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Arquitectura conmemorativa

Cristóbal Colón y el Paseo de la Reforma

Cuarta parte

José Víctor Arias Montes

Monumento a Carlos IV en Paseo de Reforma, ciudad de México. Tomado de: Afirmación del nacionalismo y la modernidad, México, FCE-UNAM, 1998, p. 472.

A los espacios conmemorativos a Carlos IV y a Cristóbal Colón, los acompaña ahora el dedicado a Cuauhtémoc en un Paseo que espera a los protagonistas de la Reforma juarista conmemorados por los porfiristas. Sin embargo, con el monumento al último señor de los mexicas, la ciudad expresa una nueva manera de nacionalismo impulsado por los liberales que desde Juárez han democratizado la ciudad al romper la estructura clerical y transformarla, poco a poco, en la ciudad burguesa refuncionalizada por el liberalismo. Escribimos, hace ya algunos años, refiriéndonos a los espacios conmemorativos en el porfirismo, las siguientes ideas:

“Efectivamente, el porfirismo no podía vivir de un pasado que no llevaba a ninguna parte. Tenía que continuar la revolución de Reforma y profundizar sus ideales. No tenía héroes propios, pero era continuador de una revolución y en ella había no uno, sino decenas de ellos. Había por tanto, que ver hacia el frente y “encontrar de nuevo el espíritu de la revolución”. Y ese espíritu, que no espectro, se encontraba en todos los héroes nacionales.

Los muertos, entonces, sobre todo los que en vida participaron en hechos históricos desde la conquista, pero en especial en las revoluciones de Independencia y de Reforma, iniciarán su aparición como héroes de un país que empieza a forjar su futuro sobre la base de un presente lleno de esperanza libertaria y con profundas ansias de paz. Ellos, en ese sentido, cumplirán nuevamente el papel de abanderados de una revolución que no termina, pues “en esas revoluciones, la resurrección de los muertos servía, pues, para glorificar las nuevas luchas y no para parodiar las antiguas, para exagerar en la fantasía la misión trazada y no para retroceder ante su cumplimiento en la realidad, para encontrar de nuevo el espíritu de la revolución y no para hacer vagar otra vez a su espectro”.[1]

[1] Carlos Marx, Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Moscú, Editorial Progreso, s/f, p. 11.

[…] Y en toda esa lucha incesante y extraordinaria, la cultura nacional encontrará en el pasado reciente una de las más ricas minas de donde brotarán como diamantes los personajes más ilustres y representativos de las revoluciones de Independencia y de Reforma. Ellos cubrirán las avenidas más importantes hechas paseos, y las plazas y los zócalos se transformarán en el espacio cívico por excelencia. Nadie quedará fuera; a todos se incluirá. La historia hecha espacio donde las clases se encuentran y la conmemoración convertida en el enlace ideológico de la cultura del nuevo Estado que funge como uno de su reproductores indiscutibles.”[2]

[2] Ramón Vargas Salguero (coord.), Historia de la arquitectura y el urbanismo mexicanos. Afirmación del nacionalismo y la modernidad, México, FCE-UNAM, 1998, pp. 469-470.

Cierto, la intelectualidad porfirista recordó ese pasado inmediato buscando en él a toda la pléyade de protagonistas que habían brindado su vida por la Independencia y la Reforma, y como decía Ernesto de la Torre, en su prólogo a Las estatuas de la Reforma de Francisco Sosa: “los historiadores del siglo XIX cultivaron la biografía con vigoroso ímpetu, justificado por la necesidad de proponer modelos de civismo, heroicidad y altura moral al país, de crear un panteón cívico, un martirologio nacional a la nueva nación. Un flos patriciorum para uso de la juventud y de todos los mexicanos necesitados de guías espirituales y cívicas. En dos momentos este impulso se presenta: uno, al consumarse la Independencia; el otro, al vencer la República al Imperio…”[3] En ese ámbito de búsqueda, Francisco Sosa encabezó la tarea titánica de biografiar a las generaciones participantes de esos hechos históricos y resaltar, a través de ello, la importancia de su recuerdo en esos momentos.

[3] Francisco Sosa, Las estatuas de la Reforma, (prólogo de Ernesto de la Torre), México, Biblioteca del estudiante universitario, núm. 119, UNAM, 1996, p. XIII.

En ese sentido, la Secretaría de Fomento, encabezada por Vicente Riva Palacio, estableció, en agosto de 1877:

“Cuauhtemotzin. El paseo de la Reforma, mejorado notablemente según manifiesto en el lugar respectivo, y dotado de este monumento el de Colón merecía completar su embellecimiento.

