Neoliberalismo, globalidad, postmodernidad y territorios

Gerardo G. Sánchez Ruiz

La necesidad del capital de reciclarse le ha permitido no extinguirse como se profetizaba por críticos del sistema en particular de marxistas, y es que, dada su siempre búsqueda por reciclarse, está en permanente revolución; induciendo y aprovechando cambios tecnológicos, nuevas formas de producir, ideologización en discursos, manifestaciones culturales, redefiniciones territoriales, etcétera. Y desde fines de los años cuarenta del siglo pasado, cuando se empezaron a presentar alertas en el modelo, al percibirse que las ganancias no fluían libremente, por lo que en 1947 un grupo de políticos e intelectuales convocó a una reunión en Mont-Pèlerin Suiza con el fin de analizar la cuestión.

Esa reunión de acuerdo con Merino (2016), fue convocada por F.A. Hayek con la idea de “hacer frente al avance despiadado de los totalitarismos y poner coto a la intervención estatal masiva en la economía”, pues después de la Segunda Guerra Mundial al derrotar los soviéticos a los alemanes se amplió el espectro de países socialistas. En Hayek había la idea de impulsar una “academia de Filosofía Política de la Libertad en la que destacados académicos e investigadores, empresarios, periodistas, historiadores, sociólogos y políticos estrechasen lazos, compartiesen y debatiesen ideas”, y lo logró.

Fue de ese modo que surgió la Sociedad Mont Pelerin en 1947, en cuyas proclamas iniciales se encontraban personajes como: Ludwig von Mises, Wilhelm Röpke, Frank Knight, Lionel Robbins, quienes a la postre serían Premio Nobel; Milton Friedman y Maurice Allais; Ludwig Erhard, Luigi Einaudi y Jacques Rueff, quienes impulsaron políticas para Alemania, Italia y Francia tras la estabilización; y filósofos como Raymond Aron, Karl Popper, Michael Polanyi.[1]

[1] Raquel Merino Jara, “La Sociedad Mont Pelerin: pasado, presente y futuro”, Instituto Juan de Mariana, 2016, disponible en: htps://juandemariana.org/el-ijem/notas-de-prensa/la-sociedad-mont-pelerin: pasado-presente-y-futuro/ 

Por supuesto, lo medular de la reunión fue generar ideas que mejoraran la circulación de capitales al interior de los países y al exterior, de manera que, desde los años setenta los grupos empresariales fueron exigiendo y generando espacios para disminuir la presencia del Estado Benefactor o de Bienestar; lo cual se concretó en los años ochenta al tomar las riendas de sus gobiernos Ronald Regan en Estados Unidos, Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Jacques Chirac en Francia, lo cual generó una cascada de mutaciones estados, donde para el caso de América Latina, Chile se apegó a la conversión en la época de Pinochet. Algunas de las características del neoliberalismo en el caso de los Estados Unidos, D. Kotz (2008) las enumera así:

1. La desregulación del comercio y las finanzas, tanto en su nivel nacional como internacional. 2. La privatización de muchos servicios otrora brindados por el Estado. 3. La cesión por parte del Estado de su compromiso de regular activamente las condiciones macroeconómicas, especialmente en lo referente al empleo. 4. Brusca reducción en el gasto social. 5. Reducción de los impuestos aplicados a las empresas y familias. 6. Ataques desde el gobierno y las empresas a los sindicatos, desplazando el poder a favor del capital y debilitando la capacidad de negociación de los trabajadores. 7. Proliferación de los trabajos temporales sobre los trabajos fijos. 8. Competición desenfrenada entre las grandes empresas, en relación a un entorno menos agresivo propio de la configuración de posguerra. 9. Introducción de principios de mercado dentro de las grandes empresas, particularmente en lo referente a las remuneraciones de los trabajadores de más poder.[2]

[2] Cit. en Alberto Garzon Espinosa, “Neoliberalismo, características y efectos en Economía crítica y crítica de la economía 2010, disponible en htps://www.economiacritica.net

Se pretendía actuar contra los índices de inflación, disminuir burocracia y el gasto público en particular el dirigido a rubros sociales, bajar impuestos a empresas privadas, incentivar inversión modificando obrero-empresariales, etcétera; con lo que, de acuerdo con condiciones de cada país y medidas de diverso tipo, fueron desapareciendo espacios ganados en la época del Estado interventor; pero además a través de actuar sobre aranceles y medidas proteccionistas de cada país se actuó en los eslabones productivos y distributivos en el mundo.

