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La arquitectura y las otras pandemias

Ramón Vargas Salguero

Empecemos por ubicarnos en lo multicitado y ahora ya incuestionable. Incluso aquellos que ponían en entredicho su existencia hasta llegar a negar que había estallado una epidemia en la lejana República Popular de China, han tenido que aceptar que, a los pocos días de hacerse hecho público su existencia, esa epidemia mostraba una cara más lesiva al ir extendiéndose a los países vecinos hasta llegar a convertirse en una pandemia de la cual no nos eximiría ni nuestra lejanía geográfica.

Las muy contadas voces que se pronunciaron entre nosotros procurando persuadir a la comunidad que estábamos frente a un mal que tardaríamos largo tiempo en abatir, ya que no contábamos ni con las instalaciones adecuadas, incluidos aquí hospitales y camas disponibles, ni con los equipos, médicos y enfermeras necesarios, fueron desestimadas por los supuestos incrédulos de siempre, quienes una vez más adujeron que al provenir del aparato gubernamental la noticia no era digna de crédito, como no lo era cualquier otra proveniente del mismo aparato, así procediera, como en este caso, del sistema médico nacional que en vano intentaba prevenirnos: “Hey, que viene el lobo” y que no contábamos con los recursos mínimos suficientes para paliar los devastadores efectos generados por el COVID-19. ¿Resultado de su escepticismo?  Numerosos grupos de la población continúan desestimando las actividades mínimamente precautorias que se han recomendado, sin guardar recato alguno ante la extensión del contagio que ello propiciaba, en un país en el que, además, priva la desigualdad, la dispersión y la corrupción más acusada.

Las preguntas surgieron de inmediato en el seno del cuerpo médico así como entre las personas más sensibles al problema: ¿por dónde empezar a reforzar el frente de batalla para fortalecer la lucha en contra del COVID-19? ¿Por la multiplicación de camas hospitalarias de medicina general o mejor centrar los esfuerzos en  aumentar las dedicadas a terapia intensiva? ¿Por organizar cursos de actualización médica a fin de que los médicos, los antiguos y los recién incorporados, estuvieran preparados, para resistir el embate? ¿O mejor enfatizar la movilidad de las personas con la mira de reducir el contacto y consecuente contagio entre ellas? ¿Por instaurar la enseñanza virtual en una población estudiantil que se vería conminada a adquirir equipos de cómputo que no tenían previstos, ¿O a apoyar al equipo de docentes en las universidades y centros de investigación sin olvidar, por supuesto, la necesidad de elaborar nuevos planes de estudio?  ¿Y cómo aminorar las contingencias que se iban presentando día con día como efecto colateral de la reducción de las fuentes de trabajo, dado que las empresas y pequeñas empresas se veían obligadas a reducir su personal por falta de adquirentes?

Y metiendo su cuarto de espadas, para agravar la respuesta a esas preguntas hizo acto de presencia la que envolvía a todas: ¿de dónde saldrían los recursos económicos para solventar los costos que iba a ser necesario erogar para ir tomando medidas en los distintos rubros que se iban presentando? Al respecto, tenían presente que, cuando en el pasado se presentaron situaciones similares, dos habían sido las fuentes a las que se había recurrido a fin de contar con los recursos necesarios para solventar una urgencia económica. El común denominador de ambas lo constituyó el endeudamiento; la variante estriba en el acreedor, que bien puede ser el capital extranjero o el nacional.  Cualquiera de las dos fuentes de aprovisionamiento puede ser requerida ya que los intereses que devengan esos préstamos son similares. 

Es conveniente no perder de vista, sin embargo, que el préstamo en cualquiera de los dos casos, afectará a las obras que estén en curso, mismas que verán disminuido o cancelado el capital que tenían asignado para realizarlas. Esa disminución es la que se destinará a cubrir la deuda, sea interna o externa. Como se advierte, bastaba con enunciar las preguntas para que brotaran más preguntas con su consabida cauda de críticas y por supuesto, acompañadas de un sinnúmero de propuestas de soluciones carentes de fundamento.

Las otras pandemias

Sí, por supuesto: no solamente se justifica traer a  la discusión relativa a qué hacer ante el COVID-19 a las otras pandemias que están haciendo cada vez más compleja la adecuada solución de ésta, la de hoy, cuyas afectaciones  en el todo de la vida social tienen secuestrada la atención  de la población mundial, sino que es obligado hacerlo so pena de vedarnos el camino que nos llevaría a penetrar un poco más a fondo en la más cabal comprensión del conocimiento e implicaciones diversas que todas ellas generan.

Continuemos con un segundo punto de principio en nuestro conocimiento y con una pregunta. El punto de principio que como los demás de su tipo, no podemos dejar de lado es el que establece que la realidad, que cualquier objeto o situación de ella que se quiera conocer de mejor manera, tiene que partir de que la realidad y los objetos que la conforman, son interdependientes, que todos se relacionan con todos y  se interactúan  afectándose recíprocamente. En suma, que no existe objeto aislado del resto de objetos, y que, en consecuencia, el conocimiento de una pandemia, sea la generada por el COVID-19 o cualquier otra, exige develar hasta donde sea posible, la interrelación que guarda con el mundo que la rodea. Al respecto es preciso tener siempre presente el apotegma de Ortega que, además de clarísimo, es brevísimo e incuestionable. Dice así: “yo soy yo y mi circunstancia.”  Lo concreto es multideterminado.” Habían dicho con antelación Hegel y Marx.  Así, pues nos las habemos con la circunstancia. con la circunstancia … Lo concreto, lo concreto y ahora, después de Morin, con lo “complejo”… pero nunca pretendamos que podemos introducirnos en el conocimiento de un objeto, aislándolo del resto, aislándolo del  todo del que forma parte.

