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Transformación del territorio en la ciudad

Rubén Cantú Chapa

Han surgido proposiciones y precisiones de análisis que nos permiten explicar distintas determinaciones y condiciones para la transformación del territorio urbano, particularmente el central, como sucedió en el último tercio del siglo xx y también en lo que va del presente siglo XXI.

Aunque la identidad del espacio urbano se preserva por la existencia de las referencias históricas y culturales, la historia misma que han escrito los sectores y clases sociales durante esos periodos de existencia urbana y social, signan y matizan la identidad del espacio urbano-arquitectónico, objeto de estudio. Ante las recientes transformaciones, aparece luego una identidad con testimonios históricos y culturales muy compleja de describir; exponerlo, es el propósito de esta ensayo.. Haremos énfasis al finalizar esta parte de la edición en las causas impredecibles que determinan la función y misión del Centro Histórico articulado de manera compleja con el proceso de urbanización y en su caso metropolización de la ciudad de México.

Como protagonista sociourbano de la ciudad, el Centro Histórico es el sitio patrimonial, que testifica la historicidad del lugar mediante la articulación de lo urbano-arquitectónico con las expresiones de los diversos sectores de población, esto es, cuando en el lugar se manifiesta los problemas sociales, los conflictos políticos y las complicaciones del impacto de la economía al nivel nacional vinculada con la globalización contemporánea. La aparición de una serie de acontecimientos sociales ratifica la identidad del lugar en lo relativo del legado nacional. así como las ceremonias de la ideología de la clase dominante por un lado y por el otro, el testimonio ascendente de las actividades contestatarias de los sectores y clases sociales. Ahora en proceso de transformación denominada la 4T.

La articulación del espacio urbano-arquitectónico, objeto de estudio, con los diversos sectores y clases sociales como sujeto de análisis que se manifiestan provenientes del área metropolitana y del resto del país, han construido el ambiente sociourbano. Este escenario constituye las condiciones de existencia de la sociedad ante una situación de riesgos de legitimidad del Estado, dadas las incesantes crisis sociales, económicas y políticas. La vasta expresión humana en la metrópoli, sin embargo, no es que la reafirmación de “la historia de la humanidad como historia de la lucha de clases” toda vez que se materializa y queda escrita, como testimonio en los espacios públicos del Centro Histórico y demás sitios patrimoniales. La historia del espacio público patrimonial, además de su identidad, es luego la semblanza donde han tenido lugar (y aún tienen) las diversas formas de la lucha de los sectores y clases sociales.

En ese lapso, desde el último tercio de siglo pasado a la fecha, surgen una serie de aristas en el estudio del Centro Histórico. Ahí se pretende considerar, necesariamente, articulada, la complejidad de la vida social de la ciudad y el campo, así como las áreas del conocimiento surgidas de las propuestas en las reuniones nacionales e internacionales, encuentros que abren diversas perspectivas y vías de investigación, nunca suficientes y siempre con más espacios de análisis.

Las explicaciones sobre el ambiente sociourbano que expresan como “corazón y cerebro” del Centro Histórico, son diversas como distintas las ramas del conocimiento con las que se abordan. Sin embargo, es insoslayable profundizar en el origen social, económico y político del sitio histórico como las múltiples determinaciones que constituyen lo urbano-arquitectónico y “testimonios insobornables” de la historia, particularmente la que sustenta la contemporánea existencia, social y política. En la ley fundamental de la economía moderna: la caída tendencial de la tasa de ganancia, de lo que otro momento haremos mención, aparece una de las explicaciones más sólidas del ambiente sociourbano de la metrópoli, sus cinturones conurbados y, para nuestro caso de estudio, el que predomina en el Centro Histórico de la ciudad de México, poco abordado o sin considerar aún en el análisis de la ciudad.

“La crisis de la ciudad es la ciudad de la crisis”, y tiene su mayor expresión en el espacio público, debido a la mutación del trabajo dado el desempleo subempleo en ascenso en la actualidad nacional y el nivel mundial. Se materializa en el cuestionamiento de la propiedad privada y en las condiciones de existencia de las demás formas de propiedad urbana. La contradicción capital-trabajo es un proceso cíclico cada vez más profunda con respuesta favorable para el capital, crisis tales, sin las cuales no pueden continuar el sistema, pues es su forma de perpetuar su existencia. El más significativo espacio indudable de la problemática social y urbana, esto es lo sociourbano en el Centro Histórico y demás sitios públicos patrimoniales de la ciudad. No es el Centro Histórico lo que determina la vida de la ciudad, sino las formas de existencia sociourbanas de la ciudad lo que determina el espacio protagónico del Centro Histórico, pues es parte de la objetividad real de Centro Histórico y de la metrópoli. El ambiente sociourbano del espacio público surge luego con la propiedad privada, las relaciones sociales de las formas productivas, la mutación del trabajo y cuando la articulación o brecha es cada vez más separada entre la clase política y la sociedad civil.