Por otra parte, la justicia exige presentar un homenaje a los héroes que lucharon contra la conquista en el siglo XVI, y por la independencia y por la reforma en el presente, lo que inclinó el ánimo de Ud. a arreglar lo conducente para que en dicho paseo se erijan en las cuatro glorietas restantes cuatro monumentos dedicados: el primero a Cuauhtemotzin y a los demás caudillos que en su época se distinguieron en la defensa de la patria; otro a Hidalgo y demás héroes de la independencia en 1810; otro a Juárez y demás caudillos de la reforma, y el último a Zaragoza y demás héroes de la segunda independencia.

Este patriótico acuerdo ha comenzado a tener su ejecución expidiéndose la convocatoria que fija las bases, bajo las cuales en un concurso artístico se debe presentar un proyecto del monumento dedicado a Cuauhtemotzin.”[4]

[4] Citado por Daniel Schávelzon (comp.) en La polémica del arte nacional en México, 1850-1910, México, FCE, 1988, pp. 127-128.

Con este acuerdo ya en marcha, el presidente  Porfirio Díaz asumió la convocatoria respectiva:

“Agosto 23 de 1877. Secretaría de Fomento. Sobre erección de monumentos en varios paseos de la capital, Secretaría de Fomento, Colonización, Industria y Comercio. Sección 3a. El C. presidente de la República deseando embellecer el Paseo de la Reforma con monumentos dignos de la cultura de esta ciudad, y cuya vista recuerde a la posteridad el heroísmo con que la nación ha luchado contra la conquista en el siglo XVI y por la independencia y por la reforma en el presente, ha dispuesto que en la glorieta situada al oeste de la que ocupa la estatua de Colón, se erija un monumento votivo a Cuauhtemotzin y a los demás caudillos que se distinguieron en la defensa de la patria: en la siguiente otro a Hidalgo y demás héroes de la independencia, y en la inmediata otro a Juárez y demás caudillos de la reforma y de la segunda independencia.

Para dar principio a la ejecución de este acuerdo, destinado a señalar a la gratitud de las generaciones futuras los nombres de los patriotas que por sus grandes hechos se han distinguido en las épocas de prueba, se convoca para la elección del proyecto del monumento destinado a Cuauhtemotzin y demás caudillos que lucharon heroicamente, contra la conquista, a un concurso artístico, bajo las bases siguientes:

1a. El monumento será colocado en el centro de la 2a. glorieta del Paseo de la Reforma, que es circular y que tiene de diámetro 90 metros.

2a. El monumento será de mármol, descansando sobre un basamento de sillería, y en sus paramentos se colocarán inscripciones, bajorrelieves o figuras alegóricas.

3a. En el remate del monumento irá la estatua en bronce del inmortal Cuauhtemotzin.

4a. Cada proyecto deberá constar:

1°. de la planta; 2°. de la elevación; 3°. del corte todo a la escala de 0.5 por 1 metro 00; y 4°. de los dibujos de estudio y detalle que los autores crean necesarios, para la mejor inteligencia de sus proyectos.

5a. Los proyectos deberán ir acompañados de los presupuestos del importe del referido monumento.

6a. El concurso se verificará el 31 de noviembre de 1878.

7a. Los interesados presentarán a este ministerio sus proyectos y presupuestos, marcados con una contraseña, y un pliego cerrado, marcado en la cubierta con la misma, y en cuyo interior se exprese el nombre y domicilio del autor.

De la entrega dará certificado el ministerio, para que mediante él, se haga después del concurso la devolución de los proyectos no preferidos.

Estos certificados, lo mismo que los documentos a que se refieran, irán marcados con el número de orden que les corresponda.

8a. Una vez entregados los proyectos y presupuestos, no se permitirá a sus autores reformarlos o retirarlos, sino hasta después de verificada la calificación.

9a. Para la calificación, se nombrará por el ministerio un jurado, compuesto de cinco profesores ajenos al concurso.

10a. El autor del proyecto preferido, será premiado con la suma de $1,000 (mil pesos), que será considerada como precio del mismo, pasando a ser de la exclusiva propiedad del gobierno.

11a. Los autores de los proyectos no preferidos, podrán recogerlos mediante el certificado de que habla la base 7a. hasta el día 31 de diciembre de este año, y si pasado éste no se hubiera pedido la devolución se quemarán los pliegos cerrados y los proyectos se conservarán como propiedad de la nación.”[5]

[5] Idem., p. 128.

