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CARTAS ACERCA DE LA CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD. Un lastre que ha acompañado al país a través de su historia.

Lic. Andrés Manuel López Obrador

Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos

Presente       

            Estimado Sr. presidente, meses atrás un grupo de colegas arquitectos nos dirigimos a Usted para expresarle que nos parece muy acertada su apreciación respecto de algunos de los grandes males que, de siempre podemos decir, han azolado a nuestro país: la corrupción y la impunidad.

En efecto Licenciado, no podemos menos que coincidir en su apreciación, tanto de la corrupción en la que han incurrido muy diversas personas, ya sea de manera privada o apoyados por funcionarios de todos los niveles de gobierno, de la presidencia para abajo, así como de la impunidad con que se les ha beneficiado a unos y otros. Y esto es así porque de ambas conductas hemos tenido noticia desde mucho tiempo atrás. Generaciones enteras nos hemos visto obligadas a convivir con ellas a la manera de espectadores de piedra, porque es solamente ahora y gracias a la información que está Usted haciendo pública, que estamos en la posibilidad de pergeñar una idea un tanto cuanto más precisa acerca de los montos que ambas han llegado a alcanzar. ¡! Y qué montos Sr. presidente¡! ¡A tal punto desmedidos que su repercusión social y ética todavía no la podemos precisar cabalmente!  Nos preguntamos, por ejemplo, ¿Hasta qué punto el producto interno bruto y la marcha del país con él, se han visto distorsionados por estos desfalcos, por estas trapacerías tan desbocadas? ¿Hasta qué punto el prototipo de capitalismo que se procuró importar aquí vio desfigurado su curso por la incidencia de estas sangrías? ¿Acaso tenemos un capitalismo generado no de la plusvalía producida por la fuerza de trabajo sino mediante hurtos, como el avaro de Otelo? Como éstas, día a día nos surgen más preguntas, Licenciado, y aquí nos encontramos en espera de contar  con su respuesta que esperamos nos ayude a explicarnos  el cómo y el porqué del papel tan predominante que ha tenido la corrupción y la impunidad en nuestro país. Entre otras, una pregunta más nos surge: ¿acaso la corrupción y la impunidad son y han sido constitutivas de todo tipo de capitalismo, o el nuestro es uno sui generis? ¿Cómo ha sido el implantado por Inglaterra, Alemania, Francia, Holanda, y demás, es decir, por todos los países que también han sido invasores y colonizadores como España?

De lo que sí tenemos un poco de más idea es que, en nuestro caso, datan de tiempos muy lejanos los antecedentes del aprovechamiento de la fuerza pública por parte de particulares a fin de facilitarse la apropiación ilegítima de toda clase de bienes. Es el caso del Rey de España, por ejemplo, quien en la época de la Colonia, era quien asignaba, eso sí, al mejor  postor, la prebenda solicitada, así como las heredades y la concesión de bienes amortizados; díganlo si no los virreyes 51 y 53, Miguel Antonio Flores, y Miguel de la Grua Talamanca y Branciforte, quienes ocuparon el cargo entre 1787 y 1789, el primero y 1794 y 1798, el segundo, mismos que en apego a la costumbre establecida, esto es, mediante la entrega de parte del solicitante, de la renta que previamente le habían asignado, consumaba la compraventa al entrar en posesión de los bienes así adquiridos, bienes que, usualmente, iban acompañados con un cargo nobiliario de conde, duque o similar.

Desde entonces para acá, vox populi  supo que si se tenía la pretensión de desempeñar un cargo o de ocupar una posición destacada que facilitara desfalcar a la hacienda pública, había que ganarse los buenos oficios de quien era la cabeza ejecutiva del gobierno. Y esta cabeza, en aquellos tiempos, era el Rey mismo. ¿Se aspiraba a ser virrey de la Nueva España, visitador de la misma u ocupar algún otro puesto promisorio de pingües ganancias? Pues ya se sabía a quién de más arriba había que acudir.  Sí, desde aquellos entonces, como bien sabe usted Sr. Presidente,  la corrupción era el camino para agenciarse el puesto y con él,  la impunidad, la garantía de no sufrir castigo. Y todavía más,  quien incurría en estos procedimientos, escalaba puestos o sacaba beneficios de ellos, era considerado, por no pocos, como ejemplo de “inteligencia”, de gente emprendedora, de una gente que sabía aprovechar  las oportunidades. Y ya entrados en gastos, Sr. Presidente, nos dio por hurgar un poco más en el árbol genealógico de la corrupción que ha tenido lugar aquí, en nuestro país. Y, vistos en conjunto, esos antecedentes hincan muy hondo Sr. Presidente. Mire Usted.

El tumultuoso lapso que sobrevino después de declarada la Independencia de nuestro país, en el que ni los conservadores lograban predominar sobre los liberales ni éstos sobre aquellos, a fin de establecer qué tipo de gobierno asumiría el país que recién surgía, si liberal o conservador, fue caldo de cultivo para continuar con las prácticas heredadas. Los puestos y las canonjías de toda índole eran el  producto de acuerdos tomados no solamente al margen del pueblo, sino contando, ahora, con la anuencia de los ediles en funciones. Piénsese en Iturbide declarándose Emperador o en Santa Anna y su hacienda en Manga de Clavo.  A este respecto, Sr. Presidente,, preguntamos: ¿Cómo obtuvieron estas prebendas?