Ahora bien, ¿Es válido extender el concepto de pandemia a diversas afectaciones sociales, similares a la que en este momento ocupa la cúspide de nuestra atención?  ¿Cuáles son esas otras afectaciones sociales a las que proponemos calificar de “Pandemias”? Respondemos:  el “Agravamiento de la penuria de la vivienda”, es una de ellas según Engels; el hambre que cunde en millones de personas sin trabajo, es una segunda; el calentamiento del globo terráqueo, es una tercera; la perforación de la atmósfera, es una cuarta; la disminución de la vida en los mares es una quinta. Basta con esas, aunque podríamos incluir la discriminación de los trabajadores y de las razas, así como el relegamiento del género femenino. 

Y bien, ¿qué tienen de común estas dolencias que permite llamarlas pandemias a todas? ¿Qué hay de común en ellas? ¿Cuáles aspectos convalidan que les apliquemos la misma acta de paternidad? La respuesta es clara: primero todas atacan a habitantes de países de todo el mundo. Segundo: todas son letales; tercero y sustancial, cunden y son generadas por el sistema económico prevaleciente, el neoliberalismo económico y la globalización; son su producto.

Pero decíamos que una de las manifestaciones, tan cruda como clara, es el caso al que Engels tituló “El agravamiento del problema de la vivienda”. Pues sí, Para el caso de nuestro país, se informa oficialmente que linda en los 8 millones de personas las que no solamente carecen de una vivienda, si no que por tal razón se ven obligadas a improvisar un techo con los materiales de desecho que tienen a la mano y en los sitios que no están ocupados por otros que llegaron antes. Y todo esto, en un proceso autoconstructivo, así sea con materiales inadecuados y mano poco o nulamente adiestrada. 

Intentando, no resolver el problema, porque el problema es permanente, ya que la industria tecnifica cada vez más su proceso productivo mediante el mejoramiento de la maquinaria que emplea, a costa de la expulsión de personal, mismo que pasa a sumarse a los sin empleo y sin vivienda. Inútil ha sido que los arquitectos colegiados hayan expresado en múltiples oportunidades su disposición para participar en el mejoramiento del problema, sin que hasta la fecha, salvo casos menores y aislados, hayan sido incorporados a organismos comprometidos a iniciar la superación del problema.

Y es que “el problema” no es constructivo, porque contamos con numerosos y experimentados técnicos; tampoco es de proyecto urbanístico arquitectónico, pues también en este caso contamos con especialistas en urbanismo y vivienda. “El problema es económico” asentó Fernando Carmona hace ya muchos años. Y con esta afirmación hacía ver que no podía restringirse la comprensión simplemente a disponer del dinero para hacer las casas que son necesarias para una población del monto de la nuestra, hacía ver dádivas del aparato gubernamentales, bajo la forma de préstamos o hipotecas No. El problema de la vivienda no se resolverá por estas vías. Ni en el socialismo se resolverá por esa vía sino por la que es propia del trabajo personal, o sea, por la vía del salario. El salario es el que debe cubrir los gastos necesarios para reponer la energía y la salud del trabajador y su familia. Así debe medirse el salario. ¿Su monto? lo suficiente para cubrir los gastos de la familia, y dentro de esos gastos se encuentra la vivienda.  Más allá de todos los esfuerzos que se están invirtiendo para paliar, primero y desterrar después, a la COVID-19, es preciso no perder de vista que la lucha debe orientarse en contra de la proliferación de las pandemias en que nos encontramos sumergidos. En buenas y claras palabras: es preciso empezar a ponerle un hasta aquí al neoliberalismo y la globalización. Esa lucha es la que avala los esfuerzos que conlleva la instauración de la 4T.

Sí, los primeros esfuerzos emanados de arquitectos apoyados por funcionarios con visión de Estado, los podemos ubicar en el año de 1932, con las primeras escuelas que llevaron a cabo Juan Legarreta y Narciso Bassols. Era la Revolución y había que cumplirle al pueblo que había puesto el pecho a fin de contar con una casa, una escuela y un hospital.  De la mano de estos iniciales esfuerzos, los siguientes ya fueron cubiertos con erogaciones de los salarios de los trabajadores administrativos para cubrir las hipotecas que proporcionaba el Sistema de Pensiones Civiles.

Es muy importante no olvidar que al lado de los proyectos y de su construcción, fueron años en que los arquitectos debatieron en su interior, acerca del sentido de su propia profesión, de los principios que la debían normar, de las metas y valores a alcanzar. Y así, acompañando y precediendo a los conjuntos habitacionales los arquitectos mexicanos gestaron una Teoría de la arquitectura que ahora, con los cambios que han tenido lugar manifiestos crudamente con la existencia de los “millones sin casa” hace ver la urgencia de remozar nuestra teoría para erigir, como faro orientador, no el valor estético, como todavía se insiste, sino su contenido social. La nueva arquitectura que ya se anuncia debe ser la solución que se le otorgue a toda esa multitud, sin detrimentarla buscando la preeminencia del valor estético en demérito del logro de la habitabilidad. Entrevisto el futuro ominoso que nos espera para rehacernos de los percances acumulados hasta el día de hoy, es preciso tener el valor de exhibir el punto de partida metafísico de quienes suponen que el “arte” está constituido por un solo valor, por el estético, dejando de lado su polidimensionalidad axiológica, la clarificación de éste apasionante tema será el contenido de siguientes entregas.

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