuando se busca el bien común, y por ello mismo no cejaremos en nuestro interés de participar en ellos con toda la vehemencia posible. Nadie nos quitará ese derecho que para nosotros es una obligación.

Hoy son 100 ejercicios para la transformación, mañana serán muchos más.

Ahí estaremos.

J. Víctor Arias Montes

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INCRUSTACIÓN

M. Alejandro Gaytán Cervantes.

Te conocí casualmente en ese viaje a Bélgica donde, en el vestíbulo del aeropuerto coincidimos, Y lo mismo pasó con el hotel, en el que cada uno, por su lado, nos hospedamos; así fue también en el restaurante donde desayunamos.

Tu sonrisa y ojos vivaces, alegres, me entusiasmaron hasta el punto de que olvidé mi propósito de participar en el certamen para el que llegué invitado. En forma casual inicié una conversación, que aceptaste y nuestras miradas, expresiones, ademanes, se entrelazaron; las cuales continuaron en esa mañana y tarde, que, como nunca me había sucedido, se convirtieron en un instante. Las horas que pasé a tu lado han sido las mejores en mi existencia.

Apenas me acerqué a ti y en lo más parecido a un instante, te abracé, besé, paladeé tu cuerpo. Cuando no encontrábamos iniciando lo que creía sería un romance perecedero; de pronto, todo cambió.

Un grupo de personas llegó por ti, y ante tú y mi sorpresa, sin alcanzar siquiera a despedirte, a decirme quien y de donde eras, partiste de mi lado para un sitio desconocido.

No he vuelto a saber de ti. No sé dónde vives, ni siquiera como te llamas; ¿eres soltera, casada? ¿Te volveré a ver?

Sin embargo, hoy sólo existes como un recuerdo incrustado en mi mente. O apenas un fantasma que un día encontró un hueco en mi cerebro, donde se encajó, para no salir ya nunca, y desde entonces dejarme sin libertad de pensamiento y obra. ¿Existes? ¿Eres? ¿Estás? ¿Estuviste?

Los días se inician a las dos de la mañana, cuando despierto con un sobresalto y al abrir los ojos, apareces. Pareciera que estuvieras presente.

Te introduces en la soledad de mi alma y con ella, también en la de mi recamara. Te adueñas de sus espacios, te expandes como un globo y todo lo colmas. Ya no puedo pensar en otra cosa que en tenerte en mis brazos.

¿A que lugar del planeta debo ir para encontrarte nuevamente?

Sin embargo, tu recuerdo es sumamente vago, pues no te puedo palpar; pero no puedo pensar en otra cosa. Así, eres tú la tirana de mi alma.

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El regreso al Septiembre mentiroso

Gerardo G. Sánchez Ruiz

Voy a cortar, ese septiembre mentiroso que viene castrando a mi pueblo

Voy a cortar, el resto de días sombríos que vienen cegando a mi pueblo

Voy a sembrar un año nuevo, donde mi pueblo pueda

prender sus nuevos recuerdos, sus recuerdos… verdaderos…

Voy a escarbar, el calendario de los muertos que viene llorando mi pueblo

Voy a escarbar, el calendario de las luchas que viene perdiendo mi pueblo

Voy a sembrar un año nuevo, donde mi pueblo pueda

prender sus nuevos recuerdos, sus recuerdos… verdaderos

Fragmento de: Septiembre Mentiroso, 1976, grupo On’ta.

La gesta por la independencia, representó la lucha por el poder entre una aristocracia nativa “descendientes de los colonos españoles” denominados criollos, quienes heredaron tierras, fincas y algunos negocios, desde donde ejercían un cierto poder económico y político, no obstante, como apunta Octavio Paz (1950), estaban “en situación de inferioridad frente a los peninsulares” y, por ende, del disfrute de beneficios más amplios. Así lo señala Paz:

La metrópoli, empeñada en una política proteccionista, por una parte, impedía el libre comercio de las colonias y obstruía su desarrollo económico y social por medio de trabas administrativas y políticas; por la otra cerraba el paso a los «criollos» que con toda justicia deseaban ingresar a los altos empleos y a la dirección del Estado.[1]

[1] Octavio Paz, El laberinto de la soledad. 1994, Obras escogidas Tomo 8, México, Fondo de Cultura Económica 1950 p. 126.

Los criollos aspiraban a liberarse “de la momificada burocracia peninsular”, manejar el territorio sin tutela como una premisa para generar nuevas condiciones en la distribución de la riqueza, y comerciar sin trabas; no se proponían “cambiar la estructura social” ―lo cual no les quitó el papel de revolucionarios―;[2] de manera que con la firma del Acta de la Independencia, se perfilaron nuevas contradicciones para la otrora Nueva España, dado el empeño de los distintos grupos por hacer valer sus proyectos;  por lo que, desde su pertenencia conservadora o liberal, dieron paso a un cúmulo de enfrentamientos políticos y armados, y consecuentemente a décadas de inestabilidad.

[2] Idem.

En efecto los desacuerdos lamentablemente abonaron para que, en 1836 Texas declarara su independencia, una década después se consumaría la invasión norteamericana con la pérdida de más de la mitad del territorio al firmarse los Tratados de Guadalupe Hidalgo en 1848 (Ver Mapa) ―lo cual significó para las élites perder propiedades heredadas de los españoles― y; que se sucediera la intervención francesa (1862-1867) con la instauración del Segundo Imperio encabezado por Maximiano de Habsburgo (1864-1867).

México y los nuevos territorios de USA, 1849. Library of Congress.

Había que agregarle elementos al proceso que permitiría el acceso a otro nivel de desarrollo. La restauración de la República con el triunfo de los liberales ante los conservadores junto al fortalecimiento del Estado, ofreció posibilidades para un proyecto de conjunto y aprovechar cualidades del territorio, pero se requerían más elementos. Concretar una nueva condición para el mutilado territorio, requería insistir en aspectos ideológicos consolidaran a un Estado para la defensa de propiedades entre grupos sociales y ante otros Estados, lo cual no era sencillo.

Se requerían nuevas ideas entre la población, crear condiciones que coadyuvaran a desarrollar al país y encaminarlo al progreso, labrar sentimientos de apego al territorio independizado, generar lazos que forjaran un cierto orgullo e identidad con éste e impulsar formas de pensar y actuar comunes; para de ese modo defender a un ya mutilado territorio, defender sus riquezas y tal cual como lo plantearon los peninsulares para el disfrute en particular de las elites. Era necesario actuar en las ideologías, situación que ya ocurría antes de iniciada la revolución de independencia.

De ahí los discursos del presidente de México en turno al dar el grito del 15 de septiembre, mismos que han buscando afianzar y reciclar el “cariño a la patria”, por supuesto, manteniendo estables los beneficios a élites, situación que se convirtió en norma del PRI, pero de la que no escaparon el PAN y ahora Morena. Y en efecto, pese a discursos de defensa de los recursos del país y los apoyos con dinero —que ahora se utilizan electoralmente—, los beneficios a antiguos y nuevos grupos empresariales continuará, y ahí está AMLO con su exaltación a Carlos Slim y apegado al modelo neoliberal.

Entonces este 15 de septiembre, se visualiza una arenga patriotera dados los desatinos en cuestiones de corrupción, impunidad, inseguridad y la peligrosa militarización que, entre otras cosas se suceden pese a promesas de AMLO de desaparecerlas. Al grado de él mismo mencionar —con el fin de incrementar la asistencia al Zócalo­— la participación nada más ni nada menos que de los Tigres de Norte. Los septiembres mentirosos continuarán con los discursos que a cada régimen convenga, por el momento: las prácticas prianistas se reciclan.


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50 años de autogestión. Ganando legitimidad

Por José Víctor Arias Montes

Pues sí, efectivamente, para febrero de 1973 parecía que el Autogobierno se encajonaba en un callejón sin salida. Todo parecía confuso, dando la impresión de que la Rectoría ganaba la partida. Así lo creyeron muchos, después de que el 19 del mismo mes la Junta de Gobierno designara al arquitecto René Capdevielle Licastro director de la Escuela Nacional de Arquitectura quien dos días más tarde, para su toma de posesión, se hizo acompañar de un nutrido grupo de “porros”.[1]

[1] Universal y Excélsior, 22 de febrero de 1973, p. 17 y p. 1, respectivamente.

La utilización de estos grupos fue un rumor que días antes generó alarma y temor a la vez que enojo. Unos señalaban que se tenían “informaciones” de que ya se había reclutado un numeroso grupo para asegurar la toma de posesión y reabrir los locales de la dirección, que para entonces continuaban cerrados. Otros decían que no se atreverían a tanto pues la Rectoría corría el riesgo de que la respuesta fuera proporcional pero en sentido contrario, ya que los comités de lucha habían ofrecido abierto apoyo para rechazar cualquier intento de utilización de estos grupos. De cualquier manera se previno el escenario más violento para organizar la protesta.

La violencia fue inevitable. Al momento de la “toma de posesión” en el vestíbulo principal de la escuela, presidida por Sergio Domínguez Vargas, Secretario General de la UNAM, los jaloneos, empujones y gritos se transformaron en una batalla campal, cuando los “porros” blandieron palos y cadenas y empezaron a golpear.

El mayor número y mejor organización y coraje de los que protestaban por esa espuria toma de posesión, mayoritariamente del Autogobierno, obligó a que los “porros” se replegaran hacia el pasillo al estacionamiento para, por fin, no resistiendo más los golpes, salir corriendo por la rampa al circuito. Hasta allá salió el “nuevo” director, corriendo con su “grupo de apoyo”, profiriendo amenazas y anunciando que “mañana regresaría”. Los presentes se reagruparon nuevamente en el vestíbulo. Algunos gritando de júbilo y otros más llamando a la organización contra los “porros”, para después trasladarse a una de las aulas cercanas y prepararse para el otro día. La sorpresa sería la mejor arma. La consigna era evitar lo más posible la violencia y el contacto cuerpo a cuerpo para impedir los golpes.

Toma de posesión del arquitecto René Capdevielle Licastro, 22 de febrero de 1973, Excélsior. Archivo: JAVM

Toma de posesión del arquitecto René Capdevielle Licastro, 22 de febrero de 1973, El Universal. Archivo: JVAM

Efectivamente, al otro día regresó; sólo que ahora la organización e indignación eran mucho mayores. Ya no habría concesiones. Llegó temprano, acompañado claro está, de su “grupo de apoyo”; entrando por el corredor del edificio perpendicular al circuito escolar y justo en medio del camino se plantó la masa inconforme. Se juntaron los dos grupos, pecho con pecho, empujando poco a poco, de un lado a otro. Las palabras altisonantes de ambos surcaban los vientos. Pero la voz opositora se hizo cada vez más unánime y unitaria.

—¡No pasarán! ¡No pasarán! ¡No pasarán! —Gritaban los de acá, opacando a los contrarios.

De pronto, a una señal, se empujó con más fuerza para, en un instante, apartarse y retroceder unos pasos. En ese momento, de atrás, salió un pequeño grupo de autogobiernistas lanzando jitomates y gritando ensordecedoramente: ¡Órale hijos de rectoría…! ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!

La confusión cundió en el grupo del director, por lo que en unos instantes la fuerza del otro grupo se concentró dirigiéndose a tropel contra todos ellos. Al ver tal decisión, el director no tuvo más alternativa que correr nuevamente hacia el circuito escolar. Hacia allá salieron todos, perseguidos por la indignación de quienes veían burlada su decisión colectiva y que ahora, ejerciendo su legítimo derecho, rechazaban la intrusa presencia de ese homínido grupo disfrazado de universitarios.

Reunión del Consejo Sindical con Rolando Cordera y Hugo Gutiérrez Vega, entre otros, con el rector Soberón, 22 de febrero de 1973, Excélsior. Archivo: JVAM

La indignación también llegó a los grupos y organizaciones democráticas de la unam. Los representantes del Autogobierno y el Consejo Sindical, en una reunión con el rector Guillermo Soberón, exponían los hechos ocurridos reprobando la utilización de “porros” para golpear a los alumnos inconformes, exigiéndole, desde ese momento, la renuncia del arquitecto Capdevielle.

Para esos momentos, la Rectoría había orquestado una campaña de desprestigio contra los movimientos democráticos, señalando, por su propia voz que “…los cogobiernos y autogobiernos son anarquizantes… Se admiten cambios, pero no mediante la violencia ejercida por minorías activas…”[2] ¿Minorías activas? ¿Cuándo las autoridades les habían otorgado a las verdaderas mayorías el carácter de mayorías? ¡Nunca! Siempre, en cualquier movimiento, la posición de autoridad engañaba a la opinión pública para hacer creer, lográndolo casi siempre, que “minorías activas” trataban de imponer su voluntad por medios violentos. El lobo se ponía la máscara del cordero. La hipocresía hecha discurso ideológico para engañar a todos y a sí mismo. Por eso, la difusión amplia del conflicto en los medios escritos y electrónicos, resultó un buen antídoto para la manipulación fascista de las autoridades. Así que la derrota infringida a los “porros” levantó la moral de los autogobiernistas y aumentó la presión sobre Rectoría. Ahora, la exigencia de renuncia del director se convertía en punto central y la cercanía de la sesión del Consejo Universitario alentaba aún más a la base a mantenerse firme en sus principios, decidiendo participar en ésta y exigir, ahora, el cumplimiento de esta nueva demanda.

[2] Excélsior, 22 de febrero de 1973.

En asamblea plenaria se decidió asistir en masa a la sesión del Consejo y manifestar el rechazo a la designación de René Capdevielle y el uso de grupos de choque para amedrentar a la comunidad y explicar el problema de Arquitectura y ofrecer alternativas de solución. Ahora, la decisión tomada de tiempo atrás de participar en las elecciones para consejeros universitarios dio la ventaja al Autogobierno, pues los propuestos eran miembros del cal y estaban de la mano con el movimiento. Se garantizaba, con ese detalle, contar con voz y voto en el Consejo y ahora se debía hacer efectiva.

Sesión del 27 de febrero de 1973 del Consejo Universitario. Fotografías: JVAM

El 27 de febrero sesionó el Consejo Universitario. La sala, pequeña de por sí, ubicada en el tercer piso de la Rectoría, se abarrotó con la presencia de la base más combativa del Autogobierno, así como de sus más distinguidos líderes. Los gritos y banderines inundaron los pasillos y la galería. Unos sentados y otros de pie, distribuidos por todos lados para que el espíritu hablara por la raza. La consigna fue clara y contundente: un magnífico orden combativo sería la mejor expresión de una comunidad que quería ser escuchada y considerada en sus propuestas, y con ello nadie podría callar y minimiza su presencia.

El orden del día contemplaba la toma de protesta como consejero director al arquitecto Capdevielle, y un punto donde se trataría la problemática de la ena. Sobre el primero, su protesta fue acompañada de gritos y silbidos que reprobaban su designación y su actitud violenta frente al conflicto; sobre lo segundo, se puede decir que fue una sesión sorprendente por los argumentos ofrecidos en torno a la democratización no sólo de la ena sino de la Universidad misma. Dichos argumentos, en voz de algunos miembros del Autogobierno y de otros consejeros simpatizantes, no significaban palabras huecas o sin sentido, por el contrario, lo que ahí se escuchaba era la voz de una parte de la Universidad que mostraba no sólo su legítimo interés por los cambios sino una sólida noción de cómo lograrlos, recibiendo a cambio, el trato despótico de unas autoridades que se aferraban a su puesto sin siquiera permitir cuestionamiento alguno ni ofrecer una sola sugerencia para destrabar los conflictos.

Sesión del 27 de febrero de 1973 del Consejo Universitario. Fotografías: JVAM

La sesión fue larga y cansada, pero rica y variada en participaciones y argumentos y en ideas y propuestas. De los que tomaron la palabra por parte del Autogobierno sobresalen Germinal Pérez Plaja y Carlos González Lobo. El primero con su hablar lento, contundente y en ocasiones sarcástico ofreció lo mejor para explicar por qué había surgido el movimiento y la importancia de generalizarlo a toda la ena; el segundo, con una locución extremadamente emotiva, remató con la exigencia del respeto a la experiencia que se había preocupado por resolver las necesidades de amplios sectores sociales. Ambos se ganaron un largo aplauso que casi no termina. Después hablaron los representantes de los talleres que apoyaban al director impuesto, redundando en sus argumentos neolegalistas y exigiendo el uso de los espacios de la ENA, ya que habían sido expulsados físicamente de las instalaciones. Para rematar tomaron la palabra, entre otros, los doctores Ricardo Guerra, director de Filosofía y Letras, y Víctor Flores Olea, director de Ciencias Políticas y Sociales. Sus argumentos, alejados de las posiciones de Rectoría, se centraron en bosquejar que efectivamente la Universidad requería cambios, pero que todos ellos tendrían que darse en el marco legal y que lo que hoy sucedía en la ena podía tener cabida en la legislación sin modificarla. La sorpresa fue general. La actitud mediadora de dos de los personajes más sobresalientes de la estructura universitaria, había señalado una posible salida al conflicto.

Y así fue. El pleno, una vez escuchadas las voces disidentes y amigas, acordó conformar una Comisión especial para que analizara y presentara recomendaciones para solucionar la problemática en la ena.[3] Un atronador aplauso selló el término de la sesión, mientras que los presentes gritaban una y otra vez: ¡Dame una A…! ¡Dame una U…! ¡Dame una T…! …

[3] La comisión quedó conformada por: Dr. Juan Casillas García de León, Lic. Víctor Flores Olea, Dr. Fernando Salmerón Roiz, Lic. José Luis Ceceña Gámez y el Dr. Ricardo Guerra Tejada; y Edgar Sánchez Ramírez, Laura Calderón Grajales (consejera de la ENA), Abel Mendoza Trejo (consejero de la ENA), Miguel Ángel Fernández Molina y Nieves Martínez de la Escalera.

Desde luego que este acuerdo se consideró como una victoria para el Autogobierno. Nunca antes se había logrado algo parecido en la Universidad. La máxima autoridad universitaria decidía que lo mejor era buscar una salida que a nadie perjudicara y a nadie dejara fuera. Esa noche hubo fiesta de saludos, abrazos y palabras estimulantes, porque se valoró que lo acontecido abría el camino para avanzar unitariamente, aunque ya se auguraba que la ena quedaría dividida.

Las movilizaciones continuas con marchas a través del circuito de Ciudad Universitaria y la difusión del problema en distintos ámbitos y por variados medios, la solidaridad de los comités de lucha, del Consejo Sindical y de algunos consejeros universitarios, así como de diversas organizaciones populares, habían mantenido la moral en alto y dado impulso a una posición radical pero dispuesta a la negociación con tal de no perder lo ganado. Nada, en esos momentos, podía destruir los principios por los que se había luchado por casi un año y que se habían mantenido a pesar de las tempestades que azotaban a la ENA y a la Universidad.

Marchas por el circuito escolar de Ciudad Universitaria. 1973. Fotografías: JVAM.

Para concretar lo aprobado, la Comisión especial nombrada por el Consejo Universitario convocó a las dos partes a dialogar y conocer en detalle las propuestas de cada quien; cosa que se discutió, decidiéndose unánimemente asistir y ofrecer, nuevamente, los argumentos necesarios para que se entendiera el por qué se había llegado a esta situación y el por qué ya no podía haber marcha atrás. Así se hizo, se asistió a las reuniones, se dialogó y se argumentó cuanto se pudo sobre la enseñanza de la arquitectura, presentándose todo lo que se había perfilado hasta entonces con un excelso comportamiento que motivó la confianza de los comisionados. Mientras, la delegación de la otra parte, la de los talleres de letra, seguía en su afán de exigir respeto a la legalidad como argumento principal sin presentar algo coherente que permitiera suponer algún proyecto académico que involucrara al taller integral y sus posibilidades para enriquecer los procesos de enseñanza-aprendizaje. Las actitudes de bloqueo y retraso, no mostraban más que una cosa: su anacronismo político y académico, por no decir más.

Informe de la Comisión del H. Consejo Universitario. Gaceta UNAM, 28 de marzo de 1973. Archivo: JVAM

Un mes después, la Comisión Especial rindió su informe al Consejo Universitario así como su propuesta para solucionar el conflicto, misma que se aprobó por consenso. En ella se destaca:

La Comisión considera que los planteamientos y objetivos académicos expuestos por la corriente llamada autogobierno, encierran una serie de posibilidades como vías del desarrollo de la arquitectura en México en sus aspectos universitario y social dignos de ser experimentados…

Algunos de los aspectos básicos que necesariamente tendrán que regularse y precisarse son los siguientes:

a) La enseñanza «integrada» de las materias constitutivas del plan de estudios, que debe sistematizarse según los niveles. Para ello, es fundamental la asesoría se pedagogos y técnicos en didáctica y en nuevos métodos de enseñanza.

b) La determinación de indicadores y pruebas objetivas que permitan evaluar correctamente el trabajo de los estudiantes, en lo individual y por grupo.

c) La organización del servicio social y de la práctica profesional a lo largo de la carrera, y su integración a los conocimientos te6ricos, y viceversa.

d) La definición de las distintas alternativas para presentar el examen de grado, y su reglamentación.

e) Eventualmente la revisión de los planes de estudio en función de los nuevos métodos de enseñanza que se propongan.

f) Como necesario complemento a estos ajustes académicos, la formulación de un plan de formación de profesores y el incremento del profesorado de carrera en la ENA.

…La Comisión considera que las modalidades de la organización académica y administrativa que propone el autogobierno, son susceptibles de adecuarse a las normas y principios básicos de la legislación universitaria.

…Se recomienda, por tanto, que las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de México hagan los arreglos necesarios para que en la ENA puedan desarrollarse eficazmente, en un ambiente de concordia y de sana competencia académica, las distintas corrientes de opinión y se busquen los mejores caminos para que las formas de organización se adecúen a los principios legales que rigen a la Universidad. Para esto, resulta indispensable:

a).- La independencia de los talleres en su organización académica interna, de modo que sea posible en la ENA la presencia de formas de trabajo alternativas, que permitan a maestros y alumnos la libertad de optar entre varias posibilidades, de acuerdo con sus propios puntos de vista sobre lo que debe ser la enseñanza de la arquitectura.

b).- Deberán establecerse requisitos mínimos que mantengan la unidad de la ENA como institución docente y de investigación y aseguren su superación académica. Por ejemplo: 1) el trabajo de todos los talleres sobre la base de un mismo plan de estudios, al menos en sus materias básicas; 2) la proporción entre el número de alumnos y de maestros en cada taller, que haga posible la comunicación necesaria para las tareas pedagógicas (lo que supone la redistribución de los maestros con pleno respeto de las libertades académicas que garantizan las leyes universitarias; 3) la asignación, en la medida de las posibilidades presupuestales de la ENA, de los recursos económicos y técnicos necesarios a todos los talleres para el cabal cumplimiento de sus funciones.

c).- El servicio social de los pasantes o de los estudiantes de los semestres finales, habrá de organizarse, de ser posible, en grupos interdisciplinarios con alumnos de otras facultades, para que la labor de los arquitectos pueda resultar socialmente más eficaz y a la vez de mayor provecho en su formación estrictamente profesional.

d).- Para la solución inmediata de los problemas académicos y administrativos pendientes (regularización de cursos, exámenes, inscripciones, nombramientos, etc.) se sugiere la integración de una comisión especial representativa de los sectores interesados.[4]

[4] “Informe de la Comisión del H. Consejo Universitario sobre el problema de Arquitectura” en GACETA UNAM, tercera época, Vol. V, No. 36, 28 de marzo de 1973, pp. 1-3.

Estas recomendaciones, aprobadas en su totalidad por el Consejo Universitario en sesión plenaria del 17 de marzo de 1973, fueron tomadas por el Autogobierno como un inobjetable triunfo de la razón y la democracia sobre la irracionalidad y el autoritarismo. Ahora quedaba clara la  existencia de dos corrientes dentro de la ENA en el ámbito académico con diferencias tan notables en lo político que difícilmente se podía coincidir en lo académico y sobre todo en la manera en que se había planteado dirigir y estructurar la ena. Por lo pronto, el Autogobierno ganó legitimidad y legalidad ante la comunidad universitaria y la opinión pública lo que produjo una cobertura extraordinaria para continuar desarrollando los postulados iniciales y las ideas que sobre el taller integral se venían practicando.

Mítin de apoyo a los gobiernos democráticos en la UNAM. Ca 1974. Fotografía: JVAM.


Destacada

La aparición del Centro Histórico mostró su carácter crítico

Rubén Cantú Chapa

Desde la aparición del Centro Histórico como tal, dio muestras de su carácter como espacio urbano crítico y se explayó en todas las formaciones sociales existentes, pues llevó implícito el lugar de las contradicciones sociales y del propio Estado. A cada avance de la sociedad, el sitio patrimonial protagonizaba nuevos hechos, al matizar el lugar más que la armonía sociedad- territorio, expresó el conflicto en sus múltiples y variadas formas.

El sistema imperante que dejó de atender a los sectores y clases sociales mayoritarias del país, para abrir más la brecha a las grandes desigualdades en la población, es ahora negado en el espacio de gran valor patrimonial, cultural y depositario de la historia, el Centro Histórico. Este espacio atestigua su carácter crítico al objetarse ahí las políticas económicas y las prácticas políticas desde el último tercio del siglo XX. La crisis de la ciudad de México y la función crítica del Centro Histórico son también la crisis del trabajo; de un sistema productivo que opera con grandes dificultades de sobreproducción que, al abarrotar el mercado sin la salida correspondiente en el consumo, provoca una reducción de la ganancia de las empresas que repercute en la extensión del desempleo y subempleo, de los que se desencadenan múltiples efectos, cuyo escenario es la ciudad ampliada al campo y la región. El deterioro del sistema es el deterioro de las relaciones productivas en el que la parte más débil, el trabajo, es el que sucumbe antes que el capital, no sin mostrar en los espacios productivos, de consumo y circulación, la irregularidad del sistema, de su medio natural, el medio urbano y el ambiente social en problemas.

El Centro Histórico de la ciudad de México ha sido el espacio urbano crítico de los actos y actitudes antidemocráticas de los órganos del Estado, de todas las campañas negras y guerras sucias promovidas en décadas pasadas y recientes. Ha protagonizado todas las luchas sociales de la historia de México. Ha reivindicado las demandas sociales más sentidas de la población del país y ha escrito en sus páginas los problemas nacionales más amplios.

El ensayo que ahora se propone, de manera breve, pues se extiende en un documento más amplio, presenta la visión y carácter del Centro Histórico Crítico en el marco de una ciudad también analítica. Asimismo, se expone una interpretación del ambiente en cuestión del lugar más antiguo de la ciudad de México. El análisis es el relacionado con el protagonismo crítico del Centro Histórico, la misión urbana del lugar y las transformaciones de estos espacios urbanos centrales de la metrópoli.

Inmediatamente se exponen los ambientes del Centro Histórico en su aspecto sociourbano, desde fines del siglo XX, ya como espacio crítico y la crisis metropolitana y la institucional. En este mismo apartado se presenta un esbozo del ambiente social, su malestar y crecimiento metropolitano con las rupturas sociales. También aparece en este tercer punto una visión del ambiente urbano, mediante la reestructuración de la ciudad en el siglo pasado y el correspondiente ambiente sociourbano del Centro Histórico.

Luego se presenta el medio ambiente y desarrollo en Centros Históricos, a través de la exposición del proceso urbano del Centro Histórico en el ámbito del desarrollo, la difícil sustentabilidad metropolitana y la morfología socio- urbana del Centro Histórico de la ciudad de México. Acto continuo, del ensayo se abordan la economía y ambiente sociourbano en el Centro Histórico de la ciudad de México. En seguida, en el apartado se exponen las políticas sociales y los espacios públicos.

En la parte final se hace una aproximación de los problemas sociales en los espacios patrimoniales históricos y por último, se hace alusión a las rupturas de la clase política en el Centro Histórico a partir de las polémicas de la clase política en la capital, la magnitud de la crisis urbana, los problemas de control político de ciudad, el liderazgo urbano de la izquierda con la propuesta de la Cuarta Transformación. 

Para más información se propone la lectura del libro “Centro Histórico crítico. El ambiente sociourbano en la Ciudad de México” 3ª ed, Plaza y Valdés. 

Destacada

Conocer historia de la ciudad y algo de ingeniería para entender fallas en edificios.

Gerardo G. Sánchez Ruiz.

Ahora que se mencionan fallas en la estructura de la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, conviene recordar algunos pasajes históricos de la manera en que la capital del país se fue desarrollando y entender por ejemplo, por qué los sismos afectan ciertas partes de ésta con mayor intensidad o por qué vemos edificios con una cierta inclinación o de plano con fallas, donde por supuesto no sólo son las condiciones del suelo sino se conjugan otros determinantes.  

Algo de historia. Había que imaginarse el panorama brindado por el sistema de lagos y la serie de montañas que bordeaban al Valle de México, resultado de la naturaleza y la serie de pueblos desplegados en tierra firme como eran los casos de los señoríos de Xaltocan, Tenayuca, Azcapotzalco, Culhuacán, Xochimilco, Xico y Acolhuacan, señoríos a los que en su peregrinar se unieron los aztecas para formar otro asentamiento, quienes disputarían ese bello pero problemático territorio.

Debe reflexionarse que, para poder establecer un asentamiento en el Valle, dadas las condiciones del lugar y lo poco desarrollados sistemas constructivos de la época, los nuevos habitantes hubieron de desplegar la inventiva y desarrollar tecnologías que permitieran ganarle espacio a las aguas de los lagos; lo anterior aunado, al aprovechamiento de su carácter guerrero con lo que se hicieron de parte de la mano de obra requerida para erigir la ciudad y extender la ciudad sobre agua y pantanos.

El Valle de México a mediados del siglo XVI.[1]

[1] Luis Espinosa, “Descripción oro-hidrográfica y geológica del Valle de México” en Junta Directiva de las Obras del Desagüe del Valle de México. Memoria histórica. técnica y administrativa de las obras del desagüe del Valle de México 1449-1900, volumen I, Tipografía de la Oficina Impresora de Estampillas, México, 1902.

Y hubo que construir por ejemplo importantes diques para proteger a la ciudad de las crecidas de agua, delimitando zonas y regular niveles de aquella. Francisco de Garay (1888) sostiene que desde que se inició el asentamiento, los tenochcas “comenzaron a construir diques y calzadas para moderar el flujo de las aguas de los lagos y de los ríos en el contorno, de la capital”. Las primeras fueron la de Tlacopan o Tacuba, Nonoalco y Chapultepec, las cuales se construyeron cuando los acolhuas de Azcapotzalco ejercían el poder sobre los tenochcas, siguiéndoles las “de Tepeyac y de San Antonio Abad (Coyoacán), y multitud de bordos y diques menores que de seguro subdividían los vasos, formando verdaderos polders al estilo de los holandeses”.[2]

[2] Francisco De Garay, El Valle de México, Oficina Tip. De la Secretaría de Fomento, México, 1888, p. 13.

No obstante una de las obras más importantes emprendidas por los tenochcas, fue la del Albarradón de Nezahualcóyotl, González (1902) rescatando a Fr. Juan de Torquemada, señala que Moctezuma posterior a una gran inundación, solicitó ayuda al Rey de Texcoco sabedor de su “mucha razón y buena inventiva”, para que “acudiese a dar alguna traza para que la Ciudad no se acabase de anegar, porque ya estaban arruinados y caídos muchos de sus edificios”, y que en efecto, Netzahualcóyotl acudió al llamado proponiendo “hacer una cerca de madera y piedra, que detuviese la fuerza de las aguas, para que no llegasen á la Ciudad, y aunque pareció caso dificultoso, […] húbose de tomar el consejo, y poner en ejecución la cerca”.[3]

[3] Luis González Obregón, “Reseña histórica del desagüe del Valle de México” en Junta Directiva de las Obras… Op. Cit., p. 38.

Para concretar la obra, se pidió ayuda a Tototihuatzin, señor de Tlacopan; á Xilomatzin, señor de Culhuacan, á Cuitlahuatzin, señor de Itztapalapan, y á Chimalpopoca, señor de Tenayucan”, con lo que se inició “la construcción de la albarrada”. El mismo de Garay señalaba que el dique “partía de Atzacoalco al Norte, se dirigía en línea recta al Sur hasta Iztapalapa al pie del cerro llamado de la Estrella, de Garay aparte de resaltar las características de la obra, hizo una semblanza de la manera de cómo quedaron divididos los lagos junto a efectos en el valle, mismos que marcarían el desarrollo de la ciudad a través de los tiempos, al señalar:

Esta obra admirable, construida de piedra y barro y coronada de un fuerte muro de mampostería, se hallaba defendida por ambos lados, por una fuerte estacada que rompía las olas y tenía una extensión de 16 kilómetros. Mediante ella el gran lago quedó dividido en dos partes, la mayor al Oriente, tomó el nombre de lago de Texcoco, por hallarse esa Ciudad en su margen; la menor al Poniente se llamó lago de México, por tener á la Capital envuelta en sus aguas por todos lados. Pero de esta combinación resultó para México un conjunto de bienes inapreciables […] como los lagos de agua dulce del Sur vertían su excedente sobre el lago de México por el estrecho de Culhuacan y Mexicaltzingo, esas aguas se extendían en el lago Occidental o de México, y lo llenaban por completo, separadas del lago salado por el gran dique de Netzahualcóyotl. De este modo el vaso de agua dulce se convirtió en vivero de pescados y en nido de toda clase de aves acuáticas. Las chinampas cubrieron su superficie, separadas por “espejos” que podían surcar canoas ligeras, y todos los barrios de la encantadora capital eran vergeles floridos.[4]

[4] Francisco De Garay, El Valle de México, Op. Cit., pp.13-14.

El Albarradón “se ejecutó por el año de 1450”, siendo la principal mano de obra utilizada la de “20,000 texcocanos, aunque es una realidad que dada la primacías ejercida por los tenochcas en la región, seguramente recibió trabajadores de otros pueblos. Habrá que imaginarse la manera de controlar las aguas, y los esfuerzos que tenían que desplegarse, de acuerdo a de Garay las compuertas “permanecían abiertas durante la estación de seca, y entonces las aguas dulces vertiente libremente en el lago de Texcoco. Cuando las aguas saladas crecían hasta superar las interiores al dique […] entonces se cerraban las compuertas, y los lagos quedaban aislados el uno del otro”.[5]

[5] Ibid, p. 14.

A la construcción del Albarradón, deben agregársele otras obras para controlar las aguas de los lagos, como los diques y compuertas habilitadas para impedir la llegada tumultuosa “de las aguas del Sur en Mexicaltzinco y en Tláhuac” para lo cual la época registra la división del “lago de esta región en dos, conocidos con los nombres de Chalco y Xochimilco”.[6]

[6] Luis González Obregón, “Reseña histórica del desagüe del Valle de México” en Junta Directiva de las Obras… Op. Cit., p. 40.

En este punto, hay que situarse en la época para entender los problemas afrontados por los constructores para concretar obras de tal magnitud, González Obregón, apunta que el Albarradón de Netzahualcóyotl tuvo “el mérito de las dificultades que hubo que superar para su construcción, pues los indios texcocanos, tuvieron que hacerlo dentro del agua, y en muchos lugares á profundidad grande”. De igual modo había que imaginarse los rudimentarias métodos y técnicas utilizados para generar estructuras que resistieran los embates del agua y, paso a paso poder concretarlas.

Por supuesto, el análisis de problemas y la visión respecto a su posible tratamiento le otorgaron a la ciudad una cierta protección de ahí la expresión de González: “La gran Tenochtitlán, dominando todo con su poder que cada día aumentaba más, llegó a enseñorearse de los lagos, como lo había hecho con los señoríos, y tranquila gozó de las ventajas que le proporcionaban las obras hasta allí ejecutadas para conjurar el peligro de las inundaciones”.[7]

[7] Ibid, pp. 40-41.

Lastimeramente, esas obras con “la imprudencia del rey Ahuitzotl”, quien, en su intención de dotar de un mayor volumen de agua a la ciudad, ordenó la construcción de un dique para traer agua de manantiales del área de Coyoacán, lo que a pocas semanas de abierto, provocó la inundación de 1489 misma que afecto a la ciudad en casas y templos al grado de tener que reconstruirla por supuesto en gran parte con la mano de obra proporcionada por pueblos bajo dominio de los tenochcas.

De acuerdo con de Garay, el Albarradón de Netzahualcóyotl fue apoyado “con los primeros diques de San Cristóbal Ecatepec y el de Zumpango, para templar en sus compuertas las avenidas del Norte, dividiendo las ciénegas del Valle en varios vasos”. Sin duda como sostiene el mismo de Garay, el Albarradón y los otros diques dieron paso a caminos y posteriormente a algunas avenidas que definieron zonas de la ciudad.

De igual forma se pueden entender, las condiciones en que se desarrolló la ciudad de México en años posteriores como efecto de esas obras, donde destacan las chinampas que dominaban los rededores del pueblo de Iztacalco y las que aún existen en Xochimilco, mismas que en su momento fueron grandes productores de flores y de vegetales. Y segundo, la existencia de zonas salitrosas y proclives a los hundimientos en grandes zonas de la ciudad, y en mayor medida en el oriente y nororiente de la ciudad, donde ahora se sitúan municipios como Nezahualcóyotl, Ecatepec y las alcaldía Venustiano Carranza y Tlahuac, donde actualmente en particular los asentamientos populares dominan y, los cuales han sido y son afectados por los cambios sucedidos siglos atrás.

Ante esa parte de la historia de la ciudad, no se puede negar la negligencia que puede existir en la construcción de cualquier obra, sean casas, edificios, puentes, vías del metro, túneles, etcétera; pero se tiene que considerar que los edificios al erigirse se calculan considerando situaciones del momento; pero pueden variar sus comportamientos por otros factores como el sometimiento a usos distintos para los cuales fueron calculados, el cambio en la consistencia del suelo ante extracción de agua, falta de mantenimiento minando su estructura, anexión de otros edificios motivando otro comportamiento en éstos, etcétera.

Edificio con fallas en la colonia Roma. Gerardo G. Sánchez, 2021.

Aquí lo negativo del asunto como como en los casos de la Línea 12 del Metro y ahora la Terminal 2, es que en lugar de que dominen criterios ingenieriles, predomina el manejo político por parte del gobierno, el que casi por acuerdo o decreto, dictamina el origen de las fallas.


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50 años de autogestión. El camino de la lucha legal

Por José Víctor Arias Montes

Iniciaba agosto de 1972, y la lucha interna no decaía. Mientras que los ocho talleres integrales del Autogobierno consolidaban su trabajo académico encabezados por sus vanguardias naturales y sus estructuras de gobierno mismas que, a su vez, reforzaban la estructura común por medio de la asamblea general y la asamblea de delegados, en cada uno de ellos se consolidaban también diversas corrientes autogobiernistas con su propia idiosincrasia. Esto llevó a una temprana diferenciación de cada taller, no solo por su orientación específica sino por su manera de practicar los objetivos emanados desde aquel 11 de abril.

Sin embargo, esas iniciales diferencias no fueron obstáculo para que de común acuerdo se mantuviera la decisión de la asamblea plenaria de que el director había sido destituido, incluso, por una asamblea convocada por él mismo, por lo que la demanda se mantuvo inamovible. No tuvieron valor alguno los llamamientos del director para solucionar los conflictos y de estar abiertos a toda renovación, pues la decisión de la mayoría no se alteró en lo más mínimo.

El 9 de septiembre de ese año, el arquitecto Ramón Torres Martínez presentó a la Junta de Gobierno su renuncia, misma que le fue aceptada y comunicada el 3 de octubre, nombrándose al arquitecto Jesús Aguirre Cárdenas director interino.

Como culminación de este momento, el Autogobierno nombró en esos mismos días a su primer Coordinador General: arquitecto Jesús Barba Erdmann, por medio del sistema de insaculación aplicado a todos los talleres. Sin duda, un sistema novedoso en el ejercicio directo de la democracia en el que de los ocho talleres, seis apoyaron directamente al arquitecto Barba, otro a tres arquitectos de los cuales uno era el mismo arquitecto y otro más apoyaría cualquier resolución. Con esa información, la Asamblea de Delegados ratificó la insaculación nombrando al arquitecto Jesús Barba coordinador general de los talleres integrales de la ENA.[1]

[1] “Acta informativa del proceso para seleccionar coordinador de la Escuela Nacional de Arquitectura”, ena-unam, 6 de octubre de 1972, 4 pp.

Este proceso, el primero que vivía la Escuela Nacional de Arquitectura en su historia, elevó la lucha democratizadora a niveles superiores y, con ello, ahora se estaba decidido a defenderlo todo. Y todo significaba no sólo la estructura democrática, sino el emergente proyecto académico de una nueva visión de la enseñanza-aprendizaje de la arquitectura.

Arquitecto Jesús Barba Erdmann, primer coordinador general del Autogobierno. Fotografía: JVAM

Así, se esbozó un proyecto autogestionario que nadie atinaba en asegurar su éxito. Un proyecto que integraba, esquemáticamente, los ámbitos académico, administrativo e ideológico-político, con algunas ideas más doctrinarias que teóricas y un efervescente activismo que amalgamaba unitariamente todas las incipientes corrientes.

