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Sobre el lenguaje (1). Las palabras “medio” y “ambiente”

José Alfonso Ramírez Ponce

Este par de palabras, como sabemos todos, se presentan diariamente en todos los medios de difusión: radio, prensa, televisión e, incluso, en las llamadas ahora “benditas” redes sociales, sobre todo ahora con el tema del Tren Maya. Se presentan sin la conjunción intermedia: “medio ambiente” y, en algunos textos, como una sola palabra: “medioambiente”.

En realidad, son palabras diametralmente opuestas, en cuanto a la definición de sus significados. Por una parte, la palabra “ambiente” es perfectamente precisa, viene del latín ambiens, “lo que rodea”, y del verbo ambere, “rodear, cercar”. “Ambiente”, en su etimos, en su “palabra verdadera”, significa “lo que nos rodea”. Por otra parte, la palabra medio es sumamente ambigua, tiene más de una treintena de significados que van desde lo obvio: “medio es la mitad de algo”, hasta lo específico: “medio es el jugador de futbol que se ubica entre el ataque y la defensa” o “medio es el dedo que está entre el índice y el anular”. Del alud de significados, encontramos el que nos interesa: “medio es el conjunto de condiciones y circunstancias en las que se desarrolla la vida de las personas”. Es decir, medio es lo que está alrededor de nosotros, lo que nos envuelve, lo que nos rodea. Entonces, de lo anterior concluimos que “medio”, en una de sus acepciones, es lo que nos rodea, y “ambiente”, también, es lo que nos rodea. Además, encontramos discursos hablados o escritos donde se suele decir: “…el medio ambiente que nos rodea”, esto es “lo que nos rodea, nos rodea y nos rodea”. Estamos, evidentemente, ante una repetición innecesaria de palabras, es decir, esto lo definimos en nuestro idioma como un pleonasmo o, también, como una tautología -no en el sentido matemático, de toda proposición verdadera-, sino en el sentido común de una “repetición innecesaria de palabras”.

Anotemos que partimos de la idea de que toda persona tiene la libertad irrestricta de hablar con las palabras que mejor le convengan, pero en el caso de los maestros y profesores, entre otras profesiones, esta libertad tiene que matizarse, tratando de utilizar las palabras más precisas y necesarias para brindar la mayor claridad posible. También, aquí cabe la idea de la brevedad citada en el adagio, vigente en nuestros días, del escritor español Baltasar Gracián: “Si lo bueno breve, dos veces bueno”.

Cuando hablamos de pleonasmos, surgen los más evidentes y conocidos como: “subir  arriba” o “entrar adentro”, que al oírlos en personas preparadas y cultivadas, no dejamos de sentir un poco de pena ajena. Si revisamos la expresión analizada en otros idiomas, encontramos que en varios de ellos siempre es una palabra, por ejemplo: “environment”, en inglés; “environnement”, en francés; “umfeld”, en alemán; “huánjìng”, en chino, y “ambiente”, en italiano, este última, creo yo, es la única palabra que deberíamos emplear en nuestro idioma.

Si ustedes me lo permiten, concluyo con una ingenua ironía. En México, tenemos una Secretaría del Medio Ambiente. Creo que necesitamos otra para que, sumadas las dos, tengamos una secretaría del ambiente entero.

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