Así, al reducirse las restricciones a las actividades económicas se concretó una mayor libertad para la obtención de ganancias, conduciéndose a la mayor parte del mundo, entre un nuevo liberalismo o neoliberalismo. Puello-Socarrás, apunta:

El neoliberalismo es, simplemente, el capitalismo hoy por hoy realmente existente. Desde una visión cronológica, se trata de la fase ulterior en este modo de producción social. Sin embargo, se trata también del período en el cual se verifica la exacerbación cuantitativa y cualitativa de las lógicas y contradicciones inherentes a la acumulación incesante del capital. La expansión de los mercados (“globalización”) a nivel mundial, por un lado y, por el otro, los niveles de explotación económica, dominación política, opresión social y alienación ideológica que ello supone, ilustran las dimensiones: espacial, temporal y social del neoliberalismo como fase superior del capitalismo.[3]

[3] José Francisco Puello-Socarrás, (2015), “Neoliberalismo, antineoliberalismo, nuevo neoliberalismo. episodios y trayectorias económico-políticas suramericanas (1973-2015)” en Luis Rojas Villagra, (Coord.). Neoliberalismo en américa latina. crisis, tendencias y alternativas. Asunción: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, p.22, disponible en http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/ gt/20151203044203/Neoliberalismo.pdf

Con esa urgencia de reorientar relaciones Estado Empresas y con ello a las economías, a la vez se asistió al despliegue de otra época social y cultural en el mundo. Wright Mills ante las evidentes modificaciones mundiales y, en la necesidad de afinar perspectivas y maneras de observar los nuevos fenómenos, desde 1959 visualizó la aparición de una nueva época al señalar: “Así como la Edad Antigua fue seguida de varios siglos de predominio oriental, que los occidentales llamaron […] la Edad Media o Edad del Oscurantismo, así ahora la Edad Moderna empieza a ser seguida por una edad posmoderna”.[4]

[4] C Wright Mills, La imaginación sociológica, Instituto del Libro Edición Revolucionaria, 1969, p. 178.

Esa postmodernidad,[5] en un proceso de rupturas y continuidades, motivó otras perspectivas en el mundo de las ideas, de las relaciones sociales, uso de las tecnologías, manifestaciones culturales y por supuesto modificaciones territoriales. En La condición postmoderna (1998), Jean-François Lyotard señala:

[5] Octavio Paz al respecto dice: “La crítica, con cierto retraso, ha advertido que desde hace más de un cuarto de siglo hemos entrado en otro período histórico y en otro arte. Se habla mucho de la crisis de la vanguardia y se ha popularizado, para llamar a nuestra época, la expresión «la era postmoderna». Denominación equívoca y contradictoria, como la idea misma de modernidad. Aquello que está después de lo moderno no puede ser sino lo ultramoderno: una modernidad todavía más moderna que la de ayer […] Llamarse postmoderno es una manera más bien ingenua de decir que somos muy modernos” Octavio Paz, “Poesía y modernidad” en Obras Completas T.1, Fondo de Cultura Económica, 1995, p. 515. 1993, p. 515).