El proyecto estaba esbozado, ahora faltaba lo más difícil: mantenerlo con vida, con vida propia. Para vivificar las ganas de vivir apareció el grito ensordecedor que clamaba ¡Dame una A! ¡AAA! ¡Dame una U! ¡UUU! ¡Dame una T! ¡TTT! […] ¡¿Qué dice?! ¡Autogobierno!

Pero para mantenerlo vivo creció la necesidad de darlo a conocer a la opinión pública y que ella se involucrase en el proyecto, y que mejor que hacerlo en el periódico, a página completa y en domingo para que mucha gente la viera y conociera sus principales ideas apoyadas por 4,203 firmas. Aquí inició la lucha en el ámbito legal universitario plagado de autoritarismo y prácticas disuasivas para movimientos reivindicativos que sugerían cambios importantes en una escuela al borde del colapso. Así, se realizó rápidamente la colecta, y con diseño del arquitecto Ricardo Flores Villasana y con una redacción realizada por una comisión que se llevó al diario Excélsior para su publicación, en el que:

DECLARAMOS:

Que esta comunidad: estudiantes, profesores y empleados, hemos aprobado desde meses atrás, a partir de un amplio proceso de proposiciones, de análisis, debates abiertos, etc., una nueva estructura que replantea la participación directa de las decisiones; la formación de talleres integrales con todas las cátedras a modo de instancias autónomas internas federadas alrededor de objetivos comunes y precisos, bajo aspectos administrativos, académicos y pedagógicos generales que ha sido presentada con suficiente antelación a las autoridades correspondientes de la UNAM debidamente signada con las firmas de quienes desde aquella ocasión la aprobamos, con la finalidad de encontrar caminos estatutarios que legalizaran esta estructura. Hoy nuevamente ratificamos aquella resolución general de asamblea…[2]

[2] “A la comunidad universitaria”, desplegado del 8 de octubre de 1972, Excélsior.

Contar sólo con una idea o proyecto de cómo construir algo, no asegura la consecución del mismo. Las reivindicaciones requieren claridad en las ideas y formas organizativas para lograrlo y, claro, ciertas condiciones para que todo cuaje. Pero además, es necesaria y fundamental, la actitud consciente y comprometida de quienes le otorgan una dimensión humana a las reivindicaciones haciendo posible su concreción. Sin el factor humano no hay posibilidad de cambiar y mantener los cambios, de hacerlos suyos, de defenderlos. Por eso mismo, en ese desplegado, no sólo se ratificó la decisión del 18 de abril de 1972, sino que también se alertó a la Junta de Gobierno, tras la renuncia del arquitecto Ramón Torres, de una burda imposición de otro director que no respetase dichos acuerdos por lo que, además, se reconfirmó la estructura de autogobierno que la comunidad había adoptado para hacer viables los cambios en la ENA y alcanzarlos con la participación de todos.

Como parte de la reorganización académica y administrativa, se levantó entonces una demanda contundente: reconocimiento de la necesidad de un cambio estructural en la ENA y la implantación del Autogobierno en el conjunto de la escuela. Así inició otro momento en la lucha: la aprobación y defensa del proyecto planteado en el campo legal universitario.

Obviamente que las destituidas autoridades y sus grupos de apoyo no cedieron en su afán de exigir “respeto a la legalidad”, mediante la manipulación del también destituido Consejo Técnico y de la formación fantasma de la Unión de Profesores, para contraponerla al combativo Colegio de Profesores, donde se demandaba desde tiempo atrás “…que en vista de los graves acontecimientos delictuosos que han ocurrido ya… ante la evidente falta de garantías que atenta abiertamente contra la libertad de cátedra, solicitamos de ese Consejo Técnico, que entre tanto no se logre la normalidad y se restituya el orden (reinstalando) a las autoridades legales en sus locales oficiales… se suspendan las actividades académicas y administrativas…”[3]

[3] “Un eslabón más en la cadena de las provocaciones contra la ENA”, ENA-UNAM, Órgano Informativo de la Asamblea, junio 23 de 1972, 1p.

Ni con estas amenazas se pudo amedrentar o mediatizar al movimiento. Por el contrario, la moral de la comunidad se elevó en forma considerable y la movilización, como arma de resistencia, se desarrolló con más soltura y efectividad en el campus universitario.

A pesar de que el Autogobierno insistía en la necesidad de un cambio total, en el que todos participaran, éste se empezó a ver entorpecido por las actitudes irracionales y oportunistas de quienes no estaban de acuerdo con ello, pues al promover la violencia se polarizaron ambas posiciones a extremos irreconciliables.Pero, además, el ambiente político en la UNAM se enrareció por completo hacia fin de año llevando a la renuncia del rector González Casanova y a la designación en los primeros días de 1973 de Guillermo Soberón Acevedo como nuevo rector de la UNAM.

En ese tenor, el 12 de febrero de 1973 se presentó al Consejo Técnico la terna para la dirección de la ENA, conformada por los arquitectos Jesús Barba Erdmann, René Capdevielle Licastro y Benjamín Méndez Savage. Nadie creyó, en esos momentos, de la imparcialidad del Rector y de la Junta de Gobierno; daba la impresión de que todo era una farsa, a pesar de la “auscultación” realizada por sus miembros que se apersonaron personalmente en las asambleas generales. Y efectivamente nadie les creyó.

El haber aceptado participar en el ámbito legal llevó al Autogobierno, en apariencia, a un callejón sin salida. Pero la cohesión política entre el Comité de Arquitectura en Lucha y el Colegio de Profesores, produjo una de las más extraordinarias respuestas al poder central universitario.

La movilización no cejó, las asambleas tampoco y la discusión, de frente a las autoridades, le dio al movimiento un giro tan sorpresivo que ni ellas mismas sabían cómo enfrentar a esta corriente autogestiva que tendía, de manera espontánea, a expandirse a otros espacios universitarios.

Así, el Autogobierno ganó, en el campo legaloide, las mejores posiciones en un juego que auguraba una larga competencia. Se abría, entonces, una nueva etapa en la democratización de la ENA y en las negociaciones con la Rectoría soberonista.


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50 años de autogestión. 1972, el ambiente allende las fronteras nacionales

Por José Víctor Arias Montes

A poco más de tres meses de iniciado el movimiento autogestionario en la Escuela Nacional de Arquitectura (ENA), al que se le dio el nombre de Autogobierno, se entregó un documento al rector Pablo González Casanova para que atendiera las exigencias que se hacían desde la ENA, mismas que incluían una sugerencia de una nueva estructura para la ENA que pretendía democratizar la vida interna en ésta.

Transcurría así, el mes de julio de 1972, extensamente agitado por todo lo que sucedía en la UNAM y que sirvió de pretexto para que Castro Bustos y Mario Falcón tomaran la Rectoría de la UNAM. Hechos que desembocarían en le renuncia del Rector por el implacable asedio a la Universidad.

En el orbe, las fronteras resultaron una frágil barrera para contener las noticias de aconteceres mundiales de amplio interés para otros países. Los medios de comunicación dieron cuenta de muchos de estos al estilo que cada uno de ellos había adoptado para difundir todo lo que tuviera que ver con los movimientos sociales de cualquier signo y que por la situación de los años 60 e inicios de los 70 eran merecedores de ensalzamientos o del escarnio ideológico y político, según el caso, en un ambiente donde predominaba la guerra fría de un sistema envalentonado en su dominio en gran parte del mundo.

En ese ambiente, se presenciaron diversos acontecimientos que alimentaron el espíritu libertario y revolucionario o, cuando menos, la creencia de que muchas cosas tenían que cambiar para hacer de este mundo algo más justo y humano. Así se conocieron, entre otros más: la Revolución Cubana; las revueltas estudiantiles en la universidades estadounidenses; la guerra de Viet Nam; la muerte del Che Guevara; los homicidios de los hermanos Kennedy y de Martin Luther King, luchador de los derechos civiles en Estados Unidos; la Revolución Cultural China; el mayo francés; la primavera checoeslovaca; las luchas de liberación africanas; las guerrillas latinoamericanas; el ascenso de la democracia chilena; en fin, aconteceres de amplia trascendencia por lo que significaban para infinidad de movimientos civiles de indudable importancia social y política que alentaron la continuidad de los mismos en sus países de origen.

Todo ello fue la expresión de una época donde todas esas muertes y todos esos movimientos, revueltas y revoluciones, nutrieron extensamente el espíritu de esa época que cimbró al mundo entero y que de diversas maneras se convirtieron en antecedentes de importantes reformas en todos los continentes.

En el ámbito cultural amplio, también esa época creó uno de los paradigmas más extensos de lo nacional-universal. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, el surgimiento de la novela latinoamericana que se reconoció como uno de los grandes aportes a la literatura universal o de cómo la música se transformó en una expresión de lucha política al acompañar ésta las protestas sobre diversos temas incluyendo además, muy especialmente, la creación de infinidad de piezas musicales con letra e instrumentos propiamente nativos? Latinoamérica se alzó como una región pletórica de raíces culturales en todos los ámbitos de la práctica social.

En la plástica, los prototipos sobran de cómo en esos años se conformaron distintos movimientos para continuar con los trabajos emprendidos desde años atrás y otros para superar el pasado y adentrarse a los nuevos tiempos con expresiones propias.

De distintas maneras las expresiones culturales se hicieron presentes cristalizándose con las aspiraciones de la juventud, participando de amplias relaciones entre las naciones y generando una de las más dilatadas influencias contextuales en una época que elevó el espíritu libertario e insurgente a niveles extraordinarios.

La gráfica espontánea y razonada se hizo parte de todos los movimientos sociales, creando una expresión propia en cada uno de ellos. La manta, el cartel, la pinta o el simple volante mimeografiado se acompañaron de expresiones gráficas sin paralelo. La imagen del Che Guevara, por ejemplo, inundó manifestaciones, mítines y reuniones populares que reivindicaban justicia e igualdad en las formaciones sociales que, como la mexicana, mostraban un gran contraste entre sus clases sociales enfrentadas históricamente.

Los movimientos estudiantiles, a partir de 1968, intercambiaron y se apropiaron de lo mejor de esos ámbitos culturales, reproduciéndolos de diversas maneras de acuerdo a sus propias circunstancias. La protesta contra la hegemonía cultural y la resistencia enarbolando lo propio, se entrelazaron férreamente mostrándose en cualquier acto cuyos motivos se consideraban comunes.

Por todo esto, no hay duda de que 1972 resumió el espíritu de toda una época de contrastes nacionales y universales, de protestas y resistencias y de reivindicaciones estudiantiles que se orientaron a cambios estructurales profundos en sus instituciones.

La ENA, y el naciente Autogobierno, copartícipes de todo ello, no escaparon a la influencia de ese espíritu dibujándole un nuevo rostro que nadie, en ese mes de julio, podía reconocer y mucho menos pronosticar hacia dónde se dirigía.

Los cambios tocaban a la puerta.

Volante convocando a mitin para conmemorar el 2 de octubre en la explanada de Rectoría de la Ciudad Universitaria de la UNAM, Comité de Lucha de la Escuela Nacional de Economía. Archivo: JVAM

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Altamente recomendable para quienes se sienten viejitos

Jesús Tamayo Sánchez

La reflexión, dice:

“Cuenta una leyenda que al matemático griego Tales de Mileto, se le acercó un día un filósofo, quien tratando de confundirlo, le hizo 9 preguntas para probar su sabiduría:
¿Qué es lo más antiguo?
Dios, porque siempre ha existido
¿Qué es lo más bello?
El universo, porque es obra de Dios
¿Cuál es la mayor de todas las cosas?
El espacio, porque contiene todo lo creado
¿Qué es lo más constante?
La esperanza, porque permanece en el hombre después que lo ha perdido todo
¿Cuál es la mejor de todas las cosas?
La virtud, porque sin ello no existiría nada bueno
¿Cuál es la más rápida de todas las cosas?
El pensamiento, porque en menos de un minuto nos permite volar hasta los confines del universo
¿Cuál es la más fuerte de todas las cosas?
La necesidad, porque es con lo que el hombre enfrenta a todos los peligros en la vida
¿Cuál es la más fácil de todas las cosas?
Dar consejos
Por fin, la última pregunta, que dejó atónito al filósofo, quien no logró entender la respuesta de Tales de Mileto:¿Y cuál es la más difícil de todas las cosas?
El sabio respondió: «conocerse a sí mismo».
Un extenso  estudio en  U.S.A, encontró que  la  edad  más  productiva  en la  vida  del  ser  humano es  entre los  60-70 años  de  edad.         
La   2a. etapa  más  productiva  del ser  humano   es  de  los 70 a los  80  años  de  edad.
La  3a. etapa  más  productiva  es  de  los  50  a  los  60  años  de  edad.
La edad  promedio  de  los  ganadores  del  PREMIO  NOBEL  es  de  62  años .
La  edad  promedio  de los presidentes  de las  compañías  prominentes  en  el  mundo  es  de  63  años.
La edad  promedio  de  los  pastores de  las  100  iglesias  más  grandes  de  U.S.A  es  de  71  años.
La  edad  promedio  de los Papas  es  de 76 años.
Esto  nos  dice  de  alguna  manera  que  se  ha  determinado  , que  los  mejores  años  de  tu  vida   son  entre  los  60  y  los  80  años.
Un  estudio  publicado  en NEW  ENGLAND  JOURNAL  OF  MEDICINE, encontró  que  a  los   60 años,  llegas a  la  CIMA de  tu  potencial  y esto continúa  hasta  los  80.
Por  lo  tanto, si  estás  entre los  60 -70   o   70-80  estás  en  el MEJOR  y  el  2o.  nivel de tu  vida.
Les hago llegar esta información para que re-piensen cuando digan que ni están viejitos… amigos, este paseo llamado vida, apenas empieza”

Autor anónimo

¡A disfrutar la vida!

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VIAJE EN EL METROPOLITANO

M. Alejandro Gaytán Cervantes

A esta hora, en el atestado metro de Nueva York, viaja una muchedumbre compuesta por una diversidad humana en la que las mujeres elegantes con portafolio de fina piel que hace juego con su lujosa vestimenta y hombres con su máquina portátil, se confunden con señoras obesas y sudorosas; viejas con vestidos coloridos, ancianos de corbata y saco,  jóvenes punks, darketos; además; se esparcen en los vagones, los olores, colores y vestimentas de diferentes culturas: chinos, musulmanes, hindúes, africanos, judíos, latinos…

El Rabino Abraham, de riguroso negro, ataviado con sus caireles, peiot, sombrero de ala delgada y un gran abrigo que cubre sus vestimentas religiosas, viaja ensimismado con su libro sagrado del que nunca se despega; en silencio reza sus oraciones. No parece ser parte de esa Babel; nada lo inmuta, no pierde la concentración en su lectura. 

Afuera, en la ciudad, el calor, de cerca de 40 grados, derrite las fachadas de los elevados edificios, el asfalto de calles y avenidas y a la gente; que, aunque se suba al metro con aire acondicionado, por largo tiempo siente el impacto de la temperatura exterior. Pero el hebreo, aún con su pesada vestimenta de judío ortodoxo no parece sentirlo. 

En la siguiente estación, el metro se detiene y abre sus puertas, baja y sube un tumulto de personas; entre estas se distingue una joven hermosa, de un cuerpo atractivo, con sus jeans y una playera blanca de tela muy delgada, que hace notoria la ausencia de ropa interior; su cuerpo está sudado, por lo que su indumentaria se le adhiere; tiene un hermoso rostro y joviales ademanes. 

La joven se acomoda, de pie, cerca del rabí y se afianza de uno de los tubos con las manos por atrás, con el movimiento del tranvía se bambolea a su ritmo. En esa posición sus pechos resaltan aún más. Sin desearlo, en un enfrenón, estos quedan a centímetros del rostro del Rabí.

Lo intempestivo del momento, provoca que Abraham levante la cabeza y tropiece con una visión maravillosa. Su rostro casi toca los senos de la joven. La belleza de la perspectiva lo hace quedar con la boca abierta por una eternidad, hasta que recapacita y la cierra. Lo mismo hace con sus ojos; para no ver esa demoniaca, siniestra y maligna tentación; fuerte, fuerte, los enceguece.

Cuando se atreve a abrirlos nuevamente, ve a la joven que baja del carro; su corazón late explosivamente, por eso, sin pensarlo, apresurado, hace lo mismo; ella camina rápido; él va detrás sin detener el paso, vuela sin que su mirada pierda por un instante la cadencia de las caderas de la joven. 

Lo que está haciendo, su forma de perseguirla, lo saca de quicio, nunca le había sucedido algo semejante. Pero aunque avanza con su paso más rápido, ella transita velozmente, por lo que él cada vez se aleja un poco más. Adelante, al llegar a un bloque de vivienda, su hermosa perseguida sube los pocos escalones y se pierde al cerrar la puerta.

Abraham hace una pausa, se detiene tratando de respirar, de pensar a su ritmo normal, sin perversos pensamientos; pero al prenderse una luz en el piso superior, pierde la compostura, pues lo que más desea es acercarse a ella. Entonces mueve los pies con gran fuerza y como si estuviera ascendiendo en una gran escalera eléctrica, por su gran ímpetu comienza a elevarse poco a poco, hasta llegar, en el aire, a la ventana de su anhelada desconocida. 

Su silueta lo enloquece, al mirarla en el contraste con los muros de la recamara llenos de extravagantes pinturas; todo eso la ilumina y se marca aún más su figura; se desviste. Al quitarse la playera y presentarse en plenitud, la desea más que otra cosa. Necesita acercarse más y más; por ello pedalea sus piernas aún con mayor energía, hasta llegar a la ventana; Pero al chocar con su resistente cristal, su postura se pierde y comienza una caída vertiginosa en un abismo sin fin; cae y cae sin saber dónde o como será su impacto. 

De pronto, un fuerte golpe en el cuerpo, producto del freno del vehículo, lo obliga a abrir los ojos. Continúa sentado en el metro. Descubre que ya se pasó tres estaciones de donde acostumbra descender. Al abrirse las portezuelas, sin perder la compostura apresura el paso para salir lo más pronto posible, tomar el metro de regreso y llegar a la cena donde lo están esperando.

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Sobre el lenguaje (2): la palabra “tecnología”

José Alfonso Ramírez Ponce

Las mal llamadas “tecnologías alternativas”

ni son tecnologías ni son alternativas.

Como es sabido, la palabra tecnología se utiliza tanto en el lenguaje común, como en el lenguaje académico. Es una palabra un poco extraña, pues se diferencia de las demás, como veremos líneas adelante. Pero empecemos por el principio, por sus raíces etimológicas. Consultando, como siempre, a Joan Corominas la palabra tiene 2 raíces: la primera es tékhne “arte, industria, habilidad, expediente, destreza”, y la segunda es logos “discurso, palabra, razón, argumento, conocimiento”. De donde tecnología, en nuestra definición, es un conjunto de conocimientos en torno a un arte, a un hacer determinado. Para complementar lo anterior, anotemos otras definiciones: “conjunto de conocimientos propios de una técnica” y “conjunto de instrumentos, recursos técnicos o procedimientos empleados en un determinado campo o sector” (Oxford Language Dictionary). El Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (por sus siglas, CYTED) define a la tecnología como “conjunto de conocimientos y procedimientos que sirven para producir objetos y procesos, ya sea físicos o sociales”. También, R.S. Merril, en su libro Tecnología y su Desarrollo, lo define como “…el conjunto de conocimientos, habilidades y procedimientos para la fabricación, el uso y la ejecución de cosas útiles”.

De lo anterior, tenemos que tanto la tecnología como la ciencia son conjuntos de conocimientos. Ambas se diferencian sólo por su finalidad: la de la ciencia es saber, explicar, y conocer, y la tecnología es aplicar los conocimientos para satisfacer necesidades humanas.

Como podemos observar, las raíces de tecnología no definen la tékhne, es decir el tipo de conocimiento. Si observamos palabras parecidas como biología, antropología, etiología, vemos que ellas especifican los conocimientos correspondientes sobre la vida, sobre el hombre, sobre las causas de las cosas, respectivamente.

¿Qué sucede con nuestra palabra? Sucede que necesita una segunda para definir el tipo de conocimiento, la raíz tékhne a la que se refiere. Por ejemplo: tecnología educativa o de la educación, tecnología médica o de la medicina, tecnología arquitectónica o de la arquitectura y un largo etcétera. En el ámbito académico, la palabra no sólo se usa en forma parcial, sino, en algunas ocasiones, en forma equivocada. Por ejemplo, en el campo de la construcción, cuando ésta se refiere a la utilización de materiales como la madera, la piedra, la tierra, el adobe, el ladrillo, el bambú, entre otros (materiales que ahora los llamamos sostenibles), se suele decir que empleamos “tecnologías alternativas”. En este caso, la palabra “tecnología” se confunde con la palabra “técnica” que, aunque comparten la misma raíz (tékhne), sus significados son muy diferentes. La primera, como ya vimos, significa un conjunto de conocimientos, y la segunda significa formas de hacer y, en este caso, formas de construir. Ésta es la visión inmediata de la técnica, pero en su sentido profundo, en su sentido filosófico, las técnicas son formas de descubrir lo cubierto, desocultar lo oculto, hacer visible lo invisible. Por tanto, las mal llamadas tecnologías alternativas no son ni lo uno ni lo otro, son técnicas propias porque nos han pertenecido desde siempre, pues las hemos utilizado durante siglos.

Pondré otro ejemplo. En el plan de estudios de la Licenciatura en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aparecen los conocimientos divididos en 5 áreas: teoría, proyectos, tecnología, urbano-ambiental y extensión universitaria. Vemos aquí la contradicción, pues la tecnología, tal y como lo hemos dicho, no es una parte de los conocimientos, sino que es el todo. Esto, dicho en otras palabras, significa que el área llamada tecnología es un nombre inapropiado. Entonces, ¿cómo debería llamarse esta área del conocimiento?. Si recordamos al que hemos llamado el Proceso de Producción de las Obras Arquitectónicas (PPOA, por sus siglas), vemos que a la etapa del Proyecto le sigue la etapa de la Construcción. Éste sería el nombre del área citada. Tendríamos, así: el área programática o de teoría, el área proyectual o de proyecto y el área constructiva o de construcción. Ante una posible y futura revisión del plan de estudios, espero que estas ideas puedan ser útiles.

En resumen, el tema de la tecnología está íntimamente relacionado con las técnicas y las actividades transformadoras, y las fases o etapas del que hemos llamado PPOA. Aquí lo hemos citado tangencialmente, pero para profundizar y descubrir las dos existencias de la arquitectura -tema discutible entre los especialistas-, tendremos que elaborar un próximo artículo.

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El contenido y cambios del Centro histórico

Rubén Cantú Chapa

Nunca una visita al Centro Histórico de la ciudad de México está ausente de una intención social, de un compromiso relacionado con el trabajo, la gestión administrativa o el comercio. También, al sitio se le ve a manera de reconocimiento, por el interés de sentir y recordar el pasado legendario y tradicional mediante las imágenes urbano-arquitectónicas testigos de la historia. Más todavía, se asiste al lugar en busca de revelaciones mediante la adquisición de publicaciones o mecanismos e instrumentos de computación para lograr la demanda social de información y el conocimiento.

El visitante no omite el contexto del lugar central para su estancia o como medio para orientar la dirección rumbo a otros sitios de la metrópoli. Es el punto de referencia y ambiente geográfico, social, político, económico, histórico y cultural de la ciudad y la nación. Están ahí las raíces históricas de identidad nacional que no logran ni conseguirán someter la globalización liberal y neoliberal, que recorre desde hace algunas décadas el mundo contemporáneo.

Desde el último tercio del siglo XX, el Centro Histórico de la ciudad de México se ha caracterizado por ser el espacio urbano actor de las demandas sociales más sentidas, tanto de la metrópoli capital del país como de las diversas entidades federativas y de la nación. Ahí se ejerce el uso público de la razón, la legitimidad de los movimientos sociales y la crítica al orden establecido, como la mayor expresión local medio ambiente global que trajo consigo el neoliberalismo del sistema mundial.

Como sitio depositario de la historia, de gran valor patrimonial y cultural se han manifestado una y otra vez las vastas dificultades de la economía y la política. Es ahora y desde hace más de tres décadas, el Centro Histórico Crítico que enfrenta e impugna al sistema imperante. Así lo muestran las incesantes movilizaciones y conflictos sociales ahí expuestos aunados al ambiente sociourbano, aparecido poco antes de terminar el milenio.

El carácter crítico se revela por la conjunción de la sociedad civil y el espacio urbano-histórico cultural de identidad nacional como en ningún otro lugar de la ciudad, con singular impulso en épocas de crisis, por la historia que representa el lugar de gran connotación nacional, que estimula a la vez tanto la identidad de la organización social como la política solidaria en los diversos movimientos sociales.

La naturaleza del Centro Histórico Crítico forjado por las actividades reivindicativas y contestatarias en ascenso de la sociedad civil extendió su impugnación a los diversos poderes de la nación; lo mismo al Poder Ejecutivo, como al Legislativo y al Judicial. La esencia protagónica del espacio patrimonial de las demandas sociales, de manera inédita, es un acontecimiento que forma parte de la historia y es el juicio censor permanente que las clases y sectores de la población hacen al Estado pues no sólo describe la realidad, también la crea y la expresa, y a la vez la objeta. El escenario urbano-arquitectónico testigo de la historia, es el lugar donde se realiza la vasta oposición e impugnación a las políticas de la administración pública cada vez más alejadas de la sociedad. El Centro Histórico es historia y hace la historia por la sociedad civil que ahí escribe sus inquietudes sociales, económicas, políticas y culturales.

El escenario más antiguo de la ciudad de México puso al descubierto la insustentabilidad del sistema y la ineficiencia de la macroeconomía, así como el deterioro de las políticas públicas del Estado mexicano. Su mayor protagonismo, metafóricamente dicho, fue la exhibición de la carencia de legitimidad del Estado, pues los diversos poderes se alejan cada vez más de sus representados. Es el espacio urbano de los últimos tiempos, donde se revela la más grande de la crisis del Estado que raya cada vez más en la ausencia de legitimidad, pues ésta se expone en cada acto de protesta, en cada marcha y manifestación de ideas por las avenidas y calles de la ciudad. Ahí se expresaron los resultados sociales derivados de la desregulación de la economía y la privatización de la mayor parte de las empresas estatales y la disminución sustancial del gasto social en sanidad y educación. Es el resultado del proyecto neoliberal de “reducir el Estado y privilegiar el mercado” e incrementar la dependencia del exterior.

El ambiente consagrado en el sitio histórico es su valor ético al criticar las políticas económicas de marginación social, de desempleo y subempleo crónico, que obligan a millones de mexicanos a emigrar a Estados Unidos. La carga moral de idealismo que llevan las manifestaciones sociales muestra el ambiente de relaciones sociales y de carácter político de las concentraciones humanas que asume el hecho histórico de expresión social.

Al escenario anterior, cargado de un contexto de descomposición social expresado en la corrupción, simulación e impunidad de la casta gobernante durante más de tres décadas, no la soportó la población en su conjunto. Las diversas clases sociales decidieron un cambio severo de manera pacífica por una transformación mediante la votación contundente en 2018 que inició una etapa histórica, ahora en proceso. Con el 70 y 80 % de apoyo social; los actuales gobernantes modificaron y homogenizaron la geografía urbana con magnas obras, principalmente en el centro y sur de la nación y con ello el Centro Histórico, tratando de lograr la Cuarta Transformación. De esto escribiremos más adelante.

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90 años de la creación del Instituto Politécnico Nacional: 1932-2022.[1]

(Tercera de tres partes).

Gerardo G. Sánchez Ruiz

[1] Este es un resumen del trabajo: Sánchez Ruiz, G. G. (2014). “La autonomía de la UNAM y la creación del Instituto Politécnico Nacional, dos expresiones de la lucha ideológica por la educación en México”. CIAN-Revista De Historia De Las Universidades17(2), 195-221. Disponible en: https://e-revistas.uc3m.es/index.php/CIAN/article/view/2336

En este pequeño recorrido histórico, y por las pretensiones del trabajo, debe abordarse la cuestión “del año oficial” de creación del Politécnico situado en 1936 en tanto desde este punto de vista, es uno de los muchos equívocos o malformaciones que existen en la historia no sólo de la institución sino de México. Es una realidad que en la época de Lázaro Cárdenas, no hubo un decreto de creación y no podía haberlo porque el IPN ya estaba creado, y con una orientación popular, pues en sus aulas, talleres y laboratorios estaban educándose hijos de pequeña burguesía, de campesinos y obreros.

Casco de Santo Tomas, 1947. http://www.mexicomaxico.org/IPN/CronoIPN.htm.

Entonces, señalado el origen del Politécnico cabe preguntarse: ¿Por qué se considera su fundación en 1936 y no en 1932 pese a que los documentos lo señalan? Tal vez la respuesta puede encontrarse al reflexionar tres situaciones:

Primera, la Politécnica en 1932 tenía la estructura y la filosofía que la caracterizaría como el Politécnico en subsecuentes años, y aunque en ese año sólo estaba conformadas por la preparatoria técnica, la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica y, la Escuela Superior de Construcción, los discursos de Luis Enrique Erro y el diagrama de “Organización de las Escuelas Técnicas para Varones agrupadas bajo la Dirección del Departamento de Enseñanza Técnica Industrial y Comercial”, eran claros al señalar el proceso de expansión que seguiría la nueva institución, pues en el señalado diagrama quedó determinado el espacio a ocupar por las escuelas superiores que se agregarían al proyecto, donde cabe señalar, ya se consideraba la integración de la Escuela Superior de Comercio y Administración.

Segunda, si se estaba solidificando este espacio alternativo de enseñanza, había que ser enfáticos en el nombre, las escuelas superiores no podían estar dentro de otra escuela, para el caso: si se exceptúa el apéndice de nacional, la Escuela Politécnica Nacional no establecía una jerarquía frente a las escuelas que fue agrupando, de ahí seguramente la aparición de la designación de Instituto al nuevo conjunto educativo. Los documentos consultados —hasta el momento—, no permiten situar de manera clara el cambio de nombre de la Institución.

Sin embargo, el cambio de denominación de Escuela Politécnica Nacional a Instituto Politécnico Nacional fue adoptado entre 1933 y 1934, si se considera que en el número 1 de septiembre–octubre de 1934 de la revista Edificación editada por la Escuela Superior de Construcción (ESC), se afirmaba de la ESC:[2] “es una de las escuelas que integran el Instituto Politécnico Nacional dependiente del Departamento de Enseñanza Técnica, Industrial y Comercial, de la Secretaría de Educación Pública” [3]―Mas abajo se anexan tres páginas de ese número―.

[3] Escuela Superior de Construcción. “Información de la Escuela Superior de Construcción en Edificación No.! Tomo 1, 22-23.

 Más aún considérese que ese No. 1 de la revista Edificación, es anterior al Programa de Educación Pública de Lázaro Cárdenas fechado el 2 de diciembre de 1934, donde de acuerdo con Calvillo y Ramírez (2006) se apuntó la necesidad de fundar “una Politécnica Nacional”.[4]

[4] Calvillo Velasco, Max y Ramírez Palacios Lourdes Rocío, 60 años de historia del Instituto Politécnico Nacional, Tomo I, México Instituto Politécnico nacional, 2006, p. 120.

Y tercero: cuestiones de índole político pudieron haber influido en el no reconocimiento de los verdaderos fundadores del Instituto, ya que por la actitud del expresidente Plutarco Elías Calles de continuar decidiendo en la vida del país al imponer presidentes, el presidente Lázaro Cárdenas en 1936 comisionó precisamente a Narciso Bassols para solicitar a Elías Calles su salida del país, situación que se acordó y ejecutó, sólo que después de cumplir su encomienda presentó su renuncia como secretario de Hacienda y Crédito Público al general. Jesús Silva Herzog quien vivió la situación, refiere que en esa ocasión Bassols dijo: “El general Cárdenas me ha pedido que siga en la Secretaría de Hacienda. Yo me he negado a aceptar por lealtad al general Calles”.[5]

Entonces pese al reconocimiento que le hizo Cárdenas, y la fe que tenía respecto a su trabajo, Bassols fue enviado como ministro de México a Londres iniciando una carrera diplomática, lo cual desde este punto de vista disminuyó la presencia de Bassols en el Politécnico y resaltó la de Cárdenas —indebidamente—, lo cual fue determinante en el cambio de año de fundación, y en el relego que se hizo de la historia conjunta de la hoy UNAM y del IPN.

[5] Jesús Silva Herzog, “Introducción”, en Alonso Aguilar (Comp.), Narciso…, p. XIII.

Unidad Profesional de Zacatenco, 1967. Archivo, ICA.

Una reflexión final

La Revolución Mexicana se expresó antes de las batallas iniciadas en 1910, durante las batallas y después de las batallas, ésta se expresó como un proceso de ruptura y continuidad que recogió lo avanzado en lo económico y en lo social por el porfirismo, a la vez de generar nuevas condiciones en el país con el fin de colocar a la sociedad mexicana en otros niveles de progreso y dentro una nueva modernidad que ya recorría el mundo.

Y en efecto, al concluir las batallas, la Revolución se mostró como un proceso que modificó de una o de otra manera todos los ámbitos de la vida de México: la economía, la música, la pintura, el urbanismo, la arquitectura, la cultura, y por supuesto, la educación; y en este último rubro, al generar una estructura que intentó llevar educación a todo el país, y donde el Instituto Politécnico Nacional jugó un papel importante.

Lastimeramente y por el decaimiento de las ideas avanzadas y el enseñoramiento de otras, lo cual ocurrió al concluir el régimen de Lázaro Cárdenas, la atención a sectores populares no se condujo con la intención de principio promovida, de manera correlativa, los impulsos sociales que caracterizaban al Politécnico disminuyeron, cayendo junto a la Universidad Nacional en una dinámica donde ahora en la generalidad, se busca cultivar alguna profesión para usufructuarla olvidando orígenes y filosofía, pero además, con una insensibilidad manifiesta ante las carencias sociales; aunque para el caso, don Luis Cabrera también diría: “El capitalismo es el capitalismo”, y el modelo económico que domina en el país es el capitalismo y de corte neoliberal, pese a que AMLO, actualmente presidente de México señale otra cosa.


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50 años de autogestión. El ambiente nacional fuera de la Escuela Nacional de Arquitectura y de la UNAM

Por José Víctor Arias Montes

El contexto en el que se desarrolló la lucha democratizadora de la Escuela Nacional de Arquitectura (ENA) en 1972 con el surgimiento del Autogobierno, estaba impregnada de una actitud abiertamente autogestiva y participativa que se había desarrollado desde los inicios de la década de los setenta y al que no escapaban las universidades, las organizaciones obreras, campesinas y de colonos. Por todo el país ésta se extendió desorganizadamente y en algunos casos fue tan radical que aún entre las propias organizaciones democráticas existía una gran confusión y desconfianza. Pero en todos los casos se daba y se recibía un apoyo solidario por aquello que se consideraba común y de lo que se sentían copartícipes: la lucha autogestiva por democratizar la escuela, la organización profesional, la fábrica, el sindicato, el campo o la colonia.

Y no era para menos, después de la masacre del 2 de octubre de 1968 y de la secuela represiva subsecuente, no existían en el país espacios verdaderamente democráticos que permitieran la participación y la crítica hacia la situación reinante para transformarla para bien. Todo brote de organización fue brutalmente reprimida. Participar en ese ambiente significaba exponerse a la cárcel o a los golpes o, en el peor de los casos, a la desaparición o la muerte. Y aun así, todos esos años dejaron una de las lecciones más significativas para construir una cultura democrática que no había existido con anterioridad.

A partir de entonces, el Movimiento del 68 se conmemoró año tras año para no olvidar esa gesta heroica de los estudiantes. Obreros, campesinos, colonos, estudiantes, profesores, organizaciones profesionales, sindicales y organizaciones políticas, cada cual en su lugar de acción y cada cual con sus limitaciones levantaban con ello su lucha y exigencia por lo suyo y lo de todos: una nueva universidad, un nuevo sindicato, un nuevo país…

Mitin del 1er aniversario del Movimiento Estudiantil del 68, Plaza del Carrillón, Casco de Santo Tomás, IPN, 26 de julio de 1969. Fotografías: JVAM

En ese ambiente, las instituciones de educación superior se convirtieron rápidamente en los centros de crítica hacia el Estado mexicano y sus políticas. Se transformaban en los principales semilleros de un descontento social en constante ascenso y en uno de los pocos lugares en donde la libre reunión, la discusión y la crítica podían ejercerse al amparo de la “autonomía”. Las organizaciones políticas de izquierda que hasta esas fechas se les consideraba constitucionalmente ilegales, encontraron en ellas un refugio para extender su influencia y organización ganando simpatizantes rápidamente.

Mitin del 2° aniversario del Movimiento Estudiantil del 68, Las Islas, Explanada de Ciudad Universitaria, UNAM, 26 de julio de 1970. Fotografías: JVAM

Así que estas condiciones conllevaron a que una gran masa de estudiantes y profesores combatiera con nuevos planteamientos en sus centros de estudio, mismos que se habían acumulado desde 1966 y 1968, y que entre 1971 y 1972 empezarían a emerger con reivindicaciones democráticas y particulares en cada caso.

Obviamente que la ENA no era la única escuela que se encontraba en esta situación. En otras escuelas de la propia UNAM y en otras universidades del país, las demandas por democratizar la enseñanza crecían aceleradamente y en todas ellas la movilización era fundamental.

En la UNAM, la Escuela Nacional de Economía luchaba por la instalación y reconocimiento del cogobierno; la Facultad de Ciencias exigía respeto al proceso democrático para nombrar a su director; Medicina instalaba su Consejo General de Representantes por encima de las autoridades; Trabajo Social y Psicología demandaban reconocimiento a sus planteamientos de autogobierno; Odontología denunciaba las irregularidades en la distribución de los instrumentos de importación que se utilizaban en las prácticas escolares; Derecho instalaba los primeros cuerpos jurídicos de apoyo a las luchas populares; las Preparatorias Populares demandaban su reconocimiento e incorporación universitarias; Ingeniería luchaba violentamente día con día en contra de los porros; los CCH´S libraban una  gran batalla por su democratización y por saber que iban a hacer una vez terminado su ciclo escolar; Artes Plásticas… Fuera de la UNAM, la Escuela de Diseño y Artesanías (EDA) del INBA implantaba el cogobierno con una gran fuerza y claridad y lograba, al poco tiempo, lo que pocas escuelas en esos momentos no habían alcanzado: un nuevo plan de estudios que profesionalizaba por especialidades la enseñanza del diseño con orientación social;[1] mientras, la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) demandaba reconocimiento a las decisiones de sus propios órganos democratizados.

[1] “Propuesta de reestructuración del plan de estudios de la Escuela de Diseño y Artesanía, 1972”, Asamblea de profesores y alumnos de la EDA, septiembre de 1972, 22 pp.

El movimiento se ampliaba sin una coordinación que planteara también una orientación general. El espontaneísmo tomaba fuerza y los centros en donde aparecía la lucha eran hábilmente aislados. Sin embargo, las condiciones particulares de cada centro donde lograban concretarse reivindicaciones propias permitían el inicio de una lucha mucho más organizada y con perspectivas más claras de hacia dónde caminar.

En la UNAM, se creó el Comité Coordinador de Comités de Lucha (CoCo) para tratar de coordinar un movimiento impregnado de una gran espontaneidad, que hacía realmente difícil el avance conjunto por la democratización. Es más, los movimientos en Economía, Ciencias, Medicina, Arquitectura, Trabajo Social, Prepa Popular, CCH Oriente y Psicología se desenvolvían tan hacía adentro, que se mostraban como movimientos reivindicativos tan particulares que en ocasiones parecía que no existía relación alguna de uno con otro y de todos con los movimientos de otras universidades. Sin embargo, a pesar de esta gran espontaneidad y aparente desarticulación el movimiento por la democratización de la enseñanza era un movimiento que ya se había generalizado y en el que todos los participantes, de una forma u otra, plantearon la democratización tanto de las estructuras de gobierno, del proceso de enseñanza aprendizaje y de las políticas de ingreso a las instituciones de educación superior, como puntos centrales del conjunto de sus reivindicaciones. Esto era precisamente lo que los mantenía articulados, lo que los hacía partícipes de un movimiento general, lo que los hacía movilizarse y marchar conjuntamente.

Portada revista Síntesis. Archivo: JVAM

Los movimientos democratizadores que empezaron a desarrollar una alternativa más concreta fueron sin duda los de Economía, Ciencias y Arquitectura. Como ejemplo basta el de Economía, que para septiembre de 1971 había aprobado sus planteamientos democratizadores en una asamblea realizada el 27 del mismo mes y cuyos acuerdos eran dados a conocer masivamente:

…Posteriormente, el documento fue presentado ante el Director de la escuela, Lic. Ernesto Lobato López, quien a su vez respondió con un comunicado que se discutió en las Asambleas del martes 29 y miércoles 30. En vista de que la Asamblea consideró que dicho comunicado no respondía a las exigencias planteadas y que por el contrario se oponía a los intereses actuales de la escuela, se decidió destituir de su cargo al director y llevar a cabo el proceso de democratización y superación académica… La alternativa propuesta tiende a crear una Escuela Nacional de Economía crítica, científica y revolucionaria y representa un paso en la transformación progresiva de las instituciones y estructuras universitarias frente a una reforma oficial que el gobierno pretende imponer…[2]

[2] “Por una alternativa crítica, científica y revolucionaria. A los estudiantes y profesores de la Escuela Nacional de Economía” en Síntesis. Economía, Filosofía, Política. Número 3, septiembre de 1971, suplemento de 8 pp.