Bastaron cuarenta o cincuenta años, para que la situación variara notablemente al tenor de las medidas que iba tomando un conjunto de liberales que aspiraba a recuperar el tiempo histórico perdido por el enclaustramiento impuesto por la corona española a la Nueva España en todos los órdenes, no solamente en el económico, sino y muy importante, también en el cognoscitivo. El Tribunal de la Inquisición jugó a conciencia su papel carcelario, impidiendo que llegaran a la Nueva España las noticias de los descubrimientos que se iban alcanzando en Europa, en el anchuroso campo de la filosofía, de la ciencia política o de la astronomía. Como se ha dicho, “América fue puesta al margen de la historia”. Sin embargo, no obstante la cerrazón ideológica llevada a cabo a lo largo de ¡¡ tres siglos, de tres siglos de atraso Sr. Presidente ¡! los jesuitas Ilustrados avanzaron a trompicones, pero avanzaron, como lo hicieron Don Carlos de Sigüenza y Góngora y la ínclita e ilustrada Sor Juana, muy particularmente en los ámbitos de la filosofía Moderna, lo que los tornó asequibles a los poderosos influjos ideológicos que lograban llegar  acerca de la Revolución Francesa y de la Norteamericana, ambas en curso.

Fueron años de gestación del cambio de sistema. No obstante la anarquía prevaleciente, como Justo Sierra calificó puntualmente a este momento, en el que “cada sargento quería ser general, cada general gobernador y cada gobernador, presidente”, el intenso calor producido por la crisol de la revolución, que estaba teniendo sus pródromos en España misma, impulsada por Pedro Rodríguez Conde de Campomanes y Melchor Gaspar de Jovellanos, hizo posible que aquí, en México, se emitiera la Ley Lerdo (1856) obligando al clero a vender sus propiedades a los particulares que pudieran adquirirlas, con la mira de que la tierra dejara de permanecer amarrada por el sistema de propiedad feudal que la mantenía estéril y saliera al mercado a acrecentar su valor. Esta medida, de paso, facilitaría el pago de impuestos y, al mismo tiempo permitiría cumplir con el bando emitido desde 1811 por Hidalgo, quienestableció la devolución de la tierra a los poseedores originales. Esta Ley Lerdo avalada por Juárez, quien fungía como presidente Interino dada la renuncia de Ignacio Comonfort, quedó incluida en el Conjunto de la Constitución de 1857. De este modo, el capitalismose instauró jurídicamente sin contar con el soporte inexcusable que le proporciona el nuevo modo de producción correlativo que necesita. E, indispensable, sin contar con la adiestrada mano de obra de los artesanos. Fue el bautizo de la Segunda Transformación o, como le hemos llamado nosotros, del capitalismo minusválido, de La Segunda gran zancada de la revolución mexicana. ¿O no, Sr. presidente?

Así, pues, el capitalismo implantado de manera tan apresurada, cojeaba notoriamente. No contaba con el indispensable cimiento de la infraestructura productiva. Restaba, además, extenderlo a multitud de adherentes y convertir en un país republicano a México que por el momento seguía siendo todavía sólo un gran territorio habitado por un numeroso conjunto de desperdigados habitantes sin mayor contacto entre ellos. Restaba convertirlo en un conjunto de pobladores organizados no sólo por una ley de vigencia general, sino haciendo prevalecer el nuevo modo de producción, esto es, convirtiendo al campesinado en una masa de diestros artesanos libres que se hiciera cargo de la producción ampliada que exigiría la competencia mercantil. Cabe tener en cuenta que para acceder a esa meta le llevó, a un puñado de los países europeos, toda la etapa medieval. O sea, que el tiempo a recorrer para transitar de un sistema a otro, del feudalismo al capitalismo era  y es, muy largo. Quienes hacían de la corrupción y la impunidad su norma de vida, encontraron las triquiñuelas necesarias para apoderarse y monopolizar los bienes que el clero católico estaba obligado a poner a la venta según había quedado debidamente asentado al dictarse la desamortización de los conocidos “bienes de manos muertas”.  

De este modo, el clero no pudo evitar vender sus bienes a quien tuviera los recursos suficientes, dando lugar a los ricos que podían adquirir las varas de tierra susceptibles de convertirlas en grandes latifundios de tierras sin labranza que dejaban a cargo de un encargado para ellos vivir de sus rentas, en Europa, si era posible. Piénsese en Terrazas y su propiedad más grande que el actual estado de Chihuahua. De este modo, la segunda gran oportunidad para consolidar la pequeña propiedad privada y alentar el intercambio de mercancías para instaurar el capitalismo, fue pisoteada por la corrupción. Quienes incurrieron en este despojo siguieron orondos y lirondos, en un país en el que, es preciso reconocerlo, Sr. Presidente, se permitía y hasta propiciaba, la corrupción y la impunidad. En tales circunstancias no había otro camino para imponer el orden que por medio de la dictadura. Hasta los mejores cerebros clamaron “por un poco de tiranía honrada”, misma que corrió a cargo de Porfirio Díaz.