Una vez realizado el concurso, que fue juzgado por Emilio Dondé, Ramón Rodríguez, J. Bagally y Manuel Gargollo y Parra, se comunicó que el proyecto ganador era el presentado por el ingeniero Francisco M. Jiménez:

“Examinados que fueron por dicho jurado el día 15 de abril de 1878 los cinco proyectos presentados, fue elegido por unanimidad como el más conveniente y adecuado el que llevaba un sello que decía Verdad, Belleza y Utilidad. Abierto el pliego correspondiente, se le encontró firmado por el ingeniero Francisco M. Jiménez, a quien por tal motivo se mandó por esta secretaría dar el premio ofrecido en la convocatoria, quedando el proyecto por esta razón de la propiedad del gobierno. Con tal motivo se nombró director de la obra al mismo ingeniero, ordenándose desde luego su propia construcción.

En efecto, el día 5 de mayo siguiente se puso la primera piedra del monumento, procediéndose a la edificación y levantamiento de los sólidos cimientos que debían soportarlo.

Para toda la obra de escultura en bronce del monumento, se formuló un contrato fecha del 10 de abril de 1882 con el profesor de escultura C. Miguel Noreña, por el cual se comprometía dicho artista a entregarla con todas las piezas que se especificaron y de las dimensiones convenientes, en el plazo de dos años y por la cantidad de 37, 863 pesos.”[6]

[6] Idem., pp. 130-131.

Monumento a Cuauhtémoc en Paseo de la Reforma, ciudad de México. Tomado de: Afirmación del nacionalismo y la modernidad, México, FCE-UNAM, 1998, p. 472.    

Que mejor entonces, para inaugurar el renovado Paseo de la Reforma, que un monumento dedicado a Cuauhtémoc blandiendo su lanza amenazante hacia la figura de Cristóbal Colón. Ambos espacios conmemorativos, separados por unos cientos de metros, expresan sendos nichos ideológicos: uno, pensado y construido por un estrato más conservador y apegado a la cultura española; y, otro, producto del emergente nacionalismo surgido de las filas porfiristas. Sin embargo, ambos amalgamados en la idea de un mestizaje mexicano que deseaba verse como propio de una nueva época.

Inaugurado el 21 de agosto de 1887 (en la entrega anterior señalamos erróneamente que su inauguración fue en agosto de 1877, cuando en realidad debió decir inaugurado el proceso en agosto 1877), este espacio conmemorativo inició la edificación de diversos espacios más pequeños para conmemorar a los hombres (no se incluyó a ninguna mujer) de los distintos estados de la República que participaron en esas gestas revolucionarias. La idea, también de Francisco Sosa, incluyó a 34 personajes entre 1889 y 1899.

“Con el renombrado Paseo de la Reforma, en la ciudad de México, se inaugurará una nueva espacialidad que se implantará en diversas ciudades del interior y que adquirirá, no el sentido de paseo imperial, pero sí el de paseo popular para después adosarles a todos unos cuantos héroes para rememorar tiempos pasados. El porfirismo se encargaría precisamente de otorgarle a estos espacios ese profundo carácter conmemorativo y que, conjuntamente, con plazas, monumentos y otros artificios más, establecerá toda una cultura espacial conmemorativa que hoy no termina.

El “embellecimiento” de los paseos y avenidas fue una de las manifestaciones más elocuentes del porfirismo en aras de una nueva estética de las ciudades…

En ese sentido el Paseo de la Reforma emerge de entre todos para alzarse como un continuo espacio conmemorativo, cuyos monumentos se erigirán uno tras otro para mantener vivo el recuerdo, y como una de las arterias que sintetizan la estética urbana porfirista al remodelarla a semejanza de las avenidas parisinas…

Monumento a Cristóbal Colón en Paseo Colón, Toluca, Méx. Tomado de: Afirmación del nacionalismo y la modernidad, México, FCE-UNAM, 1998, p. 475.

Sobresalen, asimismo, con el criterio urbanístico-arquitectónico, de conmemoración y de paseo, a semejanza del Paseo de la Reforma el Paseo Colón, en la ciudad de Toluca, y el Paseo Bravo en la ciudad de Puebla. Más austero, pero con la misma idea del paseo conmemorativo, estarán el Paseo de los Cocos en la ciudad de Veracruz, el Paseo de la Olla en la ciudad de Guanajuato, y el Paseo Juárez en la ciudad de Oaxaca.”[7]

[7] Ramón Vargas Salguero (coord.), op. cit., pp. 477-479.


Paseo de los Cocos, Veracruz, Ver. Tomado de: Afirmación del nacionalismo y la modernidad, México, FCE-UNAM, 1998, p. 474.

Así pues, la traza de las principales ciudades se modificará y actualizará a las nuevas exigencias de una clase emergente que ha tomado ese pasado para afianzarse como dominante en la estructura social.

Lo que vendrá después, con el Centenario de Juárez y las Fiestas del Centenario de la Independencia, consolidará ese gran espacio conmemorativo: el Paseo de la Reforma.


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