En todas esas experiencias se consolidaron básicamente tres cuestiones: la asamblea, como punto de reunión, discusión y decisión; el mejoramiento de la enseñanza y la transformación democrática de la escuela y la articulación con otras escuelas y universidades de dentro y fuera de la UNAM. Aspectos sobre los cuales cada dependencia desarrollaría su propia especificidad.

Pero no solamente la lucha por la democratización de la enseñanza jugaba un papel importante, también lo hacía la lucha contra el porrismo y que en ese momento tomaba giros violentos. Para inicios de 1972 sólo quedaban algunos grupos porriles en la UNAM que, a diferencia de otros años, resultaban igual o más peligrosos que los anteriores. Los comités de lucha, ante la violencia ejercida por los “porros”, habían estructurado formas de defensa que se caracterizaron en “contestar a la violencia reaccionaria con la violencia revolucionaria”. Este tipo de política presentó las dos caras de la moneda: de ayuda a los movimientos democratizadores y de desprestigio al movimiento en su conjunto, por las desviaciones izquierdistas y la infiltración de provocadores.

Los comités, tan sólo un año y meses antes, habían incendiado la cafetería de la Facultad de Derecho pues ahí se refugiaban los principales grupos porriles de la UNAM. 1972 fue el año en que inició la desaparición del grupo “Francisco Villa”, principal impulsor, al interior de la Facultad de Derecho y de la UNAM, del porrismo; también lo fue de las novatadas o “perradas” que se practicaban en varias escuelas de la UNAM, en especial en Arquitectura e Ingeniería, en donde se respondió violentamente en contra de los organizadores.

La violencia de los “porros” llevó a Pablo González Casanova, Rector de la UNAM, meses después de un espectacular asedio a la Universidad y a su persona, a asumir una actitud realmente valiente; alertando contra la provocación, decía:

…Estamos convencidos de que se planean acciones ominosas por las cuales se pretende llevar el enfrentamiento de grupos de estudiantes universitarios a terrenos cada vez más dramáticos para la Institución, mediante la intervención de grupos de choque y agentes provocadores que no sólo lograrían la comisión de actos delictuosos de gran magnitud, sino que pretenderían demostrar ante la opinión universitaria y nacional que la unam es incapaz de gobernarse a sí misma…[3]

[3] “A la comunidad universitaria y nacional” en GACETA. UNAM, tercera época vol. IV, número 36, 16 de junio de 1972, p. 1.

Volante denunciando a los grupos porriles en la UNAM. Archivo: JVAM

La violencia llegó a extremos peligrosos e intolerables en algunos casos, en otros, como en Arquitectura e Ingeniería ayudaba a ahuyentar a los “porros”, permitiendo que el movimiento se desenvolviera con más confianza. Pero dentro del texto de ese comunicado apareció una frase que para muchos pasó desapercibida y para otros pareció algo más que las simples palabras provenientes de una autoridad: gobernarse a sí misma.

En Arquitectura, en particular, los comités habían brindado todo el apoyo al movimiento democratizador, al igual que en otras escuelas, que sirvió para erradicar en ese año las novatadas y a los “porros”, que se convirtieron en “aliados” de las  autoridades. Golpes y corretizas, bastaron para ahuyentarlos aunque fuera momentáneamente.

Excélsior, 9 de abril de 1972. Archivo: JVAM

Los encarcelamientos masivos se hicieron casi costumbre y las infiltraciones de provocadores una buena arma El movimiento democratizador ganó una amplia cobertura y ésta se consolidó aún más con el surgimiento de la lucha amplia por la democratización de la enseñanza al interior del país. De las luchas de años anteriores a la de la Universidad Autónoma de Nuevo León en 1971, siguieron las de Sinaloa, Puebla, Guerrero y Oaxaca que luchaban por implantar leyes orgánicas democráticas; y en otras quedó en un intento fallido pues la represión ya no se hizo esperar. El Estado y sus aparatos represivos actuaron de inmediato para aniquilar cualquier brote de lucha por cambiar las estructuras de gobierno de las instituciones de educación superior. Los encarcelamientos masivos nuevamente se hicieron costumbre y las infiltraciones de provocadores una buena arma para desprestigiar y después reprimir. En este preciso momento la Universidad Autónoma de Sinaloa era la nueva presa:

…Y esta vez tocó el turno a Sinaloa, cuyos alumnos universitarios, con sede en Culiacán, exigían en forma pacífica y razonada desde hace más de dos años, la destitución del rector Gonzalo Armienta Calderón… En vez de recurrir al diálogo, las autoridades contrataron los servicios de esa mercenaria escuadra terrorista paramilitar denominada halcones… Y hace algunos días los voceros de la “apertura democrática”, debidamente respaldadas por el ejército, sitiaron la Máxima Casa de Estudios y abrieron fuego indiscriminado contra jóvenes…[4]

[4] “El rostro asesino del PRI-Gobierno” en por qué?, número 201, mayo 4 de 1972, p. 14.

En algunos casos la lucha tomó un carácter dramático, pero la organización del estudiantado pudo más que la represión sangrienta del régimen.

Pero no solamente estos fueron los años de la movilización estudiantil por la democratización de la enseñanza, lo fueron también de muchos otros sectores que demandaban democracia profesional y sindical, tierra y vivienda, libertades políticas y dignidad ciudadana.

Hacia finales de 1970 los arquitectos, tradicionalmente apáticos a la participación política, estaban agitados por el cambio de directiva del Colegio de Arquitectos de México y porque la crisis profesional había puesto a un importante número de ellos en una situación en la que su carácter de “profesional liberal” los llevó a entrar en una lucha abierta por el trabajo. Algunos decían que en general todas las profesiones, especialmente las llamadas “liberales”, estaban ingresando a un proceso de proletarización, debido al crecimiento explosivo de las demandas sociales con relación a la oferta.

De cualquier forma, esta situación estaba golpeando a los nuevos y jóvenes arquitectos, especialmente a aquellos que no estaban vinculados a las esferas de poder y que habían adquirido un nivel de conciencia respecto a los problemas sociales y profesionales. La distribución del trabajo, que día a día era mayor por parte de las instituciones gubernamentales estaba —como hoy— plagada de un sinnúmero de favoritismos, especialmente hacia los que conformaban precisamente esas esferas. Y el Colegio de Arquitectos, único organismo donde estas cuestiones podían analizarse, estaba también dominado por estas esferas; éste se había convertido en un aparato viejo y anquilosado, parecido a cualquier club de amigos de colonia de ricos.

Esta situación llevó a que un reducido grupo de arquitectos demandara al Colegio una revisión no sólo de su estructura, sino de las condiciones de trabajo prevalecientes en el mercado. Las propuestas, aprovechando el cambio de directiva del Colegio, no podían ser más radicales:

–La delimitación del campo de acción del arquitecto.

–El reconocimiento imperativo de la tabla de aranceles.

–La reglamentación del art. 134 constitucional, para que el diseño de las obras arquitectónicas que emprenden las dependencias estatales o descentralizadas sea puesta a público concurso.

–La integración de los profesionales liberales al sistema del Seguro Social Obligatorio.

–La obtención de la personalidad jurídica necesaria, que permita al propio Colegio:

Intervenir eficazmente en la distribución del mercado de trabajo, para impedir la concentración del mismo en unas cuantas manos.

–Vigilar el cumplimiento de una Ley de aranceles.

Demandar que los puestos públicos que caen dentro del campo de acción de la arquitectura, sean otorgados a arquitectos.

–La derogación del art. 48, Cap. VI, de la Ley de Profesiones, que prohíbe a los Colegios hablar de política y de religión en sus asambleas.

Ante estas demandas terminaban planteando:

Con nosotros, un número cada vez mayor de profesionales, pasantes y estudiantes de la arquitectura, estará pendiente de sus próximas decisiones. De ellos depende el ser o no sus propios sepultureros…[5]

[5] “¿Debe o no modificarse la ley de profesiones?” en Calli. Revista analítica de arquitectura contemporánea, número 49, México, agosto-septiembre de 1970, pp. 14-16.

El sindicalismo universitario resurgía nuevamente. La lucha por la creación de sindicatos universitarios, como la planteara la Coalición de Profesores en 1968, era encabezada por el Sindicato de Trabajadores y Empleados de la UNAM (STEUNAM) al interior de la UNAM. La lucha fue dura y desgastante, la renuncia posterior del rector Pablo González Casanova y el endurecimiento de las nuevas autoridades universitarias predecían que la consolidación sindical se llevaría mucho tiempo y que no sería nada sencilla.

El movimiento obrero resurgía también en forma gloriosa. El Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (STERM), transformado poco después en la Tendencia Democrática del SUTERM (Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana), encabezaba la vanguardia del sindicalismo obrero independiente. La derrota de ésta, unos años después, crearía un amplio sentimiento de frustración e incapacidad para continuar la consolidación del sindicalismo independiente.[6]

[6] Una visión, sin duda crítica, veía así el problema: “…Si bien el movimiento de insurgencia sindical, y más específicamente su fuerza aglutinadora: la Tendencia Democrática, identificó correctamente uno de los problemas políticos básicos de la clase obrera, que es la democracia e independencia sindicales, es paso necesario en el proceso de constitución del proletariado en una fuerza capaz de actuar con autonomía de clase y proponer al conjunto de la sociedad un proyecto histórico propio y alternativo al de la burguesía; no comprendió el carácter de clase del Estado y de la Revolución Mexicana, y no logró plasmar coherentemente sus formas de lucha táctica y estratégica. No entender cabalmente estos problemas incapacitó a la TD para encabezar la lucha del conjunto del bloque de los dominados… Esta incomprensión fue motivo también de que la TD sufriera una profunda derrota política, consumada a pesar de las grandes movilizaciones obreras y populares en su favor y a pesar de su presencia innegable; la derrota de la Tendencia Democrática de los electricistas deja un saldo de confusión política e ideológica y marca el punto de viraje en la correlación de fuerzas…” Ver: “1968-1982 etapa de crisis y transición” en Punto Crítico, número 123, México, marzo de 1982, pp. 2-8.

Revista Solidaridad. Voz de la insurgencia obrera y popular, Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana. Archivo: JVAM

Las agudas condiciones de vida en el campo orillaron a los campesinos a, por un lado, organizarse para luchar por el reparto agrario y por el respeto a la posesión de sus tierras y, por otro, a emigrar hacia las grandes zonas urbanas del país en busca de mejores expectativas de vida. Las luchas campesinas ganaron ascenso, aumentando masiva y rápidamente. La mediatización y la represión emprendida por el régimen no fueron suficiente para que el campesinado renunciara a su reivindicación histórica: la tierra.

El gobierno tuvo en muchos casos que aceptar el reparto agrario y modernizar sus aparatos: el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización se transformaba pomposamente en la Secretaría de la Reforma Agraria, encubriendo la demagógica posición de que el gobierno era un “gobierno agrarista”. Se impulsó así mismo, todo tipo de organizaciones burocráticas para “apoyar” al campesino; triste recuerdo de organizaciones mediatizadoras que acabaron en un mar de corrupción: fideicomisos turísticos, forestales, de producción agrícola y ganadera, bancos rurales, etcétera.

Portada revista por qué?, núm. 229, noviembre de 1972 Archivo: JVAM

Por otra parte, los procesos migratorios hacia las grandes ciudades agudizaron la oferta de tierra y vivienda que, en conjunción con las necesidades locales, orientaron a los pobladores a las invasiones masivas de tierra, principalmente en el Distrito Federal —Santo Domingo de los Reyes, como el caso más emblemático por la extensión de la invasión—, Estado de México, Puebla, Monterrey, Chihuahua, Guadalajara, Durango, Zacatecas y Oaxaca. Este fenómeno marcaría el inicio de la lucha de masas independiente, que daría origen a la conformación de los más variados “frentes populares” de cuyos ejemplos más significativos se podrían mencionar: la Coalición Obrero Estudiantil de Oaxaca (COCEO) y la Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo (COCEI), ambas del estado de Oaxaca; el Frente Popular de Zacatecas (FPZ); el Comité de Defensa Popular de Durango (CDP); el Frente Popular Tierra y Libertad (FPTYL), de Monterrey; el Campamento 2 de Octubre, en Iztacalco, D.F.; el Comité de Defensa Popular de Chihuahua (CDP); el Frente Popular Independiente (FPI), en el d.f.; y de manera sobresaliente, por su combatividad y organización, la Colonia Rubén Jaramillo, en el estado de Morelos.[7]

[7] La lucha de estos movimientos creó la necesidad de una mayor articulación entre éstos para demandar, en forma conjunta, sus reivindicaciones sobre suelo urbano y vivienda. No es sino hasta mayo de 1980 cuando un importante número de organizaciones deciden crear la Coordinadora Nacional del Movimiento Urbano Popular (CONAMUP), en un primer encuentro celebrado en la ciudad de Monterrey, N.L. Ver: CONAMUP. Acuerdos y resoluciones, Encuentros nacionales i, ii y iii, OIA, Facultad de Arquitectura-Autogobierno, unam, 1983, 44 pp.

Sin lugar a dudas, la expresión más radical de esos años se encuentra en la aparición de los movimientos armados. Los casos de Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos y el de los grupos armados de guerrilla urbana, muestran hasta dónde la radicalidad de un pueblo oprimido puede encontrar formas de lucha que no necesariamente son pacíficas.

Ante la aparición de todos estos movimientos la represión, decíamos, tampoco se hizo esperar. El régimen dirigió todo su aparato represivo a enfrentar todos los movimientos y organizaciones que demandaban justicia, democracia y libertad. A los movimientos universitarios, como a los de Puebla, Guerrero y Sinaloa, se les trató como a los más peligrosos delincuentes; a los sindicatos se les boicoteó, por todos los medios, el derecho a la sindicalización libre e independiente; las regiones rurales más conflictivas fueron sitiadas y reprimidas; a los movimientos de colonos se les mediatizaba en la negociación aislada o se les expulsaba violentamente de los lugares invadidos. En fin, la represión ejercida por el Estado mexicano mostraba que ésta no era más que la contraparte a la organización popular, es decir, parecía ser que a mayor organización mayor represión. No valió nada. Ni siquiera la publicitada “apertura democrática” de un gobierno en decadencia, que impulsó la guerra sucia como el único camino para doblegar a todos los que se atrevieron a promover cambios en un país que los requería urgentemente.

En ese ambiente nacional y foráneo, lo que acontecía en la ENA, con el surgimiento del Autogobierno, estaba cubierto e influenciado por todo lo que sucedía más allá de sus fronteras; nada le era ajeno, más bien era parte de un todo donde conservaba su alicaída identidad, pero con la mirada dirigida a un prometedor futuro.

Cartel del movimiento en la Facultades de Medicina, UNAM, 1972. Archivo: JVAM


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VROLAK

M. Alejandro Gaytán Cervantes.

-Que bueno que llegaron, -nos recibe Vrolak-, son los primeros. Tu amigo Gil, que ayude a las muchachas, así entre los tres, terminarán más rápido. Tú Homero, vente conmigo; vamos a preparar unos brebajes, que mmm… Con solo probarlos, nuestros invitados se van a sentir en otro mundo. 

Tomados de la mano, pasamos por el gran patio sin techo; siempre oscuro por más que haya un intenso sol, a los rayos de luz les da miedo entrar ahí, y no penetran. De la bodega, de un cofre de piel, Vrolak saca unas botellas con líquidos viscosos; son de varios colores, sus contenidos también. Vacía parte de estos en una gran olla de cristal, llena de vino, que colocó en el centro de la estancia. Hace una pausa, dice unas palabras que no entiendo y suelta unos polvos alrededor del perol, mientras lo hace, pone el índice sobre mi cabeza. Y me hace girar. Estoy exaltado. La tomo por su cintura y le doy un beso en la mejilla; traté de dárselo en la boca, pero lo evadió con una sonrisa bien coqueta. Dice: 

-Están tocando, se oye un buen escándalo; la reunión estará de primera; ven vamos a abrir. ¿Te pido un favor? En toda la noche, no te separes de mí. 

Son más de quince chavos y chavas. Artistas, gente de la farándula, jóvenes medio intelectuales y cuates desmadre. Hablan de política, películas, literatura, arte; bromean, gritan, se carcajean. 

En el mero escándalo, en medio del salón, se planta Vrolak, que dice: -Esta reunión, es para conocernos mejor y formar una amistad eterna. Para ello tomemos una copa de las que se encuentran en la mesa del fondo y llenémosla del elixir de la vida, del tránsito de lo terreno a lo sublime; está aquí, junto a mí…De algún lado surgen las cadencias producidas por un instrumento anhelante, suplicante. 

En la gran olla, llenamos nuestros cálices. El momento es solemne. Una de las amigas trae una capa negra con forro rojo, se la coloca a Vrolak, quien se sube en un taburete y dice:

-Estamos aquí para lo mismo; honrar a nuestros cuerpos. Levantemos nuestro cáliz y brindemos por la grandeza de lo humano, que es lo divino, por la magia y el hechizo.  Se alzan las copas de los presentes; unos parecen jugar, otros lo hacen en serio, inclusive con aire solemne. Vrolak brinda: 

– ¡Potencia, caudal y pasión! 

Los presentes decimos lo mismo y bebemos nuestra copa. Vrolak se queda quieta, cual Afrodita; como ella, diosa griega del amor y la belleza, Nadie se mueve. Después de este instante eterno, levanta la mirada y dice:

-Ahora todos hagan lo mismo que yo. Nos despojaremos de nuestras pertenencias mundanas. Vrolak, deja cada prenda, como parte de un rito; despacio, ceremoniosamente. Los demás hacemos lo mismo. Ahora todos estamos al natural. No puedo despegar mi vista de ella. ¡Que hermosa es! 

Su figura delgada, bien formada, su cintura, sus caderas, esos pechos pequeños y altivos, adhieren mi mirada. Al darse cuenta, sonríe, me toma de la mano y me lleva con cada uno de los presentes, sea hombre o mujer, les damos un abrazo y repetimos las palabras del brindis: ¡Potencia, caudal y pasión! El brebaje inicia su secuela. 

Los reunidos forman parejas, tríos, y con mirada de iluminados se acarician, ríen, lloran, confiesan sus perversiones, se besan. Gil está en un rincón, sólo mirando. 

Vrolak me aleja del grupo. Llegamos al gran patio oscuro; entramos. 

Cada átomo de mi cuerpo se convulsiona en forma diferente y pierdo el control de mi mismo; ello me da placer e incertidumbre; sin embargo, poco a poco se ubican mis órganos en su lugar. Aparte de la extraña música cuyos sonidos abarcan la casa entera, el patio se llena de oleajes olfativos que arrebatan el sentido. En el espacio aparecen pequeños e intensos rayos de colores que surgen de ninguna parte. Sus gamas, no conocidas, recorren toda partícula de nuestros cuerpos.

Nos apostamos en el centro, donde ya no irrumpe ninguno; algo invisible los corta a centímetros de nuestra piel; aún así, los rayos lumínicos se mueven a nuestro ritmo. 

Una fuerza incorpórea nos levanta y tiende en una cama invisible, resistente, pero mullida, que nos acerca hasta hacernos uno solo. Recorro con mis labios y manos cada milímetro de su piel, lo saboreo. Vrolak y la cama se deleitan. Ambas vibran, gozan mi pasión.

Penetro en la más prodigiosa de las oquedades y el universo se aniquila a mis orígenes. Un terremoto vibrante nos estremece y la eternidad es parte del movimiento continuo. Pasan milenios de deleite y efervescencia. ¡La derrama de vida es coincidente y el esplendor irradia nuestros núcleos!

Terminamos tomados de la mano, Vrolak me acaricia el cabello. Inicia un beso en mis pies y sus caricias suben en intensidad por mi cuerpo; llega a lugares donde se convierten en algo no concebido; me hipnotiza. Después sube por mi vientre, tórax, hombros, labios. Se detiene, su respiración se agita, su mirada, de frente, es súplica anhelante. Muerde mi cuello. Es doloroso: ¡No importa! Me succiona: ¡Que bueno, así también se impregna de mí! Absorbe mi sangre hasta el hastío ¡Soy una piltrafa feliz! ¡Dormimos acurrucados en el aire! 

Después de una eternidad salimos del patio. La luz del día lastima nuestras pupilas. Tardamos en acoplarlas a tanta intensidad. Nos encontramos un cementerio: Hombres y mujeres están en el mismo estado que yo, con dos perforaciones en el cuello, pero ellos están derrumbados. 

Veo pasar a las amigas de Vrolak, a quienes da instrucciones. Con un gotero reaniman a los durmientes. Al descubrirse a sí mismos, se confunden; se visten y salen despavoridos. 

-Gil se acerca y me dice muy quedo: Sabías que esto iba a pasar ¿Verdad? Y corre hacia afuera. 

-Vrolak refiere: 

-No creas que la relación de nosotros fue como la de los demás. La nuestra es sólo entre tú y yo. Mis amigas hicieron lo que ves, con un propósito distinto. Por mi parte, te necesito junto a mí.

Desde siempre he creído que eras lo metafísico para mí; anoche descubrí: Lo eres. ¡Serás mi pareja durante nuestra muy larga existencia! 

Con las pocas fuerzas que aún me quedan, la abrazo, beso sus orejas mientras apenas alcanzo a murmullar:

-Lo que quieras, como quieras, cuando quieras. ¡No tengo voluntad! 

Sonríe, me entrega un brebaje amargo y pastoso. Lo bebo sin chistar. Parece que poco a poco renace mi energía. Me toma de la mano para retornar al patio ennegrecido. Sus deseos de perpetuar el trayecto al olimpo se intensifican. 

¡La convulsión vibrante continuará por una eternidad! ¡Será un claro reflejo, de nuestra inmortalidad! ¡Mía y de ella!

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EL DESARROLLO SOCIOURBANO EN ÁREAS CONURBADAS Y LA SOBREPOBLACIÓN RELATIVA

Rubén Cantú Chapa

La caracterización de las áreas marginales conurbadas de la ciudad está determinada por las condiciones de vida de la población, su tasa de crecimiento y el ambiente sociourbano que identifica el espacio citadino. Los habitantes del lugar lo constituyen fundamentalmente la sobrepoblación relativa, surgida del proceso productivo cuya dinámica se rige tanto por la estructura socioeconómica como por las relaciones que emanan de las políticas estatales.

El surgimiento de la sobrepoblación relativa, caracterizada por el desempleo y el subempleo en la ciudad y en el campo, tiene su origen en la naturaleza del sistema económico como acontecimiento natural de la economía de mercado; fenómeno to- lerado por la administración gubernamental bajo el amparo de las políticas públicas del Estado. Con la sobrepoblación relativa aparece el ambiente sociourbano en la metrópoli distinto al existente en las sociedades precapitalistas; esto es, emergen las condiciones de vida contradictorias en la ciudad a partir de la crisis cíclica del trabajo asalariado enajenado. Una sobrepoblación derivada de la ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia inherente al sistema capitalista, es el que se manifiesta social y económicamente con regularidad en las formas de vida de las zonas conurbadas de la ciudad mediante la autoconstrucción; también en los espacios públicos cívicos y patrimoniales de la ciudad, que con frecuencia se expresan en las plazas cívicas o en los Centros Históricos, bien como demandas sociales más sentidas o como exigencias en el ámbito político.

La sobrepoblación relativa como fuerza de trabajo enajenada o empeñada y además como mercancía, expresa su externalidad como una fase del capital variable en el proceso económico sobreproducida, y corre la misma suerte que los demás productos del mercado. Se rige también por la oferta y la demanda y es la ganancia la que determina en última instancia las formas de su existencia sociourbano o socio ambiental  

 Cuando la tasa de ganancia lleva la tendencia hacia la baja en las múltiples uni- dades productivas del modo de producción capitalista, no sólo surge la sobrepoblación relativa que se expresa mediante la crisis del trabajo materializado con el desempleo, también impacta tanto en la magnitud y el crecimiento físico espacial desordenado en las áreas marginales de la ciudad como en el ambiente sociourbano. Esto es, la caída tendencial de la ganancia, la enajenación del trabajo en el marco y con el sustento en las políticas públicas, determinan las características y la extensión del uso del suelo de la ciudad, su urbanización y las expresiones marginales de conurbación, así como las condiciones sociales de vida citadina como ambiente sociourbano; así mismo, deja su estela contradictoria en la organización territorial de la población, como sucede con los distintos niveles en la calidad de la urbanización. Por un lado, aparece la pobreza de la vivienda caracterizada por la autoconstrucción; por el otro, emergen los conjuntos residenciales signando los altos ingresos económicos en sectores determinados de la población. Con esto, surge el desenvolvimiento socioambiental de la metrópoli y su región como expresión material de una de las determinaciones del sistema de competencia constituido por la naturaleza de las leyes del mercado.

En el ensanchamiento denominado “proceso de urbanización”, es el desarrollo material desigual y combinado de la ciudad a semejanza del sistema. Como resultado también de la industrialización y de la actividad terciaria de la economía, aparece con ese crecimiento urbano, tanto la sobrepoblación relativa como la “relativa población” beneficiada con la composición orgánica del capital en los términos de la acumulación del capital en nuestro país y en no pocas naciones “en vías del desarrollo”. La ciudad del capital lo es del capital constante (instrumentos y medios de producción) como del capital variable (sueldos y salarios); urbaniza el capital inmobiliario por un lado y por el otro la autoconstrucción del capital variable que representan los trabajadores. El proceso de urbanización sin las condiciones de vida suficientes y una racionalidad de equidad en la distribución de la riqueza generada, no es más que la expresión material de la caída tendencial de la tasa de ganancia de la industrialización, aunada al proceso de tercerización de la economía en el ámbito del desempleo y subempleo. Por un lado, es la forma sociourbana como se contrarresta la baja de la tasa de ganancia que se traduce en cinturones de miseria alrededor de la ciudad, con áreas marginales conurbadas a donde llegan la sobrepoblación relativa, población superflua del sistema y por el otro, los conjuntos residenciales conurbados de quienes se apropian del plus-trabajo o plusvalía durante la acumulación del capital.

La tendencia a la baja de la tasa de ganancia y la acumulación acelerada, “formasdiferentes e inherente a toda empresa determinada por las leyes del mercado” en la esfera del sistema imperante, trae como resultado la aparición y dimensión de más fenómenos sociales de la sobrepoblación relativa, esto es, la “población superflua, promueve la sobreproducción, la especulación y las crisis”[1]. De esta sobrepoblación se derivan en mayor o menor grado, tanto la descomposición social que sigue diversas formas de expresión y que asuela a la sociedad en su conjunto, como la creciente y desordenada urbanización del territorio, así como el entorno sociourbano en la ciudad, que tienen su origen en los vastos problemas sociales, políticos, económicos y culturales. Los resultados más severos de la descomposición social que presenta la superpoblación relativa es la depredación humana cuando se involucra en la economía criminal. En nuestro país, la violencia en este medio ha dejado una huella inédita de víctimas al terminar la primera década del siglo xxi y que aún continúa en los siguientes años. Las ganancias para quienes están detrás de esa economía criminal, superan todo tipo de rentabilidad en las inversiones productivas o improductivas en la economía globalizada como nunca antes. La enajenación del trabajo se vuelve sobreexplotada, insegura y de una violencia que supera las anteriores expoliaciones de la naturaleza humana y del medio natural, que ambos configurados en el medio ambiente sufren una depredación contemporánea inédita.[2]

[1]  Carlos Marx, El Capital, T-III, Vol. 6, Sigo XXI, México, 1984, pp. 309-310

[2]  Rubén Cantú Chapa, Centro Histórico, ciudad de México, medio ambiente sociourbano, Plaza y Valdés, México, 2000. “Separados los conceptos medio y ambiente, se pueden aplicar al aspecto ecológico y a la naturaleza. Unidos ambos términos, medio ambiente suele llamarse y emplearse a la suma de factores y procesos sociales, económicos, políticos y culturales en relación con el ser social. Medio Ambiente no sólo es la suma de todas las determinaciones, sino la relación y articulación entre ellas”.

Las mismas causas que originan la sobrepoblación relativa, esto es, la que las que se ubican en las áreas conurbadas marginales, resultan del proceso de competencia que promueve el incremento de nuevas tecnologías y el aumento del equipamiento industrial, pero excluyentes de mano de obra, van en paralelo con las distintas formas de eliminación del trabajo, mediante el desempleo (sin la reposición correspondiente de nuevos empleos), o el empleo hacia la corta existencia del hombre en la economía criminal. De manera similar sucede con la sobreproducción de mercancías, origen de la crisis del sistema económico, una crisis inherente a este modo de producción que la resuelven con nuevas formas de acumulación y la consecuente destrucción de vastas fuerzas productivas.

La mano de obra-mercancía, desempleada y subempleada, tiene el mismo destino que los demás artículos de consumo y bienes de capital sobreproducidos en el capitalismo, esto es, forma parte del fenómeno de las crisis de sobreproducción consustancial al sistema. La crisis de sobreproducción de mercancías, no podemos dejar de recordar, llevó a dos guerras mundiales devastadoras del medio ambiente, destruyó el medio natural como también la naturaleza humana y su obra construida, esto es, el ambiente urbano y regional de la sociedad.

En la ciudad como en la sociedad, así como en la naturaleza y el pensamiento, nada surge si no lleva el nacimiento de su contrario. Mientras el capital, en su aparición, acontece el fenómeno a condición de crear su contrario, que es la clase obrera, de similar forma, a la ciudad del capital también le surge el espacio socioterritorial donde reside su contraparte, esto es, la “no ciudad”. Son los suburbios habitacionales en la periferia y también al interior de la metrópoli, carentes de servicios y equipamiento urbano y de empleos, como vecindades de la “no ciudad” donde generalmente se ubica la sobrepoblación relativa. Pero en el desenvolvimiento de la ciudad, tanto el capital como la clase subalterna, dejan vestigios de expresiones ambientales sociourbanas y de conurbación en los espacios y periferias de la metrópoli, por donde se establecen, habitan y circulan. Llama la atención tal ambiente sociourbano por la vasta variedad de imágenes y modo de vida que signan la ciudad y su entorno citadino, que rebasan todas las formalidades edificadas, pues no logran ir en paralelo con el diseño anticipado de la construcción de la metrópoli, ni en la vivienda, el trabajo, la circulación y el entretenimiento.

La imagen de la ciudad donde residen los sectores dirigentes del Estado y el ca- pital es distinta a la que configuran las clases subalternas en sus formas de vivir y ocupar el espacio público y privado. La variación del paisaje urbano lo determina el “panorama” social mediante los ingresos familiares, fenómeno que se expresa en todas las formaciones sociales; más aún con la aparición de la propiedad privada y con ésta el surgimiento del espacio público. La segregación urbana es la misma se- gregación en lo social, una discriminación visualizada en la perspectiva urbana que corresponde a la exclusión social expresada de igual forma en el espacio público.

Autoconstrucción en el norte de la metrópoli (Gustavo A, Madero, Ecatepec)

Crecimiento inmobiliario en el sureste, Santa Fe


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LA TIGRA I

M. Alejandro Gaytán Cervantes.

La tigra, mujer llegando a la plena madurez, huraña y silenciosa, recorre la selva como animal enjaulado, en un mundo repleto de fascinación y hechizo construido por ella y sus antepasados. Ahí nació, igual que sus ancestros, salvo un soldado irlandés, desertor del ejército americano, quien pintó los ojos de verde a toda su descendencia.

De mirada penetrante como el plomo dentro del agua, atormenta, si lo desea, a quien se la dirige. Su voz, calmada y potente, tan grave como una tuba de Wagner, resuena en los oídos de quien escucha sus entenderes. Sus ropas no importan, aunque siempre son amplias, largas, frescas, blancas, negras o de múltiples filigranas.

La tigra, alta, fuerte, seca, morena, de verde y profunda mirada, habla en lengua, aunque sabe español y el inglés que les enseñó el abuelo.

Su pensamiento, transporta lo real, a su mundo de chamanes y nahuales; con ellos transforma las realidades en mitos, en cosas ajenas a lo que aparentan ser.

En el cielo busca la estrella que guiará sus pensamientos y sus pasos. Arriba, también están las cosas que la ligan con el tigre, con el jaguar, y la hacen su pareja, como varias veces lo ha sido en otras dimensiones.

Ella, como sus antepasados, vive alejada de la gente, aunque todos la respetan y saben que estará junto a ellos cuando necesitan alguna cosa no posible para los humanos. Su vivienda es una choza perdida en el monte; nadie la conoce, pero cuando la solicitan en cualquier parte, de repente se aparece.

Fedra, la Tigra tiene una hija, para quien ha hecho los conjuros necesarios con el fin de darle poder y ofrecerle una vida como ya estaba escrita que ésta debería de ser. La quiere, cuida y enseña con esmero aquello que debe saber, porque siente próximo el momento de darle su vida propia, su espacio natural.

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Después de la pandemia deben remarcarse cambios que vienen 

Jesús Tamayo

En un artículo anterior (Pandemias, arquitectura y urbanismo) exploramos la relación entre algunas pandemias que ha sufrido la humanidad en la historia y sus efectos en la arquitectura y en algunos avances urbanos que hoy utilizamos consuetudinariamente.[1] Interesa ahora aquí explorar algunos posibles efectos urbanos de la reciente pandemia global de Covid 19

[1] Como las redes urbanas de aguas residuales.

Es sabido que el virus del Covid se transmite de individuo a individuo a través de las partículas que expelemos al hablar: así, las concentraciones humanas son vistas como escenarios de contagio. Por lo tanto, ante el Covid, los gobiernos han cerrado las puertas de escuelas, auditorios y escenarios similares. Los empresarios, por su parte, de mala gana, pero han obedecido a las autoridades y cerrado oficinas y fábricas.

Así, en el periodo reciente, nuestras ciudades se han visto vacías, las calles y avenidas se han vaciado de automóviles, muchas personas prefieren hacer las compras necesarias via internet y mensajeros y este servicio se ha multiplicado en los centros urbanos.

Y en tanto aparentemente la curva creciente de contagios “se ha aplanado”, las autoridades ya autorizan la apertura de numerosos establecimientos comerciales; pero lo que ha quedado claro para los ciudadanos es que las medidas sanitarias que hemos aprendido a tomar, muchas de ellas, debieran  quedarse.

Y en el mismo sentido de lo que recientemente publicó en Londres  THE ECONOMIST, (ThE) en lo que sigue especulamos un poco acerca de cómo será la vida urbana después del Covid en distintas áreas; por ejemplo, en materia de trabajo, de educación, en la vida doméstica y en las  comunicaciones físicas intra- urbanas.

En materia de trabajo, ThE nos dice que, en el futuro, buena parte de las actividades del trabajo tendremos que hacerlas “en línea”, incluidas juntas y congresos.

En tanto numerosos procesos de trabajo inevitablemente necesitan de la presencia humana, es claro que los empresarios ya están tomando las medidas sanitarias del caso; pero numerosos procesos de trabajo pueden realizarse en el domicilio de los trabajadores y ello ya está transformando desde ahora numerosas oficinas. Inclusive se tiene noticia que, en algunos países, lo anterior ha inducido a la migración de trabajadores (es el caso de San Francisco en USA) hacia ciudades vecinas, ciudades pequeñas, más amigables y con más contacto con la naturaleza.

En este sentido, los núcleos centrales urbanos, atestados de oficinas, tenderán a palidecer, al menos a declinar. ThE apunta que los grandes edificios de oficinas se convertirán en elefantes blancos y terminarán desapareciendo o cambiando de función. También prevé el declive de edificios como cinematógrafos, centros de entretenimiento y gimnasios, inclusive de edificios religiosos. Ello podría estar anunciando el agotamiento de la gran ciudad.

Es claro que la movilidad humana urbana se reducirá significativamente y ello hará innecesarias las grandes vialidades metropolitanas que semivacías, no serán más necesarias. En contrapartida, el transporte individual (en dos ruedas) crecerá, el colectivo declinará y quizá nuestras calles y avenidas serán mas disfrutables. 

En materia de educación, cuyos soportes están tradicionalmente constituidos por aulas que congregan diariamente a medio centenar de niños o jóvenes, se duda de su pertinencia sanitaria. 

y si bien la experiencia educativa completa requiere de presencia social, cognitiva y docente, resulta difícil pensar que permanecerá sin cambios en el futuro.

Si bien alguna parte del trabajo escolar puede resolverse a distancia, es claro que se requerirán nuevos trucos, mecanismos o recursos para poder mantener la atención de niños o jóvenes sobre el educador durante varias horas.

Al respecto se nos dice que “existen muchos factores involucrados en la enseñanza exitosa y efectiva “en línea”: desde el diseño del curso, las actividades, el contenido, la presencia docente, la interacción entre estudiantes y el maestro, la autonomía del estudiante e incluso la gestión del tiempo.”

En suma, a mi ver, en materia de educación los cambios tardarán todavía buen tiempo en encontrar las rutas adecuadas, pero el cambio parece será inevitable. Al respecto, ThE nos dice que “Todavia no es claro como serán las nuevas escuelas y si la educación seguirá siendo presencial o se impondrá el estudio online”.

En materia de vida doméstica, la obligada presencia “en casa” de los integrantes de las familias, hasta hoy parece haber incrementado los conflictos domésticos. Por otra parte, es claro que las viviendas deberán equiparse mejor para esta nueva era; me refiero a la disponibilidad de equipamiento para trabajar “en línea”, y de espacios internos para cada uno de los integrantes. De otro modo, la competencia por espacio y equipamiento derivará en conflicto.

Es claro también que nuestra vida, doméstica o no, si orientará cada vez más hacia la preocupación por el medioambiente. Ello, seguramente se reflejará en algunas actividades domesticas, como la separación de los desechos para su mejor aprovechamiento.

A nivel comunitario, me parece que la enseñanza del Covid conducirá a una mejor vida comunitaria, de mas solidaridad Y mayor cooperación interfamiliar.

A mi juicio, algo aprenderemos de la pandemia, la higiene y la limpieza deberán volverse recurrentes, y se deberá generalizar el manejo adecuado de los desechos. Nuestra preocupación por el respeto a la naturaleza, a nivel de los gobiernos comunitarios, deberá reflejarse, por ejemplo, en la desaparición de filtraciones en las redes de agua potable, en la multiplicación también de sistemas locales de tratamiento de aguas residuales o en la multiplicación de fotoceldas para la producción domestica de energía.

En suma, aprenderemos de la pandemia y ello cambiará a el perfil de nuestras ciudades, el ambiente urbano mejorará, seremos mejores ciudadanos y nuestras autoridades también mejorarán. Y, por supuesto, espero no equivocarme.


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Sobre el lenguaje (1). Las palabras “medio” y “ambiente”

José Alfonso Ramírez Ponce

Este par de palabras, como sabemos todos, se presentan diariamente en todos los medios de difusión: radio, prensa, televisión e, incluso, en las llamadas ahora “benditas” redes sociales, sobre todo ahora con el tema del Tren Maya. Se presentan sin la conjunción intermedia: “medio ambiente” y, en algunos textos, como una sola palabra: “medioambiente”.

En realidad, son palabras diametralmente opuestas, en cuanto a la definición de sus significados. Por una parte, la palabra “ambiente” es perfectamente precisa, viene del latín ambiens, “lo que rodea”, y del verbo ambere, “rodear, cercar”. “Ambiente”, en su etimos, en su “palabra verdadera”, significa “lo que nos rodea”. Por otra parte, la palabra medio es sumamente ambigua, tiene más de una treintena de significados que van desde lo obvio: “medio es la mitad de algo”, hasta lo específico: “medio es el jugador de futbol que se ubica entre el ataque y la defensa” o “medio es el dedo que está entre el índice y el anular”. Del alud de significados, encontramos el que nos interesa: “medio es el conjunto de condiciones y circunstancias en las que se desarrolla la vida de las personas”. Es decir, medio es lo que está alrededor de nosotros, lo que nos envuelve, lo que nos rodea. Entonces, de lo anterior concluimos que “medio”, en una de sus acepciones, es lo que nos rodea, y “ambiente”, también, es lo que nos rodea. Además, encontramos discursos hablados o escritos donde se suele decir: “…el medio ambiente que nos rodea”, esto es “lo que nos rodea, nos rodea y nos rodea”. Estamos, evidentemente, ante una repetición innecesaria de palabras, es decir, esto lo definimos en nuestro idioma como un pleonasmo o, también, como una tautología -no en el sentido matemático, de toda proposición verdadera-, sino en el sentido común de una “repetición innecesaria de palabras”.

Anotemos que partimos de la idea de que toda persona tiene la libertad irrestricta de hablar con las palabras que mejor le convengan, pero en el caso de los maestros y profesores, entre otras profesiones, esta libertad tiene que matizarse, tratando de utilizar las palabras más precisas y necesarias para brindar la mayor claridad posible. También, aquí cabe la idea de la brevedad citada en el adagio, vigente en nuestros días, del escritor español Baltasar Gracián: “Si lo bueno breve, dos veces bueno”.

Cuando hablamos de pleonasmos, surgen los más evidentes y conocidos como: “subir  arriba” o “entrar adentro”, que al oírlos en personas preparadas y cultivadas, no dejamos de sentir un poco de pena ajena. Si revisamos la expresión analizada en otros idiomas, encontramos que en varios de ellos siempre es una palabra, por ejemplo: “environment”, en inglés; “environnement”, en francés; “umfeld”, en alemán; “huánjìng”, en chino, y “ambiente”, en italiano, este última, creo yo, es la única palabra que deberíamos emplear en nuestro idioma.