Las carabinas 30-30

Acudiendo al llamado de las carabinas 30-30 se inició la fase armada de la Tercera Transformación, misma que, a su vez, no tardó mucho para que algunos de sus generales más destacados aprovecharan su prestigio ganado en la Revolución de 1910, para agenciarse cuantiosos bienes. Bastó, para estos efectos, que el país entrara en relativa calma y se empezaran a construir tanto escuelas como hospitales, se apoyara el mejoramiento de viviendas y empezara a repartirse la tierra, reivindicación sine qua non, o sea, que la revolución empezara a cumplir el decreto del Cura Hidalgo quien en los escasos meses que estuvo dirigiendo a los rebeldes con el régimen colonial, emitió un bando estipulando la restitución de la tierra a sus poseedores originales, para que en ese clima, paradójicamente, empezaran a conocerse los pingües negocios por parte de algunos de los generales. En ello, entre otros, incurrieron Abelardo L. Rodríguez quien después de ser presidente de  la república se desempeñó como gobernador del Estado de  Sinaloa. También Maximino Ávila Camacho  dejó su nombre inscrito en la estela de quienes aprovecharon sus relaciones sociales para lucrar. De manera similar, en boca de la gente estaban los nombres de Andrew  Almazán, así como de los que aprovecharon el nuevo fraccionamiento en las Lomas de Chapultepec  para hacerse, sin componenda alguna, dijeron los señalados, lotes magníficos, pero que habían adquirido gracias a que los precios, “habían sido  muy baratos”.

Este sucinto recorrido por los antecedentes de la corrupción y la impunidad eran del dominio público, que con mucha frecuencia e ingenuidad se preguntaba: ¿Para qué quiere tanto dinero Miguel Alemán?  Mismo de quien se decía que en una prestigiada revista americana se había publicado la fotografía del cheque  personal con el que el licenciado habría adquirido el suntuoso Hotel  Waldorf Astoria. ¿Fue verdad ese borrego? Lo cierto es que la afirmación fue tomada por cierta porque de lejos estábamos acostumbrados a convivir con ese tipo de suceso.

Así, pues, con lo poco que alcanzábamos a darnos cuenta gracias a la labor de algunos periodistas acerca de los negocios de ciertas personas, ahora, que Usted está poniendo especial interés en abrir la Caja de Pandora para sacar a la luz algunas de esas acciones, nos damos cuenta de varias cosas. Una de ellas, tal vez la más importante, es que el monto de lo escamoteado al erario nacional ha alcanzado cifras descomunales. Y otra, que los desfalcos no son acciones personales, es más, que nunca lo han sido, y que en estos tiempos los emisarios de la superchería han involucrado al crimen organizado coludido con personeros ubicados en el aparato ejecutivo gubernamental, en el que, hasta ahora, pensamos, se está poniendo la atención que merece a fin de procurar cerrar los resquicios por donde se cuela la corrupción, pero se requiere sea de manera seria y firme.

Uno de dichos resquicios toma cuerpo en el conjunto de preguntas que han puesto en el tapete de la discusión si acaso las demás pandemias que nos están asediando, como las del cambio climático, las del hambre, las de la falta de vivienda y de trabajo y por supuesto la recién llegada pandemia del Covid 19 y otras más: ¿son consustanciales al  capitalismo en crisis y por tanto son manifestaciones actuales del neoliberalismo económico?, ¿o por el contrario se trata de sucesos coyunturales y episódicos lejanos de una cobertura global?

Ojalá que esta misiva llegue a sus manos y tenga Usted tiempo, manera y lugar para enviarnos sus comentarios. Mientras esperamos a ver si nos llegan, vamos a continuar con otros temas convergentes y complementarios, dado que la corrupción no actúa únicamente en el ámbito monetario, así sea en este, tal vez, en el que se manifiesta de manera más ostensible.

            Y en efecto, la corrupción no ha actuado únicamente en el ámbito financiero así sea en éste, tal vez, en el que se manifiesta con mayor crudeza. No, la corrupción también se ha manifestado corrompiendo la historia de los prohombres en la historia al utilizarlos a modo por distintos gobiernos. Una situación se presenta desde iniciada nuestra independencia como es el caso del Padre de la Patria Miguel Hidalgo y Costilla, a quien se ha restringido en su papel de Cura de la Parroquia de Dolores, cuando en realidad fue un sobresaliente pensador; así, pues, en una posterior misiva, vamos a procurar hacerle llegar nuestros comentarios sobre la corrupción de que ha sido, y es, objeto.

Hasta pronto Sr. presidente. Que los vientos nos soplen por babor.

Con nuestra mayor consideración

Atentamente

J. Víctor Arias Montes, Rubén Cantú Chapa, Gerardo G. Sánchez Ruiz, Ramón Vargas Salguero

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