El redespliegue económico en la fase actual del capitalismo, ayudado por la mutación de técnicas y tecnologías, marcha a la par […], con un cambio de función de los Estados: a partir de ese síndrome se forma una imagen de la sociedad que obliga a revisar seriamente los intentos presentados como alternativa. Digamos, para ser breves, que las funciones de regulación y, por tanto, de reproducción, se les quitan y se les quitarán más y más a los administradores y serán confiadas a autómatas. La cuestión principal se convierte y se convertirá más aún en poder disponer de las informaciones que estos últimos deberán tener memorizadas con objeto de que se tomen las decisiones adecuadas […]. La clase dirigente es y será cada vez más la de quienes deciden.[6]

[6] Françoise Lyotard, La condición Postmoderna, Madrid, Cátedra, 1991, pp. 35-36.

Incuestionablemente esos cambios dadas las tecnologías de la información se extendieron en condiciones globales, entonces, las economías al liberarse crearon nuevas relaciones entre empresas al interior de los países, y entre éstos, pero además se dio otro sentido a costumbres, cultura e ideologización; y ejemplo es el uso de los medios al alcance de los gobiernos, para mostrar otras realidades al interior y exterior de los países, y crear opiniones incluso globales tal como sucede en este momento con la actitud norteamericana, de controlar información y crear un ambiente antiruso ante la guerra entre Rusia y Ucrania, por supuesto siguiendo sus intereses.

. En ese contexto, Jameson (2000) destaca el uso de instrumentos mediáticos como difusores de las ideas dominantes, ante la manera en que éstos fueron tejiendo una cultura global que ha tendido a la homogenización; por lo que señala: “De lo que nos damos cuenta entonces, es de que ninguna sociedad ha estado nunca tan estandarizada como esta, y de que la corriente de temporalidad humana, social e histórica no ha fluido nunca de un modo tan homogéneo”.[7]

[7] Fredric Jameson, Las Semillas del Tiempo, Barcelona, Trotta, 2000.

Ineludiblemente la dinámica neoliberal, global y postmoderna, permeó sociedades y territorios, de tal manera que en el mundo se han modificado el carácter de los espacios urbano arquitectónicos parecidos o como apuntaría el periodista y arquitecto Rem Koolhaas: genéricos. La modernidad mutó a postmodernidad, con lo que se transformaron formas de producir y comercializar, maneras de resolver cuestiones financieras, modas del vestir o expresarse, matices en la edificación de espacios para habitar, modos de solventar traslados al interior y con el exterior de las ciudades y, hasta la más simple y fugaz forma de comer, se modificó y se homogeneizó.

Lo último si se considera que, la necesidad de alimentarse ante la dinámica en que han caído aquellas, es resuelta en espacios de comida rápida pertenecientes a franquicias, sea en Barcelona, New York, Londres, Buenos Aires, Moscú o México, donde el sabor de aquella es parecido, pero satisfacen los deseos y apremios de los consumidores. Los capitales requerían nuevas condiciones y las construyen, por lo que en el presente opera una profunda transformación de espacios para alojar a cada una de sus actividades.

Москва-Сити ―Moscú City― Moscú, Rusia. Fotografía Gerardo G. Sánchez, 2018.

De ahí la aparición de excelsos espacios utilizados para garantizar los fluidos de mercancías y por tanto de ganancias, donde destacan plazas comerciales se han expandido a lo largo y ancho de las ciudades o los espacios corporativos en partes selectas de las mismas como son los casos del Barrio de la Defensa en París, Potsdamer Platz en Berlín, Moscow City en Moscú, la zona de Las Condes en Santiago de Chile, Puerto Madero en Buenos Aires o Santa Fe en la Ciudad de México.

Las Condes, Santiago de Chile. Fotografía Gerardo G. Sánchez, 2011.

Por supuesto esos nuevos o renovados espacios son gran parte de los discursos y actuar del urbanismo y la arquitectura, disciplinas que también se han transformado para así cubrir exigencias de ese neoliberalismo. Lastimeramente en la contraparte, las manifestaciones territoriales de la pobreza se han profundizado lo cual se muestra sobre todo en las periferias. Ese neoliberalismo, pese a discurso gubernamentales y acciones de intervención estatal como es el de la 4T en México, aún galopa.

Periferia de Xochimilco. Fotografía Gerardo G. Sánchez, 2021.


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