Si ustedes me lo permiten, concluyo con una ingenua ironía. En México, tenemos una Secretaría del Medio Ambiente. Creo que necesitamos otra para que, sumadas las dos, tengamos una secretaría del ambiente entero.

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Del cogobierno a la Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes

Ramón Vargas Salguero

Muchos alumnos y profesores aprovecharon la nueva circunstancia creada por las condiciones externas e internas recién creadas por la estela del 68 y surgieron, tumultuosos, apasionados y rebeldes exigiendo solución a sus problemas.

¿Qué pretendía el Cogobierno de la Escuela de Diseño y Artesanías? ¿Cuáles eran las metas y valores que tenían en mente transformar y aplicar de tal modo que pudieran convertirlos en realidad? ¿A través de qué medios sería posible alcanzarlos y consolidarlos? Y, de fundamental interés ¿Cuáles fueron las condiciones que le facilitaron a alumnos y profesores de la, hasta ese momento todavía Escuela de Diseño y Artesanías, modificar de base su estructura académica, para a partir de ella concebir y dar a luz una nueva escuela?

Afortunadamente los estudiantes de la EDA no tenían heridas que restañar. La masacre había tenido lugar cuatro años antes y ello los libró del pánico de echar a correr despavoridos por pasillos y escaleras tocando todas las puertas a su paso a fin de clamar por refugio en alguno de los departamentos del conjunto habitacional en el que minutos atrás se encontraban compartiendo gozosos la anunciada manifestación exigiendo mejoras académicas.

Lo que convirtió a la Plaza de las Tres Culturas en un infierno fueron las descargas y los tronidos ensordecedores de las ametralladores y rifles que no acallaban los gritos estentóreos de estudiantes y soldados junto con las imprecaciones y rezos de unos y otros, donde las mentadas de madre se hermanaban con la invocación al Padre Nuestro y el ulular de las ambulancias que ya estaban ahí mezclándose con los camiones del ejército que con toda rapidez se llevaban montones de muchachos al Campo Militar No.1, como bien lo sabía todo el mundo, como también sabía cuál iba a ser su suerte. Fue la tarde y la noche del 2 de octubre de 1968; que no terminó con la pronta llegada de una noche tenebrosa ocupada en el recuento de los heridos y los muertos, que iban a abultar la bolsa infinita de la memoria. Noche de pánico que se convirtió en un parteaguas en la vida del todavía entonces Distrito Federal. Por primera vez los jóvenes tomaron las calles e hicieron oír su voz, sus demandas, sus ideas y sus planteamientos. Los carteles y poster’s del movimiento eran arte de difusión, información y rebeldía. La gente en las manifestaciones aplaudía y alentaba el movimiento. Las discusiones en las casas eran cosa de todos los días, cuando antes las familias ni siquiera hablaban. Los hijos empezaron a decir no a sus padres, cuando no estaban de acuerdo. Estar en las asambleas era lo más importante en la vida. Las huelgas y el cierre de escuelas se propagaron cómo el fuego en el pastizal seco. En cada escuela había comités de lucha. La UNAM fue la casa del movimiento, ahí estaba la cabeza, la discusión, los jóvenes decidiendo, argumentando, proponiendo un cambio en el momento que nos había tocado vivir. Se creó el frente unido de escuelas de arte: el Conservatorio Nacional de Música, la Escuela Nacional de Música, La Esmeralda, la Escuela de Danza, todos dejaron atrás lo clásico y se lanzaron a la canción protesta, a tocar, bailar y pintar en las calles. La mezclilla y los morrales eran casi un uniforme. Las corretizas de los granaderos eran el pan de cada día. Las cosas estaban cambiando y se notaba: Nunca más un mundo sin la participación de los jóvenes estudiantes.

¿QUÉ HACER?

Después de dar sus primeros pasos en 1956 como Centro Superior de Artes Aplicadas en 1961, a instancias de Carlos Lazo Barreiro y Raúl Cacho, se comisionó a José Chávez Morado para que organizara la Escuela de Diseño y Artesanías a fin de impartir cursos artesanales y una carrera de diseñador artesanal, a la manera de la Bauhaus, que empezó a funcionar en 1962. En 1964 se dividió entre los artesanos y una carrera de diseño artístico industrial que empezó a funcionar en ese mismo año, con el propósito de darle continuidad a la rica experiencia acumulada con las obras de Ciudad Universitaria.

            Por su peso caía que, aunque claramente diferenciados los dos grandes sectores de la EDA, la separación entre ellos no se podía subsanar de modo que cada una se vinculara y enriqueciera con las concepciones de la otra. Ni los artesanos que tenían a su cargo el trabajo de los talleres, ni los salones donde se desplegaban las clases eran recíprocamente empleados.

            Esta situación, de hecho, también era reforzada por la mayoría de los propios alumnos, muchos de los cuales tenían claramente definidos sus intereses profesionales. Y el hecho de que en la Escuela se enseñara a producir objetos de barro, de vidrio, de plástico, de madera, de esmalte, de estambre, de textiles, aunado a que, por tanto la Escuela estaba obligada a proporcionar anualmente una cantidad básica de materia para realizar los ejercicios, llevaba a que los talleres frecuentemente carecieran de material y fueran tomados no para a través de la práctica mejorar el domino del diseño y de la producción, sino que buena parte de los productos elaborados eran destinados a la comercialización inmediata.

PRIMEROS PASOS

            Pero con todo y ello la Escuela iba trabajando con más o menos buenos resultados sin que los maestros y los alumnos aspiraran a un título profesional, ya que sólo un porcentaje limitado de ellos había cumplido con los estudios de Preparatoria. Así las cosas, en la Escuela se respiraba una calma chicha que sólo rompían percances sin mayor trascendencia.

            ¿Qué pasó que una buena mañana nos encontramos con la voz altisonante del Director exigiendo que lo dejaran pasar a su cubículo cuya puerta la cerraba una alumna que ya le había puesta una cadena para impedírselo? ¿Qué pasó que en vez de que las aguas volvieran a su cauce, más pronto que tarde ya se estaban vaciando los talleres y los salones y la voz de “¡Asamblea, Asamblea!” empezaba a resonar por todos los rincones? Pues quién sabe, pera ya íbamos todos al Salón de Ceremonias a que la Asamblea nos enterara qué estaba pasando. El Director, ya se había ido y nadie sabía quién había convocado ni qué se iba a tratar. Pero el Salón ya estaba lleno y la algarabía era mayúscula y, por supuesto, no había quien se responsabilizara del llamado. Poco a poco las aguas volvieron a su curso y la Asamblea ya estaba cierta de que se trataba, nada más ni nada menos, ¡que de sustituir al Director! ¡Se nos convocaba, de manera atropellada, a proponer candidatos para ¡SUSTITUIR AL DIRECTOR! ¿Quién? ¿Por Qué? Pues nadie se hacía cargo, pero ya se levantaban manos para proponer a angas o mangas y angas o mangas ya estaban diciendo el tipo de Escuela que proponía aderezada por otras materias y otras reglamentaciones y cómo su propuesta era la mejor en que se podía pensar. Entre todas las propuestas, se mencionó a dos profesores, Ricardo Flores Villasana y Pedro Preux respectivamente, que contaban con experiencia, y que expusieron sus puntos de vista, pero no encontraron eco y sí, mucha algarabía, que continuaba. ¿Qué dije yo cuando me tocó el turno de exponer mis puntos de vista en esa elección sui generis que sin tener mucho conocimiento de la burocracia, ni de las leyes y reglamentos, sí sabíamos, los que estábamos a punto de elegir nuevo Director, que eran las Autoridades de Bellas Artes las únicas que estaban autorizadas para designar funcionarios? Pues quién sabe; pero cuando llegó el momento de levantar la mano para votar, resultó ¡ que yo fui elegido por la mayoría de la Asamblea para ser el nuevo Director de la Escuela de Diseño y Artesanías.! Sin embargo, en medio de la vocinglería que no cesaba logró escucharse, al momento de estar enunciando propuestas para mejorar la enseñanza de la EDA, que alguien logró hacer escuchar su voz para pronunciar en tono suficientemente alto como para ser tomado en cuenta e impuesto como consigna: ¡AUTOGOBIERNO! Pero ya nadie pareció escucharla pues acto seguido nos estábamos encaminando al Palacio de Bellas Artes para informarle al Director del INBA, arquitecto Luis Ortiz Macedo el resultado de nuestra elección y la solicitud de que él, como Director del INBA, la ratificara.

            ¿Qué habrá pensado Ortiz Macedo cuando se vio forzado a bajar a la Sala Ponce repleta de alumnos y profesores escandalosos que no tardaron en ponerlo en antecedentes y en persistir en que refrendara la designación que se le estaba comunicando, sin más? Ya no me acuerdo, pero se llegó a un acuerdo según el cual yo quedaba como “interino” o algo similar, el caso es que regresamos alegres y triunfantes a brindar a la escuela. Había transcurrido dos o tres horas para que la enigmática palabra transformada en COGOBIERNO, cobrara carta de ciudadanía y aun careciendo de pasaporte, porque nadie sabía lo que significaba e implicaba, ya había sido adoptada. Tampoco hizo falta mucho tiempo para que fuéramos dándonos cuenta de en la que nos habíamos metido.

            Conversaciones iban y venían con los jefes de los talleres de maderas, plásticos, vidrio, cerámica, esmaltes, textiles y plata, a fin de ir interiorizándome en la complejidad de la escuela, misma que aumentaba cuando emprendí la misma reunión con los profesores integrantes de la carrera de diseño. Y los problemas se multiplicaron al asumir que los alumnos, además de quejarse de que la escuela no les proporcionaba los materiales que constituían la materia prima de sus talleres, aspiraba que, al terminar sus estudios se les entregara un título. ¿Un título? ¿Profesional? ¿Título sin haber cursado la Preparatoria? ¿Y cómo podían cumplir con este nivel, irrecusable, de estudios, ahora que ya habían abandonado la escuela de estudios básicos? Y el descontento aumentaba entre los alumnos que tal vez imaginaban que el Cogobierno les resolvería su nivel académico. Y otro tanto acontecía con los profesores que se vieron conminados a elaborar sus programas de materia y a partir de ellos el nuevo plan de estudios, mismo que empezaba exigiendo el nivel de preparatoria. Y para completar medianamente la circunstancia que vivimos movidos por el afán de convertir a la EDA en una Escuela de Nivel Profesional que expidiera títulos equivalentes a los que extiende la UNAM o el POLI, no puedo dejar de mencionar la campaña acerva, evidentemente pagada, que desplegó el señor Deschamps de la Sección Cultural del Diario Excélsior, que un día y otro también sacaba artículos tildándonos de estar difundiendo el comunismo y planteando el peligro que representaba mi plan de estudios.

            Las vicisitudes se multiplicaron, pero contando con la ayuda de nuevos profesores, y dirigiéndonos a las oficinas de la SEP, logramos que se le concediera a la EDA el reconocimiento de su nivel profesional. ¡Al fin ganamos!

A CINCUENTA AÑOS DE INICIADA LA LUCHA POR UN COGOBIERNO,

¿Qué ha sido de tanto afán?

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La emergencia del Autogobierno en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM

Por José Víctor Arias Montes

A partir de los acuerdos de la asamblea del 11 de abril de 1972, en los talleres de la Escuela Nacional de Arquitectura (ENA) de la UNAM se generó un gran entusiasmo por discutir y analizar la situación interna y externa, tanto en los aspectos académicos y administrativos como en los políticos e ideológicos. La participación creció aún más cuando se conocieron los acuerdos de la asamblea del día 18 convocada por las propias autoridades, donde se ratificó la destitución del director y de todo su aparato académico administrativo. Ahora, la escuela sin autoridades debía ser reestructurada con la participación de toda la comunidad que deseara hacerlo. Y, como producto operativo de esas asambleas, se nombraron dos comisiones: la de información y la de promoción y recepción de las propuestas de transformación.

Sin embargo, es importante señalar que antes de estas asambleas no se había planteado públicamente la destitución de las autoridades, ni tampoco la búsqueda de una nueva estructura. También conviene anotar que el concepto Autogobierno no figuró en ninguna de las discusiones desarrolladas anteriormente, bien fuera en encuentros de los grupos académicos o en asambleas. Lo que si era cierto, es que en la confrontación del Gobierno con el Rector sí se generó un ambiente ríspido que él mismo señaló el riesgo de que se percibiera que la UNAM era incapaz de autogobernarse a sí misma.

Por ello es que el trayecto espontáneo del movimiento había generado tal radicalidad que cualquier idea o argumento antiautoritario, era fácilmente aceptado e impulsado como acuerdo; y también, que tanto el Comité de Arquitectura en Lucha (CAL) como el Colegio de Profesores estaban discutiendo y analizando la situación de la ENA, principalmente en los ámbitos académico y político, pero no la reestructuración de la misma. El CAL centraba mucho la discusión en articular la enseñanza, principalmente de proyectos, con la realidad del país con base en su experiencia en el Taller Experimental de Métodos Cuantitativos de Diseño; el Colegio centraba la suya en el campo de la Teoría y en algunos aspectos de la autogestión también en función de su propia experiencia docente. No obstante, resulta cierto que a pesar de que no se contaba con un proyecto de transformación específico sí se contaba con la experiencia académica y política suficientes que facilitaba el trabajo en las bases, sobre todo porque se partía del reconocimiento de sus problemas y aspiraciones y porque tanto el CAL como el Colegio eran parte de la base misma. Ambos, además, habían desarrollado ya planteamientos que, aunque limitados, apuntaban hacia ciertas reformas académicas, políticas y administrativas, pero no de la envergadura de lo que vendría después.

De cualquier forma, la semilla que se había sembrado años atrás empezaba a dar sus primeros retoños. Las ideas desarrolladas en años anteriores y las generadas por el CAL y el Colegio estaban ahora presentes, articulándose una con otra, espontáneamente; pero, quiérase o no, construyendo el andamiaje de lo que en unas semanas más se llamaría Autogobierno con una gran influencia de las ideas anarquistas pregonadas por algunas de las principales cabezas del movimiento y por lo que el rector Pablo González Casanova señalaba en sus discursos.

El acuerdo de que la discusión de transformación de la ENA se trasladara a los talleres, resultó todo un éxito. Nuevamente, como en 1968, los profesores, estudiantes y trabajadores discutían por igual; cada quien aportando elementos para el análisis y haciendo propuestas concretas que, poco a poco, pero en muy corto tiempo, daban sus primeros frutos. La Comisión Voluntaria que se nombró en la Asamblea del 11 de abril recibía las propuestas de los diversos talleres; en todas se coincidía en una reestructuración académica, con objetivos precisos y con la ampliación de la participación democrática de todos los miembros de la ENA en los órganos de gobierno de la misma. El Órgano Informativo de la Asamblea (OIA) reproducía sus acuerdos, imprimiendo cientos de volantes para que todos las conocieran y las sumaran a las discusiones en talleres y grupos académicos:

Alumnos y profesores del Taller “A” remarcaban:

…OBJETIVOS GENERALES: 1. Educación dentro de un contexto real… 2. Concientización por medio de la actitud crítica y autocrítica… 3. Educación en base al diálogo constante… 4. Praxis en la educación… 5. Que la enseñanza se dé en base a totalizaciones…[1]

[1] “Estudio que se presenta a la asamblea”, Taller “A”, ENA-UNAM, s/f, 1p.

Alumnos del Taller “C”:

Queremos una educación que nos transforme en hombres capaces de realzar el cambio, los cambios. Queremos una educación que nos vincule con los obreros, con los campesinos, con los marginados, con el pueblo que necesita arquitectura. Queremos una educación en que todos dialoguemos y participemos, pues solo entre todos podremos cambiar la actual y miserable realidad. Lucharemos unidos en contra de nuestros enemigos. Los enemigos del pueblo.[2]

[2] “Alumnos del Taller “C”, Órgano informativo de la asamblea plenaria de la ena, número 1, ENA-UNAM, mayo de 1972, p. 4.

La Comisión informativa del Taller “F” denunciaba y exigía:

…1. La desaparición de las listas como elemento de control represivo… 2. La evaluación conjunta de los trabajos, provocando una crítica y autocrítica justas. 3. El cuestionamiento de los temas de trabajo y fechas de entrega… 4. El reconocimiento y aceptación de la Asamblea Resolutiva…[3]

[3] “A la asamblea resolutiva”, Taller “F”, ENA-UNAM, s/f, 2 pp.

El Taller “H” anunciaba:

…Manifestamos nuestro apoyo a las ideas planteadas en las Asambleas para el mejoramiento académico y administrativo de nuestra escuela… Proponemos que se formen de inmediato comisiones paritarias en cada uno de los Talleres, conjuntamente con todos los Departamentos, para lograr una representación efectiva de toda la Escuela de Arquitectura que se avoque a estudiar los problemas planteados y las soluciones a los mismos…[4]

[4] “Los alumnos, profesores y personal administrativo del Taller H”, ENA-UNAM, 17 de abril de 1972, 1 p.

El Grupo 2 de primer ingreso:

Cada alumno tendrá libertad para elegir a su asesor… Los asesores tendrán libertad de cátedra, comprometiéndose a cumplir los acuerdos del grupo en asamblea… Se harán sesiones obligatorias periódicamente de carácter informativo y resolutivo en las cuales se reunirán los asesores con sus alumnos con el fin de coordinar el trabajo del grupo…[5]

[5] “A la comunidad de la ENA”, Grupo 2 de Primer ingreso, ENA, s/f, 1 p.

El Colegio de Profesores declaraba y proponía:

…MANTENER una constante actitud de apoyo para que los mecanismos administrativos y educativos sean resultado de las determinaciones que se establezcan por todos los miembros de la comunidad de la ENA… Estar dispuestos a implementar activamente esos mecanismos de tal forma que conduzcan a una reactivación de la vida democrática y libre dentro de la universidad… En base a los objetivos generales emanados de la asamblea proponemos: mantener la asamblea como órgano resolutivo y directivo… De esta asamblea emanarán 45 miembros alumnos, profesores y empleados en relación orgánica con sus actividades, (20 alumnos, 2 por semestre, 20 profesores 2 por departamento, escuela de diseño industrial, Instituto de Investigaciones, División de Estudios Superiores y 5 empleados) los cuales formarán un concejo ejecutivo de carácter rotativo…[6]

[6] “A la comunidad de la ENA”, Colegio de Profesores, s/f, 3 pp.

El CAL también realizó su propuesta:

…1. La educación será encaminada a la transformación de la realidad social partiendo estrictamente de esto y no de abstracciones. 2. Propiciar el diálogo de manera crítica… 3. La adquisición del conocimiento científico deberá emanar de la realidad social cotidiana… 4. El proceso de adquisición de conocimientos se establecerá mediante el alcance de objetivos particulares de profundidad graduada… La estructura funcional se basa en el gobierno de la comunidad por medio de la asamblea plenaria… Las decisiones académico‑burocráticas se efectuarán por medio de un mecanismo formado por un administrador de empresas… Las decisiones académicas y todas las que no sean administrativas se llevarán a cabo por comisiones delegadas de la asamblea… Cada Taller estará federado a los otros talleres…[7]

[7] “El Comité de Arquitectura en Lucha propone la siguiente estructura”, CAL, s/f, 3 pp.

En unos cuantos días, la Comisión especial se llenó de trabajo y apresuró la síntesis de todas las propuestas para presentarlas a la Asamblea Plenaria. Parecía que el tiempo regresaba unos años antes, pero lejos de volver lo que se reflejó en todas esas propuestas fue que las ideas expresadas en aquellos tiempos aún permanecían frescas y actuales, así que no costó demasiado esfuerzo rehacer el discurso para la construcción de una escuela distinta con la participación autogestiva de la comunidad. Una institución universitaria cuya base formativa descansara sobre la atención a las necesidades del pueblo, de ése que no tenía los recursos para costear los servicios de un arquitecto y con ello participar de la transformación social no solo de la profesión sino también del ámbito académico universitario por medio de una educación científica, dialogal, crítica y autocrítica, totalizadora y alimentada por la praxis y, sobre todo y fundamentalmente, inserta en la realidad. Pero además, esa institución buscaba organizarse con base en una estructura democrática cuya autoridad descansara en la decisión de todos sus integrantes quienes fijarían los objetivos de enseñanza y aprendizaje de esos hombres capaces de realizar el cambio.

La ENA estaba de fiesta, las bases habían dicho: ¡Todos al poder! Y ni quién dudara que en esos momentos, efectivamente, el poder había sido tomado. ¿Cómo era posible que en una escuela dónde no existían organizaciones o partidos políticos, como en Economía o en Ciencias, las bases se organizaran y tomaran el poder de esa manera?

Inicialmente, el CAL por medio de un cartel y del periódico Basta! y de un volante, resumió magistralmente esa toma del poder por medio de dos dibujos cuyo tema central es una silla, la del poder. En la primera se muestra ésta toda destartalada, destruida por el tiempo y las circunstancias, sin mantenimiento, rodeándola un sinfín de estudiantes prestos a repararla y ponerla bonita; la segunda, la más publicada, con esos mismos estudiantes ha quedado totalmente reparada y lustrada, lista para que todos se suban y se sienten en ella y asuman el poder, lo hagan suyo y lo compartan. Esa era, sin duda, la mirada festiva de la toma del poder que no tiene otro interés más que el de arreglar las cosas y tratar de componer el mundo, aunque ese mundo fuera tan pequeño como la ENA.

Cartel en color pegado en una columna, con la silla destartalada del poder. Dibujo “Todos al poder”, con la silla del poder ya restaurada por la comunidad. Al otro lado de la hoja se imprimió el acuerdo de la asamblea del 11 de abril de 1972. Archivo: JVAM

Por eso, todas las propuestas presentadas tuvieron un primer común, que giraba en torno a la participación de la comunidad de la ENA en la toma de decisiones y que se resumía precisamente en el mantenimiento de la Asamblea General como máximo órgano resolutivo y ejecutivo; la del poder de la mayoría

Y no podía ser de otra manera: en los grupos académicos de materias había sido verdaderamente difícil convocar a reuniones o asambleas amplias. Pero fue en los talleres donde más se pudo concretar la posibilidad de reunión, no sin antes enfrentar la actitud poco amigable de los Jefes de Taller y de los maestros de proyectos, y porque fue ahí en dónde los alumnos tuvieron la oportunidad de enlazar su problemática individual con la de otros y porque ésta se hacía cada vez más común. Por eso, los talleres resultaron ser el elemento inicial de aglutinamiento y discusión de la problemática académica y administrativa y el espacio que permitió la elaboración colectiva de sugerencias y propuestas para que después todos decidieran qué hacer o por dónde caminar.

De esta forma, la Asamblea Plenaria o Asamblea General nacía con ese carácter aglutinador de fuerzas inconformes ante una situación altamente represiva y limitativa al desarrollo profesional. Nacía no como un invento populachero o demócrata del CAL o del Colegio de Profesores, sino como la necesidad de conjuntar, analizar y decidir colectivamente sobre problemas comunes. Nacía con un puñado de alumnos y profesores inconformes y se convertía, poco a poco, en una instancia de poder y en un espacio liberador que brindaba la posibilidad de convertir a todos en sujetos, capaces de participar, con todas sus cualidades, en un proceso democrático.

Se recordará, incluso, cómo entre 1970 y 1971 las asambleas convocadas para analizar y discutir los problemas crecieron en número y participación. Es decir, la Asamblea se fue constituyendo en un espacio de libertad donde se podía participar sin temor alguno.

Así que la Asamblea Plenaria, ante la ausencia de esos espacios, y ante la alta dispersión del conocimiento del currículo académico, fue rápidamente aceptada, valorada y refrendada por la comunidad de la ENA. Al no existir entre tanto grupo académico un espacio que aglutinara toda esa fuerza dispersa, la Asamblea lo lograba y daba cauce a ésta por medio del ejercicio democrático directo. Las condiciones específicas por las que atravesaba la ENA crearon entonces las condiciones necesarias para que la Asamblea Plenaria se convirtiera en el gobierno de la comunidad y que en ella recayera la máxima autoridad de decisión y dirección del movimiento.

El segundo común resultó ser, sin duda, el relativo a que todos los órganos nombrados en Asamblea encargados de llevar adelante diversos acuerdos tendrían estrictamente un carácter ejecutivo, es decir, que no podrían tomar decisiones por sí mismas si antes no eran discutidas y aprobadas en Asamblea.

Diversas propuestas giraron en torno a este carácter, desde las que proponían que fuera un “concejo ejecutivo” o un “administrador de empresas” donde irremediablemente aparecía, en todas ellas, no entregar la autoridad a persona o grupo que no dependiera de la propia Asamblea Plenaria.

Así, con ese carácter, fueron nombradas las primeras comisiones: la Comisión Académico‑Administrativa (CAA), la Comisión Académico‑Pedagógica (CAP) y el Órgano Informativo de la Asamblea (OIA). A cada una se le dio una tarea específica, y no hubo impedimento para que participaran en ellas las personas que así lo desearan.

La CAA y la CAP se avocaron rápidamente a plantear propuestas para la realización de cursos de regularización para los alumnos irregulares, y solucionar el problema de los 32 alumnos rechazados que conformaban el Grupo 16 de primer ingreso, y que hasta ese momento seguía tomando sus cursos regularmente. Pero quizá lo más importante y determinante realizado por estas comisiones de trabajo (como se les consignaba en el primer documento enviado a Rectoría) fue el hecho de articular y coordinar los trabajos académicos y administrativos propios de cada taller, pues para ese momento las “autoridades” de la ENA habían amenazado con que no habría reconocimiento de calificaciones ni envío de actas para los talleres y, mucho menos, pagar a los profesores que estuvieran apoyando al movimiento.

El tercer común de las propuestas se centró, o más bien partió, del reconocimiento de mantener la estructura de talleres que hasta ese momento se encontraba vigente en la ENA pero con la característica de que esta fuera federada. Sumado a ello, se introdujo una modalidad —que ya años antes se había practicado—: llevar todas las materias en los talleres, es decir, que se abolía la estructura de sólo llevar Proyectos en éstos. Pronto, los profesores que impartían materias “sueltas” se fueron agrupando en los talleres de su elección o por simpatía o amistad con los profesores de proyectos. En menos de dos meses los talleres tenían nuevamente una estructura interna más acorde con los postulados de la integralidad y totalización y de la naciente estructura académica y administrativa. Máxima autoridad: Asamblea Plenaria; órganos ejecutivos internos: elegidos democráticamente; y, sobre todo: nuevos talleres integrales con una visión de articulación con las necesidades del pueblo.

La lucha apenas empezaba. El haber dado un paso tan firme y tan apabullante, resultó ser la mejor arma para el movimiento, es decir, el haber reestructurado los talleres en esa forma tan rápida y sorprendente dejó a los adversarios con la boca más que abierta pues nadie esperó nunca una respuesta tan radical y certera. El movimiento estaba transitando de una lucha espontánea y de reivindicaciones inmediatas a un movimiento organizado y programático. La toma del poder entonces adquirió una connotación realmente novedosa: la de tomar el poder para proponer, para discutir y para decidir autogestivamente organizados en autogobierno. No era solamente la toma física de las instalaciones, sino la toma de conciencia de que quienes participaban en el movimiento  tenían el poder suficiente no sólo para reunirse y platicar sino para razonar y hacer lo que ellos decidieran en común acuerdo con la comunidad toda. El poder desde abajo adquiría su más amplio sentido: la democracia directa.

El proyecto se dibujaba como un croquis con cierta claridad: autogestión académica y pedagógica en una estructura de autogobierno, vinculado a las necesidades del pueblo.

No había más, y así se hizo.


Boletín “Hacia una nueva escuela de arquitectura” del Grupo Arquitectónico Linterna, ENA-UNAM, abril de 1972. Archivo: JVAM

Destacada

Aquel 18 de abril

J. Víctor Arias Montes

Ha transcurrido una semana desde la realización de la asamblea plenaria del 11 de abril de 1972, día en que se empezaron a organizar, tanto en los talleres como en los grupos académicos de materias, los profesores y alumnos que habían decidido transformar la Escuela Nacional de Arquitectura (ENA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Desde la base misma se empezó a organizar el movimiento, y desde ahí se dirigía. Base y vanguardia eran un sólo cuerpo, en una sola dirección. Los intereses y las reivindicaciones eran comunes. La actitud autogestionaria se hizo presente con fuerza inusitada: académicos, estudiantes y trabajadores sin distinción alguna y espontáneamente lanzaron al vuelo la utopía de una nueva escuela.

Expresión gráfica del movimiento democratizador de la ENA, desarrollada por los estudiantes agrupados alrededor del Comité de Arquitectura en Lucha (CAL). Todos estos carteles fueron únicos, pues ninguno se reprodujo por ningún medio. Fotografías: JVAM.

Además, desde ese momento se reconoció en la asamblea plenaria al órgano de decisión de más alta jerarquía dentro de la ENA, capaz de amalgamar los más diversos intereses de profesores, estudiantes y trabajadores para encontrar una  nueva orientación académica acorde con… la realidad de nuestro pueblo y nuestro país…, planteándose ahí mismo la necesidad de… dar a la Escuela una nueva estructura que genere un desarrollo dinámico, permanente y democrático… Mientras tanto, la dirección no sabía qué hacer; llamaba al respeto, a la legalidad y llamaba también al diálogo. Pero ya nadie quería escucharla, ya pocos creían en ella; tantas subestimaciones y tantas promesas no cumplidas, daban la razón a la comunidad sublevada en busca de nuevos horizontes.

En los talleres las contradicciones se agudizaron rápidamente y los seguidores de las autoridades eran expulsados o bien, como en la mayoría de los casos, salían por su propia voluntad al ver que su “autoridad” se desmoronaba a la primera crítica de alumnos y profesores.

Con todas las condiciones adversas la dirección decidió jugarse el todo por el todo convocando a una nueva asamblea para el día 18 de abril. La convocatoria causó asombro; primero, porque la propia dirección se había negado a participar en todas las asambleas pasadas y, segundo, porque en esos momentos eran una evidente minoría. Las discusiones en los talleres giraban en torno a la participación o no en dicha asamblea. Pero la decisión fue unánime: se participaría y argumentaría a favor de las decisiones tomadas y en la necesidad urgente de dotar a la ENA de una nueva estructura.

Llegó el día. Inicó la asamblea el 18 de abril de 1972 a las 17:00 horas. Se dice que son cerca de 2 mil personas, otros más dicen que son más de 3 mil…. Pero no son tantos; la asistencia es igual o un poco mayor a la del 11 de abril. Como en ocasiones anteriores, butacas, corredores, foro, todo está totalmente lleno. Se nombra la Mesa, con profesores y alumnos propuestos por la dirección; personal de su confianza.

La discusión comienza. Hay promesas; se reconoce la necesidad de un cambio, pero no hay compromiso. Hay cuestionamientos y el ambiente se torna cada vez más tirante; de un lado y de otro se ofrecen argumentos. Hay madurez en el inicio, pero poco a poco las personalidades que apoyan a la dirección pierden sus elegantes argumentos y su locución se torna agresiva, sarcástica y provocadora. Mientras, los de acá, con esa frescura que da la naturalidad empiezan la embestida; se denuncia, se leen papeles, se citan acuerdos no cumplidos del Consejo Técnico, se señalan favoritismos, se recuerda el Congreso fallido para cambiar el Plan de Estudios, el camión, la biblioteca, el 68… En fin, se ofrecen los mejores y más contundentes argumentos para que se respeten los acuerdos tomados, especialmente los del 11 de abril.

Cada intervención de denuncia se gana los aplausos; los chiflidos y los abucheos se van escuchando para los que apoyan a las autoridades. Los maestros han perdido los estribos, han caído en su propia provocación. El final se acerca; el director se encuentra más y más acorralado, ya casi no responde. La impotencia y desesperación de no poder ofrecer argumentos convincentes acaban derrotándolo. Molesto, abandona la asamblea, en medio de una atronadora rechifla y rechazo por su actitud. Inmediatamente los que lo apoyan salen también, entre silbidos y aplausos.

Hay un aparente desconcierto en los que se quedan; se pide orden y que se acomoden los que están parados y en las escaleras, pues hay algunos asientos vacíos. Se exige a la Mesa que continúe la asamblea; no le queda otra opción más que seguir dando la palabra. Alguien, con demasiada inteligencia, propone que se levante el acta ratificando los acuerdos pasados, los del 11 de abril. Se da una pequeña discusión, pero ya todo está consumado. La Mesa se muestra en principio renuente a levantar el acta, pero la presión de los asistentes pesa más que su voluntad. Pasan ya de las 21:00 horas y la Mesa empieza a redactar el acta; el tiempo pasa y pasa, sin sentirse. De pronto, cerca de las 23.00 horas, la Mesa, nerviosa y deprimida, da lectura al acta:

ACTA DE ASAMBLEA PLENARIA. Abril 18 de 1972.

La asamblea en pleno, de alumnos y profesores, convocada por dirección de la E.N.A., el día 18 de abril de 1972 a las 16.00 hs y terminada a las 21.00 hs; acuerda y ratifica, las decisiones siguientes; tomadas de las anteriores asambleas plenarias.

 1. La renuncia de las actuales autoridades de la E.N.A. por la deficiencia e inoperancia en el desempeño de sus labores, enumerándolas a continuación según sus cargos:

Director de la E.N.A. Arq. Ramón Torres M.

Secretario,

Jefes de Departamento.

Jefes de materia.

Jefes de Taller.

Concejo (sic) Técnico.

Comisión de Servicio Social y examen profesional.

Consejeros Técnicos profesores.

Consejeros Universitarios alumnos y profesores.

Jefe del Instituto de Investigaciones Arquitectónicas.

Jefe de y Cuerpo administrativos de la división de estudios superiores de Arq.

Jefe del laboratorio de estructuras laminares.

Oficina de Administración Académica y cualquier otro organismo dependiente de la Administración de la

E.N.A.

Testigos:

Arq. José Luis Calderón. Jefe del depto. de Construcción.

Arq. Raúl Kobeh H. Consejero Universitario, profesor de la ENA, Consejero Técnico.

Alfonso Nápoles Salazar. Jefe del Taller “C”.

Juan Antonio García Gayou. Jefe de Materia Diseño I (matutino).          

Fernando Llamas. Alumno.

Jorge S. Vargas. Alumno.[1]

[1] “Acta de Asamblea Plenaria”, ENA-UNAM, 18 de abril de 1972, manuscrito, 2 p.

Acta de Asamblea Plenaria del 18 de abril de 1972, ena-unam, manuscrito, 2 pp. Archivo: JVAM

Una  atronadora ovación se escucha en el auditorio; aplausos, abrazos, miradas incrédulas… el tiempo transcurre rápido, el teatro “Genaro Vázquez” se va quedando vacío. Todos hacen comentarios, ríen, cuentan… No bastaron los argumentos a favor de la “legalidad universitaria” esgrimidos por la dirección, y ni siquiera los llamados de respeto a la “autoridad”, ni tampoco que el director hubiera querido manejar sentimentalmente la situación al haber hecho referencia de que él, conjuntamente con muchos otros profesores, habían apoyado al movimiento estudiantil de 1968, aunque claro, como él mismo lo señalara, el “apoyo” no fue como muchos lo hubieran querido “por situaciones obvias”. No, no bastaron los argumentos esgrimidos por las autoridades; ninguno tenía ya un ápice de credibilidad.

Mientras tanto el CAL como el Colegio de Profesores, habían recorrido un largo camino ganándose el apoyo de las bases, logrando articular el movimiento particular con el movimiento universitario y nacional por la democratización de la enseñanza. La autogestión tenía aquí su primer fruto, con un sabor dulce, nada amargo, que todos disfrutaban en esos instantes. En esta situación específica, el movimiento adquirió tanta fuerza y apoyo que se convirtió en un verdadero movimiento de masas que difícilmente podía ser derrotado en esos momentos. Las bases, heridas en sus sentimientos por ese trato que en todo las subestimaba brindaban una gran lección de lucha al movimiento democratizador: habían roto los lazos de la opresión burocrática sobre la academia. Ahora, faltaba lo más difícil: consolidar el movimiento y reestructurar la escuela.

Como se habían tomado los talleres y las clases no se suspendieron,  se organizaron y desarrollaron las primeras asambleas para reorganizarlos y participar en las discusiones generales. Muy rápido se constituyó una estructura paralela de talleres que enfrentaba diariamente a quienes se oponían al cambio. El Taller “A” se convirtió en el Taller “1”, el “B” en el “2”, y así sucesivamente hasta llegar a ocho. Así fueron surgiendo los talleres integrales, con nuevos planteamientos e ideas: los talleres de número. Los que no estuvieron de acuerdo con el movimiento, los menos, conservaron momentáneamente sus talleres con su respectiva letra. A esa naciente estructura se sumó el Taller Experimental, adoptando, por unanimidad, el número 6.

La crisis había hecho explosión. Alumnos y profesores se lanzaron a la conquista de lo que parecía imposible: democratizar la ENA. Ahora, luchar por el reconocimiento y legalidad del movimiento y sus reivindicaciones se convertía en un objetivo más que necesario.

Pocos creyeron que el movimiento pudiera lograr algún éxito, pero rápidamente se fueron sumando más profesores, estudiantes y trabajadores descontentos con las autoridades y, poco a poco, se fue construyendo una de las corrientes autogestivas más importantes y significativas al interior de  la UNAM.

Efectivamente, no podía ser de otra manera: en una escuela tradicionalmente autoritaria, apática y en constante decadencia académica, la alternativa tenía que encaminarse a precisamente revolucionar la estructura en su conjunto y a revalorar las formas de relación y participación de la comunidad. La propia dinámica del movimiento, los antecedentes de 1966, 1967, 1968 y 1971, las corrientes ideológicas propias de esos años, el contexto en el que éste surgió y se desarrolló y las características particulares de los individuos y grupos que participaron en él, crearon las condiciones necesarias para que éste avanzara y se desarrollara en ese preciso momento y no en otro.

En ese ámbito precisamente, tanto interno como externo, emergía un movimiento democratizador de gran alcance; no como capricho político o idea preconcebida de una, dos o tres personas, sino como necesidad histórica de una institución en crisis; no como un movimiento aislado y aventurero, sino como un movimiento articulado y alimentado por los sentimientos de un pueblo reprimido. Un movimiento espontáneo y de reivindicaciones inmediatas se estaba transformando en algo que nadie imaginaba. Y no fue tampoco, como muchos piensan, un movimiento solitario y desencajado del movimiento general por la democratización de la enseñanza; más bien fue parte integrante de éste y a él en mucho se debe.

Llegar a este momento no había sido fácil, más bien muchos no sabían cómo habían llegado a él; pero ahí estaban. No surgían de la nada; surgían de la historia, de la historia lejana y de la historia reciente: el lapso de 1963 a 1972, donde se fue construyendo lo imposible.

Así, se entenderá que los objetivos iniciales del movimiento no habían sido inventados ni sacados de alguna manga mágica. Por el contrario, eran objetivos que correspondían a un momento histórico preciso y a un contexto, del que la ENA formaba parte y del que no podía sustraerse.

Heredaba, sin habérselo propuesto, el espíritu de los funcionalistas socialistas de los años 30 que propugnaban por una arquitectura que resolviera los problemas de la clase social más depauperada pensando, en el fondo, en un país diferente.

La discusión colectiva y cotidiana en los talleres y en las asambleas enriqueció los objetivos iniciales, ampliándolos sustancialmente unas semanas después:

1. Totalización de conocimientos.

2. Praxis.

3. Diálogo crítico.

4. Autogestión.

5. Crítica–Autocrítica.

6. Conocimiento de la realidad nacional.

El objetivo de Arquitectura hacia el pueblo se transformó en el principio básico de este movimiento: Vinculación popular.

Rápido corrió el tiempo, y a principios de mayo de 1972 el naciente proyecto académico decidió colectivamente llamarse Autogobierno, delineando las primeras ideas sobre cómo debería orientarse la enseñanza y la estructura federada con los nuevos talleres, así como de algunos apuntamientos programáticos que obviamente requerían de  mayor análisis y discusión. Y se creó, además, una de las expresiones gráficas más originales sobre papeles y muros que daban cuenta de las principales ideas expuestas públicamente.

Para ese mes, se contaba con 8 talleres integrales trabajando sobre la nueva orientación, consolidando la confianza de que el movimiento no sería reprimido si la movilización continuaba. Para garantizar lo anterior, la Comisión Académico-Administrativa creada emergentemente se entrevistó con el Secretario General de la UNAM donde se reiteró que “no se obstaculizaría ningún trámite, ni de actas ni de otra índole, con el objeto de no perjudicar ni a los alumnos ni a los profesores; tampoco —se confirmaba— se utilizará como una medida política para frenar la inquietud de cambio en la Escuela Nacional de Arquitectura.”[2]

[2] “A la comunidad de la ENA”, Comisión Académico-Administrativa, ENA-UNAM, 19 de junio de 1972, 1 p.