El espacio público es el resultado de las formas en que aparece la propiedad social que va de la propiedad tribal, luego de la antigua propiedad comunal y estatal, posteriormente por estamentos o propiedad feudad, hasta el desarrollo de la propiedad privada contemporánea. Sin ese espacio territorial declarado público y aceptado como tal no podía delimitarse lo privado. Emerge a la vez, como el patrimonio de la familia a partir de la producción y reproducción de la vida como factor decisivo de la historia.

La legitimación o legalización de propiedad privada en los asentamientos humanos dejó como espacio público la superficie necesaria para las actividades comunales de circulación, distribución y consumo de la sociedad en las localidades humanas. El uso ilimitado por la población dio el carácter de público y sólo perdería su esencia en determinadas áreas de la ciudad por restricciones de clase social, de índole religioso o discriminación de raza. Al espacio público le precede el espacio comunal primitivo que en esencia comprendía también lo público.

La propiedad privada se materializa con las formas de producir y con ello la organización elemental y distribución social del territorio. Se inicia en la prehistoria de la sociedad y aparece cuando se delimitan las primeras formas de propiedad precapitalista, en la que destaca en seguida la propiedad privada. Otras formas de propiedad de índole colectiva también precedieron a la propiedad privada, tal como fueron las formaciones precapitalistas desde Asia hasta América, sobre todo en los modos de producir la tierra.

Distintas formas de la vida productiva fueron plasmadas espacialmente hasta determinar en específico lo que trajo el proceso de producción que prevalece en la actualidad, el capitalismo, que formalizó su esencia y existencia en la disciplina del ordenamiento del territorio, como fue el surgimiento de la disciplina del urbanismo. Aunque de la propiedad privada surge el urbanismo, éste no explica aquella. Materializa la propiedad privada y la instituye mediante leyes y reglamentos sin comprender su carácter.

Con el urbanismo se parcela la ciudad y distribuye la vivienda y las áreas de trabajo, de circulación y de esparcimiento, pero no revela la esencia de la división del trabajo, del capital y de este y la tierra, de los que surge la ciudad. No muestra ni explica la relación de beneficio del capital y el trabajo, específicamente el salario pues acepta el soporte de la inversión del capitalista. Tampoco esclarece el proceso de competencia que se da en las formas productivas, de circulación y consumo, tanto en la ciudad como en su entorno regional, consideradas en todo caso como fenómenos externos. Ese ambiente social y económico, aparentemente externo y casual, que son manifestaciones del desarrollo necesario, son hechos que el urbanismo poco o nada expresa.

El urbanismo, luego y en rigor como conceptúa la ciudad, surge de la propiedad privada, pero no la interpreta. El ambiente sociourbano tiene el similar origen pero lo expresa con limitaciones, abstracciones y generalidades del proceso material de la propiedad privada. El origen y destino de la vivienda al trabajo de la población aparece como hechos ocasionales en el ámbito de la disciplina tutelar de la ciudad y las metrópolis. Cuando más, el urbanismo describe las especulaciones de la renta del suelo urbano, la vivienda y los edificios dedicados a los servicios del comercio o del mismo proceso productivo.

El urbanismo como unidisciplina del conocimiento a la fecha, no expresa ni comprende el movimiento real de las clases y sectores sociales, de la sociedad civil y la política, de los monopolios y la libre competencia, del papel en la historia que tiene la propiedad privada en el ordenamiento del territorio y lo que han llamado en titular “la muerte de la ciudad”, de sus espacios públicos y la seguridad de sus habitantes. Menos todavía en los problemas del empleo, subempleo, movimientos sociales de origen urbano o regional.

Son las diferentes formas sociales como se desenvuelve la sociedad que expresan la transformación de la ciudad y del territorio central de los asentamientos humanos. El testimonio del territorio la escribe la historia de la sociedad y sus contradicciones internas y externas.

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