La respuesta de la otra parte de la ENA que no estaba de acuerdo con esta nueva búsqueda de estructura, también empezó a manifestar públicamente sus desacuerdos con las decisiones que se habían tomado y, sobre todo, porque se sentían desplazados de sus nichos que celosamente feudalizaron por años. Sus llamados de respeto al marco jurídico de la UNAM y a analizar los problemas de la ENA, se valoraron más como propuestas distractoras que como verdaderas alternativas para solventar los problemas que ellos mismos se negaron a revisar por mucho tiempo. No valió ni siquiera el cobijo que las autoridades universitarias les empezaron a brindar, pues su presencia y mando académica dentro de la ENA estaba desacreditada.

Así que la nueva orientación de los nacientes talleres integrales se centró en la introducción de temáticas de proyectos que resultaron ser, nada menos, que demandas expresas de colonos o asociaciones de colonos con problemas de urbanización, vivienda y equipamiento. Los talleres, pues, adquirieron una dimensión académica y política nunca antes vista en la ENA al vincularse a la realidad y trabajar para transformarla. Extender el conocimiento universitario alimentó su espíritu.

Para articular los talleres integrales, se sugirió y aceptó por todos que éstos se organizaran en una confederación con representantes a una Asamblea de Delegados, donde cada uno bosquejara su propio camino sin depender de alguna autoridad, pues ésta recaía ahora en sus estudiantes y profesores. A su vez, las comisiones generales se replicaron en los talleres con el carácter de coordinar las actividades inherentes a cada uno, sin tomar decisiones por sí solas. Una coordinación general colegiada en cada taller enlazaría internamente todas las decisiones. Para concretar las diversas ideas sobre la estructura orgánica, se creó una comisión voluntaria para estudiar los esquemas que se estaban presentando y ofrecer una propuesta a la Asamblea Plenaria sobre la reestructuración general de la ENA. Apenas se estaba en camino de la creación de una estructura democrática de avanzada, con una participación sin parangón en la historia de la vetusta Escuela Nacional de Arquitectura.

Un gobierno de la comunidad, fue la respuesta radical al autoritarismo. El gobierno que se ejerce a través de la asamblea plenaria, donde no hay distinción entre profesores, estudiantes y trabajadores, alentaría la libre participación de todos. El poder son todos, todos deciden. Delegar responsabilidad a comisiones con carácter ejecutivo; cualquier decisión tendrá primero que consultarse a la base, de la que tendrá que informársele con anterioridad. Federación de talleres, no hay jerarquías. No hay director, hay administrador  que gestiona los recursos, que ejecuta las decisiones tomadas en asamblea. No hay autoridad unipersonal, ésta es colectiva.

Ese fue aquel 18 de abril de 1972.

Desplegado llamando al respeto del “orden jurídico” de la UNAM y de “participación” estudiantil y docente de la ENA, Excélsior, 14 de abril de 1972. Archivo: JVAM

Gaceta UNAM del 10 de mayo y 4 de octubre de 1972. El Arq. Ramón Torres manifiesta su disposición a estudiar la problemática que vive la ENA.


Destacada

Arquitectura Autogobierno 50 años de Autogestión

J. Víctor Arias Montes

Orígenes de la crisis

La década de los años sesenta y el principio de los setenta del siglo xx son para el país y sus universidades públicas tiempos difíciles. Para el país significaron el principio del fin del periodo estabilizador que los regímenes revolucionarios habían mantenido por largos años y el inicio de una larga y penosa crisis económica y política, que todavía resiente la sociedad mexicana.

Para las universidades públicas significaron los tiempos de la masificación, de su transformación en la conciencia activa de un pueblo violentamente acallado y de la reivindicación de las aspiraciones de sectores sociales que tradicionalmente veían limitado su acceso a la educación superior.Años en que el país todo aprendió grandes lecciones y en los que los universitarios emprendían la larga tarea transformadora de sus conciencias y centros de estudio.

En ese camino, se entretejieron distintos aspectos tanto internos como externos a la Escuela Nacional de Arquitectura (ENA), que la llevaron a un escenario donde éstos se conjuntaron para detonar y llevar a ésta por otra ruta que aludió a distintas soluciones para salir avante.

De los primeros en advertir ampliamente esa crisis en la ENA, resaltan dos personajes cuya influencia en el medio no deja lugar a dudas de sus afirmaciones y, sobre todo, de sus sugerencias para enfrentarla: los arquitectos José Villagrán García y Jorge González Reyna.

El primero, reconocido por muchas generaciones como el más sobresaliente teórico de la arquitectura mexicana y como uno de los más destacados impulsores de la arquitectura racionalista y la consecuente formación de los arquitectos bajo esos principios, sugirió, para desafiar la crisis, el conocimiento científico de los problemas arquitectónicos locales, regionales y nacionales, así como una mayor preparación técnica en el campo constructivo y penetrar en lo que de mexicano tienen las obras levantadas en el país para revalorar su sentido por encima del tiempo. Conjuntamente a una extensa difusión de los porqués la arquitectura mexicana se encontraba en crisis, planteó la necesidad de “fundar un instituto de investigación que estudie sistemáticamente nuestros problemas y nuestras técnicas constructivas y a emprender la comprensión de los posibles contenidos formales que ostenta nuestro arte histórico…”[1]

[1] José Villagrán García, “Meditaciones sobre una crisis formal” en Ramón Vargas Salguero y J. Víctor Arias Montes, Ideario de los arquitectos mexicanos, tomo iii, México, UNAM-CONACULTA, 2011, p. 623.

La idea de José Villagrán sobre la crisis está ampliamente expuesta y es, al tiempo, un referente para comprender más de cerca el comportamiento de nuestra profesión y su enseñanza: “…presentar en crisis nuestro arte no es ni audacia de pensador más o menos ingenioso, ni descubrimiento original de un estado impensado, sino trágica necesidad de quien envuelto en el torbellino que hace girar a nuestra civilización intenta encontrar un asidero o vislumbrar un horizonte.”[2] Cierto, hablar de la crisis en esos años no debe entenderse como una ocurrencia, sobre todo porque distintos actores coincidían en que ésta estaba ya presente en nuestros haceres y soslayarla no ayudaría, si no a superarla, cuando menos a enfrentarla.

[2] Ibid, p. 613.

El segundo, Jorge González Reyna como director de la Escuela Nacional de Arquitectura, entre julio de 1962 y abril de 1965, propuso modificar radicalmente el plan de estudios con la Teoría de la Arquitectura como guía para enfrentar las dificultades en la formación profesional de los estudiantes e impulsar la preparación de nuevos profesores en el campo proyectual a partir de postular los conceptos básicos fundamentales para enriquecer la metodología de la enseñanza de ese importante campo en los talleres escolares de arquitectura.

Alimentado además por las ideas villagranianas sugirió, como parte del espíritu de su reforma, que “el arquitecto debe participar activamente en la búsqueda, en la investigación y experimentación de productos. Sin embargo, sería absurdo implicar que para ser verdaderamente creativo, y para poder diseñar bien, cada uno de nosotros deberá manejar conjuntamente un taller de arquitectura combinado con un laboratorio de investigación y de pruebas…”[3]

[3] Ibid, p. 169.

Desde entonces, las reflexiones al respecto se han centrado en tratar de explicar y mostrar de diferente manera y por distintos autores cómo la crisis se aposentó y profundizó entre la práctica profesional y la formación técnica y universitaria y cómo, por variados caminos, se trató de superarla. Ahora, han transcurrido bastantes años desde aquellos tiempos y para muchos se ha vuelto difícil interpretar qué fue lo que originó dicha crisis y cómo es que persiste para, cuando menos, sugerir qué hacer en el presente.

El arquitecto González Reyna no pudo terminar su amplio programa de trabajo, pues renunció en abril de 1965,[4] sucediéndolo en el cargo el arquitecto Ramón Torres Martínez. Y en un hecho poco común, el rector Ignacio Chávez asistió el 9 de junio de 1965 a la Escuela Nacional de Arquitectura a rendir homenaje al director saliente y a la toma de posesión del nuevo director. En su discurso, resaltó las ejemplares realizaciones que en dos años y medio había logrado el arquitecto Jorge González Reyna al iniciar la transformación de la ena en el marco de la reforma universitaria, mientras “que al que llega le tocará no sólo completarla, sino continuarla… Le tocará corregir ese tremendo problema que existe de un 80% de alumnos desertores o fracasados…”[5]

[4] Nombrado por la Junta de Gobierno el 5 de julio de 1962 (Se dice en Gaceta UNAM que tomó posesión seis días después). Renuncia: 19 de abril de 1965. Edad a la toma de posesión: 42 años.

[5] “Discurso pronunciado por el Dr. Ignacio Chávez, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el homenaje a los señores arquitectos Jorge González Reyna, director saliente de la Escuela Nacional de Arquitectura, y al Arq. Ramón Torres Martínez en su toma de posesión como nuevo director” en Gaceta, número 1, México, Escuela Nacional de Arquitectura-UNAM, julio-agosto de 1965, p. A2.

Imágenes: Arquitecto Jorge González Reyna (de pie), Dr. Ignacio Chávez, Rector de la UNAM y el arquitecto Ramón Torres Martínez, director designado. Fuente: Gaceta, número 1, México, ENA-UNAM, 1965, pp. A2, A5 y A 6.

Efectivamente, uno de los grandes problemas que empezaban a asomar en la Universidad y en la ENA a principios de esa década,[6] era el de la titulación y la irregularidad académica y administrativa de los estudiantes. Ello había alentado a las autoridades a promover un sistema de selección, vía un segundo examen de admisión, para llegar al nivel profesional con “la debida preparación”, aunque esas medidas fueran “lo más antipopular del mundo”, como el mismo Rector reconociera. Así que lo que inició González Reyna, adelantándose a estos problemas, fue la de promover la formación y actualización de los profesores de proyectos e impulsar la Teoría de la Arquitectura como guía de las transformaciones curriculares al plan de estudios para enfrentar la crisis que, como decíamos, ya se había aposentado en la ENA.[7]

[6] El arquitecto Ramón Marcos Noriega, director de la ENA en 1960, promovió una actualización al plan de estudios que en sus Consideraciones preliminares, señalaba: “…2.- Establecer un gran número de materias fijas obligatorias en cada grado, desligadas entre sí en su enseñanza, aparte de destruir el espíritu de la concepción armónica que debe regir la creación de una obra arquitectónica, fomenta el problema de irregulares, pues es difícil que todos los alumnos aprueben todas las materias si éstas son numerosas y desligadas… 5.- El número de graduados es raquítica, (67 el año pasado) en una escuela de la que egresan anualmente cerca de 200 estudiantes; esto es perjudicial al gremio y a la universidad…” Ver: “primera síntesis de las proposiciones de la escuela nacional de arquitectura respecto al plan de estudios, México, revista ENA, núms. 4 y 5, ene. y feb. de 1960, Escuela Nacional de Arquitectura-UNAM, p. 31.

[7] El plan de estudios vigente era el de 1964, con modificaciones para su actualización en 1965.

En su discurso de toma de posesión, el arquitecto Ramón Torres adelantó algunas propuestas para mejorar la situación estudiantil, partiendo de reconocer que la masificación o sobrepoblación de la Universidad[8] podía ser mejorada académicamente en la ENA con el reforzamiento de sus diez talleres para atajar la “educación multitudinaria” y crear una escuela de iniciación para el primer año de la carrera “cuyo propósito sería primordial y rigurosamente selectivo… que alimentara de estudiantes preparados, ya debidamente probados en su vocación, capacidad y constancia a la Escuela de Arquitectura…”[9] Acompañando estas ideas, se sembraron las semillas de un proyecto amplio dibujado por el nuevo director al indicar que: “nuestra aspiración debe dirigirse, para cumplir con este propósito vivo en todos de elevar en más alta jerarquía los estudios arquitectónicos en la Universidad Nacional, a convertir nuestra Escuela en Facultad, añadiendo más profundos estudios de teoría y de investigación a los ya existentes, para conceder al cabo de ellos como constancia máxima de competencia en los mismos, los grados de Maestro y Doctor en Arquitectura.”[10] En suma, una escuela con un proyecto mucho más acabado que no sólo ideaba una licenciatura con estudiantes previamente seleccionados, sino que a ésta le seguía obligadamente la creación del posgrado y el mejoramiento de la investigación.

[8] De acuerdo a las estadísticas de la UNAM, su población estudiantil total (incluyendo la del bachillerato) fue para 1950: 24,054; para 1960: 58,541; para 1965: 73,851. Población escolar, series históricas de la UNAM. Recuperado de: http://www.planeacion.unam.mx/Publicaciones/pdf/cuadernos/pob_esc/series_historicas.pdf

[9] “Discurso del Arq. Ramón Torres Martínez en su toma de posesión como nuevo director de la Escuela Nacional de Arquitectura, en Gaceta, op. cit., pp. A5 y A6.

[10] Idem.

Parecía que todo estaba bien y que restringiendo el acceso a los estudios profesionales y seleccionando a los más sobresalientes, mejoraría la calidad de los mismos. ¿Por qué entonces los estudiantes empezaron a rechazar esta vía impuesta en 1962? Todo se complicó, pues la huelga iniciada en la Facultad de Derecho, por cuestiones internas ligadas a la exigencia de implantar cursos de regularización, respeto a los cambios de grupo, rechazo a las expulsiones de alumnos y de la reelección de su director, ganó el apoyo de otras escuelas que iniciaron también la huelga por solidaridad conformando el Consejo Estudiantil Universitario que incluyó, en su pliego petitorio, el pase automático a las escuelas y facultades de los estudiantes de la Escuela Nacional Preparatoria. Ante ese negro panorama en la UNAM el Doctor Ignacio Chávez renunció el 26 de abril de 1966 a la Rectoría.[11] La nueva designación recayó en la persona del ingeniero Javier Barros Sierra, mismo que instrumentó rápidamente una serie de medidas académicas y administrativas de amplia repercusión, oponiéndose radicalmente a las decisiones políticas de restringir el acceso a los estudios superiores y que no correspondían a un modelo de universidad que tendía a masificarse aceleradamente.

[11] Puede verse, entre otros: Javier Mendoza Rojas, Los conflictos de la UNAM en el siglo XX, México, CESU-UNAM, 2001, pp. 131-136.

Congruente con lo que se había comprometido en su discurso de toma de posesión, el ingeniero Barros Sierra emprendió una profunda reforma universitaria en el campo académico y administrativo, no sin antes atender y resolver las diversas demandas planteadas y que no se habían solucionado. De entre éstas destaca la del “pase automático”, que había generado una gran movilización de universitarios que demandaban una justa solución, y cuya respuesta dejó a todos satisfechos pues se consideró que los alumnos de bachillerato no tenían por qué realizar un segundo examen de admisión. Así se hizo, y así continúa hasta la fecha.

Así que los acontecimientos de 1966, que culminaron con la renuncia del Dr. Ignacio Chávez a la Rectoría de la UNAM, marcaron el inicio de una serie de planteamientos y movimientos académicos y políticos de amplia repercusión al interior de la UNAM que no fueron, como algunos lo hacen creer, un problema que se pueda reducir al vandalismo en contra del Rector. Fueron, en esencia, actos de repudio a las decisiones políticas de restringir el acceso a los estudios superiores que no correspondían a un modelo de universidad que se masificaba rápidamente y donde el nivel académico caía abruptamente; además de que el poder político del gobierno en turno trataba de imponer sus condiciones para normar la vida política interna de la UNAM.

Cambios importantes empezaron a afectar a la Universidad, que se movía en el más lento de los caminares y éstos, indefectiblemente, empezaron a tocar intereses de la más diversa índole. Entre otras, la reforma planteaba, como punto esencial, la participación del alumnado en la transformación de los planes de estudio, cuestión que abrió camino para que éstos participaran ampliamente en las discusiones y para que otros, ligados a algunos grupos de profesores y autoridades, bloquearan o se opusieran a cualquier intento de reforma en sus escuelas.[12]

[12] En ese sentido, por ejemplo: la Escuela de Economía sostuvo una posición de mayor autonomía en la Universidad a lo que el Rector respondió que “los problemas de Economía, como los de cualquiera otra escuela, atañen a toda la Universidad. De donde se deduce que quienes sostenían aquellas tesis defendían, en el fondo, una idea de descomposición o de fragmentación de la Universidad”; en el caso de la Facultad de Derecho, el Rector a la pregunta expresa de si “¿hubo resistencia de los profesores de Derecho o de los alumnos para emprender y con rigor una reforma académica…?” señaló que “en efecto en un sector del profesorado y también en grupos de alumnos; pero yo estoy absolutamente seguro de que la mayoría hubiera aceptado de buen agrado, y aun con entusiasmo, una auténtica reforma…” Ibid, pp. 51-53.

La entonces Escuela Nacional de Arquitectura no fue la excepción. El alumnado y el profesorado mostraron un amplio interés, organizando pláticas y seminarios donde la radicalidad de los planteamientos rápidamente rebasó las ideas de las autoridades. Se instrumentaron para ello los Seminarios de Revolución Académica, donde se empezó a cuestionar la relación de la ENA con las necesidades del país, al currículo académico, a los sistemas pedagógicos utilizados y, sobre todo, al autoritarismo reinante en la relación maestro–alumno. Y surgieron, al interior de ésta, grupos organizados de profesores y alumnos que empezaron a cuestionar abiertamente la capacidad de las autoridades para sacar adelante a una escuela que empezaba a mostrar abiertamente las contradicciones de una larga y profunda crisis en los aspectos ya mencionados párrafos atrás. Pero la reforma llevaba prisa, así que las propuestas se concretaron ampliamente en 1967: para los estudios profesionales se creó un nuevo plan de estudios —Plan 67—, con una variante novedosa al también aprobarse la llamadas carreras técnicas o cortas (Técnico en Administración de Obras, Técnico Auxiliar en la Construcción y Técnico en Representación de Proyectos; recibiéndose un diploma a su terminación)[13]. Para los estudios de posgrado, se creó la División de Estudios Superiores, con las maestrías en Planeación urbana y regional, Restauración de monumentos, Diseño arquitectónico y Tecnología de la arquitectura. Para la investigación se fundó, en agosto de ese año, el Centro de Investigaciones Arquitectónicas (CIA) con un extenso programa departamental; y, para el siguiente año, se aprobaba la carrera de Diseño Industrial. No cabía duda, la ENA se había sumado a la reforma de Barros Sierra con su propia metamorfosis, extraordinaria en apariencia, pero sin aligerar de sus espaldas esa pesada piedra que significaba la irregularidad de los estudiantes y del decaimiento de la titulación.

[13] Además, estaba en “estudio la creación de otras tres carreras: Técnico en instalaciones y equipos para la construcción; Técnico en materiales para la construcción y Evaluación y estudios económicos de las obras”, ver: Gaceta UNAM, octubre 15 de 1967, p. 1.

Para llegar a ese nuevo plan de estudios, en 1966, el Departamento de Planeación e Investigación de la ENA realizó un muestreo: “Encuesta a los pasantes de la ENA sobre el mercado de trabajo, los problemas de la escuela y el plan de estudios”,[14] que se planteó como objetivo paliar los apremiantes problemas que se vivían en esos momentos con las opiniones de los estudiantes. En parte de la explicación de la problemática, se señalaba:

[14] “Encuesta a los pasantes de la ENA sobre el mercado de trabajo, los problemas de la escuela y el plan de estudios”, Departamento de planeación e investigación, ENA-UNAM, mimeógrafo, 1966, 56 pp.

a).- La falta de orientación vocacional de los alumnos que los hace escoger carreras o especialidades para las cuales no tienen aptitudes necesarias. Este fenómeno ocasiona que el índice de irregularidad del alumnado sea muy alto con el consiguiente detrimento del patrimonio social de la Universidad que se ve obligada a gastar parte de su presupuesto en tratar de remediar mediante cursos de regularización, exámenes extraordinarios, cursos intensivos, etc., una situación de hecho que cada día es más aguda.[15]

[15] Ibid, p. I.

Parecía entonces que la orientación vocacional era fundamental. En parte había razón, pero no para que en un plan de estudios como en el 67, a nivel profesional, se introdujera en el primer semestre la asignatura de Orientación Vocacional; como si ello, fuera a corregir o reorientar la vocación de los estudiantes en el curso de su carrera. Y suponer, que la falta de vocación era la que provocaba la irregularidad era ver con una inusitada parcialidad la problemática que, efectivamente, crecía desmesuradamente. Con ese señalamiento obviamente se ponía en entredicho todo el proceso de aprendizaje, pues si el Rector Chávez tenía razón, el 80% del alumnado rayaba en el fracaso.

En general podríamos señalar que este plan contenía grandes limitaciones, sobre todo en lo referente a su aislamiento del contexto real de la problemática arquitectónica, urbanística y social del país. Este hecho se manifestó principalmente en el tipo de ejercicios que se desarrollaban en Taller de proyectos y en el contenido específico de las materias y, por si fuera poco, en la ausencia de teorías pedagógicas que rompieran con la escuela tradicionaly que respondieran a la creciente masificación de la Universidad.

En apariencia se había dado un gran paso, pues haber roto los lazos de la vieja Academia y de los Talleres escuela, jefaturados por los profesionales destacados de esa época, hacía sentir que la ENA se encaminaba a un nuevo o cuando menos diferente planteamiento de la enseñanza–aprendizaje de la arquitectura.[16]

[16] Puede verse, para una ubicación de lo que acontecía en las épocas anteriores al Plan 67, la reseña de José Luis Benlliure “Sobre la arquitectura y su enseñanza en México en la década de los cuarentas” donde señala, entre otros interesantes aspectos el de “cierta influencia” de la Bauhaus de Gropius en la ENA: La práctica de la arquitectura y su enseñanza en México, Cuadernos de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico, número 26-27, México, 1983, p. 29.

Sin embargo a los cinco años, fecha en que debía egresar su primera generación, las cosas no le favorecían. Datos proporcionados por las mismas autoridades señalaban que para el segundo semestre de 1971 se tenía una inscripción total de 4,300 alumnos, de los cuales 2,500 (58%) se habían inscrito en exámenes extraordinarios.[17] Esta situación llevó a señalar, en marzo de 1972, el alto número de sancionados: 3,402 (77%) de una población de 4,415 alumnos.[18] Desde luego que no se estaba lejos de las cifras que había ofrecido el Rector Chávez en 1965.

[17] Boletín ENA, núm. 12, México, ENA-UNAM, agosto de 1971, p. 4.

[18] “Sancionados. Asamblea del 7 de febrero” en Basta!, número 1, Comisión de difusión del Comité de Arquitectura en Lucha, 15 de marzo de 1972, pliego doblado.

El proceso de masificación en el que se encontraban las universidades públicas y la creciente presión de sectores sociales para acceder a los estudios universitarios habían impactado importantemente a la unam, pero en especial a aquellas escuelas que se caracterizaban por su tradicionalismo social y académico. Obviamente que se requería de otro tipo de escuela y de otro currículo académico acorde a las nuevas condiciones que se estaban generando en el país, pero daba la impresión de que en la ena esto no importaba. Florecía así la incapacidad de las autoridades no sólo para analizar y entender esas nacientes relaciones, sino para darles una orientación atinada y generar una política académica que enlazara los objetivos públicos de la unam‑ena y las exigencias que planteaba un país con un número cada vez mayor de necesidades en todos los ámbitos.

Así que los haceres en la formación de los arquitectos se vieron seriamente afectados. Los ejercicios de proyectos realizados por los alumnos se convirtieron en la más abstracta de las figuraciones proyectuales, pues la ausencia de una racional composición arquitectónica sumada a su desvinculación de toda realidad social, económica y política de la colectividad a la que se pretendía servir, se convirtió en un problema común en todos los talleres que produjo múltiples reclamos, especialmente por la sobrecarga académica que debían cumplir los estudiantes al entregar sus respectivos ejercicios de diseño y proyectos.

Esta actitud desarrollada e impulsada en la ENA, le valió que en su interior se empezaran a difundir —en forma casi clandestina— todo tipo de críticas a esta situación. Los talleres empezaron a granjearse todo tipo de calificativos y sus correctores a ganar una fama inaudita por su estilo para corregir y calificar; las temáticas de proyectos pronto se convirtieron en los remedos arquitectónicos más chuscos, y titularse de arquitecto se enfiló hacia una de las hazañas más difíciles en la UNAM.

Además, las relaciones profesor–alumno se tornaron de lo más contradictorio. Al profesor dejó de importarle la condición humana del alumnado; lo que le importaba ahora era que éste cumpliera con la más exagerada carga de trabajo, sin importar que éste se convirtiera en un estudiante de tiempo completo al tener que asistir mañana y tarde para cubrir sus horarios de clase. El profesor de proyectos abandonó la idea de  convertirse en un verdadero maestro de composición, trocándose sólo en un caricaturesco corrector del “búscale… búscale”, del “muévele… muévele”. El Taller de Proyectos se transfiguró así en el más primitivo instrumento de la enseñanza–aprendizaje y las asignaturas en el apoyo más disperso al ejercicio de proyectos.

Este momento histórico, de 1965 a mediados de 1968, nos señala uno de los episodios iniciales de transformación de la ENA en donde si bien los grupos organizados de profesores y alumnos que participaron en éste veían truncados sus esfuerzos, sembraban ya, con su actitud, las primeras semillas de una mayor participación.

La pregunta, ante todo este contexto que generó  un clima de abierta rebeldía es obligada: ¿las transformaciones académicas en la ENA eran suficientes, tal y cómo se llevaron a cabo? Sumariamente, algunos cambios funcionaron, los menos; pero otros, la mayoría, crearon más problemas que beneficios. La realidad nacional estaba todavía muy lejos de comprenderse y acercarse a esas transformaciones, y los fundamentos pedagógicos del Plan 67 quedaron extremadamente cortos para instrumentar una adecuada formación de los estudiantes y enfrentar apropiadamente la crisis que se cernía sobre la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM.

Ahí se ubican las raíces de una crisis interna que no tardaría en estallar y con ello iniciar la búsqueda de distintas alternativas para superarla bajo el manto prometedor de una época distinta.

Primeros atisbos autogestivos

El Movimiento Estudiantil de 1968 abrió una nueva etapa no sólo por transformar la Universidad, sino por transformar al país entero. La ENA se sumó al movimiento participando activamente en muchos de sus frentes; el activismo político, el brigadeo y la vinculación a las colonias populares, son el mejor ejemplo de los caminos trazados e impulsados por los estudiantes que buscaron afanosamente difundir el pliego petitorio y la exigencia de su solución. Por eso, al igual que en otras dependencias universitarias, en ésta se creó el comité de lucha para integrarse organizadamente al movimiento y articularse al conjunto de participantes, convirtiéndose muy pronto en la vanguardia de la escuela. A él se integraron estudiantes, profesores y trabajadores, convencidos de la justicia de las reivindicaciones del movimiento y de las transformaciones que se fueron planteando al paso de los días.[19]

[19] Una primera relatoría de los hechos de julio a octubre de 1968, fue publicada por la UNAM en: Revista de la Universidad de México, vol. XXIII, número 1, septiembre de 1968, 32 pp.

Esa extraordinaria experiencia colectiva, dejó una profunda huella en todos los participantes; y en muchos de ellos, se arraigó la idea de que esas transformaciones llegarían más temprano que tarde si la organización crecía y se mejoraba, adaptándose a las características de cada grupo o persona participante y a las demandas de justicia en un país que empezaba a despertar de un largo sueño después de los primeros brotes de represión y del arresto de estudiantes.

Estudiantes de la Escuela Nacional de Arquitectura detenidos al inicio del movimiento: Pedro Luis Munguía, José Luis Marroquín Casillas, Darío Jiménez Madrigal, Pablo López Pérez, Alfonso Tapia Castell, Arturo Aparicio Ponce. Ovaciones, 2ª edición, julio 30 de 1968, p. 8. Archivo: JVAM

De lo que no nos queda duda es que, en el caso de México y de la UNAM en especial, 1968 fue el momento histórico que resumió el fin de un tiempo y el nuevo amanecer de otro y que, en el ámbito educativo, fue el detonador de distintas movilizaciones para exigir transformaciones académicas muchas de las cuales vieron frustrados sus alcances por motivos diversos.

Una de esas fue la relativa a la autogestión, que emergió de manera más orgánica en el movimiento aunque con muchas limitaciones, pues ello implicaba reflexionar en un sentido muchísimo más estricto que como, por ejemplo, la difusión del pliego petitorio en distintos espacios públicos. Pero aun así, organizarse para difundir el pliego y realizar actos relámpago para que la gente lo conociera y ganar simpatizantes, no eran jornadas sencillas ni espontáneas pues requerían de una precisa planeación para asegurar su éxito y evitar ser detenidos. En ese sentido, José Revueltas fue quien más interés mostró sobre la autogestión al sugerir lo que desde finales del mes de julio llamó autogestión académica:

Nuestra “revolución de mayo” en México

No abandonar el recinto universitario por ningún concepto.

Contestar a la suspensión de clases con la autogestión académica.

¿Qué es la autogestión académica? (Todas las cursivas del original)

  • Proseguir los cursos dentro de los planes y fuera de ellos con la ayuda de maestros solidarios de los estudiantes.
  • Debatir, cuestionar, refutar, en mesas redondas, seminarios, asambleas, los problemas y las ideas de nuestro tiempo y nuestra sociedad. He aquí algunos temas candentes…[20]

[20] José Revueltas, “Nuestra “revolución de mayo” en México” en José Revueltas. México 68: juventud y revolución, obras completas núm. 15, México, Ediciones Era, 1984, pp. 38-39.

Manta de la Escuela Nacional de Arquitectura en El Zócalo, 1968. Fuente: El grito: memoria en movimiento, México, Dirección General de Actividades Cinematográficas-UNAM, 2018, p. 75.

La autogestión entonces, amalgamada con otras ideas que también circulaban al calor del movimiento, hicieron crecer en la ENA la idea de que había que profundizar los cambios en el plan de estudios incluyendo en él una visión mucho más abierta a otras disciplinas que estaban emergiendo para explicar, con mayor precisión, las características de la realidad nacional que al inicio del movimiento pocos conocían o no imaginaban  su magnitud.

Mientras, las contradicciones sociales afloraban en una compleja realidad cuyas demostraciones ya no se podían ocultar a los estudiantes y profesores. La ENA, efectivamente, no era una comunidad totalmente afín a las ideas de la izquierda universitaria pero tampoco estaba alejada de ellas; era, eso sí, una comunidad dispuesta a hacer preguntas, a escuchar, participar y, por consiguiente, a comprometerse a superar su propia crisis y construir un futuro distinto. El 68, abrió las puertas a un mar de posibilidades para todos; y todos los que ahí estuvieron, aceptaron el reto a su manera.

En esa dinámica el Comité de Lucha, con una adscripción abierta y sin condición alguna que limitara las posibilidades de los que deseaban participar, promovió y eligió a los representantes al Consejo Nacional de Huelga (CNH) para integrarse a la estructura de dirección del movimiento y articularse al conjunto de participantes, convirtiéndose muy pronto en la vanguardia natural de la escuela y en una de las corrientes críticas al interior del CNH. La postura de los delegados al CNH tuvo una característica poco común, comparada con otras instancias universitarias, pues los más prominentes se identificaban con el pensamiento libertario anarquista. Si bien la mayoría de la comunidad poco participaba de ésta y otras ideas, poco a poco se fue despertando el interés por conocerlas y acercarse a esa y otras corrientes políticas e ideológicas.

Se entenderá entonces por qué, posterior a la toma de Ciudad Universitaria por el ejército y a la sangrienta represión del 2 de octubre y al levantamiento de la huelga decretado por el CNH, parecía que la ENA debía encaminarse a la normalidad. No fue del todo así pues ahora los que habían participado continuaron haciéndolo con una visión más precisa de la realidad nacional y de la Universidad. En el momento, todos habían aprendido a organizarse autogestivamente y en todos se arraigaba un profundo enojo y sentimiento antiautoritario, a la vez que una palpable frustración. Pero también algunos, que habían pisado la cárcel, decidieron apartarse momentáneamente del movimiento y, otros más, tuvieron que reagruparse con otros grupos que apenas empezaban a organizarse. El Comité de Lucha, suspendió sus actividades y sus miembros se mezclaron en los talleres y en distintos grupos académicos para proseguir sus estudios y su trabajo político.

A pesar de ello, la ENA fue una de las dependencias que tardó todavía un tiempo para levantar la huelga pues a cambio se solicitaba a las autoridades la realización de un congreso interno para reestructurar el ámbito académico y administrativo y revisar la manera de enlazarse a la realidad nacional y formar, acorde a ellas, a los arquitectos.

Para diciembre de ese año, después de un estira y afloja con las autoridades, se convocó al seminario de “Evaluación de la Enseñanza de la Arquitectura”, y en él nuevamente los profesores y alumnos progresistas tomaban la palabra a pesar de la baja participación y de los intentos para que no se desarrollase o en su caso que se cancelara. El ambiente era diferente y la experiencia se había acumulado, así que pesó más la presión estudiantil que la voluntad de las autoridades. El resumen de acuerdos del seminario fue por demás sobresaliente, a pesar de las limitaciones comentadas; veamos algunos de esos acuerdos:

Producto también de la expresión gráfica de ese año, en enero de 1969 se publicaron los acuerdos del congreso de diciembre del 68 en un folleto tamaño carta, con una portada que contiene una espiral en negro con fondo rojo. El símbolo, diseñado por  Ricardo Flores Villasana, es la transcripción de una de tantas piedras que hay en el estado de Michoacán y que muestran una espiral que parte del centro girando hacia el exterior hacia la izquierda. Portada, Congreso Evaluación de la enseñanza de la arquitectura, ENA-UNAM, enero 2 de 1969. Archivo: JVAM.

Mesa I 1a. Se propuso la integración del estudiante de arquitectura a una realidad nacional (todas las negritas de V. Arias) dentro de la cual actuará a nivel de su preparación… A través de dependencias oficiales o asociaciones civiles, se obtendrán programas extraídos de una demanda real con objeto de desarrollar y realizar proyectos… El conocimiento de la realidad se incorporará a la programación académica… dejando la comprensión de la realidad a la totalización de multitud de puntos de vista (enseñanza dialogal) en el contexto de la información académica. Ello abrirá las puertas para que el conocimiento se adquiera a través del diálogo y para que la evolución del criterio arquitectónico se dé por la integración constante… También quedó propuesta la reagrupación de materias de acuerdo a afinidades y temas comunes, que permitan, con un número menor de departamentos y asignaturas, una mejor integración de la enseñanza…

Mesa I 1b. Establecer el ejercicio de la participación democrática dentro de la estructura escolar… Enseñanza dialogal y aprendizaje por medio de la participación activa… Esta nueva actitud, exige que el servicio social no sea un mero trámite burocrático de fin de estudios, sino que se integre a todo lo largo de la carrera, como una forma de complementar la teoría con la práctica, sirviendo a los grupos marginales… Suprimir el examen profesional actual, ya que su finalidad debería ser cumplida en los últimos semestres de la carrera… La universidad no tiene como único fin formar profesionales su misión principal es la formación de hombres comprometidos con el hombre, esto implica el desarrollo del universitario con los principios de libertad, autenticidad, responsabilidad cívica y social… solidaridad y responsabilidad cívica y social, que genere un espíritu de servicio dirigido a las necesidades del pueblo…[21]

[21] Evaluación de la enseñanza de la arquitectura. Resumen de conclusiones, México, Escuela Nacional de Arquitectura, UNAM, 1969, 19 pp.

La línea programática inicial, planteada en el Congreso de Evaluación de la Enseñanza de la Arquitectura, producto de una participación restringida pero diversa, se enriqueció a partir de la crítica que concentró la atención en la totalización de conocimientos por medio de la integración, la enseñanza dialogal, la praxis y el reiterado conocimiento de la realidad. Ahí quedaban esas semillas, sembradas en un suelo que en apariencia era poco fértil, pero que bien abonado podrían producir algunos brotes.

Así que a principios de 1969 se reanudaron las labores académicas en la ENA, y para contrarrestar la reducida pero combativa organización estudiantil se organizó la creación de diversos “grupos representativos” de estudiantes a los que se canalizaron recursos y espacios para organizar sus actividades, marginándose a otros de los privilegios que con anterioridad no se habían otorgado. Además, empezaron a surgir en la UNAM los primeros brotes de organizaciones porriles, a través de los grupos de animación deportiva y del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (muro), que se dedicaban a presionar violentamente a quienes se oponían a los mandatos de las autoridades, especialmente hacia aquellos grupos que todavía guardaban relación con el movimiento de 1968.

La represión ejercida por el régimen se hizo más sutil y selectiva. Ante esta situación, los comités de lucha, incluido el de Arquitectura, se vieron en la necesidad de retirarse del escenario público; pero no por eso sus miembros dejaron de luchar por sus principios. Se siguió participando y trabajando en los grupos académicos y, poco a poco, la inconformidad crecía lenta y desorganizadamente, pero cada día, cualquier pretexto, servía para convocar reuniones y discutir la problemática.

El movimiento del 68 había sido derrotado por la vía violenta, pero los ideales construidos en todos esos meses se arraigaron en una comunidad que se negó a aceptar que no había alternativas para las transformaciones imaginadas por miles de universitarios. Así que la formación autogestionaria desarrollada y mantenida a lo largo del movimiento quedaba en sus entrañas, como una alternativa con mayores alcances para incursionar en tiempos por venir en las dependencias universitarias que habían participado en el Movimiento Estudiantil de 1968.

Los inicios de una nueva década cargada de futuro

Para 1970 la lucha universitaria estaba casi desarticulada, pues la represión se había extendido en todos los ámbitos de la protesta social acarreando multitud de detenciones y desapariciones. Las demandas esporádicas, como en la ENA, se centraron principalmente en exigir la libertad de los presos políticos, muchos de ellos de 1968 y de otros movimientos democráticos anteriores, y en demandar un estricto respeto a las reivindicaciones internas que abarcaban lo académico, lo administrativo y lo político.  Aun así, y ante un futuro demasiado incierto, se empezaron a impulsar los paros activos como acciones de presión y a las asambleas plenarias para discutir las acciones a seguir al demandar cambios sustantivos a sus estructuras académicas y administrativas. Y también, poco a poco, las comunidades de las escuelas empezaron a analizar y cuestionar las estructuras de gobierno propias y las de la estructura central de la UNAM, pues se acercaba el fin del periodo de la rectoría universitaria.

Ejemplo de esto último fueron las presiones ejercidas hacia el Rector Barros Sierra, que ya para ese año había decidido no lanzar su candidatura para su reelección:

Ante la Junta de Gobierno yo expresé mis puntos de vista sin reticencias de ninguna especie. Afirmé entonces que, desde luego, mi posición frente al gobierno era sumamente delicada. Después del conflicto de 1968, no era yo, por cierto, un hombre que fuera grato al poder público; éste me toleraba aún al frente de la Universidad, mientras se conservara en ella un relativo orden; mientras la Universidad no significará un problema en el orden público, pero hasta ahí, solamente…[22]

[22] Gastón García Cantú, Javier Barros Sierra, 1968. Conversaciones con Gastón García Cantú, México, Siglo XXI editores, 1972,, pp. 181-182.

Además, se entrecruzó, al iniciar esa década, una palpable desinformación de la relación de la unam con el gobierno que no permitió ver con claridad el futuro de ésta en el concierto nacional. El Rector se mantuvo en su línea, y en una de sus últimas apariciones públicas, realizada precisamente en la Escuela de Arquitectura, como un adiós, reiteró su posición respecto al respeto a la diversidad en la Universidad:

Lo que afirmé en la Escuela de Arquitectura, en abril de 1970, en efecto era un resumen de lo que yo había predicado a lo largo de cuatro años en la Universidad. Y yo no sólo lo había predicado, sino lo había vivido con mi conducta. Recuerdo que le di tal importancia al respeto y al ejercicio del disentimiento, de la discrepancia, que hube de exclamar “¡Viva la discrepancia!”…[23]

[23] Ibid, p. 188.

Emotiva frase que efectivamente resume la posición del Rector en esos aciagos días, y con la que se despidió de una comunidad dolida pero con una inconmensurable esperanza en quien asumiera el cargo en un momento que exigía reformas profundas en toda la Universidad.

El cambio del nuevo Rector se llevó a cabo el 6 de mayo de 1970, con un discurso del Dr. Pablo González Casanova en la Facultad de Medicina, en el que deslizó una idea nada desdeñable y que respondía muy bien a lo que se esperaba de las nuevas autoridades universitarias:

…asumamos pues la responsabilidad de decir que todos y cada uno de nosotros quiere realmente, decididamente, una gran Universidad, altos niveles técnicos, científicos, humanísticos y de organización. Y asumida esta precisa responsabilidad, compartamos los esfuerzos por alcanzarla y pensemos en los mejores métodos. ¿Son éstos necesariamente legales, y de qué orden? ¿Son elementalmente cuantitativos? Todos queremos la democratización de la enseñanza, como apertura de los estudios superiores a números cada vez más grandes de estudiantes, y también como una participación mayor en la responsabilidad y las decisiones universitarias por parte de los profesores y los estudiantes…[24]

[24] Pablo González Casanova, “Discurso del Doctor Pablo González Casanova” en Gaceta UNAM, 15 de mayo de 1970, p. 3.

“Democratización de la enseñanza”, frase que muchos no olvidarían fácilmente, sobre todo en momentos en que el cielo universitario pintaba nubarrones. Mientras tanto, el grupo académico fue la forma de reiniciar la organización y discusión no sólo para demandar la libertad de los presos políticos, sino para analizar las condiciones imperantes en la ENA y en la UNAM. Los pocos estudiantes y profesores que aún quedaban del Comité de Lucha del 68, se convertían en los únicos grupos organizados que en esos momentos asumieron una posición progresista, al encabezar las discusiones en los grupos que se prestaban para ello y desde ahí convocar a los paros activos o a las asambleas. El paro activo se convirtió así en una de las formas más espontáneas de expresión política, con una línea programática poco clara pero muy efectiva al no suspender las clases, como lo había sugerido Revueltas. En ese camino, las asambleas se transformaron súbitamente en uno de los pocos espacios de libertad en dónde se podía analizar, discutir y decidir sobre cualquier propuesta. Lo importante era que profesores y estudiantes se integraran activamente a las reivindicaciones; hacer un volante, un cartel, una manta o una pinta, participar en la asamblea o simplemente sumarse al paro era, en esos momentos, un gran avance. Lo apasionante fue, en muchos casos, ocupar parte de la clase en platicar con el maestro sobre el país, la Universidad, la escuela… de cómo mejorar todo ello. Ni duda cabía: la discrepancia vivía plenamente en la Universidad.

La situación ya no era la misma que a finales de 1968, ahora se tenía una base organizativa que había acumulado una larga experiencia y que, a pesar de su dispersión, dejaba sentir la necesidad de una coordinación general del movimiento universitario con el que se empezaba a desarrollar a nivel nacional. Así se entendió y así se empezó a trabajar; las semillas sembradas empezaban a dar sus primeros retoños.

Una de las primeras acciones del conjunto de comités, fue convocar para el 10 de junio de 1971 a una manifestación de apoyo a la democracia sindical, a la libertad de los presos políticos, a la democratización de la enseñanza, al movimiento democratizador de la Universidad Autónoma de Nuevo León y de rechazo a la reforma educativa del régimen. La manifestación fue violentamente reprimida por el grupo paramilitar de los “halcones”, acusándose a los estudiantes de un “enfrentamiento entre ellos mismos”. Los funestos resultados, son ampliamente conocidos lo mismo que sus responsables que nunca fueron consignados.

Volante “Obreros Estudiantes. Manifestación 10 de junio”, Comité Coordinador de Comités de Lucha (CoCo), junio de 1971. Archivo: JVAM

Estos acontecimientos crearon una gran indignación entre la población y entre los universitarios pues se creyó que el régimen había abandonado este tipo de prácticas en contra de los movimientos reivindicativos, que para ese momento emergían candentes. Al día siguiente, en casi todas las escuelas de la UNAM se convocaron asambleas para informar y tomar una posición sobre lo sucedido. En la ENA, tras la información y el debate, y ante un auditorio totalmente lleno, se decidió mayoritariamente reprobar la represión y dar a conocer esta posición a la opinión pública. Como punto particular, se decidió también desconocer al Consejo de Representantes de los Estudiantes de la Escuela Nacional de Arquitectura (CREENA) como representante de los estudiantes y en su lugar se acordó refundar el comité de lucha que, como en 1968, volvía a aglutinar a la comunidad estudiantil de la ENA. En una discusión sobre qué nombre darle a esta nueva organización, se decidió que ya no se llamara comité de lucha sino en lucha, ya que con ello se confirmaba que en la escuela todos están en lucha por transformarla. El acuerdo había sido unánime: Comité de Arquitectura en Lucha (cal), y al grito de ¡El cal somos todos! se tomó el local que ocupaba la CREENA iniciándose una nueva etapa en la ENA de la que nadie sabía hacia dónde se encaminaría.

Acumulando fuerzas

Para esas fechas la naciente organización estudiantil había impulsado una planilla para consejeros técnicos y universitarios, mismos que ganaron las votaciones iniciando una de las etapas más propositivas para superar los problemas académicos y administrativos. Ellos, conjuntamente con los consejeros profesores progresistas, habrían de transformar al Consejo Técnico en un importante foro de crítica a la situación imperante, poniendo en el centro de la discusión a las autoridades por sus actitudes intransigentes y autoritarias. Ahora, al cal y a los profesores progresistas les tocaba nuevamente denunciar un sinnúmero de irregularidades y enfrentarse a la posición cerrada de las autoridades y de los grupos más conservadores del propio Consejo que impedían, con sus desplantes, ya no una reforma mínima sino simplemente el diálogo constructivo para abordar esos temas. Para octubre de 1971 se publicó el llamado para conformar el Colegio de Profesores, por los académicos provenientes del Grupo Académico Linterna.

Con esta determinación, el nuevo Colegio de Profesores aglutinó a los profesores que buscaban ensanchar la lucha del campo académico-administrativo sin desligarlo de la política y organizar un frente más amplio. Se contaba entonces no sólo con una vanguardia principalmente estudiantil, representada por el cal, con representantes en el Consejo Técnico y en el Consejo Universitario, sino además con una organización magisterial para “la defensa de la arquitectura en el ámbito de la enseñanza”.[25]

[25] “Por un nuevo Colegio de profesores de la Escuela Nacional de Arquitectura”, ENA-UNAM, octubre de 1971, 3 pp.

Estas dos organizaciones emprendieron conjuntamente la ardua tarea de abrir espacios de participación en el hacer político y académico, con propuestas y trabajos concretos. La discusión y participación crecieron y poco a poco los cambios se empezaron a proponer, sin saber hasta dónde se llegaría. Se inició por cambiar los contenidos de las materias en donde los profesores colegiados impartían cátedra, y se empezaron a comentar y estudiar los problemas nacionales en ellas. El trabajo cotidiano de profesores y alumnos, aparentemente aislados, le empezaba a dar forma y contenido a un movimiento que se generalizaba y que en esencia era el origen de la lucha por la democratización de la enseñanza tal, como lo había semblanteado el Rector González Casanova en su forma más natural y espontánea. La lucha contra las autoridades se hizo frontal y las acusaciones en su contra crecieron día con día. El ambiente se radicalizó, acumulándose una fuerza ávida de encontrar solución a los problemas.

            Uno de los aspectos que más influyó en este proceso de radicalización se refiere a la relación de autoridad y al alto grado de irregularidad de los alumnos. El autoritarismo se reflejaba finalmente en la carga académica que debía desarrollar el alumno para aprobar sus materias, manifestándose en un alto grado de reprobación y en altos índices de deserción e irregularidad académica–administrativa señalada en la primera parte de este documento.

Evidentemente que esto llevó a que una de las principales reivindicaciones fuera precisamente la atención a la problemática de los sancionados, misma que se recogió en las asambleas generales que apenas empezaban a desarrollarse y que los consejeros técnicos del cal hacían suyas, proponiéndose, entre otros, la organización de cursos de regularización y el aumento al número de exámenes extraordinarios a presentarse por alumno. Pero también, al ritmo de esta música reclamante, se pusieron sobre la mesa otros asuntos de no menor importancia y que sumados a aquéllos nubló aún más la visión de las autoridades.

Los problemas de la ENA, antes tan escondidos y desconocidos, ahora empezaban a aflorar como hierba en el campo: la irregularidad académica y administrativa de los alumnos era reducida a una mera calificación de “alumnos flojos”; se negaba la solicitud para aceptar a los alumnos rechazados; la lucha contra el porrismo y las novatadas adquirían, a pesar de las autoridades, un gran apoyo para erradicarlos; el camión para prácticas escolares que las autoridades mandaron “componer” a quién sabe dónde, nunca apareció; la biblioteca y sus restricciones hacia los alumnos se agudizaron; la “transparencia” en el manejo del presupuesto se convertía en una burla; los reclamos de los profesores para regularizar su situación administrativa eran desoídos y rápidamente obstaculizados; en fin, éstos y otros problemas que empezaron a surgir espontáneamente se articularon uno con otro, conformando en muy poco tiempo demandas comunes. El empecinamiento de las autoridades por no responder a estas demandas y la radicalización cada vez mayor de los alumnos, hacían avanzar una insurgencia que acumulaba día con día mayor energía.

Para ese momento (inicio de semestre) los problemas laborales de los profesores también hacían crisis. La Dirección de la ENA beneficiaba a unos pocos, mientras que a otros se les mantenía aislados y al margen de esos beneficios. Los profesores afectados protestaron enérgicamente, concediéndoseles un plazo de 10 a 15 días para “aclaraciones” de su situación ante el Consejo Técnico.

La condición académico–administrativa de los alumnos también detonó. El alto índice de irregularidad empezó a frenar la carrera de muchos, así que pronto en las asambleas este problema empezó a tomar su real dimensión: Departamento de Diseño Arquitectónico: 430 sancionados; Departamento de Construcción: 1,180 sancionados; Departamento de Estructuras: 782 sancionados; Departamento de Historia: 270 sancionados; Departamento de Auxiliares de Representación: 220 sancionados; Departamento de Teoría: 340 sancionados; Departamento de Urbanismo: 158 sancionados. Total: 3,402 sancionados[26].

[26] “Estadísticas de sancionados por departamento”, en Basta!, número 1, op. cit., pliego doblado

El problema parecía no tener solución, pues las autoridades se negaban a dialogar y encontrar alguna salida a la amplitud de problemas que se estaban acumulando. Ante esta situación, el cal convocó a una asamblea a realizarse el 7 de febrero de ese año (1972) y analizar ahí la problemática de los sancionados, acordándose un pliego petitorio con los siguientes puntos:

1. La derogación de la Ley de sanciones, o sea el artículo 26 del Reglamento General de Inscripciones.

2. Que no se quiten materias que no estén relacionadas con las anteriores.

3. Que se impartan cursos de regularización, en los cuales el alumno escogerá el profesor y dicho profesor será el sinodal que haga el examen extraordinario.

4. Poder darse de baja en cualquier materia durante todo el semestre, incluso unos días antes del examen final.

5. Un nuevo periodo de exámenes extraordinarios a los compañeros que van a ingresar a Diseño Industrial.[27]

[27]Sancionados…”, Idem.

El acuerdo incluía también el de dirigirse directamente a la Rectoría, para “darle más agilidad al pliego petitorio”. La respuesta de la Rectoría sólo dio solución parcial al pliego, pues solamente se otorgó una tercera inscripción “en todas las materias sancionadas” y otorgar otro periodo de exámenes extraordinarios a los alumnos que fueran a ingresar a Diseño Industrial. Posteriormente, se tuvo una reunión de Consejo Técnico en donde sus miembros más retardatarios vociferaban su indignación porque no se les había tomado parecer, antes que a la Rectoría. No se llegó a concretar ningún acuerdo nuevo de los ofrecidos por la Rectoría y sí en cambio se culpó a los alumnos “…que no estudiaban porque son unos flojos… si aceptamos lo que exigen, puede ser dañino para la escuela…”[28]

[28] Idem.

Y abril llegó

Los tiempos ofrecidos por las autoridades de la ENA para resolver las demandas presentadas en la asamblea plenaria del 7 de febrero se habían terminado, pensando quizás que al transcurrir los días éstas se olvidarían. Pero qué lejos estaban de la real situación al suponer que tantos problemas se olvidarían tan rápidamente.

Mientras tanto, en otras universidades la lucha democratizadora había tomado caminos análogos, incluyendo la respuesta represiva del Estado para controlar y contrarrestar el avance de sus movilizaciones. El caso más emblemático en esos días a nivel nacional se centró en lo que sucedía en la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), que alcanzaba ya varios meses, y que había sido brutalmente reprimida con un saldo de varios estudiantes muertos. Esto causó una gran movilización en la UNAM y otras instituciones, planteándose en varias escuelas la huelga por solidaridad y en protesta por la represión.

En la ENA se consideró, en asamblea general, que era inconveniente estallar una huelga ya que el momento político por el que atravesaba la escuela significaba la inmovilidad total. Se decidió entonces que la mejor solidaridad con la UAS era la de levantar las demandas propias de la ENA y desarrollar la lucha por las reivindicaciones internas, articulándolas a las de apoyo y solidaridad hacia aquélla. De esta manera se decidió convocar a una nueva asamblea, la que ratificó y exigió una vez más: a) Ingreso incondicional a la ENA de todos los rechazados… b) Eliminación del tope de dos exámenes extraordinarios por alumno y libertad para que éstos presenten el número de extraordinarios que deseen… c) Regularización de la situación académico–administrativa de los profesores… d) Eliminar al personal académico faltista, a los maestros “aviadores” y a los “consentidos” de las autoridades… Y para garantizar el cumplimiento de las demandas, se pidió que el director se presentara y explicara la posición de su administración frente a las demandas. Sin embargo y como en anteriores ocasiones, se informó que  el director “…no se encontraba, pues estaba atendiendo problemas muy importantes…”Ante ello, la asamblea decidió presentar sus demandas a las autoridades de Rectoría, trasladándose en pleno al cuarto piso de la torre para entrevistarse con el Secretario General al que se le entregó el pliego petitorio; pidiendo disculpas “para salir un momento” el Secretario ya no regresó. Fue tal la indignación por esa actitud que se decidió ir directamente con el Rector; lógicamente tampoco se encontraba presente. Ante ello la asamblea acordó esperar hasta que éste regresara, así se tuviera que esperar uno, dos, o tres días, pero en huelga de hambre. Todos en la Rectoría se alarmaron, pues en esos momentos había un amplio vestíbulo que antecedía a las oficinas rectoriles que se llenó principalmente de estudiantes. Así se mantuvo la asamblea hasta el día siguiente, 11 de abril de 1972, día de máxima tensión ya que en esa fecha se celebraría otra asamblea en la ENA y un mitin en la explanada en solidaridad con la UAS.

En este marco, la huelga de hambre cobró gran relevancia al aumentar el apoyo al movimiento reivindicativo y el rechazo al autoritarismo de las autoridades universitarias, que habían subestimado con una gran prepotencia las demandas de una comunidad en rebeldía.

11 de abril

Así se llegó a la asamblea del 11 de abril, y entre una gran agitación de los profesores, estudiantes y trabajadores de la ena, dio inicio la histórica sesión. El auditorio se encontraba totalmente abarrotado. Primer punto: nombramiento de la Mesa; nadie dudó en que una mesa incluyente, representando varias posiciones, fuera lo más correcto. Así se hizo, ratificándose por consenso la propuesta. La sesión inició con una gran emoción de la concurrencia, pues la convocatoria había resultado todo un éxito. Ello produjo que las intervenciones de académicos y estudiantes, sin ningún trazo de temor, se centraran en acusaciones directas de corrupción y autoritarismo, de favoritismos… la lista de oradores parecía interminable, todos querían participar bien fuera apoyando las acusaciones o bien en defender la actuación de las autoridades.

De pronto alguien propuso: —¡Que se presente el director! ¡Sí, que se presente…! —Clamó inmediatamente la concurrencia.

—¡Que se forme una comisión para que lo inviten a participar en la asamblea! ¿Quién va? —Preguntó la mesa.

—Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… no, solamente dos o tres. ¡Sí, sí! —La comisión salió del auditorio y se trasladó a la dirección a invitar al director.

Mientras tanto, la asamblea proseguía. Los profesores del Colegio y a su vez miembros del Consejo Técnico daban datos, cifras; señalaban actitudes autoritarias… Los alumnos, otro tanto. El consenso se iba generalizando: la dirección es ineficiente, no cumple adecuadamente su papel…

La comisión por fin regresó: —El director no se encuentra en estos momentos… pero que lo van a localizar…

La respuesta, cargada indudablemente de una gran irritación fue unánime: ¡Que renuncie el director!

Rebasando a la mesa, la asamblea fue más lejos: —¡No sólo el director es responsable… también en exámenes profesionales hay corrupción, favoritismo y se vende el material…! –—Señalaban algunos.

—¡Sí, también en Servicio Social el pri es quien verdaderamente coordina las actividades…! —Agregaba uno más.

—¡Los jefes de Taller son unos autoritarios…!

Las acusaciones crecían y abarcaban a todo el cuerpo académico y administrativo de la dirección de la ENA. Ese sentimiento antiautoritario de la masa se hacía presente, acumulado al través de su vida académica cotidiana y de su práctica política reprimida, explotaba en forma tan natural que se generalizaba la conclusión: —¡Que renuncien todos! ¡Que renuncien! —Gritaron ensordecedoramente quienes abarrotaban el auditorio.

Inmediatamente la mesa propuso una comisión para redactar los acuerdos; pero la concurrencia sugirió que fueran ellos mismos.

—¡Hay que cerrar las oficinas de la dirección! —Propuso alguien de los presentes.

—¡Sí, también los talleres tienen que ser cerrados pues ahí están los que se oponen a solucionar nuestros problemas! —Gritaban otros más.

—¡Que se vote! ¡Sí, que se vote! —Exigieron todos al unísono.

Mientras la Mesa terminaba de redactar los acuerdos, sugiriendo que se diera más tiempo para elaborar un volante e informar a toda la base, se leyeron las propuestas planteadas, incluyéndose algunos objetivos que los presentes se habían comprometido a alcanzar, aceptándose y aprobándose por mayoría absoluta y conminándose a los asistentes a tomar la dirección. —¡A tomar la dirección! —Fue el grito que selló el principio del fin de una administración que se perdió en su propio laberinto sin saber, hasta ese instante, qué camino tomar para salir de éste.

La comunidad empezó a salir del auditorio, atiborrando el vestíbulo y las escaleras rumbo a las oficinas de la dirección. Ya en el lugar, se informó a los funcionarios y personal que serían cerradas las oficinas por acuerdo de la asamblea. No faltó quien se opusiera, pero la presión era más fuerte que su resistencia. Al salir la última persona se pusieron los sellos correspondientes en todas las puertas.

—¡A los talleres! ¡A los talleres! —Gritaban ruidosamente los ahí reunidos.

Pero de entre la multitud reunida alguien, como iluminado por un espíritu, gritó: —¡Que los talleres no se cierren! ¡Eso sería paralizar la escuela y no nos conviene! ¡Mejor que los talleres continúen trabajando, pero ahora con nuestra supervisión!

¡Zas! Se hizo un silencio de algunos segundos como dando tiempo a razonar, para después, también ensordecedoramente gritar: —¡Sí, los talleres abiertos! ¡Nadie nos sacará! ¡La escuela es nuestra! ¡Las clases no se suspenden!

A pesar de la noche, la comunidad se trasladó a los talleres para hacerlos suyos y “proseguir los cursos”; todos festejaban los compromisos aprobados.

Con las aquiescencias alcanzadas en esa asamblea y con la aprobación de sus objetivos, el movimiento democratizador incidía en la creación de una nueva etapa enteramente autogestiva en la Escuela Nacional de Arquitectura.

El primer comunicado, emitido por el movimiento, fue más que certero:

Por acuerdo de la Asamblea Plenaria de estudiantes y profesores, se desconoce y destituye a las autoridades de la Escuela Nacional de Arquitectura por su incapacidad y antidemocracia para dar solución a los problemas de la misma; constituyéndose esta asamblea como el máximo organismo de decisión. Todo esto con el fin de dar a la Escuela una nueva estructura que genere un desarrollo dinámico, permanente y democrático en función de la realidad de nuestro pueblo y nuestro país.

Nosotros, la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM nos encontramos desde hace más de una semana en permanente discusión política y académica, tanto en asambleas generales, matutinas y vespertinas, como en asambleas de talleres, en aulas, corredores, jardines, etc.

Estamos combatiendo a la decadente educación que se nos imparte; estamos combatiendo la forma antidemocrática en que se nos imponen las decisiones… estamos combatiendo los métodos pedagógicos que están desligados de la realidad… estamos combatiendo la educación enajenante y unilateral que se nos imparte desligada de un conocimiento general que nos permita conocer profundamente la realidad histórica de nuestro país y que nos pueda hacer seres capaces de cuestionar, criticar y transformar nuestra sociedad.

…En fin, estamos haciendo un replanteamiento general de nuestra escuela… Nuestros objetivos son claros:

1. Totalización de conocimientos. Esto con el fin de crear profesionistas que comprendan, critiquen, cuestionen y transformen la realidad global de nuestra sociedad.

2. Praxis. Lograr vincular la teoría con la práctica, pues sólo así comprenderemos nuestra realidad.

3. Arquitectura hacia el pueblo. Sólo vinculándonos al pueblo haremos de nuestra profesión lo que en esencia debe ser: un instrumento que responda a las necesidades de miles y miles de familias que carecen de habitación, entregaremos nuestros conocimientos al servicio de los que con su trabajo pagan nuestra educación.

4. Enseñanza dialogal. Necesitamos cursos donde los maestros colaboren mutuamente en base a objetivos y planteamientos que surjan de las dos partes sin sectarismos, sin imposiciones, necesitamos aumentar tanto en maestros como alumnos la crítica y la autocrítica y en base a un mejoramiento común enseñemos y aprendamos”.

¡Así fue y así sucedió! En aquel 11 de abril de 1972, nació en la Escuela Nacional de Arquitectura un movimiento que en unas cuantas semanas adoptó el nombre de Autogobierno.

Movimiento que, con los principios básicos de la autogestión, conmemora 50 años de existencia este 11 de abril de 2022.


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Las premisas del Centro Histórico, cultura, comunicación y poder

Rubén Cantú Chapa

La explicación del fenómeno sociedad-territorio aparece en el espacio público mediante el protagonismo del Centro Histórico que critica severamente al Estado en un ambiente sociourbano, cultural, patrimonial de identidad nacional, como espacio actor de los problemas sociales y los nuevos sucesos de la vida del país. En la actualidad, quien tiene la información y la comunicación posee el poder, el Centro Histórico de la ciudad de México ocupado por la sociedad civil, ahora por el movimiento de la Cuarta Transformación, es la otra fuente de comunicación y poder político, debido a que se presenta como la potestad popular en el Centro Histórico en contraposición al poder mediático de las formas de comunicación electrónicas con amplio dominio contemporáneo nacional y allende las fronteras sometida por el neoliberalismo.

Emerge en el espacio central más antiguo de la capital de la República la expresión de la crisis urbana más que en otro sitio del país. Se presenta como el lugar difícil de salvaguardar, de restaurar y rescatar, acorde a las recomendaciones de los organismos nacionales e internacionales relacionados con el patrimonio urbano-arquitectónico, pero que su salvaguarda es la propia acción social en el territorio urbano del sitio patrimonial del Centro Histórico. El rescate social y político del Centro Histórico distinto a la visión de las academias y al criterio oficial de su espacio tradicional de poder lo materializa la sociedad civil en un ambiente sociourbano inédito. En la incipiente sociedad civil o sujeto de estudio que ahí aparece en las últimas décadas se expresa el poder en lo social, lo político, lo económico y lo cultural[1].

[1] Los recientes sucesos en los países árabes en este año (2011) muestran cómo los centros cívicos o los centros históricos son fuentes de comunicación y poder popular al grado de cambiar gobiernos.

El sitio que critica (metafóricamente sea dicho) al sistema como el lugar crisol de los movimientos sociales y espacio actor de los grandes problemas sociales de la metrópoli y del país es el Centro Histórico, así mostrado en las últimas décadas. Pero también es el territorio como proceso de comunicación que desafía las formas de poder en los diversos campos de las prácticas sociales en la que se incluye la práctica política, entre la incipiente sociedad civil (en aras de su consolidación) y el Estado. El Centro Histórico que critica al sistema, mediante la comunicación que confiere el Zócalo del sitio urbano-arquitectónico patrimonial desafía las relaciones de poder de la sociedad-territorio y pone en entredicho las prácticas y políticas públicas neoliberales del Estado.

El potencial protagónico del ambiente sociourbano del espacio público del Centro Histórico como una de las dimensiones espaciales de la crisis del Estado, pero también la magnitud de la creciente sociedad civil se presenta luego en numerosos países, y aparecen en el último tercio del siglo pasado y lo que va del actual siglo xxi. Esa potencia, que fue un atributo del Estado durante décadas como una relación de actores subordinados, ahora en descenso, se debió a que fue puesto en entredicho por el sinnúmero de expresiones contestatarias de la ascendente sociedad civil en el Centro Histórico de la ciudad de México. En ese periodo de análisis, la cantidad de manifestaciones en el sitio, patrimonio histórico de la humanidad, llevaron a un proceso de cambio institucional del Centro Histórico debido a la visible pérdida de poder de la clase política gobernante en el dominio del área urbana, que durante décadas mantuvo. La crisis del Estado es la propia expresión de inseguridad pública que moviliza grandes sectores sociales tanto en el Centro Histórico de la ciudad de México como en numerosas ciudades del país, mostrado recientemente en los primeros días del mes de mayo del año de 2011 en que se lleva a cabo.

El velo de la restauración del Centro Histórico por parte del Estado, como mecanismos de cubrimiento del ambiente sociourbano crítica al propio Estado, ha tenido una parcialidad difícil de superar. No fue posible al surgir ese espacio como perteneciente de las luchas sociales, mediante manifestaciones contestatarias de las clases sociales que han reivindicado mejores condiciones de vida perdidas desde el último tercio del siglo xx. No pudieron remodelar el espacio del Zócalo en el año 2000 mediante una propuesta de diseño del área, surgida de los arquitectos y urbanistas “orgánicos” al sistema. La propuesta apareció del seno académico universitario, como legitimidad inequívoca para la restauración del lugar tanto tiempo anhelado, pero sin éxito alguno ante una realidad sociourbana no considerada en la propuesta restauradora.

El ambiente del espacio público del Centro Histórico como la extensión material de las condiciones de la crisis del Estado tiene la complejidad del entorno sociourbano, además de explicarse en el ámbito del conocimiento interdisciplinario de la vida urbana. Sin embargo, abre perspectivas de investigación en aquellos espacios más representativos determinados por el sujeto social. El requerimiento de una propuesta metodológica interdisciplinaria pretende unificar el conocimiento del objeto de estudio articulado con la historia del sujeto social inherente al fenómeno de análisis, esto es, el sitio patrimonial histórico cultural y su articulación con el ambiente sociourbano ahí creado. De la complejidad ambiental como forma de análisis, esto es, en correspondencia con la perspectiva del sistema complejo, se pueden encontrar variables que en una sola disciplina no aparece, como lo es el ambiente sociourbano. Esta es la posibilidad de explicarse lo más objetivo posible el tema planteado y la dimensión material de la crisis del Estado evidenciada una y otra vez con los hechos de las últimas décadas,

Tenemos luego que las políticas públicas relacionadas con la problemática medioambiental han mostrado limitaciones al no lograr los resultados esperados, particularmente en las estrategias ambientales sociourbanas. El impacto del desarrollo industrial con más de dos siglos de existencia en el planeta, y más de una centuria en nuestro país, destaca por los resultados devastadores, aún sin resolver en el medio natural ni en el marco de las políticas sobre el espacio público del ambiente sociourbano. El último tercio del siglo xx y lo que va del xxi muestra la magnitud de la problemática enunciada en el ensayo.

La complejidad sociourbana en uno de los sitios urbanos bastante problematizado muestra la necesidad de “Explicar lo visible complejo por lo invisible simple”. Por tanto, la ciudad de México es la expresión material del carácter ideológico de las políticas públicas del Estado mexicano. Corresponde al discurso contradictorio de las diversas disposiciones normativas instituidas de índole federal y los preceptos locales de organización del espacio urbano y se orienta por un desenvolvimiento, donde se asienta la metrópoli y las formas y organización de la vida urbana

La crisis de ciudad se muestra en su expansión física sin el ordenamiento del ambiente territorial y se expresa con los diversos movimientos sociales urbanos[2]. Las principales contradicciones del desarrollo urbano van en detrimento de los sectores sociales desprotegidos y mayoritarios que tienen como resultado la aparición del ambiente sociourbano crítico, hecho que se desenvuelve con mayor incidencia en el Centro Histórico de la ciudad de México. Estas contradicciones tienen su origen en el carácter de las inversiones del capital y sus formas de acumulación, pues se realizan en pro de la rentabilidad y no de las necesidades sociales, además de la competencia anárquica de los agentes urbanos.

[2] Jordi Borja, Movimientos Sociales Urbanos, Buenos Aires, Siap-Planteos, 1975, pp. 16-17,

La respuesta a la apropiación privada del suelo urbano en contraposición al uso social que demanda la sociedad urbana es la adjudicación colectiva de los espacios abiertos en el medio ambiente histórico de los sitios patrimoniales del centro de la ciudad. La reproducción de las fuerzas productivas, la fuerza de trabajo en particular, que ya no garantiza la ciudad del capital, es la demanda central de los movimientos sociales urbanos en el Centro Histórico. Todo indica que en la medida que aumenta la composición orgánica del capital como una necesidad de las formas de acumulación, en los espacios abiertos críticos de la ciudad, se incrementa también el ambiente sociourbano crítico.

Las condiciones de vida de los habitantes de la ciudad de México hacen improductiva a la metrópoli y empeoraron de manera acelerada aunadas al proceso de deterioro de la ocupación del espacio citadino. Por otro lado, la ciudad se paraliza con frecuencia y las obras de ingeniera urbana no logran rebasar ni menos superar la situación de estancamiento. El medio natural del Valle de México se redujo a su mínima expresión mientras que el ambiente social sufre alteraciones hacia una mayor descomposición.

La dicotomía social y urbana en ascenso en la metrópoli y el país mismo, debido a las desigualdades regionales y citadinas, es la contradictoria relación sociedad-territorio. En tanto la sociedad no se organice, tampoco se logra regular y ordenar el espacio urbano y regional. Es el quebranto de la existencia ciudadana, del objeto urbano más que del sujeto civil. Se expresa en el vasto desempleo y los bajos salarios de los que se derivan la inseguridad pública y privada y la preocupante disgregación social en ascenso. Se muestra en los problemas del transporte y la vialidad que complica el proceso productivo; también en el alto índice de corrupción en la administración pública y privada y en una democracia que nunca logra consolidarse a pesar de los diversos medios de gestión y las numerosas formas de participación social.

La crisis también se manifiesta en el insuficiente equipamiento urbano relacionado con la educación, particularmente en la educación media y superior y en las deficiencias de la salud pública y los altos costos de la medicina privada, que repercuten en los términos de productividad de una metrópoli. El marco de la crisis lo completa, en rigor, la mutación del empleo que hace al hombre superfluo como nunca, fenómeno que se presenta desde hace más de dos décadas en nuestro país y en casi todas las naciones del mundo incluyendo la mayoría de las más desarrolladas[3].

[3] Viviane Forrester, Una extraña dictadura, Fondo de Cultura Económica, México, 2000, pp. 9-10.

La crisis del sistema capitalista es la crisis de la sobreproducción de mercancías que no encuentran salida en el mercado dada la caída de la demanda. Esta sobreproducción de mercancías incluye la mercancía de la fuerza de trabajo, es decir, el desempleo y está determinada por la principal Ley que rige el modo de producción de una economía de mercado: la Ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia. Esa sobreproducción de la mercancía de la fuerza de trabajo, esto es, la sobrepoblación relativa la hace sobrante,

La crisis del trabajo es agravada por la existencia de un sindicalismo deteriorado o corporativizado como acta de defunción del propio empleo. Es también lo que se refleja en el rompimiento metropolitano con la vasta segmentación y falta de funcionalidad del territorio de la urbe, como la misma segregación social que la constituye. El ambiente social-urbano motiva a la sociedad civil a asumir su carácter contestatario que da cuenta de la situación en los espacios públicos y centrales de la ciudad, una y otra vez, en las últimas décadas del siglo pasado y continúa en el presente. Es luego, el surgimiento y permanencia ya, de un ambiente sociourbano crítico que tiene como sustento real en el protagonismo del Centro Histórico de la ciudad de México, lugar de historia, cultura, comunicación y poder, que registra y testimonia los problemas pasados y actuales de la nación. Las demás localidades del país, desde grandes y medianas hasta las más pequeñas, padecen en mayor o menor grado dificultades similares en la degradación del trabajo superfluo y enviados al desempleo.


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José Carlos

M. Alejandro Gaytán Cervantes

José Carlos era un buen amigo; hablo de hace más de 50 años, cuando murió. Me refiero a un admirado poeta. Pero lo que aquí comento, no tiene nada que ver con la personalidad y verdadera producción de este gran bardo mexicano, Tabasqueño para mayor precisión. 

Menciono a José Carlos Becerra, en la etapa de su vida que fue como una especie de accidente: Su incursión por la arquitectura.

Lo conocí, trabajando en el Departamento de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, que tenía sus oficinas en el propio palacio de Bellas Artes, en el primer piso, entrando por la parte de atrás del edificio.

Éramos un grupo de jóvenes arquitectos que trabajamos ahí con mucho entusiasmo, por ser su jefa la arquitecta Ruth Rivera Marín, hija de Diego Rivera; además, ella fue mi maestra en la carrera. 

En su trabajo siempre buscaba la mayor difusión de la obra arquitectónica que se realizaba en México y el mundo.

Aparte de nuestras labores de mantenimiento arquitectónico en los edificios del Instituto y de efectuar algunos proyectos y obras de nuevas edificaciones, como la remodelación de la casa de los Condes de Buenavista; un edificio que fue preparatoria por muchos años y primero fue restaurado para escuela de enfermería, al que terminamos adaptándolo para ser el hoy Museo de San Carlos; el templo de San Diego, para la Pinacoteca Virreinal, o el proyecto del entonces nuevo edificio para la Escuela de Diseño y Artesanías, La Esmeralda, que estaba ubicado atrás del panteón de San Fernando.

Además, realizábamos exposiciones en diversos lugares: En el vestíbulo del propio palacio de Bellas Artes, en el Colegio de Arquitectos, en las escuelas de arquitectura del país, en la Sociedad de Arquitectos del IPN; exhibiciones en las que organizábamos en forma paralela ciclos de conferencias, sobre los arquitectos y su obra en el mundo.

En esta labor, formamos un equipo con, entre otros, Carlos Noyola, hermano del economista Juan Noyola, ilustre que fue ministro de economía de la Cuba revolucionaria, quien murió desempeñando estas funciones; Salvador Pinoncelly, que editaba los Cuadernos de Arquitectura del INBA, Ignacio Angulo, Rubén Cantú Chapa, Ramón Vargas, Francisco Célis Mestre, hijo de republicanos españoles, Enriqueta Belloc Ibarra, Carmen Parra (Riqui), hoy famosa pintora. También nos acompañaba el añorado poeta tabasqueño José Carlos Becerra, en su etapa de estudiante de arquitectura inacabado; para nosotros era simplemente, Carlos.  

Carlos era amigo de todos, pero con un mundo diferente en su cabeza, en su forma de comportarse cotidianamente. Le gustaba hablar de muchas cosas; lo hacía con sarcasmo; sacaba alguna frase brillante, pero sólo como tal, sin relación con otras cosas. No conocíamos el camino intelectual que llevaba adentro.

Una vez nos reunió frente a una nueva secretaría, jovencita, muy guapa: Nos leyó una poesía en la que hilvanaba muy bien su contenido; hablaba de las cosas extraordinarias que hay en este mundo y remataba alabando los hermosos pechos de la dama receptora del verso. 

A pesar de lo hermoso de la poesía, aún ante la belleza de las palabras de José Carlos, avergonzada, Estelita se soltó llorando y salió corriendo. Claro que en ese tiempo lo sucedido era una audacia que avergonzaba a cualquier dama. 

Carlos dijo: No me comprenden

Cerca de la nochebuena, llegaron dos arquitectas argentinas que nos comentaron su deseo de conocer el alabado nacimiento que montaba en su casa por la navidad el gran poeta Carlos Pellicer; al enterarse José Carlos del deseo de las arquitectas, llamó por teléfono y cuando oímos la naturalidad con que le solicitó la visita y la aceptación del poeta, nos sorprendimos y, ante nuestro asombro sólo dijo: Bueno es mi amigo, es que los dos somos tabasqueños. 

Carlos faltaba mucho, pues andaba en sus rollos, como nos lo expresaba. El trabajo que debía realizar, lo terminábamos haciendo sus compañeros.

Un día Ruth, la jefa, lo mando llamar y la reunión fue más o menos así:

-Mire Carlos, usted falta mucho cuando más lo necesitamos. No participa de nuestras principales actividades

-Bueno, es que estoy haciendo cosas muy interesantes.

– ¿Se puede saber de qué se trata?

-No, no tiene que ver con la arquitectura y mucho menos con el trabajo. 

-Bueno, como guste. Pero le voy a decir esto: Por el bien de usted, lo voy a dar de baja del Departamento; necesito que termine la escuela, que tiene desatendida y en cuanto esto sea así, aquí nuevamente lo esperamos.

-Qué bueno que me despide; así me voy a dedicar a lo que de verdad me gusta.

-No Carlos, no lo tome así. Bueno, piénselo y hablamos. Quiero que me entienda; lo que deseo es que arregle su vida, su profesión. 

-Eso está en orden, arquitecta, pero qué bueno que salgo de aquí; lo debería haber hecho desde hace mucho, pues así me voy a dedicar a lo que más me satisface: La poesía.

-No Carlos; usted es un buen arquitecto, por favor, termine la escuela.

-No arquitecta; en este momento he tomado una decisión fundamental en mi vida. De lleno me dedicaré a la poesía. Muchas gracias, dijo al salir de la oficina.

Afuera le dije:

-Oye ¿Qué no se te pasó la mano? Ruth te hablaba con buenas intenciones.

-Sí, lo sé; pero una cosa si te digo: voy a ser poeta. 

-Te hablo en serio.

-Pues yo más. Espera un tiempo muy corto y lo verás.

Nos despedimos con un fuerte abrazo y no lo volví a ver; sólo supe de él a través de amigos y de la prensa:

Un día apareció en los periódicos una nota que decía más o menos esto:

Ayer, en avenida Juárez, repartiendo propaganda contra la guerra de Vietnam, fueron detenidos dos poetas mexicanos. Al llegar ante la autoridad Carlos Pellicer manifestó: Somos dos poetas tabasqueños que, además, nos llamamos igual: Carlos, somos Carlos Becerra y su servidor Carlos Pellicer. Lo que hacemos es manifestar nuestra protesta ante un genocidio tan grande como el que se realiza en aquellos lugares.

A mi entender, fue la forma en que Pellicer lanzó a José Carlos. 

Después supe de un libro que había publicado, con los elogios de la intelectualidad mexicana y posteriormente que había recibido la beca Guggenheim, con lo que se fue a Europa. Un tiempo después nos enteramos del accidente carretero que había tenido en esos lares y lo impactante de su fallecimiento.

Sólo descubrí su enorme calidad cuando, a un año de su muerte, la sección “México en la Cultura” del diario Novedades, dedicó integras sus 16 páginas, a presentar la extensa y excelente obra del poeta mexicano José Carlos Becerra.

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CARTAS A AMLO ACERCA DE LA CORRUPCIÓN 2. Gobiernos deformando la historia. La cuestión del Padre de la Patria.

 Al escuchar y leer su versión relativa a la importancia de los dos grandes tumores que han lacrado el desarrollo de nuestro país, hemos caído en la cuenta, Licenciado, de la existencia de otro gran campo en el que la corrupción y la impunidad también hincan su mala fe y que, es más, marcha de la mano con ellos.

Ese otro campo surge al reparar en que la corrupción no sólo se manifiesta en el campo de las finanzas, escamoteando, como ahora nos enteramos, montones de dinero cuyo volumen sólo podemos imaginar si lo comparamos con el producto interno bruto, ya de por sí menguado, de que han dispuesto los sucesivos gobiernos de nuestro país, para impulsar las fuerzas productivas. La merma del producto interno ha distorsionado la imposición del propio sistema capitalista, al cual ya de por sí le es inherente generar la desigualdad, afianzando, por el contrario, el capitalismo minusválido al que nos referimos en la carta anterior. Y esto es así porque ningún régimen puede consolidarse si no se extiende al todo de las relaciones sociales de una comunidad.

No. La corrupción, por más que haya lesionado la marcha de nuestro país haciendo imperativo terminar con ella, como lo está Usted procurando llevar a cabo, no se constriñe al ámbito financiero, sino que, con diferencia de intensidad se expande al conjunto de la sociedad, sin perder de vista su tabla de prioridades. Y por lo que podemos observar, Sr. Presidente, un personaje que ha atraído el afán corruptor en nuestro país, es, ni más ni menos, Sr. Presidente, que el ¡¡Padre de la Patria!! Sí, el Padre de la Patria. Y tenemos especial interés en comentarlo con Usted precisamente en estos momentos, por la relevancia que a nivel histórico tiene el cura Miguel Hidalgo y Costilla, máxime si tenemos en cuenta la nueva versión que está Usted llevando a cabo acerca de la evolución de nuestra historia, en la que Miguel Hidalgo aparece como como promotor de la 1ª Transformación, también llamada por nosotros, 1ª Zancada.

Así, pues, Sr. Presidente, ¿de qué medios se ha valido el intento de corromper la personalidad del Padre de la Patria, para que llegue al gran público deformado y sea más asequible al escarnio, a la mofa? Bien, son diversos los medios los recursos, las acciones que emplean los detractores, los ofensores, los corruptos murmuradores. Todos ellos tienen en común un propósito: disminuir, rebajar, tergiversar, corromper su personalidad, restándole méritos o adjudicándole cualidades mal vistas socialmente, pretendiendo, con ello, alcanzar fines torcidos mil. Fines que pueden sintetizarse en uno: demeritar la personalidad de Hidalgo, desprestigiarlo, para poner en entredicho su cualidad de gran dirigente ilustrado que le imprimió un sentido trascendente al descontento que existía respecto de la dominación de España.

Ahora bien, ¿cuáles son las acciones o rasgos más notables de Hidalgo que de manera premeditada han hecho a un lado escondiéndolos, omitiéndolos, buscando con ello disminuir el impacto social y político de su personalidad e imagen? Porque Hidalgo fue mucho más que el sobresaliente “cura de la Parroquia de Dolores”, mucho más que el cura que, de pronto, casi como mera ocurrencia, nos dicen, salió de su parroquia para arengar a los feligreses a levantarse en contra del Rey de España recomendándoles coger su machete y su azadón, porque la pelea iba a estar muy fuerte. Nada más.

Dejar de lado su actividad como estudiante, como maestro, pensador y orientador es la primera de las omisiones que siguen dejando de lado para disminuir su más cabal imagen: la de un cura que además de ser filósofo y teólogo ilustrado hizo notoria su preocupación en trascender su circunstancia, intelectual y políticamente.

En efecto, Sr. Presidente, Miguel Hidalgo, quien nació en 1753, ingresó a la Escuela de Artes en donde en 1770, a la edad de 17 años, obtuvo el título de Bachiller en Artes. Estos estudios le permitieron inscribirse en los cursos de Teología que llevó en el Colegio de San Nicolás Obispo, graduándose en 1773, o sea, a la edad de 20 años, en la Real y Pontificia Universidad de México. En tanto  se desempeñaba como estudiante, fue nombrado Presidente de la Academia en filosofía y teología, cargo que desempeñó rigurosamente y en el curso del cual estudió el latín y el francés, así como el idioma náhuatl, el otomí y el purépecha., lo que posteriormente le permitió interiorizarse con diversas comunidades indígenas. En 1784 aprovechó una convocatoria abierta a todo aquél que quisiera participar en un concurso que contaría con un premio al mejor trabajo que se presentara, eso sí, en latín y en castellano, abordando un tema cuyo sólo título suscita aprensión: Disertación sobre el verdadero método de estudiar teología escolástica”. Fíjese Sr. Presidente: ¡qué tema! ¡Espinoso por donde quiera que se lo mire! Pues bien: ¡Hidalgo se inscribió!   

¿”Disertar sobre el verdadero método”? Es un tema que de ninguna manera puede abordarse sin tener un conocimiento muy sólido y fundado respecto de la Teología con todos los intríngulis que ella supone; en segundo lugar, sobre la Escolástica, en tercero sobre lo que implicaba, por sí sola, la palabra método, en el siglo XVIII y, en cuarto, vertebral y concluyente, sobre el “verdadero” ensamble de los cuatro componentes. O sea, Sr. Presidente, un real y espinoso problema que con seguridad haría vacilar a más de un estudiante y maestro de filosofía y teología. Pero, que es más, solamente podía abordarse no como mero problema de conocimiento estudiantil, sino que implicaba, de entrada, varias cuestiones. Sea la primera, la de reconocer que la Iglesia Católica se encontraba en serios problemas para asentarse en la conciencia de la sociedad y que ese conflicto procedía de la dificultad de explicar el tipo de Dios que reconocía la Iglesia Católica, básicamente por la doble entidad, de dios y de hombre, que entraña.

En efecto, la Iglesia católica no podía eludir, sino al contrario, poner en relieve esa doble entidad, que precisaba mucho de creencia, de fe, sin dejar de lado la racionalidad de la concepción. ¿Cómo conciliar la divinidad de la entidad con la materialidad de su actuación, aquí, en la Tierra, donde llevó a cabo multitud de acciones de cuidado, de consejo, de cura, de bondad, pero que, en todos los casos, eran acciones materiales? Ahora bien, la concepción racional, a su vez, no podía omitir tomar en cuenta las enseñanzas del filósofo que en el pasado se interiorizó más en la estructura del saber, en la estructura del conocimiento, esto es, de la lógica como disciplina ocupada en el conocimiento. Y Aristóteles fue, no sólo un filósofo más, sino que en los siglos posteriores al esplendor ateniense, fue EL filósofo, sin más. El filósofo de lo perdurable, de lo secular, y que por tal carácter era el filósofo o la filosofía que precisaba la iglesia católica y todas las iglesias, probablemente, en tanto preconizan lo perdurable, lo permanente, y por tanto, lo verdadero. De ahí el muy largo lapso de predominio del aristotelismo en Europa. Pero, una cosa es tener un marco teórico de solvencia secular y, otra, vertebrarlo con la realidad inconsútil que preconiza la iglesia católica.

Este problema, central, de la iglesia católica, le llevó siglos solventarlo para crear una explicación que cumpliera con las dos premisas centrales: explicar cómo es posible integrar la materialidad humana con la espiritualidad divina fue el primero de los grandes temas de cuya solución se ocuparon eminentes filósofos de la talla de San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino. Estos, y muchos más le dieron cuerpo a la Teología como disciplina ocupada del conocimiento del ser de Dios, ¡Vaya tema! ¡el conocimiento del ser de Dios! y a la escolástica como corriente de pensamiento que privó a lo largo de toda la Edad Media. La escolástica como aseveración de lo perene. Pero, también, como estudio y conocimiento de la realidad tangible, de lo imperecedero. ¿Así es que había que conocer el ser de Dios, esto es, de lo imperecedero, de lo perene, de lo eterno? ¿Nada más ni nada menos que saber en qué consiste ese Dios, mitad espíritu y mitad hombre humano? ¿Y eterno por si los dos atributos primeros no bastaran? ¿Y tener como referente a San Agustín y a Santo Tomás, dos filósofos teólogos de los más densos que hay en la filosofía? Pues bien, ¡ el Hidalgo de 30 años se inscribió al concurso……!y lo ganó! ¡Vaya que tenía arrestos intelectuales! Y tan los tenía que no sólo ganó el concurso convocado, sino que propuso como “verdadero método de estudiar Teología.” es juntar la forma escolástica con la segunda forma en uso de enseñarla, conocida como “Positiva”, como Enseñanza Positiva de la Escolástica. Así, pues, ¿en qué consistía la forma escolástica de concebir y enseñar a Dios? Pues está dicho en una definición incluida en su Disertación y que no debe pasarse por alto:

“Es la teología una ciencia que nos muestra lo que es Dios en sí, explicando su naturaleza y sus atributos y lo que es en cuanto a nosotros.” 

“Ciencia que nos muestra lo que es Dios en sí….” Así es que el joven profesor de teología tenía que dar respuesta a la pregunta de “qué es Dios en sí…” si es que pretendía concursar dignamente. Y, ¿qué significa Dios ¡”en sí”!; pues lo contrario de ¡”en mí”! Esto es, la aplicación del supuesto epistemológico de que el “verdadero” conocimiento es el que ve las cosas como son les cosas, en sí mismas, al margen de lo que el sujeto cognoscente supone que son o pone de su coleto, de manera consciente o inconsciente, violentando lo que la realidad es sin añadidos de ninguna índole. Ese “en sí”, tiene sus dificultades dar con él quitándole al objeto de conocimiento todo lo que nuestra imaginación le ha puesto, y que concluye por esgrimir un conocimiento que ya no es del objeto en sí, sino del objeto en mí. Ahora bien, definir qué es, en qué consiste en sí……bueno, pues, Sr. Presidente, lo que puedo decirle es que Hidalgo respondió y ganó, incorporando lo que es Dios según nosotros, lo cual está más sencillo de responder y como ciencia respaldada en los libros sagrados, en las homilías, en los Concilios y en las doctrinas de los Santos Padres.        

“Lo que es en sí y en cuanto a nosotros”

Ahí está la respuesta a la teología escolástica entendida como ciencia extrayendo al objeto estudiado de todas sus referencias exógenas, para estudiarlo “en sí” mismo, sin referencia a nada exógeno a él.

Pero no paró Hidalgo en formular esta primera parte de su proposición referente a ”Cómo debe estudiarse la Teología Escolástica”, sino que hizo ver que para ser más consistente la Teología Escolástica debía hermanarse con otras ciencias que le son indispensables a riesgo de que el “en sí” que busca, quede recluido en el campo de la abstracción? ¿Y cuáles son esas otras ciencias sobre las cuales debe apoyarse la Teología Escolástica cuya búsqueda vertebral es la “del ser de Dios en sí”? Pues son las que ubican a Dios, en tanto hombre, en un momento y espacio o sitio cronológico específico. Son muy claras. En palabras del teólogo Hidalgo, ganador del concurso convocado, son cuatro, a saber:

“….y de todas las otras ciencias que se requieren para su perfecta inteligencia, como son: la Historia, la Cronología, la Geografía y la Crítica”.

            O sea, que lejos de separarlas más, lejos de distanciar y diferenciar el campo de una y otra, lejos de basar la fe en una Teología Escolástica y en otra Positiva, el “verdadero método de estudiar la Teología Escolástica es unificarla con la Positiva. Y, así, tener una sola Teología, una más multideterminada, o sea, más concreta, en términos de Hegel y Marx. Hidalgo, para corregir la separación del conocimiento teológico, propone una salida dialéctica de él. El teólogo metafísico ve la luz al fondo del túnel, y esa luz lo lleva a acercarse a la concepción dialéctica del conocimiento, de un conocimiento enriquecido con el aporte de otras ciencias. Un año después de haber ganado el concurso fue suficiente para ser nombrado Rector del Colegio de San Nicolás Obispo.

            Pero no todo fue miel sobre hojuelas para el espíritu progresista de Hidalgo, ya que en dos oportunidades fue consignado por el Tribunal de la Inquisición por rebasar los límites de la concepción teológica. ¿Resultado? En dos oportunidades Hidalgo fue recluido en la cárcel.

            Así es que, Sr. Presidente, el cura que llegó a la Parroquia de Dolores, era más que un simple cura. Era un intelectual reconocido, lector de los textos de la modernidad, conocedor de varios idiomas, teólogo consumado, políticamente progresista y defensor del régimen republicano. O sea, todo lo necesario para fungir como dirigente de un cambio social. Así se explica que a su llamado acudieran las personas y funcionarios, además del pueblo, ¿para qué? ¿Para rebelarse solamente y seguir con más de lo mismo?

No. Hidalgo se había preparado, con mayor o menor claridad para sentar las bases de un régimen más democrático: el republicano. Y para allá fue. Y para allá guió a sus seguidores. Y para allá vamos nosotros.

            ¿Por qué, pues, Sr. Presidente, corromper la personalidad de Hidalgo al omitir, conscientemente, su proyección en el campo del pensamiento abstracto, tornándolo más concreto? ¿A quién le beneficia quedarnos con un Hidalgo reducido a su dimensión de “sacerdote de la parroquia de Dolores”, por más que también sea relevante la acción que llevó a cabo en esta parroquia, enseñando a cultivar la tierra y el gusano de seda, y a trabajar la cerámica? Y, por supuesto, a extender sus enseñanzas mediante la traducción y lectura comentada de textos de los autores que en otras partes del mundo estaban ya cambiando sus regímenes de gobierno por otros más democráticos. Únicamente adentrándonos en estos amplísimos temas podremos explicar y valorar más cabalmente, cómo y por qué esos militares y funcionarios, declararon Generalísimo al Cura de la Parroquia de Dolores, Sr. Presidente.

Ellos sabían que no dependerían de las recomendaciones de un cura tal cual, sino de un cura que era también pensador de avanzada y revolucionario en ciernes, al que nosotros debemos reivindicar como el intelectual ilustrado que fungió como

PADRE DE LA PATRIA

Podríamos empezar una labor reivindicatoria solicitándole a quien esté a cargo de elaborar el Libro de texto gratuito que convoque a los especialistas que han dado la pauta para determinar el contenido de dichos libros, que completen la personalidad de Hidalgo rescatando las muy significativas actividades que llevó a cabo, además de ser el Cura de la Parroquia de Dolores. ¿No cree usted, Señor Presidente, que vale la pena reunir esta tarea con las que ya está Usted llevando a cabo para extirpar la corrupción de nuestro país?

Atentamente

La arquitectura ante la 4T

Ramón Vargas Salguero, J. Víctor Arias Montes, Rubén Cantú Chapa, Gerardo G. Sánchez Ruiz

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Arquitectura conmemorativa

Cristóbal Colón y el Paseo de la Reforma. Sexta parte

Por José Víctor Arias Montes

Con la inauguración del Monumento a Cuauhtémoc en Paseo de la Reforma en agosto de 1877, acompañado de la idea porfiriana de no solo embellecer el Paseo sino de recordar “a la posteridad el heroísmo con que la nación ha luchado contra la conquista en el siglo XVI y por la independencia y por la reforma en el presente, ha dispuesto que en la glorieta situada al oeste de la que ocupa la estatua de Colón, se erija un monumento votivo a Cuauhtemotzin y a los demás caudillos que se distinguieron en la defensa de la patria: en la siguiente otro a Hidalgo y demás héroes de la independencia, y en la inmediata otro a Juárez y demás caudillos de la reforma y de la segunda independencia…” Con ello, se inicia la consolidación del Paseo de la Reforma y los paseos populares propios de la ciudad burguesa.

Efectivamente, los paseos con ese carácter se concretan en otras ciudades del país tratando de imitar al Paseo de la Reforma de la capital mexicana. Y también en ellas aparecerán, poco a poco, espacios conmemorativos para honrar a los héroes nacionales por medio de diversas expresiones estéticas para rendirles culto. Una labor ideológica para instruir a la población respecto a rememorar a quienes participaron en las luchas emancipadoras de épocas pasadas; y qué mejor que hacerlo en el espacio público, donde todos, sin distinción de clase, puedan recordar a las personas y los episodios en que fueron partícipes.

Así, con esa doctrina, el Paseo de la Reforma tiene trazado su futuro conmemorativo, cuando menos para los liberales porfiristas: Colón, Cuauhtémoc, Hidalgo y Juárez. Y aunque Colón representa una relación contradictoria con esa doctrina, está ya ahí para recalcar el mestizaje mexicano.

Por ello, el fin del siglo XIX y el inicio del XX ofrecen fechas específicas para concretar el carácter conmemorativo de esa importante vialidad: el centenario del nacimiento de Benito Juárez, 1906, y el centenario de la Independencia, 1910. El Paseo de la Reforma estaba preparado para ello, y los liberales porfiristas se regocijan lanzando las respectivas convocatorias. Para el monumento a los héroes de la Independencia, las ideas empezaron a fluir desde 1877 hasta llegar a abril de 1907 cuando el Presidente conforma la Comisión Nacional del Centenario de la Independencia y encargarle la organización de los festejos de esa proeza histórica.[1] Y para conmemorar al Benemérito, el Presidente también conformó la Comisión Nacional del Centenario de Juárez con la finalidad, entre otras, de que convocara a un concurso para elegir un proyecto de monumento “destinado a honrar y a perpetuar la memoria de tan ilustre ciudadano y de sus principales colaboradores en la Reforma”.[2]

[1] Ramón Vargas Salguero, “Las fiestas del Centenario: recapitulaciones y vaticinios” en Fernando González Gortázar (coord.) La arquitectura mexicana del siglo XX, México, CONACULTA, 1994, p. 20.

[2] “Comisión Nacional del Centenario de Juárez” en El arte y la ciencia, volumen VII, núm. 2, México, agosto de 1905, p. 5

El tiempo apremiaba, y de por medio estaban los dos concursos para seleccionar el mejor proyecto tanto para la Independencia, como para Juárez. Para el primero, después del fallido concurso en enero de 1887, ganado por los arquitectos Clauss y Schultze de Washington, el Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas invitó, en 1900, al arquitecto Antonio Rivas Mercado a que elaborase el proyecto definitivo.[3] Para el monumento a Juárez sucedió algo parecido; se convocó a concurso, se presentaron los proyectos y el jurado lo declaró desierto por lo que se designó al arquitecto Guillermo de Heredia para realizarlo.

[3] Carlos Martínez Assad, La patria en el Paseo de la Reforma, México, Fondo de Cultura Económica-UNAM, 2005, pp. 59 y 63.

Respecto al Monumento a la Independencia, escribí hace algunos años las siguientes ideas sobre este importante espacio conmemorativo:

“Obras de todo tipo, unas por asignación y otras por concurso, aparte de innumerables actos, se programaron para las fiestas del Centenario. Todas, de grandes y fastuosas a pequeñas y sencillas, debieran inaugurase en fechas cercanas a septiembre de 1910. Pero una tuvo especial atención, el monumento a esa gesta que para el régimen era fundamental para decirle a todo el mundo de la grandeza alcanzada por sus protagonistas. Un monumento a la independencia, que no quedara trunco como el anterior de Lorenzo de la Hidalgo, y que fuera uno de los actos centrales de la fiesta centenaria.

Para ello, en 1906 la Secretaría de Obras Públicas seleccionó el proyecto al arquitecto Antonio Rivas Mercado, educado en la Escuela de Bellas Artes de París, director de la Escuela Nacional de Bellas Artes y prominente arquitecto con una sólida presencia académica y profesional. El proyecto se realizó para la cuarta glorieta del Paseo de la Reforma, desplantándose sobre una plataforma con escalinata donde descansa un zócalo que sustenta cuatro pedestales con figuras representativas de la Guerra, la Paz, la Ley y la Justicia.

Aunque se desató la polémica de si el proyecto de columna era o no una copia de las existentes en Europa, Rivas Mercado y sus seguidores insistieron una y otra vez en que el proyecto había respetado escrupulosamente el programa elaborado por el gobierno.[4] Si en ese momento existía en el gremio alguien que pudiera hablar de concursos y sus respectivos programas, ese era Rivas Mercado. Así que para el 2 de abril de 1909, se colocó la primera piedra del monumento.

Para su construcción, tuvo que construirse a su vez una grúa giratoria que permitiera mover los materiales en todo lo alto de la columna. Con una altura de casi 35 metros y un costo de 35 mil pesos, la grúa funcionó adecuadamente durante la construcción de la columna.

Al iniciarse la cimentación, con una plataforma de concreto y vigas de acero, y desplantarse el pedestal y parte del fuste se observó un hundimiento y el consecuente desplome de la construcción. Ello llevó a parar la obra y desarmar lo que se llevaba construido para reponer la cimentación con pilotes de encino y un nuevo emparrillado en forma cilíndrica que soportó bien el nuevo montaje del monumento. Se terminó y quedó listo para la pomposa inauguración.

El 16 de septiembre de 1910, a las 10 de la mañana, inició la ceremonia con  una obertura de Thomas, con la Banda de Policía; para después dar lectura al informe presentado por Antonio Rivas Mercado; posteriormente se leyó el acta de Independencia, un discurso del subsecretario de Gobernación, una poesía por Salvador Díaz Mirón, las palabras de inauguración por el general Porfirio Díaz y finalizar con la entonación del himno nacional.

Seguramente acompañó una emoción grande a los presentes, pero también los acompañaba la  sombra de pobreza y contradicciones irresueltas que se habían acumulado a lo largo de la dictadura porfirista. El sueño liberal, de implantar el capitalismo a sangre y fuego, tocaba a su fin. La reelección ya no era posible, una nueva revolución tocaba a la puerta.”[5]

[4] Puede verse un excelente resumen de esa polémica en: Marta Olivares Correa, Apropósito de la vida y obra de Antonio Rivas Mercado, México, s/e, 2010, pp. 109- 120.

[5] José Víctor Arias Montes, “Arquitectura conmemorativa para la Independencia mexicana” en Ma. Lilia González Servín (coord.) Aportes para el estudio de la arquitectura del siglo XIX en México, México, FAUNAM, 2014, pp.

Dos descripciones que a continuación reproducimos para que los lectores tengan a la mano una fuente directa, se publicaron en la revista El arte y la ciencia: en 1906 con base a la maqueta que se expuso para dar a conocer el proyecto y en 1910 con la descripción detallada del monumento el 16 de septiembre de 1910, día de la inauguración de lo que hoy es un símbolo indiscutible de la Ciudad de México.

Tomado de: El Arte y la ciencia, año IX, febrero de 1906, pp. 197-199.


Tomado de: El arte y la ciencia, año 12, número 3, septiembre de 1910, pp. 57-67.

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Neoliberalismo, globalidad, postmodernidad y territorios

Gerardo G. Sánchez Ruiz

La necesidad del capital de reciclarse le ha permitido no extinguirse como se profetizaba por críticos del sistema en particular de marxistas, y es que, dada su siempre búsqueda por reciclarse, está en permanente revolución; induciendo y aprovechando cambios tecnológicos, nuevas formas de producir, ideologización en discursos, manifestaciones culturales, redefiniciones territoriales, etcétera. Y desde fines de los años cuarenta del siglo pasado, cuando se empezaron a presentar alertas en el modelo, al percibirse que las ganancias no fluían libremente, por lo que en 1947 un grupo de políticos e intelectuales convocó a una reunión en Mont-Pèlerin Suiza con el fin de analizar la cuestión.

Esa reunión de acuerdo con Merino (2016), fue convocada por F.A. Hayek con la idea de “hacer frente al avance despiadado de los totalitarismos y poner coto a la intervención estatal masiva en la economía”, pues después de la Segunda Guerra Mundial al derrotar los soviéticos a los alemanes se amplió el espectro de países socialistas. En Hayek había la idea de impulsar una “academia de Filosofía Política de la Libertad en la que destacados académicos e investigadores, empresarios, periodistas, historiadores, sociólogos y políticos estrechasen lazos, compartiesen y debatiesen ideas”, y lo logró.

Fue de ese modo que surgió la Sociedad Mont Pelerin en 1947, en cuyas proclamas iniciales se encontraban personajes como: Ludwig von Mises, Wilhelm Röpke, Frank Knight, Lionel Robbins, quienes a la postre serían Premio Nobel; Milton Friedman y Maurice Allais; Ludwig Erhard, Luigi Einaudi y Jacques Rueff, quienes impulsaron políticas para Alemania, Italia y Francia tras la estabilización; y filósofos como Raymond Aron, Karl Popper, Michael Polanyi.[1]

[1] Raquel Merino Jara, “La Sociedad Mont Pelerin: pasado, presente y futuro”, Instituto Juan de Mariana, 2016, disponible en: htps://juandemariana.org/el-ijem/notas-de-prensa/la-sociedad-mont-pelerin: pasado-presente-y-futuro/ 

Por supuesto, lo medular de la reunión fue generar ideas que mejoraran la circulación de capitales al interior de los países y al exterior, de manera que, desde los años setenta los grupos empresariales fueron exigiendo y generando espacios para disminuir la presencia del Estado Benefactor o de Bienestar; lo cual se concretó en los años ochenta al tomar las riendas de sus gobiernos Ronald Regan en Estados Unidos, Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Jacques Chirac en Francia, lo cual generó una cascada de mutaciones estados, donde para el caso de América Latina, Chile se apegó a la conversión en la época de Pinochet. Algunas de las características del neoliberalismo en el caso de los Estados Unidos, D. Kotz (2008) las enumera así:

1. La desregulación del comercio y las finanzas, tanto en su nivel nacional como internacional. 2. La privatización de muchos servicios otrora brindados por el Estado. 3. La cesión por parte del Estado de su compromiso de regular activamente las condiciones macroeconómicas, especialmente en lo referente al empleo. 4. Brusca reducción en el gasto social. 5. Reducción de los impuestos aplicados a las empresas y familias. 6. Ataques desde el gobierno y las empresas a los sindicatos, desplazando el poder a favor del capital y debilitando la capacidad de negociación de los trabajadores. 7. Proliferación de los trabajos temporales sobre los trabajos fijos. 8. Competición desenfrenada entre las grandes empresas, en relación a un entorno menos agresivo propio de la configuración de posguerra. 9. Introducción de principios de mercado dentro de las grandes empresas, particularmente en lo referente a las remuneraciones de los trabajadores de más poder.[2]

[2] Cit. en Alberto Garzon Espinosa, “Neoliberalismo, características y efectos en Economía crítica y crítica de la economía 2010, disponible en htps://www.economiacritica.net

Se pretendía actuar contra los índices de inflación, disminuir burocracia y el gasto público en particular el dirigido a rubros sociales, bajar impuestos a empresas privadas, incentivar inversión modificando obrero-empresariales, etcétera; con lo que, de acuerdo con condiciones de cada país y medidas de diverso tipo, fueron desapareciendo espacios ganados en la época del Estado interventor; pero además a través de actuar sobre aranceles y medidas proteccionistas de cada país se actuó en los eslabones productivos y distributivos en el mundo.

Así, al reducirse las restricciones a las actividades económicas se concretó una mayor libertad para la obtención de ganancias, conduciéndose a la mayor parte del mundo, entre un nuevo liberalismo o neoliberalismo. Puello-Socarrás, apunta:

El neoliberalismo es, simplemente, el capitalismo hoy por hoy realmente existente. Desde una visión cronológica, se trata de la fase ulterior en este modo de producción social. Sin embargo, se trata también del período en el cual se verifica la exacerbación cuantitativa y cualitativa de las lógicas y contradicciones inherentes a la acumulación incesante del capital. La expansión de los mercados (“globalización”) a nivel mundial, por un lado y, por el otro, los niveles de explotación económica, dominación política, opresión social y alienación ideológica que ello supone, ilustran las dimensiones: espacial, temporal y social del neoliberalismo como fase superior del capitalismo.[3]

[3] José Francisco Puello-Socarrás, (2015), “Neoliberalismo, antineoliberalismo, nuevo neoliberalismo. episodios y trayectorias económico-políticas suramericanas (1973-2015)” en Luis Rojas Villagra, (Coord.). Neoliberalismo en américa latina. crisis, tendencias y alternativas. Asunción: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, p.22, disponible en http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/ gt/20151203044203/Neoliberalismo.pdf

Con esa urgencia de reorientar relaciones Estado Empresas y con ello a las economías, a la vez se asistió al despliegue de otra época social y cultural en el mundo. Wright Mills ante las evidentes modificaciones mundiales y, en la necesidad de afinar perspectivas y maneras de observar los nuevos fenómenos, desde 1959 visualizó la aparición de una nueva época al señalar: “Así como la Edad Antigua fue seguida de varios siglos de predominio oriental, que los occidentales llamaron […] la Edad Media o Edad del Oscurantismo, así ahora la Edad Moderna empieza a ser seguida por una edad posmoderna”.[4]

[4] C Wright Mills, La imaginación sociológica, Instituto del Libro Edición Revolucionaria, 1969, p. 178.

Esa postmodernidad,[5] en un proceso de rupturas y continuidades, motivó otras perspectivas en el mundo de las ideas, de las relaciones sociales, uso de las tecnologías, manifestaciones culturales y por supuesto modificaciones territoriales. En La condición postmoderna (1998), Jean-François Lyotard señala:

[5] Octavio Paz al respecto dice: “La crítica, con cierto retraso, ha advertido que desde hace más de un cuarto de siglo hemos entrado en otro período histórico y en otro arte. Se habla mucho de la crisis de la vanguardia y se ha popularizado, para llamar a nuestra época, la expresión «la era postmoderna». Denominación equívoca y contradictoria, como la idea misma de modernidad. Aquello que está después de lo moderno no puede ser sino lo ultramoderno: una modernidad todavía más moderna que la de ayer […] Llamarse postmoderno es una manera más bien ingenua de decir que somos muy modernos” Octavio Paz, “Poesía y modernidad” en Obras Completas T.1, Fondo de Cultura Económica, 1995, p. 515. 1993, p. 515).

El redespliegue económico en la fase actual del capitalismo, ayudado por la mutación de técnicas y tecnologías, marcha a la par […], con un cambio de función de los Estados: a partir de ese síndrome se forma una imagen de la sociedad que obliga a revisar seriamente los intentos presentados como alternativa. Digamos, para ser breves, que las funciones de regulación y, por tanto, de reproducción, se les quitan y se les quitarán más y más a los administradores y serán confiadas a autómatas. La cuestión principal se convierte y se convertirá más aún en poder disponer de las informaciones que estos últimos deberán tener memorizadas con objeto de que se tomen las decisiones adecuadas […]. La clase dirigente es y será cada vez más la de quienes deciden.[6]

[6] Françoise Lyotard, La condición Postmoderna, Madrid, Cátedra, 1991, pp. 35-36.

Incuestionablemente esos cambios dadas las tecnologías de la información se extendieron en condiciones globales, entonces, las economías al liberarse crearon nuevas relaciones entre empresas al interior de los países, y entre éstos, pero además se dio otro sentido a costumbres, cultura e ideologización; y ejemplo es el uso de los medios al alcance de los gobiernos, para mostrar otras realidades al interior y exterior de los países, y crear opiniones incluso globales tal como sucede en este momento con la actitud norteamericana, de controlar información y crear un ambiente antiruso ante la guerra entre Rusia y Ucrania, por supuesto siguiendo sus intereses.

. En ese contexto, Jameson (2000) destaca el uso de instrumentos mediáticos como difusores de las ideas dominantes, ante la manera en que éstos fueron tejiendo una cultura global que ha tendido a la homogenización; por lo que señala: “De lo que nos damos cuenta entonces, es de que ninguna sociedad ha estado nunca tan estandarizada como esta, y de que la corriente de temporalidad humana, social e histórica no ha fluido nunca de un modo tan homogéneo”.[7]

[7] Fredric Jameson, Las Semillas del Tiempo, Barcelona, Trotta, 2000.

Ineludiblemente la dinámica neoliberal, global y postmoderna, permeó sociedades y territorios, de tal manera que en el mundo se han modificado el carácter de los espacios urbano arquitectónicos parecidos o como apuntaría el periodista y arquitecto Rem Koolhaas: genéricos. La modernidad mutó a postmodernidad, con lo que se transformaron formas de producir y comercializar, maneras de resolver cuestiones financieras, modas del vestir o expresarse, matices en la edificación de espacios para habitar, modos de solventar traslados al interior y con el exterior de las ciudades y, hasta la más simple y fugaz forma de comer, se modificó y se homogeneizó.

Lo último si se considera que, la necesidad de alimentarse ante la dinámica en que han caído aquellas, es resuelta en espacios de comida rápida pertenecientes a franquicias, sea en Barcelona, New York, Londres, Buenos Aires, Moscú o México, donde el sabor de aquella es parecido, pero satisfacen los deseos y apremios de los consumidores. Los capitales requerían nuevas condiciones y las construyen, por lo que en el presente opera una profunda transformación de espacios para alojar a cada una de sus actividades.

Москва-Сити ―Moscú City― Moscú, Rusia. Fotografía Gerardo G. Sánchez, 2018.

De ahí la aparición de excelsos espacios utilizados para garantizar los fluidos de mercancías y por tanto de ganancias, donde destacan plazas comerciales se han expandido a lo largo y ancho de las ciudades o los espacios corporativos en partes selectas de las mismas como son los casos del Barrio de la Defensa en París, Potsdamer Platz en Berlín, Moscow City en Moscú, la zona de Las Condes en Santiago de Chile, Puerto Madero en Buenos Aires o Santa Fe en la Ciudad de México.

Las Condes, Santiago de Chile. Fotografía Gerardo G. Sánchez, 2011.

Por supuesto esos nuevos o renovados espacios son gran parte de los discursos y actuar del urbanismo y la arquitectura, disciplinas que también se han transformado para así cubrir exigencias de ese neoliberalismo. Lastimeramente en la contraparte, las manifestaciones territoriales de la pobreza se han profundizado lo cual se muestra sobre todo en las periferias. Ese neoliberalismo, pese a discurso gubernamentales y acciones de intervención estatal como es el de la 4T en México, aún galopa.

Periferia de Xochimilco. Fotografía Gerardo G. Sánchez, 2021.


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UN 14 DE FEBRERO

M. Alejandro Gaytán Cervantes.

Esta fecha se celebra el día del amor y la amistad; sin embargo, no todo lo sucedido este día son de esa forma, como lo que le sucedió a Nicolás, ¡Que es un aparecido lóbrego en busca de venganza!

Cuando en la noche algún automóvil rebasa por la derecha a muy alta velocidad, manejando como enajenado, la figura fantasmal de Nicolás aparece de improviso y se detiene en plena vía, frente a ese automóvil y lo hace haciendo horrorosas muecas. Con eso provoca que el chofer trate de frenar inesperadamente y, o se sale y choca con otros autos, con un poste, o si va otro acelerado tras él por el mismo carril, entonces se despedazan los dos vehiculos con severos daños, golpes mortales o como mínimo se provocan intensas golpizas entre ambos manejadores.

La existencia de Nicolás tuvo sus partes buenas y otras no tanto. Desde niño, al morir su padre, debió de trabajar en forma agotadora, pues le tocó la carga de la familia; primero para sobrevivir, después, para que sus hermanos pequeños tuvieran un porvenir. Todos estudiaron una profesión, menos él, que fue padre, hermano y maestro para ellos.

No tuvo tiempo para si mismo, ni siquiera se enteraba de los temas de actualidad en la música, el cine, el deporte o los ambientes juveniles, por eso le fue muy difícil tener relaciones con el sexo opuesto. ¿Novias? De poca duración. ¿Amantes? Algunas, que le duraban hasta el momento que les ofrecía hacer de esa unión, un compromiso formal.

Ante esas malas vibras, decidió ser un hombre soltero por el resto de sus días. Se dedicó a trabajar en una pequeña empresa que inició y que a lo largo del tiempo creció excepcionalmente. A partir de ese momento las muchachas lo vieron como un buen partido y entonces lo acosaron en múltiples formas, pero era notorio que lo único que les interesaba era su poder, su patrimonio. Por eso siguió en su soltería decidido a continuar de esa manera para siempre.

Un domingo, que salió a correr fuera de su casa, en su camino se topó con una muchacha para él muy guapa, delgada, tímida, sencilla, que cambiaba la llanta a su averiado automóvil. Al ver el percance, como un caballero se ofreció a cambiar el neumático lo cual ella, apenada por su apoyo, le agradeció proponiéndole llevarlo a la dirección donde él fuera.

Hubo una simbiosis total entre ellos, Bernarda, que así se llamaba, lo vio con ojos de admiración, le impresionó su personalidad, carácter y seriedad. Él la encontró sencilla, dulce, agradable y lo que nunca había sentido: sinceridad en el comportamiento con él.

El romance fue inmediato, se compenetraron en todo; por fin Nicolás tuvo, con ella una relación amorosa, hermosa, agradable y completa. En sus relaciones sexuales, fueron el uno para el otro, igual que en todo lo correspondiente a su relación humana, pues se vincularon totalmente.

Por eso, ese 14 de febrero, el día del Amor, Nicolás, aunque estas fechas se le hacían simplemente tiempos comerciales, se propuso declárale su pasión, ternura, eternas, lo que siempre había evitado hacer y, además, con el alma por delante quiso solicitarle que aceptara ser su esposa.

Esa noche, se quedaron de ver en una cafetería. En el momento en que iba a entrar, vio a Bernarda atravesar la calle a toda prisa, ante un tumulto de automóviles que habían arrancado al momento de encenderse la luz verde del siga. Angustiado, corrió tras ella y la alcanzó a empujar para que un automóvil, que a gran velocidad rebasaba por la derecha, no la atropellara. Pero en el intento Nicolás si fue el arrollado. Murió instantáneamente.

Por ese motivo no llegó a conocer la felicidad tan anhelada por él; en ese instante su futuro, tan ambicionado, fue destruido.

Tal es el motivo por el cual Nicolás se convirtió en el fantasma de las vías rápidas.

Ahora este fantasma es ese aparecido en busca de venganza. Todas las noches no cesa de buscar automovilistas dedicados a toda costa, a ganarle a los demás automovilistas todas las carreras en las calles y avenidas de la gran ciudad.

¡Ten cuidado, si en la noche vas a rebasar en pleno acelere y lo haces por la derecha! ¡El fantasma de Nicolás te está acechando y se te aparecerá de la manera más inesperada y terrorífica!

Destacada

CARTAS ACERCA DE LA CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD. Un lastre que ha acompañado al país a través de su historia.

Lic. Andrés Manuel López Obrador

Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos

Presente       

            Estimado Sr. presidente, meses atrás un grupo de colegas arquitectos nos dirigimos a Usted para expresarle que nos parece muy acertada su apreciación respecto de algunos de los grandes males que, de siempre podemos decir, han azolado a nuestro país: la corrupción y la impunidad.

En efecto Licenciado, no podemos menos que coincidir en su apreciación, tanto de la corrupción en la que han incurrido muy diversas personas, ya sea de manera privada o apoyados por funcionarios de todos los niveles de gobierno, de la presidencia para abajo, así como de la impunidad con que se les ha beneficiado a unos y otros. Y esto es así porque de ambas conductas hemos tenido noticia desde mucho tiempo atrás. Generaciones enteras nos hemos visto obligadas a convivir con ellas a la manera de espectadores de piedra, porque es solamente ahora y gracias a la información que está Usted haciendo pública, que estamos en la posibilidad de pergeñar una idea un tanto cuanto más precisa acerca de los montos que ambas han llegado a alcanzar. ¡! Y qué montos Sr. presidente¡! ¡A tal punto desmedidos que su repercusión social y ética todavía no la podemos precisar cabalmente!  Nos preguntamos, por ejemplo, ¿Hasta qué punto el producto interno bruto y la marcha del país con él, se han visto distorsionados por estos desfalcos, por estas trapacerías tan desbocadas? ¿Hasta qué punto el prototipo de capitalismo que se procuró importar aquí vio desfigurado su curso por la incidencia de estas sangrías? ¿Acaso tenemos un capitalismo generado no de la plusvalía producida por la fuerza de trabajo sino mediante hurtos, como el avaro de Otelo? Como éstas, día a día nos surgen más preguntas, Licenciado, y aquí nos encontramos en espera de contar  con su respuesta que esperamos nos ayude a explicarnos  el cómo y el porqué del papel tan predominante que ha tenido la corrupción y la impunidad en nuestro país. Entre otras, una pregunta más nos surge: ¿acaso la corrupción y la impunidad son y han sido constitutivas de todo tipo de capitalismo, o el nuestro es uno sui generis? ¿Cómo ha sido el implantado por Inglaterra, Alemania, Francia, Holanda, y demás, es decir, por todos los países que también han sido invasores y colonizadores como España?

De lo que sí tenemos un poco de más idea es que, en nuestro caso, datan de tiempos muy lejanos los antecedentes del aprovechamiento de la fuerza pública por parte de particulares a fin de facilitarse la apropiación ilegítima de toda clase de bienes. Es el caso del Rey de España, por ejemplo, quien en la época de la Colonia, era quien asignaba, eso sí, al mejor  postor, la prebenda solicitada, así como las heredades y la concesión de bienes amortizados; díganlo si no los virreyes 51 y 53, Miguel Antonio Flores, y Miguel de la Grua Talamanca y Branciforte, quienes ocuparon el cargo entre 1787 y 1789, el primero y 1794 y 1798, el segundo, mismos que en apego a la costumbre establecida, esto es, mediante la entrega de parte del solicitante, de la renta que previamente le habían asignado, consumaba la compraventa al entrar en posesión de los bienes así adquiridos, bienes que, usualmente, iban acompañados con un cargo nobiliario de conde, duque o similar.

Desde entonces para acá, vox populi  supo que si se tenía la pretensión de desempeñar un cargo o de ocupar una posición destacada que facilitara desfalcar a la hacienda pública, había que ganarse los buenos oficios de quien era la cabeza ejecutiva del gobierno. Y esta cabeza, en aquellos tiempos, era el Rey mismo. ¿Se aspiraba a ser virrey de la Nueva España, visitador de la misma u ocupar algún otro puesto promisorio de pingües ganancias? Pues ya se sabía a quién de más arriba había que acudir.  Sí, desde aquellos entonces, como bien sabe usted Sr. Presidente,  la corrupción era el camino para agenciarse el puesto y con él,  la impunidad, la garantía de no sufrir castigo. Y todavía más,  quien incurría en estos procedimientos, escalaba puestos o sacaba beneficios de ellos, era considerado, por no pocos, como ejemplo de “inteligencia”, de gente emprendedora, de una gente que sabía aprovechar  las oportunidades. Y ya entrados en gastos, Sr. Presidente, nos dio por hurgar un poco más en el árbol genealógico de la corrupción que ha tenido lugar aquí, en nuestro país. Y, vistos en conjunto, esos antecedentes hincan muy hondo Sr. Presidente. Mire Usted.

El tumultuoso lapso que sobrevino después de declarada la Independencia de nuestro país, en el que ni los conservadores lograban predominar sobre los liberales ni éstos sobre aquellos, a fin de establecer qué tipo de gobierno asumiría el país que recién surgía, si liberal o conservador, fue caldo de cultivo para continuar con las prácticas heredadas. Los puestos y las canonjías de toda índole eran el  producto de acuerdos tomados no solamente al margen del pueblo, sino contando, ahora, con la anuencia de los ediles en funciones. Piénsese en Iturbide declarándose Emperador o en Santa Anna y su hacienda en Manga de Clavo.  A este respecto, Sr. Presidente,, preguntamos: ¿Cómo obtuvieron estas prebendas?

Bastaron cuarenta o cincuenta años, para que la situación variara notablemente al tenor de las medidas que iba tomando un conjunto de liberales que aspiraba a recuperar el tiempo histórico perdido por el enclaustramiento impuesto por la corona española a la Nueva España en todos los órdenes, no solamente en el económico, sino y muy importante, también en el cognoscitivo. El Tribunal de la Inquisición jugó a conciencia su papel carcelario, impidiendo que llegaran a la Nueva España las noticias de los descubrimientos que se iban alcanzando en Europa, en el anchuroso campo de la filosofía, de la ciencia política o de la astronomía. Como se ha dicho, “América fue puesta al margen de la historia”. Sin embargo, no obstante la cerrazón ideológica llevada a cabo a lo largo de ¡¡ tres siglos, de tres siglos de atraso Sr. Presidente ¡! los jesuitas Ilustrados avanzaron a trompicones, pero avanzaron, como lo hicieron Don Carlos de Sigüenza y Góngora y la ínclita e ilustrada Sor Juana, muy particularmente en los ámbitos de la filosofía Moderna, lo que los tornó asequibles a los poderosos influjos ideológicos que lograban llegar  acerca de la Revolución Francesa y de la Norteamericana, ambas en curso.

Fueron años de gestación del cambio de sistema. No obstante la anarquía prevaleciente, como Justo Sierra calificó puntualmente a este momento, en el que “cada sargento quería ser general, cada general gobernador y cada gobernador, presidente”, el intenso calor producido por la crisol de la revolución, que estaba teniendo sus pródromos en España misma, impulsada por Pedro Rodríguez Conde de Campomanes y Melchor Gaspar de Jovellanos, hizo posible que aquí, en México, se emitiera la Ley Lerdo (1856) obligando al clero a vender sus propiedades a los particulares que pudieran adquirirlas, con la mira de que la tierra dejara de permanecer amarrada por el sistema de propiedad feudal que la mantenía estéril y saliera al mercado a acrecentar su valor. Esta medida, de paso, facilitaría el pago de impuestos y, al mismo tiempo permitiría cumplir con el bando emitido desde 1811 por Hidalgo, quienestableció la devolución de la tierra a los poseedores originales. Esta Ley Lerdo avalada por Juárez, quien fungía como presidente Interino dada la renuncia de Ignacio Comonfort, quedó incluida en el Conjunto de la Constitución de 1857. De este modo, el capitalismose instauró jurídicamente sin contar con el soporte inexcusable que le proporciona el nuevo modo de producción correlativo que necesita. E, indispensable, sin contar con la adiestrada mano de obra de los artesanos. Fue el bautizo de la Segunda Transformación o, como le hemos llamado nosotros, del capitalismo minusválido, de La Segunda gran zancada de la revolución mexicana. ¿O no, Sr. presidente?

Así, pues, el capitalismo implantado de manera tan apresurada, cojeaba notoriamente. No contaba con el indispensable cimiento de la infraestructura productiva. Restaba, además, extenderlo a multitud de adherentes y convertir en un país republicano a México que por el momento seguía siendo todavía sólo un gran territorio habitado por un numeroso conjunto de desperdigados habitantes sin mayor contacto entre ellos. Restaba convertirlo en un conjunto de pobladores organizados no sólo por una ley de vigencia general, sino haciendo prevalecer el nuevo modo de producción, esto es, convirtiendo al campesinado en una masa de diestros artesanos libres que se hiciera cargo de la producción ampliada que exigiría la competencia mercantil. Cabe tener en cuenta que para acceder a esa meta le llevó, a un puñado de los países europeos, toda la etapa medieval. O sea, que el tiempo a recorrer para transitar de un sistema a otro, del feudalismo al capitalismo era  y es, muy largo. Quienes hacían de la corrupción y la impunidad su norma de vida, encontraron las triquiñuelas necesarias para apoderarse y monopolizar los bienes que el clero católico estaba obligado a poner a la venta según había quedado debidamente asentado al dictarse la desamortización de los conocidos “bienes de manos muertas”.  

De este modo, el clero no pudo evitar vender sus bienes a quien tuviera los recursos suficientes, dando lugar a los ricos que podían adquirir las varas de tierra susceptibles de convertirlas en grandes latifundios de tierras sin labranza que dejaban a cargo de un encargado para ellos vivir de sus rentas, en Europa, si era posible. Piénsese en Terrazas y su propiedad más grande que el actual estado de Chihuahua. De este modo, la segunda gran oportunidad para consolidar la pequeña propiedad privada y alentar el intercambio de mercancías para instaurar el capitalismo, fue pisoteada por la corrupción. Quienes incurrieron en este despojo siguieron orondos y lirondos, en un país en el que, es preciso reconocerlo, Sr. Presidente, se permitía y hasta propiciaba, la corrupción y la impunidad. En tales circunstancias no había otro camino para imponer el orden que por medio de la dictadura. Hasta los mejores cerebros clamaron “por un poco de tiranía honrada”, misma que corrió a cargo de Porfirio Díaz.

Las carabinas 30-30

Acudiendo al llamado de las carabinas 30-30 se inició la fase armada de la Tercera Transformación, misma que, a su vez, no tardó mucho para que algunos de sus generales más destacados aprovecharan su prestigio ganado en la Revolución de 1910, para agenciarse cuantiosos bienes. Bastó, para estos efectos, que el país entrara en relativa calma y se empezaran a construir tanto escuelas como hospitales, se apoyara el mejoramiento de viviendas y empezara a repartirse la tierra, reivindicación sine qua non, o sea, que la revolución empezara a cumplir el decreto del Cura Hidalgo quien en los escasos meses que estuvo dirigiendo a los rebeldes con el régimen colonial, emitió un bando estipulando la restitución de la tierra a sus poseedores originales, para que en ese clima, paradójicamente, empezaran a conocerse los pingües negocios por parte de algunos de los generales. En ello, entre otros, incurrieron Abelardo L. Rodríguez quien después de ser presidente de  la república se desempeñó como gobernador del Estado de  Sinaloa. También Maximino Ávila Camacho  dejó su nombre inscrito en la estela de quienes aprovecharon sus relaciones sociales para lucrar. De manera similar, en boca de la gente estaban los nombres de Andrew  Almazán, así como de los que aprovecharon el nuevo fraccionamiento en las Lomas de Chapultepec  para hacerse, sin componenda alguna, dijeron los señalados, lotes magníficos, pero que habían adquirido gracias a que los precios, “habían sido  muy baratos”.

Este sucinto recorrido por los antecedentes de la corrupción y la impunidad eran del dominio público, que con mucha frecuencia e ingenuidad se preguntaba: ¿Para qué quiere tanto dinero Miguel Alemán?  Mismo de quien se decía que en una prestigiada revista americana se había publicado la fotografía del cheque  personal con el que el licenciado habría adquirido el suntuoso Hotel  Waldorf Astoria. ¿Fue verdad ese borrego? Lo cierto es que la afirmación fue tomada por cierta porque de lejos estábamos acostumbrados a convivir con ese tipo de suceso.

Así, pues, con lo poco que alcanzábamos a darnos cuenta gracias a la labor de algunos periodistas acerca de los negocios de ciertas personas, ahora, que Usted está poniendo especial interés en abrir la Caja de Pandora para sacar a la luz algunas de esas acciones, nos damos cuenta de varias cosas. Una de ellas, tal vez la más importante, es que el monto de lo escamoteado al erario nacional ha alcanzado cifras descomunales. Y otra, que los desfalcos no son acciones personales, es más, que nunca lo han sido, y que en estos tiempos los emisarios de la superchería han involucrado al crimen organizado coludido con personeros ubicados en el aparato ejecutivo gubernamental, en el que, hasta ahora, pensamos, se está poniendo la atención que merece a fin de procurar cerrar los resquicios por donde se cuela la corrupción, pero se requiere sea de manera seria y firme.

Uno de dichos resquicios toma cuerpo en el conjunto de preguntas que han puesto en el tapete de la discusión si acaso las demás pandemias que nos están asediando, como las del cambio climático, las del hambre, las de la falta de vivienda y de trabajo y por supuesto la recién llegada pandemia del Covid 19 y otras más: ¿son consustanciales al  capitalismo en crisis y por tanto son manifestaciones actuales del neoliberalismo económico?, ¿o por el contrario se trata de sucesos coyunturales y episódicos lejanos de una cobertura global?

Ojalá que esta misiva llegue a sus manos y tenga Usted tiempo, manera y lugar para enviarnos sus comentarios. Mientras esperamos a ver si nos llegan, vamos a continuar con otros temas convergentes y complementarios, dado que la corrupción no actúa únicamente en el ámbito monetario, así sea en este, tal vez, en el que se manifiesta de manera más ostensible.

            Y en efecto, la corrupción no ha actuado únicamente en el ámbito financiero así sea en éste, tal vez, en el que se manifiesta con mayor crudeza. No, la corrupción también se ha manifestado corrompiendo la historia de los prohombres en la historia al utilizarlos a modo por distintos gobiernos. Una situación se presenta desde iniciada nuestra independencia como es el caso del Padre de la Patria Miguel Hidalgo y Costilla, a quien se ha restringido en su papel de Cura de la Parroquia de Dolores, cuando en realidad fue un sobresaliente pensador; así, pues, en una posterior misiva, vamos a procurar hacerle llegar nuestros comentarios sobre la corrupción de que ha sido, y es, objeto.

Hasta pronto Sr. presidente. Que los vientos nos soplen por babor.

Con nuestra mayor consideración

Atentamente

J. Víctor Arias Montes, Rubén Cantú Chapa, Gerardo G. Sánchez Ruiz, Ramón Vargas Salguero

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El espacio público, lugar de comunicación y poder popular

Rubén Cantú Chapa

En el Centro Histórico, como espacio público de enlace y relaciones sociales de los diversos sectores de la población, se expresan con singular importancia las formas de comunicación y el vigor de las inquietudes sociales, culturales, económicas, políticas y científicas, así como las demandas más sentidas de la sociedad. Bien se ejerce el poder social como respuesta ante la coacción de las instancias del Estado o por el poder que surge de las demandas de la sociedad civil, particularmente en los periodos de grandes dificultades en la articulación de la economía con la existencia social o política en la ciudad, región o país. Los sucesos de las últimas décadas muestran el ambiente contestatario y protagónico del espacio público patrimonial y de comunicación ante el reducido o el nulo acceso de los sectores y clases sociales a los medios de difusión de masas, electrónicos, de la radio y la televisión o medios escritos en los que necesitan expresar las demandas sociales surgidas de las crisis económicas y políticas, como reclamos legítimos por el derecho a la ciudad.

La calle, la plaza, el parque no sólo son los lugares de encuentro ciudadano o relaciones con los poderes vecinales, los administrativos locales o las áreas políticas de los diversos niveles, son también espacios públicos de comunicación y poder de la sociedad, en tanto se ejerza la ciudadanía (en correspondencia a la naturaleza y significado de ciudad) y se realice la política (como origen de las polis) en esos distintos sitios de encomienda existentes en la ciudad.

Por el otro lado, no menos importante, la ciudad de México se caracteriza por el reto que representa el que en ella se concentre y hegemonice la gestión y el poder político y administrativo de todo el país, al centralizar las políticas públicas y las normatividades de los medios de comunicación, públicos y privados, tanto como las vastas inversiones en la capital del país sin que participe un porcentaje mayor por quienes habitan el Área Metropolitana de la ciudad de México. A esas formas de comunicación de los diversos medios de información, estrechamente relacionados con los poderes económicos y políticos de quienes les difunden la ideología dominante, les surge su contrario, el surgimiento del movimiento social bajo el programa de la Cuarta Transformación en proceso de desterrar el neoliberalismo de las últimas tres décadas. Esto es, a través de los medios de comunicación que emergen del espacio público con ciudadanos que se ocupan por las demandas de los sectores y redes sociales que se manifiestan públicamente.

La plaza pública, dimensión material de la crisis del Estado

Una de las dimensiones materiales de la crisis del Estado es la que se expresa socialmente en el ambiente del espacio público urbano-arquitectónico de la ciudad, particularmente en el Centro Histórico o los centros cívicos. Desde el último tercio del siglo xx y lo que va del presente siglo xxi, la crisis del Estado en la ciudad de México se ha manifestado de singular manera en el Centro Histórico. Es también la dimensión espacial de la naturaleza humana, a otra escala, y con ello una crisis en los diversos niveles ya bien nacionales, o globales.

La expresión de la crisis agravada del Estado se da en el espacio público patrimonial histórico metropolitano del Valle de México, esto es el Centro Histórico, y se manifiesta a partir del último tercio del siglo XX próximo pasado, en el contexto material del sistema complejo ambiental sociourbano de amplio significado y patrimonio social. En ese periodo de tiempo se ha caracterizado por ser el espacio público urbano actor y escenario de las demandas sociales más sentidas, tanto de la metrópoli capital del país como de las diversas entidades federativas y de la nación. Se muestran en paralelo al desempleo y el subempleo del comercio informal, relacionadas con las políticas públicas y sus impactos en la entidad del Distrito Federal. Ahí, en el Centro Histórico, se ejerce el uso público de la razón y la legitimidad de los movimientos sociales, así como la crítica al orden establecido desde los espacios patrimoniales históricos culturales, esto es, como la mayor expresión del ambiente sociourbano del lugar y la correspondiente contraparte al deterioro citadino que trajo consigo el neoliberalismo del sistema mundial.

No es de olvidar por su trascendencia que, el primero en la historia que registró el concepto de “espacio público” fue Aristóteles y lo consideró como el lugar político. Ahí la sociedad se reunía para evaluar iniciativas sobre la ciudad donde vivían y tomar las decisiones necesarias en relación con las formas de vida[1]. La trascendencia de su evolución fue determinada por la connotación social de los hechos presentados en el sitio, que, como espacio histórico, también construye la historia por cada acto de trascendencia social ocurrido en el lugar. En lo cultural, político, económico y social, se inicia la consideración del espacio público como objeto y sujeto histórico, y posteriormente preconcebido como libro urbano arquitectónico escrito de manera insobornable, como diría el poeta Octavio Paz al finalizar el siglo XX.

[1]  http://www.unalmed.edu.co/~paisaje/doc4/concep.htm, revisado el 22 abril 2011

El ambiente ciudadano en el espacio público

El lugar de la ciudad de gran actividad y ambiente ciudadano de reivindicaciones sociales en los periodos de crisis económicas es el espacio público patrimonial urbano-arquitectónico, abierto o cerrado. Las plazas, particularmente el Centro Histórico o centros cívicos, o las propias calles, son los sitios de grandes expresiones políticas y de manifestaciones de los sectores y clases sociales. Ahí fluyen las grandes inquietudes y movilizaciones de la población derivados de los problemas de la economía, la crisis política y los problemas de seguridad pública; esto es, donde se exhiben las convicciones urbanas y regionales con la esperanza de una vida mejor.

Los espacios públicos de la ciudad son donde la sociedad, golpeada por la crisis, pugna por una existencia citadina digna con muestras de identidad urbana, a pesar de ser territorios de vastos riesgos en los últimos tiempos; el incremento de la descomposición social que el sistema no ha podido resolver lleva a la inseguridad citadina de manera latente. Si bien son lugares de demandas también lo son de temores. Ahí se expresan los propósitos colectivos e individuales mediante los movimientos sociales y lo convierten en espacios protagónicos de los problemas sociales y foro de reivindicaciones ciudadanas, a pesar de las épocas de crisis sociales y el incrementa de la inseguridad pública.

Surge luego el ambiente ciudadano en sus más variadas expresiones mediante las marchas de los sectores y clases sociales por los espacios públicos abiertos de la ciudad[2]. Hacen de esos espacios públicos lugares de reivindicaciones económicas, sociales y de educación, sucesos que acontecen desde el último tercio del siglo pasado a la fecha en la ciudad de México. Paralelo al fenómeno social surgido de la crisis, en esos espacios de la ciudad de gran afluencia peatonal, se instalan los desempleados y subempleados como vendedores ambulantes, para subsistir ante la carestía de la vida.

[2]  Con los informes de la Secretaría de Gobierno del Distrito Federal, en el periódico La Jornada apareció el día 11 de febrero de 2008 la siguiente noticia: “Más de 12 millones de personas se manifestaron en el DF durante 2007”. Realizaron 2 mil 932 movilizaciones: 892 fueron de ámbito local, mil 582, federal, y 458 de otro tipo. (8.03 movilizaciones diarias).

En el año,2009, se realizaron 3 mil 268 movilizaciones, 69 más que en 2008, reporta el Gobierno del DF (8.95 promedio diarias) (http://www.jornada.unam.mx/2009/12/31/index.php?section=capital &article=022n2cap)

La nota completa que da la periodista Bertha Teresa Ramírez en dicho diario fue como sigue: “Durante 2007, cerca de 12.5 millones de personas realizaron dos mil 932 movilizaciones sociales en la vía pública para expresar sus demandas, quejas o inconformidades con acciones gubernamentales, entre las que destacan la dotación de energía eléctrica, educación, demandas laborales, políticas, agrarias, jurídicas, de salud y de transporte, revela el más reciente informe sobre marchas en la capital del país de la Secretaría de Gobierno del Distrito Federal.

“Con base en el informe anual de movilizaciones, de enero a diciembre de 2007, se reportaron 892 expresiones en la vía pública con demandas de tipo local, a las que asistieron 150 mil 322 personas; en tanto que las federales sumaron mil 582 movilizaciones y asistieron 882 mil 525 personas; en cuanto a otros eventos, donde se encuentran actividades deportivas, religiosas y culturales, éstas su- maron 458 y acudieron 11 millones 316 mil 724 personas, detalló la dependencia.

“Respecto a las movilizaciones que hubo en el primer mes de 2008, se registraron 194, las cuales se dividieron en 91 concentraciones, 18 marchas, 5 mítines, 10 plantones, 48 bloqueos viales, 10 blo- queos de acceso a instalaciones y 12 caravanas”. (http://www.jornada.unam.mx/2008/02/11/index.ph p?section=capital&article=038n1cap)

La crisis que abarca todos los aspectos de vida de la ciudad incluye los relacionados con la educación en todos los niveles académicos.[3] La toma de las calles y avenidas por los estudiantes de los grados medios y superiores rechazados para continuar los estudios ante la falta de espacios educativos llama la atención, porque buscan en la educación la posibilidad de una vida mejor, mediante el estudio primero y el trabajo después. Antes se manifestaban en las propias unidades académicas o en los centros de trabajo, luego por las calles para terminar las marchas en el Zócalo del Centro Histórico de la ciudad de México; y ahí denunciaban la incapacidad de la administración pública para resolver los problemas económicos, educativos y políticos. La crisis económica no sólo es la mutación del trabajo y el surgimiento del “hombre superfluo” que la competencia y la gran industria de vasta sobreproducción de artículos y medios de consumo envían a las calles a la mercancía de la fuerza de trabajo; también sucede con quienes pretenden prepararse profesionalmente para ingresar al mercado de trabajo ahora sobresaturado paradójicamente con el aumento de las necesidades sociales no satisfechas. Aparece también el hombre de estudios “superfluo” similar al que despide la industria.

[3] El problema educativo relacionado con el trabajo, la seguridad o la guerra allende las fronteras se ha expresado no hace mucho en Francia, España, Chile y en México en las últimas décadas.

Cuando no son las huelgas en las fábricas las que paralizan los espacios urbanos de trabajo de la ciudad, son el cierre definitivo de empresas las que se extiende a las calles y demás espacios públicos para expresar las protestas ante el desempleo o subempleo en aumento. Los desempleados dedicados luego al comercio ambulante en las aceras y calles exhiben el fracaso de la industrialización como generadora de trabajo para dar paso a una robotización y automatización des empleadora. Cuán profunda muestra ser la crisis del sistema y el modelo de desarrollo, que no logran los gobernantes reconocer la inoperancia de los equívocos instituidos en leyes y reglamentos, ni observan el desastre a que han llevado al país en más de dos décadas al aplicar un proyecto de nación dirigido al exterior y descuidar las relaciones sociales de producción al interior del país.

Diversos sectores sociales muestran la forma y uso del espacio público urbano y el ambiente en las condiciones de vida de los habitantes de la ciudad como los heterogéneos niveles de participación o exclusión ciudadana. Expresa la falta de oportunidades que el sistema niega y la incapacidad de éste para generar o propiciar el empleo que demanda la sociedad en crisis. Es el espacio público patrimonial histórico el lugar del ambiente de crisis por un lado y por el otro la necesaria lucha social por mejorar las condiciones de existencia y la esperanza de una vida digna. Ese espacio público es el espejo cotidiano de la crisis del trabajo, pero también del capital y de la ciudad de México y el reflejo de las condiciones de existencia de sus habitantes con problemas como del resto de la república en creciente descomposición social, particularmente en el norte del país.

En el último tercio de siglo XX y la primera década del presente siglo XXI el Centro Histórico acrecentó su esencia y naturaleza con el surgimiento del ambiente[4] sociourbano en el área objeto de estudio, que, a la vez resultó del ingreso de nuestro país en el proceso de globalización y en el que ahora ahí, el Centro Histórico, protagoniza[5] los problemas nacionales más agudos. Brota ese ambiente sociourbano, territorio- sociedad, pero también surge la actividad y la movilización social en el sitio histórico donde se continúa escribiendo la historia en el contexto de las referencias urbano- arquitectónico de identidad nacional, como lo muestra el surgimiento del movimiento de la Cuarta Transformación en proceso.


[4] Los problemas ambientales cubren una gama de aspectos que van desde la contaminación de la atmósfera (por el uso de combustibles fósiles) o del agua, en ríos y mares, así como, por los desechos

de la industria o la ausencia de tratamiento de las aguas de drenaje de las localidades por un lado, y por el otro, el deterioro de la vida urbana, bien del medio físico urbano-habitacional y las condiciones de vida regional, o el ambiente que surge de los problemas de la economía, la política, social y cultural de la ciudad o la metrópoli. Así como la industrialización ha devastado la naturaleza del planeta, también lo hizo con la otra naturaleza, la naturaleza humana, resultado de las formas de acumulación del sistema. Es luego, el ambiente sociourbano, uno de los conceptos clave o categoría de análisis, el que orienta la investigación.

[5] Protagoniza o espacio actor, metafóricamente sea dicho

Destacada

El modelo matemático para el análisis de la capacidad física de las unidades médicas del IMSS.

M. Alejandro Gaytán Cervantes

Trabajaba en Control de Calidad del IMSS, cuando me habló el Arq. Carlos Fiscal, en ese entonces jefe de Planeación Inmobiliaria del Instituto, para invitarme a platicar con él. En la reunión me dijo:

Mira Alejandro, sé que no sabes nada de planeación Inmobiliaria, pero también conozco tu disposición al trabajo. Te quiero invitar a ser parte del equipo responsable de la planeación de los edificios médicos. Si aceptas te tienes que preparar intensamente para ello.

Claro que acepté e iniciamos el trabajo con mi jefe directo, el Ing. Eduardo Ramírez Fabela, gente de una gran acción laboral. Empezamos a definir tablas de levantamiento de las unidades médicas existentes en cada estado, donde se señalaba su nivel, capacidad, población que atendía, así como sus unidades de referencia y contrarreferencia. Además, contamos con la estadística de los últimos cinco años sobre las atenciones prestadas en todos los servicios existentes en cada una de las unidades médicas del Instituto, independientemente al nivel que corresponden. 

Con ello, empezamos por las unidades de primer nivel, Unidades de Medicina Familiar, UMFs, y con la población que en ese momento era atendida en cada una de ellas, proyectamos el número de habitantes que requeriría de estos servicios en los próximos cinco años y que estaría inscrita en los servicios de consulta externa en cada UMF, para los próximos cinco años, de acuerdo con el crecimiento que había presentado en los pasados cinco y con los datos obtenidos; así consideramos la capacidad que necesitaría para ese tiempo, así como el mayor personal, nuevos espacios, equipos y mobiliario. 

Después, con datos semejantes, pero ahora para cada uno de los servicios de los Hospitales, estudiamos cada uno de los servicios de consulta externa en medicina de especialidades, hospitalización, los servicios auxiliares del diagnóstico y tratamiento, así como sus requerimientos de servicios generales, etcétera. De esta forma hacíamos la proyección sobre las necesidades del segundo y tercer nivel, a los próximos cinco años.

Pero era un trabajo muy lento y engorroso, así que Ramírez Fabela nos dijo:

-Debemos diseñar un modelo matemático que nos permita realizar este trabajo de una manera automática; lo haremos de la misma forma, basados en la estadística médica y en los levantamientos que hemos realizado.

Iniciamos el trabajo con intensidad para aplicarlo rápidamente hasta que un día Eduardo me dijo:

-Tú hoy manejas la operación de la Jefatura, pues no se puede detener el barco, así que prosigue con todo lo que se necesite en el Instituto; mientras yo continuaré en el modelo matemático con el apoyo de la licenciada Margarita y de la arquitecta Alejandra.

Así que de esta manera dejé de formar parte del equipo que realizaba el modelo matemático. Debo añadir que en estas dos profesionistas era notoria su resistencia a mi participación.

Después de un tiempo Eduardo me comentó que el modelo estaba terminado; cuando le pedí que me lo explicará, dijo.

 -Perdóname, pero ahora estoy muy ocupado; en este momento voy a una reunión con el área médica y así estaré todos los días. Pero, dile a Margarita o a Alejandra que te lo expliquen; ellas ya lo estudiaron y lo conocen muy bien.

Me dirigí a ellas y las dos me respondieron lo mismo: 

-Mira Alejandro, estamos con mucho trabajo, pero cuando nos desocupemos te lo explicaremos; esto nunca pasó. 

De esa forma me encontré con que el documento que sería la base de los nuevos diagnósticos sobre el comportamiento de todas las unidades médicas del instituto no lo conocería, aunque esa era mi obligación. No sabía qué hacer ante la actitud egoísta de las compañeras y ni modo de decirle a Eduardo que las colegas no me lo quisieron revelar.

Pensé que hacer, hasta que por fin encontré una solución. Era la tarde de un viernes; le hablé al encargado del equipo de fotocopiado para solicitarle dejara una persona encargada de sacar unas copias ya muy entrada la noche, pues el jefe de todos, las necesitaba con urgencia.

Esperé a que la totalidad de los compañeros de nuestra oficina se retiraran; Saqué los planos y los documentos del modelo, de las oficinas de Eduardo y los llevé a copias. En un tiempo por demás rápido me entregaron el duplicado. Regresé los documentos a su lugar en perfecto orden a como los había encontrado y me llevé las copias a mi casa. 

Desde esa noche estudié con detenimiento cada paso que contenía el documento; lo hice esa noche, todo el sábado y domingo, hasta que logré entender y conocer a profundidad cada uno de los elementos que componían el sistema, de cómo operaba en su aplicación.

El lunes inicié mi trabajo como cualquier otro día; recorrí los lugares en los que trabajaban los compañeros de nuestra área hasta llegar a donde se encontraba Alejandra, que estaba verificando los datos obtenidos con la aplicación del modelo sobre una región del país. Me acerqué, analicé desde cierta distancia el producto de la aplicación del Modelo; ella ni siquiera hizo el intento de mostrarme en lo que estaba trabajando; se hizo la distraída y continuó en lo que estaba realizando. Afortunadamente con lo que aprendí el fin de semana, entendí como estaba aplicando el modelo y encontré un sustancial error en su uso. 

Entonces le dije:

– No Alejandra, lo estás haciendo mal, así no es; debes realizar el siguiente procedimiento; y se lo anoté en una hoja, lo que le causó una enorme sorpresa. Se paró, fue a ver a Margarita, quien le expresó que no había hablado conmigo nada que tuviera que ver sobre el funcionamiento del modelo; entonces fue a ver a Eduardo a quien le expresó.

– Fíjate que estaba haciendo esta verificación de una región y llegó Alejandro y me anotó esto.

– Pues está bien lo que te escribió.

– ¿Tú le explicaste el modelo?

– No, no he tenido tiempo.

– Pues nosotras tampoco. Entonces ¿Cómo le hizo?

– Quien sabe, pero ustedes prosigan con el trabajo, porque debemos entregar ya el plan a escala nacional.

De esa forma continué mi labor e intervine ya en forma directa y total en la aplicación del modelo matemático para el diagnóstico y propuestas sobre todo el sistema médico del IMSS; modelo que, al conocerlo los médicos, pusieron el grito en el cielo diciendo que no servía, pero al poco tiempo reconocieron sus ventajas y obviamente también lo aplicaron.

¿Qué pasa hoy con el Modelo? ¡No lo sé!

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Metáfora con final feliz

“Toda casa tiene su raíz en la forma interna,
en la melodía que devuelve la penetración…”
José Lezama Lima

Alfonso Ramírez Ponce

Érase una vez un pájaro que nació con dos alas asimétricas. Es bien sabido que los pájaros, y muchos otros seres vivos, en su estructura guardan un principio ineluctable: la simetría. Nuestro pájaro nació con el estigma de la diferencia, lo inhabitual, lo original, en el sentido gaudiano: volver al origen. Por ejemplo, no trazaba en el aire líneas rectas o curvas simples, sino geometrías aéreas siempre tridimensionales. Bajo el cobijo de su sombra, se sentía una armonía siempre rítmica y melodiosa. El ser diferente le atrajo, al principio, simpatías, pocas, y antipatías, muchas. Sabemos que la envidia nace cuando alguien hace lo que otros quieren, pero no pueden hacer. Volar y, por ende, viajar, le eran consustanciales, así que pronto lo vimos allende nuestras fronteras. Visitó más de cien ciudades de cincuenta y tantos países, en cuatro continentes. En la mayoría de ellas -76-, mostró sus geometrías e intercambió experiencias con sus pares.

Pasó el tiempo y, de repente, como suelen surgir algunas tragedias, manos torpes y envidiosas lo capturaron, lo mutilaron y lo condenaron a vivir aferrado a la tierra, pasando de ser un pájaro perdido que no se sabe de dónde viene y a dónde va -según Piazzolla-, a ser un pájaro herido, condenado a observar el reflejo de la luna en el lago, su compañero inseparable.

La historia no termina aquí, pues recuerden que existe un final feliz. Pasó el tiempo, lentamente, y otra vez, de repente, por azares de su ya azaroso destino, otras manos, éstas hábiles y generosas, lo rescataron, restañaron sus heridas y decidieron restaurar su forma original. Le regresaron el ala perdida y enriquecieron su plumaje con distintos matices. Nuestro protagonista, agradecido, giró su cabeza, vio a su progenitor y a sus salvadores, y remontó el espacio, trazó sus geometrías inéditas y observó, otra vez, a la luna y a su propia imagen reflejadas en el espejo del lago de cristal.

Nota necesaria: más allá de la metáfora, a fines del año pasado tuve un encuentro con los actuales concesionarios del originalmente llamado Restorán del Lago Mayor del Bosque de Chapultepec, Ciudad de México. Fue una cita inicialmente programada para una hora que se alargó a tres, dado el ambiente amable que envolvió la reunión. Tuve la oportunidad de hacer de su conocimiento los orígenes del proyecto y la construcción del restorán, hace ya la friolera de 57 años, o sea, ayer. A la vez, me informaron que sus planes consisten en su restauración, es decir, volver a su estructura original y, además, enriquecerlo con actividades culturales, como exposiciones, conciertos y conferencias, entre otras. Enhorabuena, pues las malas horas ya pasaron.

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Recuerdo de Carlos Pellicer

Ramón Vargas Salguero

Fue en el año de 1949 que mis padres me dieron de baja en el Colegio México. ¿La razón? Corría el rumor de que en la Preparatoria Nacional no inscribían a los procedentes de escuelas particulares. El rumor resultó no pasar de ahí, de un mero rumor, como suelen serlo la mayoría, pero el cambio ya estaba consumado. Y heme ahí, engrosando las listas de los alumnos de 3er. Año de la Secundaria #4, que se encontraba, y se encuentra todavía, en las calles de San Cosme y Naranjo, allá por la Colonia Santa María.

El cambio de escuela lo abarcaba todo: nuevo edificio, nuevas materias, nuevos salones, nuevos patios, nuevos rumbos y, sobre todo, nuevos profesores. ¡Ah, sí, nuevos profesores!, dentro de los cuales se tenía bastante presente en los corrillos que pululaban en los interminables pasillos, los comentarios acerca de un profesor, cuyo nombre ni siquiera lo sabían todos, lo que no obstaba para que repitieran una y otra vez: “Eso sí, vas a ver al profesor de literatura”. -“Bueno, ¿y qué voy a ver? “. -“Tú espérate, ya vas a ver”.

Y sí, no tardé mucho para ver y algo que se les había pasado decir a los compañeros de clase y que con el paso del tiempo fui viendo y es que tan importante como verlo, era escucharlo. Porque sí, a Pellicer no solamente había que verlo, sino que era indispensable escuchar esa voz de barítono perfectamente modulada que tenía, a punto tal que daba gusto escucharlo declamar su poesía, así fuera bastante poco lo que captábamos los muchachos ignorantes que lo teníamos como maestro y, es más, lo que aprendíamos de literatura universal quienes frisábamos los quince a diez y seis años.

Pero las sorpresas y la rotura de protocolos, apenas comenzaban al contemplarlo recorrer el pasillo que daba al salón de clase. Lo que veíamos era un señor de mediana estatura que no sólo caminaba con parsimonia, sino que su andar era un andar contoneándose, adelantando calmadamente una pierna después de la otra. Era el andar usual de los toreros cuando abren plaza y que le hubieran envidiado Silverio y Procuna. Era un andar que por inusual obligaba a detener la mirada en su atuendo, que mientras más se acercaba era, obligadamente, más notorio: sombrero de hongo corbata de moño, chaleco con botonadura enfrente, saco recto. Un señor, hasta con elegancia, muy bien vestido. ¿Sombrero de hongo y chaleco con corbata de moño? ¿Quién vestía así?

Ya al momento de entrar a clase, sin poderlo precisar como ahora que estoy procurando rememorarlo, la impresión era definitiva. Todavía no nos saludaba, ni puntualizaba en que consistirían las clases, todavía no pasaba lista, en suma, todavía no iniciaba las clases y ya el silencio y la compostura de todos nosotros manifestaban que captábamos estar ante un maestro non. ¿En qué consistía su prestancia? No lo sabíamos y tal vez aún hoy mismo es difícil ponerla en palabras, pero algo tenía.

Pero las sorpresas apenas comenzaban. Todavía faltaban unas clases más para que ya entrados en gastos, Pellicer hiciera gala de su total y definitiva peculiaridad. ¿Qué tuvo logar primero: el empleo de palabras y frases altisonantes o ¿cómo llamarlo? ¿Ausencia de pudor, frescura o desplante personal del que hacía gala cuando a veces empezaba la clase quitándose el sombrero, para seguir con el saco, el chaleco y la camisa para quedar solamente con los pantalones? ¿En una escuela pública? No sé cuál sea el calificativo más adecuado: ¿El señor de las sorpresas? Porque otra sorpresa tuvo lugar cuando por primera vez reprimió la desatención de uno de los alumnos, cuando él estaba declamando de memoria un párrafo de Cervantes o de Alarcón. Esa desatención fue reprendida con un sonoro grito de ¡“hijo e pucta!” y con el impacto de un borradorsazo lanzado al alumno irrespetuoso. ¡”Hijo e pucta”! de un profesor a un alumno, proferido a gritos en el curso de la clase llena de alumnos? ¿En el curso de una clase? Y luego: ¿el borrador lanzado como proyectil? Y todo esto acompañado con una explicación con visos de encontrar apoyo en fuentes lingüísticas sin dejar de lado el capricho personal. Sí, dijo, una vez que le regresaron el borrador y que todo entró de nuevo a la normalidad: “No hay que decir hijo de puta. Eso suena muy mal. No es puta sino pucta”, “maritornes” les llaman en El Quijote. Pero, ciertamente no paraban ahí las sorpresas. Entre otras minucias, faltan varias, de magnitud difícil de establecer, pero que añaden facetas a una personalidad que desbordaba singularidad e impacto en la consciencia individual.

No hay que pasar por alto que a la entrada de la Secundaria se encontraba el Mercado de San Cosme y junto a él las señoras que vendían quesadillas y Pellicer, ni tardo ni perezoso se paraba en la banqueta a deglutir sus quesadillas de las 2 de la tarde, con todo y sombrero de hongo y chaleco de botones. Una vez nos invitó a un compañero y a mí que nos detuvimos a despedirnos de él, a que fuéramos a su casa a comer y nos lo dijo de manera tan insistente que empezábamos a cruzar miradas anuentes él y yo, pero desistimos sin titubeos cuando nos dijo: “Si, vengan a mi casa, tengo furgones de mierda para todos ustedes”.

En otra oportunidad le dijo a todo el grupo que el día de la siguiente clase lo íbamos a aprovechar para subir al Tepozteco, todo el grupo; que había que ir preparados porque era una zona en que llovía mucho y que podríamos empaparnos. Que lo mejor era encuerarnos todos a empaparnos. Bueno, sacamos la autorización de nuestros padres para ir a la excursión. Pero vino el día siguiente y Pellicer no se presentó a la Escuela y nos dejó plantados, ahí, frente al mercado. ¿Consecuencia? Nos negamos a entrar a la clase siguiente. Yo creo que fuimos los primeros alumnos que le hicieron una huelga al ínclito poeta.

Sí, al ínclito poeta. Aunque de esto vine a ir cayendo en la cuenta al paso de los años. Porque pasaron varios años para que de nuevo tuviera contacto personal o por referencias, con el Maestro.

El primero y definitivo para mí, tuvo lugar al inscribirme a la clase de literatura en la Facultad de Filosofía. Ahí, supe que mi profesor de la Secundaria era un poeta eminente, lo que me llevó a leer algo de su poesía y a enamorarme de ella. El inicio de su Discurso por las Flores: “Entre todas las flores Señoras y Señores es el lirio morado la que más me alucina”, es puramente poética e individual, así como lo son cuartetos: “A sangre y flor el pueblo mexicano ha vivido/ viven de sangre y flor su recuerdo y su olvido/ Cuando estas cosas digo mi corazón se ahonda en su nicho de agua pura y redonda.

Aquí aconteció mi reencuentro con Pellicer y mi reconocimiento de su multidimensión, más que solamente poética, humana. Acompañado de esta convicción de la sonoridad de sus versos, empecé a leerlo con más frecuencia, repitiendo en voz alta verso tras verso, los que siempre suscitan imágenes asociadas o provocadas por sus palabras, por sus imágenes.

Los siguientes encuentros fueron motivados por la serie de programas que de la historia de la música y de la arquitectura mexicana estaba yo produciendo para Radio Universidad. Esta colaboración llevó a decidir sin tropiezos que bien podía ser yo quien fuera a cubrir el homenaje que en Guadalajara se le iba a brindar a Silvestre Revueltas, a los veinte años de su fallecimiento. Habiendo aceptado con gusto y cargando una grabadora Phillips me subí al tren con gusto. El traslado se llevaría a cabo de noche y arribaríamos a Guadalajara de madrugada para participar, guardando todas las distancias, en una memorable conmemoración aderezada con el concierto que desarrollaría la Sinfónica Nacional bajo la dirección de José Ives Limantour tocando, en primera audición, una pieza del propio Revueltas titulada “Música para unos sonetos de Carlos Pellicer”, que el mismo Limantour había encontrado en el archivo de Revueltas bajo los cuidados de Rosaura. ¿Y, quién declamaría los sonetos elegidos por Revueltas? ¡Pues, claro, el propio Pellicer! Quien, por cierto, iba al lado del pasillo del ferrocarril, encaminándose también a Guadalajara, al homenaje, donde sería la figura central. Verlo y animarme a saludarlo, fue todo uno, y así lo hice: “Maestro —le dije— usted no se acuerda de mí, pero yo fui su alumno en la Secundaria 4.” Se me quedó mirando y sin más reparo, desde su asiento me contestó: “¡Cuántas mentadas de madre habrá usted recibido!”. —Pues sí, Maestro. . . unas cuantas.— “Pero es que no se podía otra cosa, añadió, eran ustedes una punta de cabrones”. Para acto seguido comentarnos las vicisitudes de su estancia en España apoyando rifle en mano a las Brigadas Republicanas, junto con Revueltas. Y las, también, redobladas vicisitudes para “regresar a México en un buque de tercera mano”, sin tener noticia que el libro que le había solicitado Revueltas para entretener su regreso, lo había inspirado a componer una música, como la de él, la de La Noche de los Mayas.

El Homenaje terminó, no con los aplausos de los célebres auditores, felicitándose unos a otros y prometiéndose que se buscarían próximamente para llevar a cabo un sinnúmero de proyectos. No, terminó con un Pellicer trepado en un banco hasta el fondo de las bambalinas y llorando a moco tendido mientras repetía: “Yo no sabía que mi folleto Hora de junio había inspirado a Silvestre a punto de componer una pieza.” Y esto lo repetía llorando como niño chiquito, mientras yo palmeándole la espalda le decía: “Cálmese Maestro y vaya Usted allá dentro, que lo están buscando”. Pero él lloraba. . . hasta que. . . Fue mi último contacto con el gran poeta, con el gran ser humano, con quien abrazaba todos los movimientos a favor de la gente pobre.

Ramón Vargas Salguero, alumno que fue de la Secundaria #4

“Era mi corazón piedra de río /

que sin saber por qué daba remanso /

era el niño del agua, era el descanso

de hojas y nubes y brillante frío

Alguien algo movió y se alzó el río

¡ lástima de aquél hondo siempre manso ¡ /

Y la piedra lavada y el remanso

liáronse en sombras de esplendor sombrío

Para mirar el cielo, que trabajos

ruedan los ojos turbios siempre bajos

¿Serán estrellas o huellas de estrellas?

Era mi corazón piedra de río, una piedra de río

Una de aquellas cosas de un imposible tuyo y mío.”

Carlos Pellicer Cámara